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| 35 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
14 de Abril de 2006 |
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Tanto "La caída del imperio romano" como "Gladiator" inician su historia con la transición de poder de Marco Aurelio a Cómodo. Ambas manipulan la historia y especulan sobre una posible conspiración, en la primera perpetrada por algunos generales y en la segunda por el propio Cómodo. Lo cierto es que, por lo que sabemos a día de hoy, Marco Aurelio murió víctima de su precaria salud durante la campaña contra los marcomanos (uno de los pueblos germanos). De hecho, existen indicios de que él mismo, justo antes de morir, presentó ante los soldados a Cómodo como nuevo emperador.
Y, aunque también es cierto que Cómodo era tan aficionado a los combates de gladiadores que más de una vez bajó a la arena para luchar contra alguno de ellos (previamente drogado o desarmado), no murió en un combate, sino estrangulado por un amante suyo mientras dormía.
Ya he dicho muchas veces que no me importan las licencias; simplemente advierto, porque no sería la primera vez que discuto detalles históricos de la época romana con algún capullo que se las da de listo y hace referencias a especulaciones cinematográficas tomándolas como palabra sagrada.
En general, "Gladiator" me pareció mucho más ágil, mientras que ésta se pierde en su propia opulencia, en sus inacabables batallas (utilizan hasta mosquitos extras, je, je). Aunque precisamente lo que más se recuerda son la magnífica carrera de cuadrigas y el ritual funerario. Creo que el diseño de producción y la dirección artística son lo mejorcito del género.
Sophia Loren y Stephen Boyd me parecen inadecuados (me gustó bastante más la tripleta formada por Russell Crowe, Connie Nielsen y Joaquin Phoenix). Me quedo con Mason.
La música de Tiomkin tampoco es lo buena que cabría esperar.
La verdad es que cada día me gusta más "Espartaco". Porque en ella todo sigue una lógica: vemos luchar al valiente Espartaco, pero nunca veremos a Craso empuñando una espada, y mucho menos encontrándose en plena batalla con su oponente; las luchas en la escuela de gladiadores van acompañadas de una fantástica música que las hace aún más trepidantes (aquí Mann anduvo algo despistado y nos ofreció un insípido combate final); el equilibrio intimismo-política-espectáculo es perfecto... ¡¡¡Ave, Espartaco!!!
jastarloa 
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| 22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Anthony Mann era demasiada buena persona como para entender la caída del Imperio Romano y a Samuel Bronston le interesaba más el espectáculo y el dinero más que la verdadera historia de una de las tres civilizaciones más importantes de todos los tiempos.
El resultado pasado el tiempo es que de la factoría Bronston rodadas en España podemos decir que es inferior a“El Cid” que es mucho más épica y a “55 días en Pekín” que es mucho más película en todos los sentidos.
Curiosamente en las dos citadas el protagonista es Charlton Heston y eso se nota para bien, porque en esta ocasión el reparto en los papeles protagonistas no es consistente, ni una sobrevalorada Sophia Loren, que nunca llegó a hacer nada importante fuera de Italia a pesar de todas las oportunidades que tuvo, y ni mucho menos un anglosajón como Stephen Boyd, al que le queda grande el papel, hace que la cosa mejore.
Es verdad que la película tiene muy buenos secundarios como un jovencísimo Christopher Plummer en el papel de Cómodo y los impagables Alec Guiness y James Mason, pero que hacen unos papeles alejados de la realidad y con cierto tufillo a película religiosa, cuestión que no venía al caso.
Esta película ha envejecido mal, y lo hará peor aún dentro de unos años, cuando cierta carga de humanitarismo desaparezca ante los tiempos que vienen. Digo esto porque precisamente la caída del Imperio Romano no viene por dar la ciudadanía o ser mejor persona o más universalista, al contrario más bien.
Es la barbarización del ejército y la adopción de un cristianismo que incluía una visión menos nacionalista de la sociedad la que hace débil al Imperio, además de la falta de seguridad y fuerzas en sus fronteras.
Muy alejada de las verdaderas consecuencias de la decadencia de Roma, insertada en valores humanos que si jugaron un papel no fue a favor sino en contra del Imperio, también lo está en el tiempo, ya que el periodo de Marco Aurelio y Cómodo transcurre en el siglo II d. C y siendo muy críticos podemos admitir que parte de la base de dicha decadencia la podemos encontrar avanzado el siglo III. Todavía quedaba mucha Roma por delante.
Pero si exceptuamos el pobre guión y las actuaciones de los protagonistas (casi nada) tenemos un buen espectáculo cinematográfico que merece una visión, sobre todo por una interesante banda sonora de Tiomkin y el trabajo de fotografía de un grande como Robert Krasker.
Y eso que al director, Anthony Mann, este tipo de subgéneros no es que le interesasen mucho y cuando tiene ocasión en la película se pone a rodar un western, con planos sacados de películas de John Ford como esa corneta con la caballería al galope yendo a por los indios, en este caso germanos.
Una película idealista, escasamente realista que sirve para pasar un rato interesante pero ni de lejos para acercarse a la historia que suele ser mucho más cruel en valores.
vircenguetorix 
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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
14 de Noviembre de 2008 |
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Sperproducción histórica, antepenúltima realización de Anthony Mann. El guión de Ben Barzman, Basilio Franchina y Philip Yordan adapta la obra “The History of the Decline and Fall of the Roman Empire” (1776-88), de Edward Gibbon. Se rueda en escenarios naturales de Madrid (Las Matas, Manzanares el Real...), Valencia (Sagunto) y Segovia, y en los platós de los Estudios Bronston (Madrid), con una inversión de 28 M dólares. Es nominada a 1 Oscar (banda sonora). Producida por Samuel Bronston, se estrena el 24-III-1964 (RU).
La acción dramática tiene lugar en Vindobona (actual Viena), Roma y otras localidades del Imperio Romano, en el año 180 DC. El emperador Marco Aurelio (121-180 DC) (Guinness), filósofo, autor de la obra “Memorias”, último de los “5 emperadores buenos”, llamado “El sabio”, convoca en las proximidades de Vindobona a príncipes, embajadores y cónsules del Imperio para comunicarles su decisión de nombrar nuevo sucesor a su hijo adoptivo, el general Flavio (Boyd), enamorado de su hija Lucilla (Loren), en sustitución de su hijo biológico Cómodo (Plummer). El anuncio no lo puede realizar porque muere envenenado por partidarios de Cómodo. Durante el reinado de éste se inicia el declive del Imperio, que se prolonga hasta la caída de Roma (476 DC). Marco Aurelio es prudente, sabio, enemigo de las ostentaciones y cree que el gobierno ha de estar al servicio del deber. Cómodo es aficionado a las luchas de gladiadores, caprichoso, egoísta y poco equilibrado. Flavio es considerado, leal, competente, buen militar y no ambiciona ser emperador a costa de su amigo y hermano adoptivo, Cómodo.
El film suma aventuras, drama, guerra e historia (Imperio Romano). Concebido por el productor independiente ruso-americano Samuel Bronston, es un ejemplo emblemático de cine espectáculo y una buena muestra de la visión megalómana del cine que éste tenía. Se rueda en España a causa de las ventajas comparativas de los costes de producción que se obtienen en un país que se halla en el inicio de una larga fase de expansión. La consolidación de ésta elevará pronto los niveles reales de salarios hasta hacer inviables los planes futuros de Bronston en España.
La realización a cargo de un excelente narrador imprime a la obra un buen pulso narrativo, que retiene la atención del espectador. Crea, además, un clima envolvente que se combina bien con el desarrollo de un relato trágico, ilustrativo del inicio de la decadencia del Imperio. Los elementos dramáticos predominan sobre los de aventuras, en perjuicio del interés popular de la obra. El diseño de producción y la dirección artística son esmerados, si bien se ven afectados por los afanes colosalistas y espectaculares del productor. El foro romano establece el récord de construcción más grande realizada hasta entonces para el rodaje de una película.
(sigue en el spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Se esboza la matriz de causas que provocan el declive del Imperio: la presión de los enemigos externos sobre las fronteras con Germania en Europa y con Persia en Asia, la corrupción política, la inestabilidad derivada de las luchas intestinas por el poder, la incompetencia, crueldad y autoritarismo del Cómodo, etc.
La obra proyecta una visión nostálgica del Imperio Romano, al que considera como un paraíso de bienestar y prosperidad, en contraste con las condiciones de vida de los pueblos bárbaros. En el fondo de la cinta palpita una crítica implícita a la administración Kennedy (1961-63) por sus actitudes dialogantes y negociadoras en el exterior (crisis de los misiles) y en el interior (movimientos pacíficos a favor de los derechos humanos).
El film forma parte junto con “Ben-Hur” (1959) y “Espartaco” (1960) el trío de cintas que inspiran “Gladiador” (Scott, 2000). Ésta comparte con la realización de Mann la época de referencia: transición del poder imperial entre Marco Aurelio y Cómodo. A su vez el film de Mann se inspira en buena medida en “Quo vadis” (1951) y “Ben-Hur”. Mann participó en labores de dirección de “Quo vadis”: corrió a su cargo la dirección de la secuencia del incendio de Roma. Son escenas destacables la entrada de Cómodo en Roma, la carrera de aurigas, la ceremonia fúnebre de Marco Aurelio, el desfile de personalidades del Imperio y otras. Mann atenúa la grandilocuencia del desfile de personalidades con un oportuno salpicado de humor.
La música, de Dimitri Tiomkin, aporta una partitura de 16 cortes, que combina melodías intimistas (“Obertura”), temas de amor (“The Fall of Love”), evocadoras (“Nocturno”, “Morning”), refuerzos sonoros (“Persian Battle”) y composiciones descriptivas (“Ballomar’s Barbarian Attack”). El tono general de la banda sonora es melancólico y nostálgico. La fotografía, de Robert Krasker (“Breve encuentro”, Lean, 1945), en color (technicolor) y panavisión, ofrece composiciones de gran belleza visual, referidas tanto a ambientes sombríos (interiores), como a exteriores luminosos (Foro romano). Las imágenes sombrías se asocian al tema del fin de una civilización milenaria.
El film no obtiene el éxito de público previsto. Pese a ser un trabajo discutible, el film es interesante, digno y grato de ver.
Miquel 
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| 11 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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opera 0
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
9 de Diciembre de 2006 |
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Cuando Marco Aurelio ( se trata de una película, no de un documental ) aparece en escena hablando con su amigo filósofo sobre la noche, el amanecer y la muerte, escuchamos una música sensible, frágil, que anuncia el fin de la vida, la fulgurante evanescencia de las ideas. En esa primera escena observamos a un emperador envejecido prematuramente, pero sabio, poseedor de una sabiduría que se adivina en sus palabras pero también en sus ojos. Su amigo, sirviente ( James Mason ) recibe después al protagonista, un joven lleno de vitalidad que observa con sorpresa la grandeza de espíritu de su emperador cuendo éste le habla de la paz ( subrayada por la excelente partitura de Tiomkin, que en ese momento elabora una cadencia final que expresa dicha grandeza de espíritu entre tanta brutalidad ). Acto seguido, la hija del emperador se asoma a las almenas del castillo, sitio en el cual tiene lugar la primera escena romántica del filme...
Los primeros diez minutos de esta grandiosa película de Mann muestran multitud de matices, nos presentan a personajes nítidamente definidos desde el inicio, poseedores de un ritmo perfecto. La banda sonora empieza crepuscular y subraya la magnificencia de espíritu de Marco Aurelio en sus intervenciones... Los siguientes diez minutos ( Monólogo de Marco Aurelio sobre la muerte y su posterior fenecimiento y sepelio ) son igual de ricos, fascinantes, crepusculares, delicados...
Cierto es que posteriormente la película peca de irregular ( comete algunas torpezas: el combate final es un añadido innecesario e impropio del magnífico nivel de este guión de Yordan ), pero nunca deja de exponer magníficas escenas ( James Mason con los bárbaros en la cueva, batalla en el este, locura de Cómodo ) y siempre transmite un mundo en el que existe una gran confusión, contradicción de ideas: la expansión del cristianismo que trae consigo las prmeras ideas de paz ( en esta película el cristianismo se muestra como una religión deudora de la filosofía griega ), la violencia, la corrupción de los codiciosos, un puro amor que florece entre encarnizadas guerras , la sabiduría que otorga la experiencia que se diluye entre la confusión generalizada... Se trata de una obra maestra del séptimo arte que necesita ser observada como lo que es: un película seria, compleja, con inolvidables actuaciones ( Alec Guinnes incomensurable ), con una banda sonora excepcional ( Expresa delicadeza, romanticismo, grandeza de espíritu en unos momentos, y colosalismo, grandilocuencia y corrución en otros ) y con un sentido del ritmo excelente. Por otra parte, la fotografía juega con los mismos contrastes que el guión y la banda sonora: es crepuscular, tenue en unos momentos ( el inicio, anunciando la muerte de Marco Aurelio y con el la muerte de la lucidez, de la sabiduría que podría salvar al imperio ) y luminosa en otros ( para mostrarnos la grandeza y opulencia de Roma ).
opera 0 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El Emperador Marco Aurelio (Alec Guinness) une a todos sus ejércitos de las provincias romanas en el Norte para convencer a los bárbaros de su nueva condición de ciudadanos de Roma. Unido a su inseparable amigo y filósofo Timonides (James Mason) reunirá a sus hijos, la bellísima Lucila (Sophia Loren) y el ambicioso Comodo (Christopher Plummer), así como su ahijado Livio (Stephen Boyd). A la muerte del padre por envenenamiento, Comodo comienza un reinado de terror que sacudirá todos los territorios conquistados por Roma. Lucilla es separada de su amado Livio por Sohamus (Omar Sharif) rey de los armenios y aliado poderoso de los romanos.
Madrid, Valencia y Segovia fueron las principales localizaciones dónde se rodó íntegramente este megaproducto épico ideado por el productor Samuel Bronston y el realizador Anthony Mann, que ya habían trabajado juntos en la no menos espectacular “El Cid” (1963) y que Hollywood se hizo su embajada en los Estudios de las Rozas a finales de los años cincuenta y que inició su debacle a mitad de los sesenta. Pero a España no le fue tan mal porque en ese momento los “spaghetti-western” empezaban a gestarse aprovechando los áridos y ardientes paisajes exteriores almerienses con equipo, aparte de español, alemán y, principalmente, italiano.
“La Caída del Imperio Romano” es un título que hizo justicia en un momento en que el cine religioso y épico lleno hasta los topes de gladiadores, centuriones, esclavos, mandarines, caballeros, monjes, apóstoles y profetas, empezaba a decaer. Y eso que el film de Anthony Mann guarda una sorpresita final referente al destino del malvado y tirano Comodo.
Ignasi Borràs 
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