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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
23 de Diciembre de 2005 |
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Comedia a la vieja usanza, con buenos actores y buen argumento.
Cuenta los problemas de un matrimonio estadounidense de clase media-alta. George, el marido, es un hipocondríaco que un día, por pura obsesión, piensa que sufre una enfermedad terminal y que le resta poco tiempo de vida. Sólo se lo cuenta a su vecino, Arnold, que es su mejor amigo. Como no quiere dejar sola a su mujer, ambos emprende la búsqueda del marido ideal para ella.
Os aseguro unas buenas dosis de carcajadas, sobre todo con el borrachín de Arnold. Los últimos minutos se aceleran demasiado, pero el resto gusta tanto y dura tan poco esta parte que se lo perdonas totalmente.
jastarloa 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
17 de Mayo de 2007 |
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Comedia ligera de los sesenta, que resulta muy agradable y que por lo menos me hizo reír mucho con su humor fino y un poco ingenuo, pero también agudo y con momentos verdaderamente memorables.
La historia se centra en un joven matrimonio. Él es muy hipocondríaco y siempre cree que está a punto de morir de alguna enfermedad. Hace continuas visitas al médico y se toma un montón de potingues para sus diversos males imaginarios. Su mujer, con buen humor y mucha paciencia, sobrelleva sus tonterías. Ambos viven en un barrio residencial de ésos que tanto les gusta sacar en las películas estadounidenses, con preciosas casas unifamiliares, dotadas de todos los adelantos y con jardín. Nos vamos poniendo al día de todos los cotilleos del barrio merced al lechero, que va de puerta en puerta soplando los chismes.
En una de sus innumerables visitas al médico, el protagonista, por un malentendido, se convence de que padece una terrible enfermedad letal, y se preparará para su pronto fallecimiento, haciendo partícipe de su secreto a un vecino amigo suyo y sin revelarle la "tremenda noticia" a su mujer, para no alarmarla. Las absurdas y divertidas situaciones que se van a suceder a partir de aquí no van a tener descanso.
-Digno de mencionar es el papel del médico, un hombre que suscitará nuestras carcajadas cada vez que aparezca.
-También el amigo del protagonista es un personaje inolvidable.
-Y uno de los grandes puntazos lo introduce el dueño de la funeraria. ¡No se pierdan esa parte! Es tronchante.
Se agradece una buena comedia como ésta, de humor sano y sin otras pretensiones que divertirnos y, de paso, burlarse un poco de sí misma y lanzar una pequeña crítica, invitándonos a disfrutar más de la vida.
Vivoleyendo 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2008 |
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Qué éxito aquellas películas cómicas de los 60 de Rock Hudson, en especial las 3 que rodó con la señora Day y Tony Randall.
Comedia norteamericana al uso de calidad y buen gusto. Tony Randall forma el trío exacto para estos típicos enredos, de compañero de fatigas del señor Hudson.
En este caso, el marido escucha al médico decir que al paciente le quedan semanas de vida y enseguida se piensa que estaba hablando de él, por lo que apesadumbrado se pone a trabajar para dejarle a su mujer la vida solucionada.
Es muy díficil hoy día encontrar películas de este tipo, con ese humor transparente; en algún momento hay que recurrir al mal gusto buscando la carcajada fácil. La inteligencia es la base del buen humor.
Estupenda y recomendable.
fantomas 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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zinquirilla
Sevilla (España)
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Su valoración:  |
19 de Agosto de 2007 |
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Para mí es la mejor comedia de las que rodaron Doris Day y Rock Hudson, que como se sabe es una de las parejas más carismáticas del cine, sólo superadas por la Hepburn y Spencer y que con sólo 3 películas (¡¡¡¿sólo 3?!!!) quedaron grabadas en la memoria cinéfila de medio mundo.
Esta trama me parece de la más divertida, aunque resulta igualmente equívoca, entretenida y colorista como las otras.
Lo que más me gustó: hace poco leí que fuera de rodaje Tony Randall no tragaba a Rock Hudson así que flipé con lo bien que "actuaban" los dos juntos.
Frases favoritas: el sermón que le lanza Rock Hudson a Tony Randall y esté repitiendo: "qué arbol, qué madera, qué lisa!". Hoy día encaja con el "empty your mind" del anuncio de tv.
"Es George Kimball !" (pero como lo pronuncia Tony Randall: es yorsss kimmbaaal)
zinquirilla 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El cine norteamericano ha tenido siempre la supremacía absoluta en tres géneros cinematográficos: el western, el musical y la comedia. En estos terrenos, uno puede regodearse con innumerables historias que tienen el sello de la perennidad, pues han sido realizadas con las mejores cualidades, y con los mayores recursos, del séptimo arte. Pero, paradójicamente, y en muchísimos casos, son realizadores de otras nacionalidades quienes han puesto su talento al servicio del cine hollywoodense, y es precisamente esta ventaja, la que lo ha hecho grande durante todos estos años.
Dirigida en uno de sus mejores momentos por el canadiense Norman Jewison (“En el Calor de la Noche”, “El Arte de Amar”… y la reciente “El Huracán”), “NO ME MANDES FLORES” es la perfecta comedia de enredos cuyo origen, como el de tantas otras, es el teatro hecho para las galas de Broadway.
Protagonizada por dos grandes: Rock Hudson y Doris Day en toda su salsa y secundados por un grupo de actores de primera línea, la película nos cuenta la serie de vericuetos en la que un fanático de los fármacos (hipocondríaco que llaman), al malinterpretar una llamada telefónica de su médico (el más honesto que nos haya mostrado el cine), cree que le quedan pocos días de vida. Entonces, en un arranque de desprendimiento y generosidad, decide no dejar sola a su mujer y se propone encontrarle un marido digno de reemplazarlo cuando él se marche.
Los recursos de la historia son variopintos, hilarantes, ingeniosos y se precian de contar con unos diálogos certeros (aporte del autor de la obra y del siempre cáustico Julius Epstein) y con unos personajes que dan la medida desde el lechero, el empleado de la funeraria, el seductor… hasta alcanzar la cumbre con el amigo de George, un genial Tony Randall al que no le hace sombra ninguna de sus entradas.
Para su adaptación al cine, Jewison crea situaciones exteriores que encajan con efectividad y mantienen el tono de comedia del tema entre telones.
“NO ME MANDES FLORES”, título que es quizá el mensaje que quiere dejar George Kimball a su agraciada esposa para cuando él fallezca, es pura diversión, grata e inolvidable y un recordatorio de que, si las drogas no te matan, te matará un día el miedo que es el que hace que te las tomes.
Recuerdo la lápida que le pusieron un día a un hipocondríaco: “¿VIERON QUE SÍ ESTABA ENFERMO?”
Luis Guillermo Cardona 
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