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| 15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
12 de Diciembre de 2009 |
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1) Créditos iniciales sobre planos-detalle del estudio de un pintor: Arshile Gorky joven, elaborando “El artista y su madre” a partir de foto.
Pintor y cuadro son centrales en una superproducción del ficticio director Saroyan en Turquía, drama épico sobre el genocidio armenio. Coincidencia, una profesora da un ciclo sobre ese cuadro, a su vez pieza estelar de una retrospectiva de Gorky, pero sólo con obras de aprendizaje, figurativas.
Tanto cuadro como foto existen, y en el film el tratamiento de su creación es experto, de primera.
En la obra de Gorky (nacido Vostanig Adoyan pero se cambió de nombre y se fingía pariente de Maxim Gorki) ese cuadro influido por Cezanne y Picasso tiene valor muy secundario. Gorky fue fundador del Expresionismo Abstracto, la apuesta americana para competir con las vanguardias europeas.
La presentación sesgada del personaje responde al forzamiento general del argumento.
2) Egoyan suele desplegar un mundo propio. Sus seres tienen vínculos ambiguos, abren sus mentes en raros discursos. Mezclando tragedia y sensualidad da su toque de incertidumbre, acrecentado por los saltos temporales que entrecortan el relato. Así ha cargado de misterio intrigas psicológicas como “El liquidador” o “Exótica.
El compromiso con la causa armenia le lleva a cambiar en “Ararat” al registro épico para ocuparse del genocidio perpetrado por los turcos en Anatolia.
3) Un veterano policía interroga en el aeropuerto de Toronto a un viajero: Raffi, joven de origen armenio que trae de Turquía sospechosas latas de películas. Con toda paciencia, escucha explicaciones sobre esos rollos y la película de Saroyan, en la que Raffi participa como ayudante; sobre el argumento y los tenebrosos acontecimientos que busca testimoniar; sobre la huida de Gorky niño...
Durante el examen psicológico, un cursillo de historia armenia.
¿Por qué sin límite de tiempo, extrañamente? Sufre el policía la incomunicación con su hijo (cuyo novio es de otra religión), y la actitud del interrogado le remueve el conflicto. Este dilema del inspector, con la sinceridad y lo ético en juego, interesa.
4) Ver, nada más empezar, al armenio Aznavour contando con tal sentimiento esa historia de la granada que simboliza éxodo y madre patria, lleva a preguntarse si viene una obra nacionalista, de inspiración condicionada por la vindicación histórica.
Pues sí: en la primera película del autor centrada en la conciencia colectiva, lo épico tiene aliento indeciso, y asoma el maniqueísmo. Las escenas de masacres pecan de obvias. Aparte su valor propagandístico, restan valor estético. Egoyan subordina su talento al servicio de una causa. A pesar del insistente recurso al cine dentro del cine, la inserción de lo histórico en lo vital es débil y forzada. A ratos desaparece el pulso habitual, aunque la calidad técnica nunca se pierda.
Porque, pese a todo, estamos ante un gran director. Queda claro que también es un buen armenio. Y que la épica no es lo suyo.
(6,5)
Archilupo 
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| 15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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nachete
málaga (España)
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Su valoración:  |
17 de Agosto de 2007 |
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Cualquier película dispuesta a arrojar algo más de luz sobre aquel terrible suceso histórico que acabó con la matanza indiscriminada de miles de armenios a manos de los turcos ya merece todo mi respeto y admiración, pero si el que lo firma es Atom Egoyan uno espera encontrarse además ante algo más que una simple película histórica. Y Ararat es algo más que una simple película histórica. Planteada como un juego de muñecas rusas que se arman y desarman al antojo de su director, Egoyan nos habla de muchas cosas (quizás demasiadas), que sólo van cobrando cuerpo tras una desconcertante primera media hora; es en ese momento cuando el relato empieza a adquirir sentido, aunque el resultado no sea igual de satisfactorio en todas sus partes. Para entendernos: hay un abismo entre los diálogos que mantienen Christopher Plummer y el joven que viene de filmar en Oriente (lo mejor de la película, magistral en su definición final) y las relaciones del resto de personajes en tanto a fuerza, interés y presencia. Con lo que se deduce que lo que realmente se le da bien al autor de Exótica es el interiorismo humano, el buceo libre en el alma y la cabeza de sus personajes.
En Ararat brillan más los sentimientos que los decorados, de ahí que los episodios de reconstrucción histórica y las cuitas cinematográficas queden bastante por detrás de los conflictos paterno-filiales, en parte porque en aquellos la cabeza apenas deja paso al corazón. Y aún así la película emociona y asombra, perturba y conmueve, pero conmueve con el presente más que con el pasado: un presente, no obstante, que necesita al pasado para sobrevivir y comprenderse a sí mismo. Así y todo, da un poco de pena que un proyecto tan bien pensado y ejecutado haya desembocado en un film destemplado y un tanto discursivo, pese a que lo positivo se imponga a lo negativo. En cualquier caso, una obra bella, interesante, compleja y muy recomendable, que incita a reflexionar sobre el significado de la historia y el papel que juegan en ella las nuevas generaciones.
Lo mejor: el careo entre Christopher Plummer y David Alpay.
Lo peor: las momentáneas pérdidas de interés.
nachete 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sinhué
Cáceres (España)
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Su valoración:  |
13 de Julio de 2009 |
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Instrospección del director armenio-canadiense sobre sus ancestros y el genocidio armenio, a manos turcas, de 1915.
Atom Egoyan homenajea a un pueblo orgulloso y a quienes intentaron parar la masacre, para que la frase que se atribuye a Hitler: ¿quién se acuerda ya del exterminio armenio?, no tenga valor alguno. Es pues, al margen de sus valores cinematográficos, un ejercicio terapéutico para restablecer la memoria.
Enlazando a todos los personajes, directa o indirectamente, en torno al rodaje de un film sobre la represión turca de principios del siglo XX, el director analiza de forma individual a los miembros de dos familias desestructuradas y sus problemáticas.
Un aduanero al borde de la jubilación y un joven de ascendencia armenia en constante búsqueda de la verdad son los ejes de esta historia que se ramifica de manera creíble y eficaz.
El compromiso y el claro posicionamiento del autor (Atom Egoyan) no permiten finales efectistas, ni falsos.
Hay tanto que ver, oir y reflexionar en esta película que mejor que os pongáis manos a la obra y agradezcáis con un aplauso la sinceridad y la apuesta por el debate y el diálogo.
Sinhué 
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jaroshlav
Minsk (Bielorusia)
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Su valoración:  |
25 de Enero de 2009 |
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Película de la que francamente esperaba bastante más. Había leído en diferentes medios buenas críticas, pero la verdad es que me parece una cinta bastante corriente, aceptable, con unas particularidades que la hacen singular, pero en ningún momento nada que haga “quitarse el sombrero”, ni mucho menos.
La particularidad a la que hago referencia es la forma de contar la historia, desde mi punto de vista singular, digamos que un experimento con éxito, de algún modo. (Puede que en realidad no sea nada nuevo, pero a mí me gustó) El 95% de la película son momentos que recuerda el protagonista, escenas aclaratorias, etc, y el 5% ocupa realmente el suceso que origina la historia, el motor, digamos.
Un joven se dispone a entrar en Canadá. En la aduana ven que tiene material de un rodaje. Es sospechoso. El agente de la aduana, en vez de abrir el contenido sospechoso, hace mil y una preguntas al joven, sobre su vida, sobre la película que supuestamente ha grabado, etc. Y al final entra en Canadá... o no. (no lo diré, por supuesto)
Las escenas que se muestran tienen un sentido, van informando y metiendo al espectador en la historia, pero realmente es algo que no termina de “calar”, por lo que difícilmente transmite. El desarrollo de los acontecimientos es quizá un poco lento, además de muchas escenas de escasa importancia. Las interpretaciones están bien, pero es que la película en sí tiene un toque “frío”, serio, riguroso, mecánico, que a mi modo de ver le resta bastante. Los escenarios dejan bastante que desear, quizá sea cosa del bajo presupuesto.
Entretiene y resulta interesante (en dosis justas, como suelo decir), pero más por el destino incierto del protagonista que por otra cosa. Ritmo cero.
En definitiva, por mi parte una pequeña decepción, pero para el que no se espere gran cosa (o vea con otro prisma la cinta) puede resultarle una buena experiencia. En cualquier caso, está bien, aunque hay un porcentaje elevado de posibilidades de que al espectador medio le aburra soberanamente y prefiera ver algo más de “movimiento y colorido”, como dicen.
jaroshlav 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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zymu
madrid (España)
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Su valoración:  |
14 de Diciembre de 2010 |
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..... Esta es una pregunta que se plantea en un momento de la película, y además se hace en un contexto donde quizás lo razonable sea contestar que si, pero Atom Egoyan, de origen armenio, no puede más que decir no, ya que lo que se dispone a contarnos es una historia, poco conocida y nunca aparecida en cine, del genocidio armenio por parte de los turcos durante la primera guerra mundial, que tiene un punto de especial crueldad, al no haber sido aun reconocido por el país que ejercio de verdugo.
Decir que Egoyan es uno de los más grandes y personales directores de cine que hay, es obvio, en su haber además de haber realizado varias obras maestras, está el de tener un estilo personal único y envolvente.
En el film se superponen varias historias, con cine dentro del cine (no sólo es una película sobre el rodaje de una película, sino que además se nos plantean los conflictos argumentales que el propio Egoyan tuvo al escribir la historia, como es por ejemplo el rol del pintor Arshline Gorky en la misma), conflictos familiares y el propio genocidio armenio como centro de todo. Es un film sobresaliente, con una emoción que emana desde el intelecto más que desde el alma, y un trasiego de mensajes y emociones impactantes, y una puesta en escena, tan sobria como enigmática donde todo está relacionado.
No alcanza la redondez de otras obras (quizás la historia que rodea a Christopher Plummer, el rol de la hermanastra de uno de los protagonistas e incluso las un poco light imágenes del genocidio en si, no están del todo bien ensambladas en el conjunto), pero si es una obra de gran valía artística e intelectual, muy bien interpretada, y manejada con maestría por un director único a la hora de acercarse a las historias.
Sobresaliente y necesaria.
zymu 
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