Stella
6,9
1.263
Drama
Año 1977. Stella tiene once años y acaba de ingresar en un instituto de París. Su vida diaria transcurre en el bar que regentan sus padres: un refugio donde los obreros se entregan a la bebida, a las apuestas, al fútbol, y las veladas se alargan hasta el amanecer. Para ella, la vida escolar no es nada fácil, pues los estudios no son su fuerte. Además, las constantes humillaciones a las que se ve sometida por parte de profesores y ... [+]
17 de julio de 2011
17 de julio de 2011
26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la línea del mejor cine francés, "Stella" (estrenada en Francia en 2008) es un film intimista, un retrato del difícil paso de la niñez a la adolescencia, de sus problemas, y de su belleza, de una sutilidad, de una ternura y de desazón, que abruma sin caer en dramatismos maniqueos ni en truculencias barriobajeras.
1977. Stella Vlamink es una pre-adolescente de 11 años de un suburbio de Paris cuyo hogar es el bar de sus padres. Allí lo ha aprendido casi todo del mundo de los adultos que lo frecuentan (sobre poquer, sobre billar, sobre futbol, prostitución, peleas, etc.), pero apenas sabe nada de lo que necesita para aprobar en el colegio o para relacionarse con sus compañeros y con el mundo de ahí afuera. Sus padres no son la mejor ayuda en ese sentido.
Cuando empieza una nueva etapa escolar en un nuevo colegio, Stella se enfrentará, además de a sus limitaciones académicas, a sus carencias en el contacto con los demás, y se abrirá a un mundo nuevo para ella, el de los primeros problemas de la adolescencia como el primer amor o la amistad verdadera.
A través de la voz en off de la protagonista, el film hace un retrato familiar disfuncional y caótico. Stella es un pez fuera del agua, una niña en un mundo de adultos, y como tal, su educación ha sido muy diferente a la de sus compañeros de clase. No se trata de una niña maltratada, ni falta de cariño, sino de atención. Sus padres descuidan sus necesidades emocionales, la tratan como a un adulto mas y proyectan en ella sus problemas (su madre dice estar contenta con su vida, pero abronca a Stella por no estudiar como si se abroncase ella misma; su padre la quiere, pero casi siempre está ausente). Su hogar, el bar, es divertido, pero es un microcosmos caótico nada propicio para una niña de su edad.
Así, Stella se ha endurecido, se ha construido una fortaleza alrededor de su corazón para que nada de lo que vive a diario le haga daño. Pero sólo es una coraza externa. En el fondo, sigue siendo una frágil niña de 11 años, deseosa de recibir más atención, de encontrar una amiga con quien compartir. Y ese sutil abanico de sentimientos lo interpreta magistralmente la joven actriz Léora Barbara, que aguanta casi todo el peso del film, transmitiendo a ratos fragilidad, a ratos seguridad y otras veces hieratismo y una total desconexión de una realidad dolorosa.
(continua en spoiler)
1977. Stella Vlamink es una pre-adolescente de 11 años de un suburbio de Paris cuyo hogar es el bar de sus padres. Allí lo ha aprendido casi todo del mundo de los adultos que lo frecuentan (sobre poquer, sobre billar, sobre futbol, prostitución, peleas, etc.), pero apenas sabe nada de lo que necesita para aprobar en el colegio o para relacionarse con sus compañeros y con el mundo de ahí afuera. Sus padres no son la mejor ayuda en ese sentido.
Cuando empieza una nueva etapa escolar en un nuevo colegio, Stella se enfrentará, además de a sus limitaciones académicas, a sus carencias en el contacto con los demás, y se abrirá a un mundo nuevo para ella, el de los primeros problemas de la adolescencia como el primer amor o la amistad verdadera.
A través de la voz en off de la protagonista, el film hace un retrato familiar disfuncional y caótico. Stella es un pez fuera del agua, una niña en un mundo de adultos, y como tal, su educación ha sido muy diferente a la de sus compañeros de clase. No se trata de una niña maltratada, ni falta de cariño, sino de atención. Sus padres descuidan sus necesidades emocionales, la tratan como a un adulto mas y proyectan en ella sus problemas (su madre dice estar contenta con su vida, pero abronca a Stella por no estudiar como si se abroncase ella misma; su padre la quiere, pero casi siempre está ausente). Su hogar, el bar, es divertido, pero es un microcosmos caótico nada propicio para una niña de su edad.
Así, Stella se ha endurecido, se ha construido una fortaleza alrededor de su corazón para que nada de lo que vive a diario le haga daño. Pero sólo es una coraza externa. En el fondo, sigue siendo una frágil niña de 11 años, deseosa de recibir más atención, de encontrar una amiga con quien compartir. Y ese sutil abanico de sentimientos lo interpreta magistralmente la joven actriz Léora Barbara, que aguanta casi todo el peso del film, transmitiendo a ratos fragilidad, a ratos seguridad y otras veces hieratismo y una total desconexión de una realidad dolorosa.
(continua en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En el fondo, la paradoja del film consiste en comprobar cómo una niña rodeada de mayores debe desaprender casi todo lo que ha aprendido de ellos en su corta vida para ganar la inocencia que le toca por su edad. Y es que “Stella” no habla de los malos tratos, ni por parte de padres ni de profesores, sino más bien de las continuas lecciones vitales y emocionales contraproducentes que puede recibir un niño de unos adultos superados por sus roles. Otra reflexión del film es que la escuela (la cultura en general, debemos entender) puede ser una oportunidad para formar personas, aunque sin embargo, no fueran los métodos descritos en el film (vigentes a mediados de los 70) los mejores para conseguirlo.
Con todo, "Stella" es uno de esos films que cuesta analizar desde sus apartados técnicos, pese a que apenas se puede criticar nada: una buena labor de realización, un magnífico desempeño de sus actores principales (atención al parecido más que razonable entre Benjamin Biolay y Benicio del Toro), una buena ambientación o su espléndida banda sonora. Sin embargo, como a cualquier película cuyo punto de referencia es la propia vida, sus heridas y su belleza, el film de Silvie Verheyde no debería ser juzgado sino desde la verdad de lo que cuenta. Y ahí también aprueba con nota. Por ello, me asalta una inquietante pregunta: ¿porque tardan tanto films como éste en encontrar un hueco en nuestra salas?
Con todo, "Stella" es uno de esos films que cuesta analizar desde sus apartados técnicos, pese a que apenas se puede criticar nada: una buena labor de realización, un magnífico desempeño de sus actores principales (atención al parecido más que razonable entre Benjamin Biolay y Benicio del Toro), una buena ambientación o su espléndida banda sonora. Sin embargo, como a cualquier película cuyo punto de referencia es la propia vida, sus heridas y su belleza, el film de Silvie Verheyde no debería ser juzgado sino desde la verdad de lo que cuenta. Y ahí también aprueba con nota. Por ello, me asalta una inquietante pregunta: ¿porque tardan tanto films como éste en encontrar un hueco en nuestra salas?
12 de septiembre de 2011
12 de septiembre de 2011
16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película francesa que me ha atrapado desde el primer fotograma hasta el último.
El film comienza a ritmo discotequero, donde la cámara se deja seducir por el movimiento de una niña de apenas 11 años, que al son de la música, ataviada y pintada como una mujer, ya nos indica que quizás no esté en el mejor lugar para crecer en lo que llamamos una infancia normal. Y digo quizás porque no sabría decir que es una infancia normal, condicionada por el lugar, el ambiente, la época.
Ambientada en París en la segunda mitad de los 70, la película se mueve a caballo entre un bar-pensión de clase trabajadora, donde nuestra protagonista Stella he tenido acceso al mundo de los adultos, y la escuela que se presentará como una oportunidad.
En el bar, regentado por sus padres, está acostumbrada a un mundo que por edad no le debería corresponder: alcohol, sexo, discusiones, todo de forma testimonial, pero que no puede evitar, es su vida, y de alguna manera es tratada como una adulta más. Y todas estas vivencias prematuras que la dotan de una coraza de indolencia, donde parece que la inocencia fue perdida, hace que cuando acuda a un colegio de cierto nivel, sepa defenderse sola y en ocasiones actuar de forma violenta, pero también, tras un periodo de desinterés, le provoca la curiosidad, la necesidad de conocer palabras, de escuchar, de aprender, y todo ello gracias a Gladys, la mejor estudiante de la clase, con la cual entabla amistad.
La directora Sylvie Verheyde ha sabido transmitirnos a la perfección ese mundo entre la infancia y el inicio de la adolescencia, donde no encuentras tu sitio en ningún sitio; ni en tu casa, ni en el colegio, pero que observando, escuchando, con paciencia, acaba llegando, sin dejar de lado los golpes que la vida te va dando. Sin duda bebe de “Los 400 golpes” de Truffaut, donde Antoine Doinel buscaba un mar que parecía más un paredón ( me encanta la película y la canción de Aute ), y no puede faltar la escena en la cual Stella corre por las calles y la cámara le sigue en paralelo. Pero aquí parece haber más esperanza, una oportunidad en el aprendizaje, en la educación, eso que ciertos políticos quieren quitarnos, con recortes y pidiendo esfuerzos a profesores que ya han hecho un sobreesfuerzo previo, siempre. Sin duda estos recortes con el tiempo salen caros, queremos ilusión, nos sobra Esperanza. El final de “Los 400 golpes” era desolador, como un puñetazo en el estomago, aunque ya sabemos que el personaje también salió a flote, como pudo, en otras 5 películas.
Continua en spoiler por demasiado larga, sin desvelar nada
El film comienza a ritmo discotequero, donde la cámara se deja seducir por el movimiento de una niña de apenas 11 años, que al son de la música, ataviada y pintada como una mujer, ya nos indica que quizás no esté en el mejor lugar para crecer en lo que llamamos una infancia normal. Y digo quizás porque no sabría decir que es una infancia normal, condicionada por el lugar, el ambiente, la época.
Ambientada en París en la segunda mitad de los 70, la película se mueve a caballo entre un bar-pensión de clase trabajadora, donde nuestra protagonista Stella he tenido acceso al mundo de los adultos, y la escuela que se presentará como una oportunidad.
En el bar, regentado por sus padres, está acostumbrada a un mundo que por edad no le debería corresponder: alcohol, sexo, discusiones, todo de forma testimonial, pero que no puede evitar, es su vida, y de alguna manera es tratada como una adulta más. Y todas estas vivencias prematuras que la dotan de una coraza de indolencia, donde parece que la inocencia fue perdida, hace que cuando acuda a un colegio de cierto nivel, sepa defenderse sola y en ocasiones actuar de forma violenta, pero también, tras un periodo de desinterés, le provoca la curiosidad, la necesidad de conocer palabras, de escuchar, de aprender, y todo ello gracias a Gladys, la mejor estudiante de la clase, con la cual entabla amistad.
La directora Sylvie Verheyde ha sabido transmitirnos a la perfección ese mundo entre la infancia y el inicio de la adolescencia, donde no encuentras tu sitio en ningún sitio; ni en tu casa, ni en el colegio, pero que observando, escuchando, con paciencia, acaba llegando, sin dejar de lado los golpes que la vida te va dando. Sin duda bebe de “Los 400 golpes” de Truffaut, donde Antoine Doinel buscaba un mar que parecía más un paredón ( me encanta la película y la canción de Aute ), y no puede faltar la escena en la cual Stella corre por las calles y la cámara le sigue en paralelo. Pero aquí parece haber más esperanza, una oportunidad en el aprendizaje, en la educación, eso que ciertos políticos quieren quitarnos, con recortes y pidiendo esfuerzos a profesores que ya han hecho un sobreesfuerzo previo, siempre. Sin duda estos recortes con el tiempo salen caros, queremos ilusión, nos sobra Esperanza. El final de “Los 400 golpes” era desolador, como un puñetazo en el estomago, aunque ya sabemos que el personaje también salió a flote, como pudo, en otras 5 películas.
Continua en spoiler por demasiado larga, sin desvelar nada
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Bueno, dejemos los discursos político-sociales, y volvamos a lo que nos ocupa. Sylvie Verheyde diferencia los 2 mundos utilizando en el bar una cámara más nerviosa, más libre, ya que puede surgir en cualquier momento cualquier cosa. Mientras que en la escuela, el rodaje es más estático, más rígido, es lo que tiene la disciplina.
La música juega un excelente papel, dotando a la obra en ciertos momentos de intimismo y nostalgia; cuando Stella se recoge en su habitación y escucha vinilos que parecen hablar de ella ( a quien no le ha pasado, parece que las canciones hablan de ti ) o cuando se enamora por primera vez de verdad.
Los actores, excelentes todos ellos, desde Léora Barbara como Stella, pasando por su amiga Gladys (Mélissa Rodriguès ), los padres de Stella, los clientes del bar, los profesores, que dotan a cada escena de un realismo que transpira cada fotograma.
Mención especial para el tristemente desaparecido Guillaume Depardieu, el único que parece mostrarle algo de atención desinteresada en el café, que sabiéndose “admirado” por Stella, llegado el momento, tienen esta breve pero emotiva conversación:
- Voy a echarte de menos
- ¿Por qué dices eso?
- Por nada
Gracias a los Cines Verdi en Madrid he podido disfrutar de esta película de iniciación, de lo mejor que hay actualmente en cartelera. Sigo sin entender como auténticos bodrios, americanos o hispanos, son promocionados hasta la saciedad, y películas como esta, que habla de temas atemporales y vividos por todos de una u otra manera, llegan tarde, a una única sala y la veremos 4 cinéfagos.
La infancia llega demasiado pronto, o es la vida que no espera.
La música juega un excelente papel, dotando a la obra en ciertos momentos de intimismo y nostalgia; cuando Stella se recoge en su habitación y escucha vinilos que parecen hablar de ella ( a quien no le ha pasado, parece que las canciones hablan de ti ) o cuando se enamora por primera vez de verdad.
Los actores, excelentes todos ellos, desde Léora Barbara como Stella, pasando por su amiga Gladys (Mélissa Rodriguès ), los padres de Stella, los clientes del bar, los profesores, que dotan a cada escena de un realismo que transpira cada fotograma.
Mención especial para el tristemente desaparecido Guillaume Depardieu, el único que parece mostrarle algo de atención desinteresada en el café, que sabiéndose “admirado” por Stella, llegado el momento, tienen esta breve pero emotiva conversación:
- Voy a echarte de menos
- ¿Por qué dices eso?
- Por nada
Gracias a los Cines Verdi en Madrid he podido disfrutar de esta película de iniciación, de lo mejor que hay actualmente en cartelera. Sigo sin entender como auténticos bodrios, americanos o hispanos, son promocionados hasta la saciedad, y películas como esta, que habla de temas atemporales y vividos por todos de una u otra manera, llegan tarde, a una única sala y la veremos 4 cinéfagos.
La infancia llega demasiado pronto, o es la vida que no espera.
3 de mayo de 2012
3 de mayo de 2012
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una verdadera delicia de película, cine francés de calidad; y, lo más sorprendente... niña protagonista que no sólo no hace vomitar, sino que conmueve hasta la médula.
El mérito es, por supuesto, de la actriz Léora Barbara, pero también de un guión que no la obliga a decir estupideces todo el tiempo ni a sobreactuar.
La historia transcurre en París, años 70 (fantástica la música y la ambientación). Stella vive prácticamente todo el día en el bar que regentan sus padres, y sus amigos son los clientes asiduos del bar. Va y viene del bar a la escuela y de la escuela al bar sin que nadie se preocupe por lo que piensa o lo que siente o por lo que puede necesitar una niña de su edad.
De Stella hay que enamorarse. Por su inocencia, por su soledad, por su mirada, por lo perdida que está en el mundo... Te entrarán unas ganas locas de adoptarla y de abofetear a esos padres mucho más interesados en sus propias miserias que en atender a su hija.
Lástima que estas modestas producciones no lleguen al gran público y sean distribuídas como el culo. Menos mal que hoy en día tenemos recursos para poder acceder a estas joyitas.
Si tenéis oportunidad de haceros con ella no os la perdáis.
El mérito es, por supuesto, de la actriz Léora Barbara, pero también de un guión que no la obliga a decir estupideces todo el tiempo ni a sobreactuar.
La historia transcurre en París, años 70 (fantástica la música y la ambientación). Stella vive prácticamente todo el día en el bar que regentan sus padres, y sus amigos son los clientes asiduos del bar. Va y viene del bar a la escuela y de la escuela al bar sin que nadie se preocupe por lo que piensa o lo que siente o por lo que puede necesitar una niña de su edad.
De Stella hay que enamorarse. Por su inocencia, por su soledad, por su mirada, por lo perdida que está en el mundo... Te entrarán unas ganas locas de adoptarla y de abofetear a esos padres mucho más interesados en sus propias miserias que en atender a su hija.
Lástima que estas modestas producciones no lleguen al gran público y sean distribuídas como el culo. Menos mal que hoy en día tenemos recursos para poder acceder a estas joyitas.
Si tenéis oportunidad de haceros con ella no os la perdáis.
4 de septiembre de 2011
4 de septiembre de 2011
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La forma en que un niño o niña actua, se comporta y afronta las cosas depende en gran medida de las circunstancias familiares y sociales en las que se desarrolla su vida, pues los padres y las demás personas de sus entorno marcan e influencian su carácter, al enseñarle, inculcarle y transmitirle unos determinados valores o modos de conducta. También es primordial la forma en que se los muestran y les hacen aprenderlos, ya que si los progenitores quieren que su hijo asimile y aplique una determinada lección es necesario que prediquen con el ejemplo y la constancia. De esta manera, el trasfondo familiar en que se hace mayor un niño hace que vea de una manera u otra los otros aspectos de la vida cotidiana, como es por ejemplo la educación que recibe en el colegio.
Y una muestra de ello es Stella, niña de once años que vive con sus padres en un bar de las afueras de París durante los años 70. Sus padres no son para nada modélicos, pues apenas se preocupan de ella ni le prestan la necesaria atención, pues están todo el día trabajando para poder atender a unos clientes bastante lejos de ser flor y nata de la cuidad y los más adecuados para que una jovencita como Stella conozca. Entonces llega a un colegio nuevo, al que le cuesta adaptarse porque es de gente más adinerada. Sin embargo el hacerse amiga de una la mejor de la clase, la responsable y simpática Gladys, consigue que se vayan produciendo paulatinos cambios en Stella para mejor, al tener a alguien en quién poder confiar y con quien compartir su experiencias.
A través de Stella y sus dos amigas, Gladys y Geneviève, podemos comparar su realidad, marcada por sus padres irresponsables, inmaduros y con una relación inestable, con una mejor, en la que Gladys y sus padres viven en un barrio superior y son gente de cultura, y otra peor, la de Geneviéve, que reside en un pueblo del norte de Francia donde vive la abuela de Stella con unos padres alcohólicos sin empleo, con otros cuatro hermanos y que no dudan en maltratarla o hacerle trabajar.
Desde el primer momento podemos ser testigos de momentos importantes en la vida de la niña como el primer día de colegio, la visita de su amiga a su casa, los suspensos y aprobados en el colegio, e incluso el descubrimiento del amor y el primer e inocente enamoramiento (acompañado a la perfección por la voz Umberto Tozzi en "Ti amo"). Con una bonita música cuyas notas se intercalan con una conciencia despierta, un reparto que hace un buen trabajo en sus respectivos papeles (en especial Leóra Barbara como la protagonista), y un final abierto a la esperanza y la reconciliación para la familia, es una buena película, sencilla y real, sobre los comienzos de la adolescencia.
Y una muestra de ello es Stella, niña de once años que vive con sus padres en un bar de las afueras de París durante los años 70. Sus padres no son para nada modélicos, pues apenas se preocupan de ella ni le prestan la necesaria atención, pues están todo el día trabajando para poder atender a unos clientes bastante lejos de ser flor y nata de la cuidad y los más adecuados para que una jovencita como Stella conozca. Entonces llega a un colegio nuevo, al que le cuesta adaptarse porque es de gente más adinerada. Sin embargo el hacerse amiga de una la mejor de la clase, la responsable y simpática Gladys, consigue que se vayan produciendo paulatinos cambios en Stella para mejor, al tener a alguien en quién poder confiar y con quien compartir su experiencias.
A través de Stella y sus dos amigas, Gladys y Geneviève, podemos comparar su realidad, marcada por sus padres irresponsables, inmaduros y con una relación inestable, con una mejor, en la que Gladys y sus padres viven en un barrio superior y son gente de cultura, y otra peor, la de Geneviéve, que reside en un pueblo del norte de Francia donde vive la abuela de Stella con unos padres alcohólicos sin empleo, con otros cuatro hermanos y que no dudan en maltratarla o hacerle trabajar.
Desde el primer momento podemos ser testigos de momentos importantes en la vida de la niña como el primer día de colegio, la visita de su amiga a su casa, los suspensos y aprobados en el colegio, e incluso el descubrimiento del amor y el primer e inocente enamoramiento (acompañado a la perfección por la voz Umberto Tozzi en "Ti amo"). Con una bonita música cuyas notas se intercalan con una conciencia despierta, un reparto que hace un buen trabajo en sus respectivos papeles (en especial Leóra Barbara como la protagonista), y un final abierto a la esperanza y la reconciliación para la familia, es una buena película, sencilla y real, sobre los comienzos de la adolescencia.
17 de septiembre de 2011
17 de septiembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vez más, sana envidia del cine Francés. Y una vez más imperdonable retraso en la distribución de esta estupenda y muy recomendable cinta, así como el no haber estrenado en España las dos películas anteriores de su directora y guionista a pesar de haber obtenido premios y reconocimiento.
Stella, magníficamente encarnada por Léora Barbara, a quien la cámara no puede dejar de seguir, encarna el momento crucial de la infancia a la adolescencia y a través de sus ojos contemplamos el corto y peligroso camino que puede condicionarnos el resto de nuestras vidas y como el entorno, para bien o para mal, forja nuestro carácter, donde la suerte o la desgracia dependen de que lado caiga la moneda.
Silvie Verheyde dirije con una soltura y un montaje muy bien engrasado que discurre ágil, sin prisas pero sin pausas, creando atmósferas muy creíbles apoyadas por un elenco eficaz. Todos queremos ayudar a Stella y el corazón se nos pone en un puño cuando camina muy cerca del abismo. El amor, la amistad y la tragedia la acompañan en una vida que le da una oportunidad que ella y solo ella, decide aprovechar.
Stella, magníficamente encarnada por Léora Barbara, a quien la cámara no puede dejar de seguir, encarna el momento crucial de la infancia a la adolescencia y a través de sus ojos contemplamos el corto y peligroso camino que puede condicionarnos el resto de nuestras vidas y como el entorno, para bien o para mal, forja nuestro carácter, donde la suerte o la desgracia dependen de que lado caiga la moneda.
Silvie Verheyde dirije con una soltura y un montaje muy bien engrasado que discurre ágil, sin prisas pero sin pausas, creando atmósferas muy creíbles apoyadas por un elenco eficaz. Todos queremos ayudar a Stella y el corazón se nos pone en un puño cuando camina muy cerca del abismo. El amor, la amistad y la tragedia la acompañan en una vida que le da una oportunidad que ella y solo ella, decide aprovechar.
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