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Críticas de "Chicago años 30"
Chicago años 30
Buena
Nicholas Ray
(1958)


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17 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Bastidas   Tomelloso (España)
Su valoración: Notable 27 de Marzo de 2006
Es común que la personalidad de Ray desborde el genero que tiene entre manos, embelleciéndolo y agrandándolo a la vez. Puede parecer paradójico pero no lo es. Es natural y común a las personalidades de algunos de los grandes del cine. En Ray eso también ocurre con el argumento. Su personalidad está también por encima de este aspecto. Se habla de que el estilo de Welles es reconocible a los diez minutos de metraje. Cierto. Y algo parecido ocurre con Ray, solo que a este director no le hace falta recurrir continuamente a ángulos extremos para conseguirlo. Ray tiene un estilo muy personal pero nunca lo coloca por encima de la historia. Nunca distrae, sino que suma. Wells suele distraer, esa es la diferencia. Es excesivamente barroco. Ray es romántico y en esta película vuelven a estar algunas de las constantes que conforman su sólida y dura, pero tierna también, visión de la vida. El desencanto y la inadaptación están presentes en esta película, al igual que el amor como redención y la lucha digna contra un medio hostil. Con una historia sencilla Ray aprovecha para desplegar su personal visión, logrando imágenes vivas rebosantes de romanticismo.
Bastidas
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Notable 25 de Abril de 2011
Último film rodado en Hollywood por Nicholas Ray (“Johnny Guitar”, 1954). Escrito por George Well, adapta un relato breve inédito de Leo Katcher. Se rueda íntegramente en los MGM Studios (Culver City, L.A., CA), salvo la escena del puente. Producido por Joe Pasternak para MGM, se estrena el 28-X-1958 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en Chicago (Illinois), en 1930, al comienzo de la Gran Depresión. La obra plantea uno de los temas constantes del realizador, la lucha siempre incierta entre el bien y el mal. En este caso la contienda se establece entre el amor y la honradez contra la crueldad y la corrupción. Los personajes principales, de acuerdo con los gustos de N. Ray, son seres débiles, atrapados y solitarios, que arrastran sentimientos de fracaso, derrota y marginación social. Ejemplifica este hecho la protagonista femenina, Vicki Gaye (Charisse), que quería ser bailarina y modelo y solo ha conseguido ser corista de una sala de fiestas nocturna, llamada Golden Rooster, y que se ve en la necesidad de complementar sus ingresos asistiendo a fiestas privadas como chica de alterne o compañía.

El relato se presenta impregnado de un aire pesimista y triste que compone uno de los elementos principales de la atmósfera que rodea a los personajes. No es ajena a este hecho la insatisfacción que sienten y la melancolía profunda que anida en ellos como consecuencia de sus sentimientos de impotencia, debilidad y fatalismo. La condición de personas dependientes y atrapadas se ve agravada por los incidentes de violencia y brutalidad que jalonan la acción en un crescendo que culmina hacia el final. En el marco de estos hechos se desarrolla una atípica historia de amor que comienza como una válvula de escape y un refugio, para convertirse gradualmente en una realidad sólida y en fuente de oportunidades de evolución, cambio y transformación personal.

La definición de los personajes compone unas figuras de notable profundidad psicológica y convincente coherencia. Sobresale el retrato que se ofrece del protagonista, Thomas “Tommy” Farrell (Taylor). Menos definidas, pero bien construidas, están las figuras del malvado, Rico Angelo (Cobb), y de la joven Wicki. El primero es violento, desconsiderado y psicótico, mientras la chica suma fragilidad y lucidez a partes iguales, lo que le permite defenderse sola cuando hace falta, sin dejar de necesitar ayuda para recomponer su vida y su estado de ánimo tras la pérdida de su mejor amiga.

La fotografía, en metrocolor y cinemascope, de Robert Bronner, desarrolla una exposición pausada, basada sobre todo en planos medios y encuadres precisos. Los colores cumplen funciones dramáticas, como en otras obras de Ray. Los rojos intensos y saturados simbolizan pasión y los verdes fríos hablan de esperanza. La cámara se sitúa a veces en posiciones poco verosímiles que acrecientan la fuerza dramática de algunas escenas violentas.

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Miquel
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o0_oscar_0o   Ourense (España)
Su valoración: Buena 21 de Octubre de 2008
Pese a que el género de gangsters parece haber alcanzado su apogeo en la década de los cuarenta, Nicholas Ray nos ofrece un buen ejemplo del género casi veinte años después de los grandes títulos a cargo de Bogart. El film llama la atención por su inusitada violencia y el poco encubierto erotismo para la época de su rodaje y proyección. Por otro lado nos ofrece una buena interpretación del ya veterano Robert Taylor, junto a Cyd Charisse, que pese a interpretar a una corista (con números de baile incluídos) lleva a cabo un papel muy alejado a los que estamos acostumbrados a ver en su caso.
o0_oscar_0o
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Quatermain80   Madrid (España)
Su valoración: Buena 6 de Febrero de 2011
Las incursiones de Nicholas Ray en el cine negro inciden repetidamente en unos argumentos y personajes característicos, circunstancia claramente perceptible en obras como "They live by night" (1947), "On dangerous ground" (1952), y en la que aquí nos ocupa.

En efecto, y como ya ocurriera en los filmes anteriormente citados, "Party Girl" es un nuevo acercamiento al tema de una pareja de indivíduos que no encajan en el mundo en el que se encuentran, y es precisamente esa inadaptación respecto del entorno, ese extrañamiento, el que les empuja a unirse sentimentalmente, haciendo del amor primero un refugio, y después un motivo para la esperanza. Tanto Vicki como Thomas viven accidentalmente sus vidas; ella quiso ser bailarina y modelo, pero acabó siendo una corista que eventualmente ejerce de chica de compañía en fiestas de hampones, y él, de orígenes humildes, consiguió llegar a abogado de éxito, pero a costa de defender a criminales y mafiosos. Su profunda insatisfacción con sus vidas, con el mundo que les rodea, acaba uniéndoles en un romance que puede convertirse en un nuevo comienzo, en una verdadera razón por la que vivir.

En torno a este tema central, verdadero argumento de la película, planea el mundo criminal y mafioso del Chicago de los años treinta, si bien la importancia que se concede a este asunto es claramente secundaria. La violencia propia del género no hace su aparición hasta transcurridos cuarenta minutos de metraje, en una secuencia que, eso sí, resulta veloz, efectiva y brutal, prefigurando una bastante similar que empleará Brian de Palma en "Los intocables de Elliott Ness". Por lo demás, con la salvedad de breves momentos -en los que se muestra fugazmente una cadena de asesinatos- y el tramo final, la violencia queda soterrada, enmasacarada tras el ostentoso lujo de las fiestas mafiosas, en las que tan sólo la poderosa presencia de Rico sugiere inquietud.

Rodada casi enteramente en estudio, la cinta tiene sus mejores virtudes en la puesta en escena, siempre brillante, y en el sabio empleo del color, que establece curiosos y voluntarios contrastes entre los tonos rojos de Vicki y los fríos y apagados que desprenden los trajes de Thomas. La realización de Ray imprime un buen ritmo e incluye algún plano brillante -aunque tal vez un tanto de cara a la galería- como el del espejo que muestra la conversación de Vicki con la ex mujer de Thomas. El guión es, en mi opinión, simplemente correcto, sin demasiados diálogos para el recuerdo, y en cuanto a las interpretaciones, prefiero las de los secundarios (sobre todo Lee J. Cobb y John Ireland) a las de los protagonistas.

En conjunto, una buena película, siempre recomendable, pero que a mí me emociona bastante menos que su opera prima, la imperfecta y poética "They live by night".
Quatermain80
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kafka   ciudadano del mundo (palencia) (España)
Su valoración: Muy buena 20 de Marzo de 2010
Adscribible genericamente al melodrama de intriga o negro, es no obstante, "Chicago, años 30", una obra muy particular debido a las raíces de su autoría: el genuino, apasionado y muchas veces apasionante Nicholas Ray ("En un lugar solitario"). Sofisticada y muy elegante, hay en esta obra maestra, una espléndida recreación ambiental y de época, así como una apasionante historia ensamblada perfectamente entre el guión de George Wells, la fotografía -luminosa y colorista- de Robert Bronner y la crispada y gran puesta en escena de Ray, a quien la historia gangsteril central del argumento le sirve para narrar una fascinante historia de amor entre un tullido abogado corrupto (gran creación de Taylor) y una bella bailarina (una soberbiamente hermosa y elegante Charisse que regala dos antológicos números musicales de poderosísima fuerza), y hacerlo de manera brillante, profunda y hermosa. Excelente reparto en esta muy modélica y explicativa película de su autor.
kafka
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