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| 19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
13 de Marzo de 2009 |
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Dicen que cuando un espectador se pone ante la pantalla y empieza a degustar una obra, es esencial que este se introduzca en ella, abriéndose, empapándose del mundo que el cineasta pone ante él y siendo uno más.
En cambio, pocas son las veces que quien se abre, no es realmente el espectador, sino el realizador: y aquí Kitano compone un sincero poema, trazado con honestidad y magníficas virtudes dramáticas que, en su primer tramo, se destapa como una historia agridulce a la par que emotiva, y hace de "Aquiles y la tortuga" una cinta de logradísimo empaque que logra atraparle a uno enmedio de esa espiral que recorre el pequeño Machisu en su empeño por proseguir con una devoción que se postergará hasta extremos impensables: el amor por la pintura.
Kitano logra, pues, trazar una brillante parábola donde los tintes cómicos empiezan a surgir, pero en la que el prisma ofrecido no deja de poseer una aureola repleta de tristeza y nostalgia en la que el nipón sumerge al espectador a pulmón abierto gracias a una primera hora magnífica.
Luego llega ese Kitano al que ya estamos más acostumbrados últimamente, el de las gamberras "Takeshi's" y "Glory to the Filmmaker", para corroborar que su sentido del humor sigue conservándose igual de fresco que cuando firmó aquella pequeña joya infravalorada llamada "Getting Any?", y dejando momentos de lo más carcajeantes (el de los bocetos al tipo del accidente es sencilla y rotundamente descomunal) enmedio de ese ambiente de decadencia que rodea el mundo de ese artista fracasado: una mujer que no parece tener un papel determinado, una hija que le repudia por sus excentricidades, un grupo de compañeros que parecen querer buscar su sitio artísticamente hablando, pero también se ven sumergidos en la tragedia (en este aspecto, recuerda vagamente a "La vida de bohemia" de Kaurismäki), etc...
A partir de ahí, y en cuanto el célebre cineasta decide dar el punto final a su obra, uno se da cuenta de que no ha asistido a un film cualquiera, de que pese a esa ligera escisión que divide su tramo dramático del más cómico y disparatado, tanto en uno como el otro se halla el perfecto contrapunto de risas (incluso con su punto ácido) y aspereza como para que no todo parezca ser de un sólo color. Porque jamás lo ha sido la vida, sea de un artista, fracasado o no, y jamás lo será el cine de Kitano, sea autoparodiándose y buscando una nueva identidad, o no.
Brillantes, por cierto, esas obras que van apareciendo expuestas en distintos lugares, y que años atrás fueron del malogrado creador...
Grandine 
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| 8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Johnwilliams
Vigo (España)
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Su valoración:  |
3 de Marzo de 2009 |
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Tras sus anteriores e infravaloradas películas (Takeshi's y Glory to the Filmmaker), parece querer elaborar un tridente que se completa con esta Aquiles y la tortuga sobre el mundo del creador o del cine desde un punto de vista casi metafílmico, pero personal y dependiente de su figura.
En esta película Kitano aborda un tema casi autobiográfico, pero con un desenlace bastante diferente al de su vida. El Kitano pintor (que firma los cuadros de la película), al igual que el director nunca gozó de un prestigio reconocido en Japón, siendo considerado un showman televisivo menospreciando su obra fílmica como le sucede a las obras del pintor de este filme hasta Hana-Bi.
________PROBLEMA DE LA PELÍCULA_____________
Kitano es Kitano, y lo adoro porque es uno de los directores más personales del panorama internacional. Prefiero que se quede en 500% Kitano, que rebaje su estilo. Y en esta lo hace.
Esta película cojea en los primeros 45 minutos, donde adopta un estilo a lo Ozu perdiendo su sello, que pareció gustarle de su anterior obra, mientras que lo restante que va del minuto 45 hasta el final, es nuestro Kitano. Por ello, la película cojea en la infancia del protagonista, un tema muy tratado por el maestro de los años 50. La diferencia es que este nunca necesito lloros de los protagonista, sentimentalismo exagerado ni demás adornos para retratar algo. Se basto con despojar su cine de todos sus ropajes, minimizándolo y quedándose con su esencia. Kitano en este caso se ha pasado de listo al intentar copiar el estilo de Ozu (en esa cámara baja) y el tema de la infancia y familiar, y Ozu por supuesto es muchísimo más que esto: por algo probablemente sea uno de los mejores directores de la historia.
Si bien hay algún toque Kitano en estos minutos muy interesante (ver spoiler 1), no logra conectar con el público con sus personajes trillados y un toque conservador donde nos esperamos todo: desde ese tío que está grillado o la oposición de la vida anterior y posterior
Este patinazo donde todo está exageradamente dramatizado ( que bien le habría venido en este caso contar con Joe Hisaishi, lástima su ruptura) rompe la unidad del conjunto, donde luego no hacemos pie con la segunda parte de la película que, ya por fin, nos encontramos con el Kitano de siempre. Esto es lastrante para el resto de la película, ya que pasa de un estilo que seguiría esta ecuación : OZU (65%)+ KITANO (35%) = Los primeros 45 minutos. Esto crea un choque de intenciones, estilo y narrativa que afecta al conjutno de la película.
_________Y POR FIN, ACIERTO/S__________
Cuando deja de lado esta imitación y pérdida de su estilo (esto es cuando la historia de la infancia es dejada atrás), Kitano crece como el protagonista y nos ofrece su mejor vertiente.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Un ritmo mas kitanesco, con su sello con su tinta bien cargada y regalándonos una joyita de personaje que nadie sabe construír tan bien como el. Ese personaje que parece surgir del choque de polos (esto es constante en su filmografía , donde el ying y el yang siempre está presentes, basta recordar ‘’Flores de Fuego’’), consiguiendo hacer un personaje patético en el buen sentido de la palabra que comprendemos sus reacciones y logremos conectar con el. Hasta uno de los momentos más terribles de Kitano (spoiler 2), nos deja con la cara partida en dos, no sabiendo como asimilar ese hecho: reir, o bien llorar. Una sensación que Kitano domina con maestría.
Escenas rodadas con maestría, humildad, efectividad de los recursos que domina y completamente sublimes, son las que se reserva para cuando le toca al propio director interpretar la última fase del pintor. Con escenas que quedarán entre lo mejor de lo rodado por este japonés, que no duda en arremeter contra el sistema artístico que el sufrió y sus puntas de lanza y alabar la grandiosidad (incluído su patetismo producido por este) de un hombre que lucha por su sueño.
LO MEJOR: Cuando Kitano rueda como Kitano
LO PEOR : Cuando Kitano rueda ''a lo '' Ozu
1) Esa salida del encuadre y vuelta por el sendero de la madre y el hijo es imagable
2) Cuando le pone lápiz de ojos a su hija, viendo su vida como arte (y muerte).
Johnwilliams 
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| 8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sersolo
Malealea (Lesotho)
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Su valoración:  |
16 de Abril de 2009 |
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Takeshi Kitano, genio y figura, no pasa por su mejor momento creativo, al menos eso me parece. En "Aquiles y la tortuga" el director japonés ensalza la figura del artista por encima de todas las cosas, incluso del artista sin talento, como es el caso de Machisu Kuramochi, el protagonista de la película. Machisu quiere ser pintor por encima de todas las cosas y jamás desiste en su empeño por conseguirlo. Ningún revés, ninguna mala noticia y ningún castigo físico harán que el "bicho raro" de Machisu, desista en conseguir su sueño.
"Aquiles y la tortuga" es un paso intermedio entre la locura de "Takeshis'" o "Getting Any?" y su cine más personal como fue "A Scene at the Sea" o "Kidzu ritan". Kitano se queda a medias y no explota ni un aspecto ni el otro, "Mitja pell" dirían por aquí. Únicamente con la película bien avanzada, y cuando el protagonista ya ha llegado a su edad adulta y lo interpreta el propio Kitano, el film coge verdadero interés. Es aquí cuando el personaje de Machisu termina por desvariar y perder la razón. Con el Kitano actor me he partido de risa, con las caras que pone a mi me tiene ganado.
Por otro lado, parece que Kitano quiere honrar la figura del artista, no sólo el pintor, sino también las figuras de cómico y cineasta, que es a lo que él se ha dedicado toda la vida con éxito. Y parece, que es precisamente porque él obtuvo el éxito y el reconocimiento rápidamente, que quiere dar un mensaje de ánimo a todo aquel que no tiene talento o que simplemente no ha tenido suerte, porque el talento en el arte es muy subjetivo, y aunque a muchos les pueda parecer que Kitano es un plomo, a otros -donde me incluyo- nos parece genio y figura.
Sersolo 
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Battosai
Valladolid (España)
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Su valoración:  |
6 de Diciembre de 2009 |
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La película se estructura en 3 partes. Infancia, edad adulta temprana y edad adulta madura. Durante la parte de la infancia y el principio de la segunda me estaba pareciendo una película de lo más normal, y me chocaba que fuera de Kitano, cuyos filmes suelen ser de todo menos normales. Y ya en la segunda mitad se empiezan a ver kitanadas a saco y tiene tanto momentos tronchantes como emotivos. Es en esa segunda mitad donde está casi todo lo bueno de la película, siendo la primera bastante mediocre.
Kitano nos muestra una vez más su sensibilidad en numerosas ocasiones. Es algo que no nos enseña en todas sus películas, pero cuando lo hace, lo hace a lo grande. Aquí no llega al nivel de Dolls en ese aspecto, pero cumple.
Como anécdota, además de escribir el guión, dirigir, montar y protagonizar, la película, pintó todos los cuadros que aparecen. Y son un montón.
Bastante recomendable, si bien es una de sus obras menores.
Battosai 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Perseguir el arte a pesar de todo, a pesar de la mediocridad, a pesar de lo aborrecible, a pesar de la cordura, a pesar de la vida, del amor, de la muerte; a pesar de lo humano y nunca, nunca lograr alcanzarlo. De eso va la película. Kuramochi descubre a temprana edad cual sería su tortuga y en eso se pasa la vida.
Se puede decir que el factor decisivo para el fracaso de Kuramochi es la ausencia de talento, pero no lo creo así, Kuramochi posee las habilidades necesarias; pero ha perdido su humanidad y ese es el “factor decisivo” del talento.
Kitano reflexiona (poéticamente) sobre el arte, que en este caso el artista sea un pintor, parece ser más una cuestión práctica y (por demás) estética. Es por momentos el Kitano de siempre y por momentos no lo es, y doy gracias de que así sea. Personas como Kitano no necesitan repetirse para corroborar su genialidad.
zapato de cuerina 
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