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Críticas de "Comer, beber, amar"
Comer, beber, amar
Buena
Ang Lee
(1994)


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26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil.
tantra   Pandereta's Land (Mongolia)
Su valoración: Notable 16 de Julio de 2007
Deliciosa película del realizador taiwanes (para mi gusto la mejor, muy por encima de la celebérrima tigre y dragón) que nos narra tres historias con la gastronomía como denominador común, como ya hicieran con éxito otras magnificas películas como Chocolat (Lasse Hallström) o Deliciosa Martha (Sandra Nettelbeck). En este caso, la película se centra en las vidas de Chu, un famoso chef de cocina de Taipei, y sus tres hijas: Jen, Chien y Ning. Desde la muerte de la madre, todos los domingos padre e hijas se reunen entorno a las delicias que con devoción y dedicación prepara Chu. Sin embargo, Chu vive para su trabajo, no acepta las críticas y no entiende el comportamiento de sus hijas, que pronto emigrarán del hogar familiar y se harán independientes. Ning es la hija menor, una estudiante jovial que cada día se encuentra a la salida de sus clases con el novio de su amiga, enfadado porque esta no le hace el menor caso. Jen es la hija mediana. Es una profesora de instituto introvertida que vive encerrada en sí misma, sin expresar sus emociones, y que tras dejarle su único novio no volvió a salir con hombres. Chien es la hija mayor, una economista de éxito en una empresa de aerolíneas, de gran personalidad y madurez. Alrededor de la familia se encuentran sus vecinas Rong, su hija y su madre, así como Wen, un viejo chef amigo de Chu. Los acontecimientos se agolparán alrededor de los protagonistas y sus vidas tomarán un nuevo rumbo. El desarrollo de la historia y la caracterización de los personajes están perfectamente construidos, pese a que los acontecimientos que suceden al final resultan algo atropellados y ligeramente inverosímiles. La dirección construye un relato sólido y creíble de las relaciones humanas que se establecen alrededor de una mesa. En la cultura mediterránea, al igual que en la taiwanesa, la comida es un acto social y en algunos privilegiados entre los que me incluyo además, un placer. A todas las personas que disfruten de la comida, les recomiendo encarecidamente su visionado.
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tantra
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Vivoleyendo   Huelva (España)
Su valoración: Buena 26 de Marzo de 2008
Cuando has crecido en un hogar en el que has pasado la mayor parte del tiempo entre fogones, y en el que has interiorizado la enseñanza de que una gran base de la salud y de la felicidad está en la buena alimentación, te quedará siempre la huella de esos aromas y de esos sabores que te devolverán, una y otra vez, a tu infancia.
El ritual de las comidas diarias no debería consistir sólo en cocinar de cualquier manera y comer a toda prisa, sin pararse a saborear. Debería ser toda una filosofía de vida en la que la paciencia, el esmero, la dedicación y el buen paladar entraran a formar parte de un conjunto armonioso y equilibrado. La cocina debería ser mucho más que el simple proceso de preparación de unos platos. Y eso es lo que transmite el padre de las tres hermanas protagonistas, el cual se ha dedicado siempre al arte culinario y es un experto en la gastronomía tradicional china. Para él, se trata casi de alquimia, de un ritual atávico y arcano, con fórmulas transmitidas a lo largo de muchas generaciones. Probablemente no existe ninguna receta tradicional que él no conozca.
Además, el hecho de sentarse a la mesa para alimentarse es una de las costumbres clave que contribuyen a la unidad y el estrechamiento de lazos entre los miembros de la familia. La mesa, punto de encuentro común, sirve como mediadora. ¿Cuántos asuntos se tratan y se debaten en esos momentos del día en que todos están reunidos?
El señor Chu, que lleva muchos años viudo, cocina todos los días abundantes y deliciosos platos para sus tres hijas, como lo ha venido haciendo desde antes de que ellas tuviesen memoria. Pero ya son mayores, y la historia comienza justo cuando una tras otra se disponen a volar del hogar paterno.
Jia-Jen, la mayor, es profesora y continuamente recibe indirectas porque no tiene pareja, situación que la mortifica. Eso me recuerda a lo que suele pasar cuando ya has cumplido los treinta y no te has casado. A ver si adivináis qué es lo primero que te preguntan las vecinas ancianas o las parientas lejanas, todas un poco cotillas, de ésas que ves de Pascuas a Ramos y que cuando te las encuentras te sacan hasta el color de tu ropa interior si te descuidas. A ver, la pregunta del millón: ¿qué es lo primero que te preguntan?
¡Bingo! Habéis acertado.
-¿Tienes novio? -la consabida preguntita.
A ninguna se le ocurre preguntarte en primer lugar que cómo te van los estudios, o si el cabrón de tu jefe se porta bien, en fin, cosas así. Qué va. Ni por ésas. Lo primero que van sonsacarte es si tienes novio. No falla. Y cuando les dices:
-No, no tengo novio.
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Vivoleyendo
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Taylor   Terrassa (Polonia)
Su valoración: Notable 19 de Octubre de 2007
Comer, beber, amar..., en definitiva, vivir.

Tan simple y obvio como eso es lo que traspasa, por todos y cada uno de sus poros, la peli de Ang Lee. Como si de una agradable, sosegada y prolongada sobremesa se tratara, el menú de Lee nos hace cómplices de las alegrías y los sinsabores de una familia taiwanesa cuyo patriarca, un reputado chef, transmutará sus fogones domésticos en madriguera y sanctasanctorum del particular ciclo vital de su progenie.

Resulta palmario afirmar que la comida, y la bebida, socializa. Y cuando decimos que socializa nos referimos a que contribuye a estrechar vínculos interpersonales y que, además, constituye un pretexto fenomenal para –al margen de nutrir nuestro organismo- organizar nuestro día a día, descansar, escaquearnos, festejar, negociar, intimar, ligar, reconciliarse, disculparse... o, si uno es afortunado, preparar con picardía y anticipación el calentamiento previo a la práctica de cualquier actividad amatoria. Algo tan positivo y natural es lo que explicita, sin pretensiones ni artificios, este redundante “Comer, beber, amar”.

Tal vez deberíamos comer menos y cocinar más. Tal vez deberíamos follar menos y hacer más el amor. Qué coño!... tal vez deberíamos hacer cada cosa en su momento. Aquí y en Taipei.
Taylor
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Ennis   Madrid (España)
Su valoración: Muy buena 26 de Marzo de 2006
Una vez más me sorprendo con la calidad humana de las películas de Ang Lee, en este caso centrado en un maestro de la gastronomía, viudo y ya mayor, que utiliza en casa un férreo control sobre la cocina como elemento de unión y disciplina hacia sus tres hijas, que están ya en edad de dejar el nido y vivir la vida por su cuenta.
Asistiremos a las peripecias sobre todo sentimentales de éstas, siempre con humor y ternura, mientras él parece ir perdiendo el pulso con los fogones a medida que ellas van encontrando rumbo a sus vidas.
La manera de contarnos la historia es con la agilidad que caracteriza a este gran maestro y con su fino toque, siempre con humanidad y encanto, en una trama que incluso ofreces algún detalle inesperado.
Ennis
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jairechu   Avila (España)
Su valoración: Muy buena 20 de Marzo de 2010
Creo que Ang Lee ha demostrado sobradamente ser uno de los directores más sensibles e inteligentes del panorama internacional en las últimas dos décadas. Aunque su obra empezó a ser conocida en general a partir de su espléndida Sense and Sensibility, su tres primeros films, aunque pequeños, están entre lo mejor de su obra, y en particular Eat, Drink, Man, Woman. Logrando un retrato extraordinario de sus personajes, un famoso de cocinero jubilado y sus tres hijas, Lee nos sumerge en el mundo de los sentimientos íntimos con elegancia y sentido del humor. Hace gala de una sutileza y una gama de matices asombrosa. Y por supuesto, en la memoria quedan grabadas cada una de las comidas que se preparan en el film, realizadas como si de una ceremonia se tratara, y ante las que giran la vida entera de la familia. Simplemente fascinante. Su capacidad para desentrañar los sentimientos de sus personajes, a base de imágenes llenas de detalles y utilizando con sabiduría el guión, nos revela a un director de casta. Una joya entrañable, poco conocida, pero reservada para paladares exquisitos. Muy recomendable.
jairechu
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