Diecisiete años después, este thriller del modernísimo Branagh se nos ha quedado viejísimo, caduco, mil veces visto y mil veces mejor hecho. Si la primera hora tiene su aquél, a partir de ahí la película se despeña por los barrancos de lo inverosímil, de lo acelerado, de lo sobrenatural al peor estilo de Cuarto Milenio. A veces, bastantes, de lo ridículo. Medias naranjas rulando por los túneles de gusano cósmicos... ¡Qué soplapollez!
¿Y ver al gran Jacobi (quién coño le convenció, o cuánta pasta le pagaron) tar... tar... tartamudeando para hacer un guiño a Claudio? Un episodio cinéfilo intolerable.
¿Y el maquillaje de anciano de Andy García? ¡Pero si se le caen las gasas!
¿Y el vecino de Seinfeld haciendo monerías? ¡Si al menos estuviera Kramer!
¿Y esa Emma Thompson poniendo caras de susto? Mira que la admiro, ¿eh?, pero yo que ella jamás me revisitaría en esta película.
¿Y esos guiños estúpidos a los símbolos de Hitchcock para que todo el mundo diga "qué gran homenaje al maestro"? La casa de Psicosis, las tijeras de Crimen Perfecto, la vieja de moño gris que se da la vuelta en la silla, los recuerdos deformados de Recuerda...
spoiler:
¿Y ese final sangriento en la casa de la imitadora de Dalí? Es de vergúenza ajena. La escultura de las tijeras... Madre mía.
¿Y el disparo que no hiere a Branagh, nuestro héroe? ¿Es un pájaro, es un avión, es Supermán, se les ha olvidado ofrecernos una explicación de por qué ni siquiera sangra?