Los jugadores de ajedrez
11 de agosto de 2008
11 de agosto de 2008
31 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una rara obra maestra de Satyajit Ray que, sin tomar partido, narra los momentos previos a la anexión del Reino de Oudh por parte de la Compañía británica de las Indias Orientales. Dos inútiles hombres de la clase alta sólo muestran interés por las movidas del tablero de ajedrez mientras en la vida real se juega un partido político del que ellos son ajenos, como ajenos son de las subtramas que ocurren en sus propias casas, con sus esposas insatisfechas.
Una película deliciosa, de buen ritmo, que atrapa, y con unas imágenes que se quedan grabadas en la retina. Reparto de lujo, que incluye a Sir Richard Attenborough, quien actuó sin cobrar, sólo por el honor de ser dirigido por el maestro Ray.
Cine indio en su mejor expresión. Un juego maestro de unos de los mejores cineastas de la historia del Séptimo Arte.
Una película deliciosa, de buen ritmo, que atrapa, y con unas imágenes que se quedan grabadas en la retina. Reparto de lujo, que incluye a Sir Richard Attenborough, quien actuó sin cobrar, sólo por el honor de ser dirigido por el maestro Ray.
Cine indio en su mejor expresión. Un juego maestro de unos de los mejores cineastas de la historia del Séptimo Arte.
10 de octubre de 2010
10 de octubre de 2010
16 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos a un Ray cabreado que centra su mirada en el colonialismo inglés en su país, que denuncia a todos con su habitual sutileza. Denuncia la inoperancia y la falta de aptitudes de los gobernantes de turno, más preocupados por satisfacer sus caprichos que por ayudar a su pueblo; denuncia la avaricia de los ingleses que únicamente por su afán de colonialismo invadirán Oudh, humillando si es necesario y más por empecinamiento del general de turno; denuncia como el lujo corrompe a los protagonistas de clase alta que desconocen los movimientos políticos que se están produciendo, relajados, disfrutando de sus vicios y sin prestar atención al futuro de sus posiciones y posesiones. Todo en tono de comedia, todo con mucha sutileza.
Técnicamente brillante como es habitual, incluso hay lugar para la animación a la hora de explicar la situación política e histórica de la región de Oudh.
Y un final muy simbólico, una metáfora sobre la actitud de la clase alta que siempre se arrima al sol que más calienta.
Técnicamente brillante como es habitual, incluso hay lugar para la animación a la hora de explicar la situación política e histórica de la región de Oudh.
Y un final muy simbólico, una metáfora sobre la actitud de la clase alta que siempre se arrima al sol que más calienta.
7 de marzo de 2013
7 de marzo de 2013
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Existe un proverbio asiático que dice que, los asuntos de extraordinaria importancia hay que asumirlos con naturalidad, ya que escapan a nuestro control, y que son los detalles más pequeños, en los que tenemos que emplearnos más a fondo. Un refrán muy sabio siempre y cuando sepamos entenderlo correctamente. Sin embargo, los protagonistas de esta genial sátira dirigida por Ray, han debido malinterpretarlo de tal manera, que sus vidas giran en torno a un juego de mesa. Dos hombres, ociosos representantes de la clase alta de la India, para los que nada en su entorno requiere la más mínima atención, a excepción de un tablero de ajedrez que por momentos parece emanar algún tipo de atracción irresistible para los dos pretenciosos ajedrecistas, que por bobalicones, se les escapa la maldad, cada día se reúnen en sus casas para ejecutar entre bromas, trampas y banalidades varias, una partida tras otra del que consideran el juego de reyes. Mientras tanto, en sus propias casas, sus mujeres reaccionan con estupefacta incredulidad a su actitud. Indignadas ante la ignorancia y estupidez que sus maridos se empeñan en demostrar, tomarán las represalias que estimen oportunas contra la falta de juicio que se ha apoderado de sus maridos. En el exterior, es 1856 y los ingleses cada vez están mas cerca de tomar la ciudad de Oudh, llevando a cabo otra partida de muy similares rasgos, aunque utilizando gente real en lugar de peones, igual de empecinada, igual de absurda y con dos bufones parecidos como principales protagonistas. Sagaz crítica a la falta de preocupación de la burguesía en temas, tanto políticos, como domésticos. Geniales personajes que crean un ambiente bastante cómico en situaciones de extrema tensión.
Usando un estilo narrativo sosegado, un repertorio de recursos asombroso y una técnica tras la cámara que deja en evidencia el poco progreso, por usar un eufemismo, que ha sufrido el cine estéticamente en los últimos 40 anos, el maestro Satyajit Ray culmina otra obra maestra para su amplia colección.
Usando un estilo narrativo sosegado, un repertorio de recursos asombroso y una técnica tras la cámara que deja en evidencia el poco progreso, por usar un eufemismo, que ha sufrido el cine estéticamente en los últimos 40 anos, el maestro Satyajit Ray culmina otra obra maestra para su amplia colección.
26 de febrero de 2017
26 de febrero de 2017
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Satyajit Ray vuelve a mirar al ombligo de su India natal, esta vez como ejemplar cronista de una época en la que el imperialismo británico se mostraba tan feroz que no hizo falta pegar ningún tiro, ni muerte alguna, para anexionarse por la patilla un territorio. ¿Un territorio he dicho?; un imperio entero con ciudades, miles de súbditos al rey depuesto y por supuesto, millones de libras con las que llenar las arcas propias, libre explotación de recursos y a seguir aumentando los territorios de la Compañía.
Son muchas cosas las que se pueden destacar, empezando por el maravilloso uso del color de Ray que adquiere más importancia cuando de lo que se trata es de evidenciar la ostentación del rey indio, que reza cinco veces, escribe poesía, canta y baila sin tener en cuenta que lo que le mantiene ahí en ese trono majestuoso es un ejército que cuando llegue la hora de la verdad no plantará cara a los invasores. Inoperante gobernador, inútil servidor a su pueblo, el jerarca más alto es sin embargo de igual medida de incapacidad que quienes lo siguen después, esa burguesía caracterizada por los dos jugadores de ajedrez con los que Ray está señalando directamente como culpables de la ocupación colonial. Sólo se preocupan del ocio, de ese tablero, comer y poco más. Si ignoran y hasta les da igual lo que hagan sus mujeres a sus espaldas, ante el avance británico se muestran totalmente indiferentes.
Brillante crítica pues, incisiva explicación de unos hechos vergonzosos. El personaje de Attenborough nos parecerá todo lo presuntuoso que se quiera, pero hace su trabajo mil veces mejor que el monarca.
Son muchas cosas las que se pueden destacar, empezando por el maravilloso uso del color de Ray que adquiere más importancia cuando de lo que se trata es de evidenciar la ostentación del rey indio, que reza cinco veces, escribe poesía, canta y baila sin tener en cuenta que lo que le mantiene ahí en ese trono majestuoso es un ejército que cuando llegue la hora de la verdad no plantará cara a los invasores. Inoperante gobernador, inútil servidor a su pueblo, el jerarca más alto es sin embargo de igual medida de incapacidad que quienes lo siguen después, esa burguesía caracterizada por los dos jugadores de ajedrez con los que Ray está señalando directamente como culpables de la ocupación colonial. Sólo se preocupan del ocio, de ese tablero, comer y poco más. Si ignoran y hasta les da igual lo que hagan sus mujeres a sus espaldas, ante el avance británico se muestran totalmente indiferentes.
Brillante crítica pues, incisiva explicación de unos hechos vergonzosos. El personaje de Attenborough nos parecerá todo lo presuntuoso que se quiera, pero hace su trabajo mil veces mejor que el monarca.
15 de diciembre de 2024
15 de diciembre de 2024
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342/12(14/12/24) Sugestivo film hindi, apunta a mucho, da bastante, pero no termina de despuntar. Escrita y dirigida (y musicalizada) por Satyajit Ray en su primera película en color, también su único film en idioma urdu (el resto los hizo en su materno bengalino) basada en el cuento homónimo de Munshi Premchand ambientada en Lucknow, India, en 1856 y está narrada por el verdadero Amitabh Bachchan. Una trama dual que pretende retroalimentar una de la otra. Por un lado, Satyajit Ray ausculta la historia de su India natal, realizando una incisiva crítica a como se dio el Imperialismo británico en la basta nación asiática, exponiendo la indolencia de los mandatarios nativos, sumergidos en su hedonismo y su decadencia moral, frente a la rigidez y ansia amenazante inglesa, con estos mimbres sumados dio como el pan-inglesismo se anexiono parte de la India sin pegar un tiro, simplemente provocando el terror en sus potenciales invadidos, ello mezclado con la importancia que tuvo en todo este imperialismo el capitalismo salvaje que exhibía la totémica Compañía de las Indias Orientales, la máxima expresión del saqueo y el expolio, apoyada por el ejército; Por otro lado está lo que da título al film, un relato micro que se entrelaza a la historia macro expresando el espíritu apático y perezosa de la burguesía india. Esto expuesto en dos amigos que gustan apasionadamente de jugar al ajedrez (el juego de los reyes inventado en la India), tanto, que descuidan a sus respectivas esposas, tanto que dan de lado la posible invasión en pos de su hedonismo ajedrecista, convirtiendo esta sub trama en una sátira punzante contra la población india que vio la invasión como un espectáculo colorido. Teniendo como mascarón de proa a un selecto elenco de intérpretes famosos en la India como Amjad Khan en el papel de Nawab Wajid Ali Shah, Nawab de Awadh, los actores Sanjeev Kumar y Saeed Jaffrey como los jugadores de ajedrez y el famoso internacionalmente Richard Attenborough (cinco años después regresaría a la India para dirigir su oscarizada obra épica sobre el padre de la patria india, “Gandhi”) interpreta el papel del general James Outram.
La película se desarrolla en 1856, en vísperas de la Rebelión de la India de 1857. Los británicos están a punto de anexar el estado de Oudh (también escrito Awadh). La vida cotidiana de dos hombres ricos que se dedican al ajedrez se presenta en el contexto de los funcionarios conspiradores de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la historia de sus relaciones con el gobernante indio de Awadh y la devoción del gobernante tanto a su práctica religiosa como a la búsqueda del placer. La película muestra en paralelo el drama histórico del estado principesco indio de Awadh (cuya capital es Lucknow) y su Nawab, Wajid Ali Shah, quien es derrocado por los británicos, junto con la historia de dos nobles que están obsesionados con el shatranj, es decir, el ajedrez. Wajid Ali Shah, el nawab gobernante de Awadh. Paralelamente a este drama más amplio se encuentra la historia personal de dos nobles ricos de este reino, Mirza Sajjad Ali (Sanjeev Kumar) y Mir Roshan Ali (Saeed Jaffrey). Amigos inseparables, los dos nobles están obsesionados con el juego de shatranj (ajedrez). Ambos descuidan a sus esposas, Khurshid (emocional Shabana Azmi) y Nafisa (pícara Fardia Jalal). Al comienzo de la película, nos enteramos de que el rey de Oudh, Wajid Ali Shah (Amjad Khan), ha financiado a la Compañía Británica de las Indias Orientales durante diez años y también ha proporcionado soldados para su ejército. A cambio, la Compañía no interfirió en el gobierno de Wajid, a pesar de que veían al rey con desdén. Esto cambió en 1856, cuando el general Outram (Richard Attenborough) recibió instrucciones de deponer al rey y tomar el control del reino para aumentar las arcas británicas.
Film de ritmo sereno, en la parte del politiqueo en las altas esferas se redunda demasiado, se hacen subrayados excesivos, aderezado por el número musical que Ray (Como muchas películas del realizador bengalí, hay secuencias de baile magníficas y números musicales coloridos) cuela de cinco minutos, totalmente fuera de lugar para la escasa importancia nuclear que tiene, en si una maravilla de planificación, reproduciendo con esmero sibarita una historia mitológica hindú sobre el renacer de un rey, justo lo contrario que sucederá. Hermoso tramo, pero en el conjunto parece un parche. Falta tensión e intensidad en este apartado, donde todo sucede de modo pausado y sin hondura, nunca hay sensación de peligro a que algo catárquico vaya a suceder que nos sacuda. Es una partida de ajedrez donde el regente gobernante inglés tiene las mejores piezas, el hindú es un mal jugador que solo tiene peones y no desea perderlos, entrando en pánico ante la amenaza (la Reina, caballo, alfiles, etc…). Es en esta parte donde Ray despliega encanto estético-sensorial, con un uso fulgente de los cromatismos gracias a la exquisita labor en cinematografía de su colaborador habitual Soumendu Roy (“El adversario” o “Un trueno lejano”), que sirve para expresar el lujo concupiscente en el que vive el reyezuelo, un bohemio que escribe poesía, canta y baila, ello sin poner atención a como su reino colapsa ante el sibilino invasor occidental. Un mundo antiguo epicúreo que decae ante la desidia del jerarca
Es en la parte de los ajedrecistas que el film toma impulso en esta especie de comedia costumbrista ácida. El retrato de estas dos ociosas personalidades patológicamente obsesivos del ajedrez. Ambos se reúnen todos los días para echar largas partidas, ello entre chascarrillos, inhalaciones de cachimba, bromas, trampas, y sobre todo torpedeados en ambas casas por sus respectivas esposas, una que requiere la atención del marido con tretas de mujer, por sentirse abandonada. Esto da pie a una secuencia de humor ingeniosamente filmada…(sigo en spoiler)
La película se desarrolla en 1856, en vísperas de la Rebelión de la India de 1857. Los británicos están a punto de anexar el estado de Oudh (también escrito Awadh). La vida cotidiana de dos hombres ricos que se dedican al ajedrez se presenta en el contexto de los funcionarios conspiradores de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la historia de sus relaciones con el gobernante indio de Awadh y la devoción del gobernante tanto a su práctica religiosa como a la búsqueda del placer. La película muestra en paralelo el drama histórico del estado principesco indio de Awadh (cuya capital es Lucknow) y su Nawab, Wajid Ali Shah, quien es derrocado por los británicos, junto con la historia de dos nobles que están obsesionados con el shatranj, es decir, el ajedrez. Wajid Ali Shah, el nawab gobernante de Awadh. Paralelamente a este drama más amplio se encuentra la historia personal de dos nobles ricos de este reino, Mirza Sajjad Ali (Sanjeev Kumar) y Mir Roshan Ali (Saeed Jaffrey). Amigos inseparables, los dos nobles están obsesionados con el juego de shatranj (ajedrez). Ambos descuidan a sus esposas, Khurshid (emocional Shabana Azmi) y Nafisa (pícara Fardia Jalal). Al comienzo de la película, nos enteramos de que el rey de Oudh, Wajid Ali Shah (Amjad Khan), ha financiado a la Compañía Británica de las Indias Orientales durante diez años y también ha proporcionado soldados para su ejército. A cambio, la Compañía no interfirió en el gobierno de Wajid, a pesar de que veían al rey con desdén. Esto cambió en 1856, cuando el general Outram (Richard Attenborough) recibió instrucciones de deponer al rey y tomar el control del reino para aumentar las arcas británicas.
Film de ritmo sereno, en la parte del politiqueo en las altas esferas se redunda demasiado, se hacen subrayados excesivos, aderezado por el número musical que Ray (Como muchas películas del realizador bengalí, hay secuencias de baile magníficas y números musicales coloridos) cuela de cinco minutos, totalmente fuera de lugar para la escasa importancia nuclear que tiene, en si una maravilla de planificación, reproduciendo con esmero sibarita una historia mitológica hindú sobre el renacer de un rey, justo lo contrario que sucederá. Hermoso tramo, pero en el conjunto parece un parche. Falta tensión e intensidad en este apartado, donde todo sucede de modo pausado y sin hondura, nunca hay sensación de peligro a que algo catárquico vaya a suceder que nos sacuda. Es una partida de ajedrez donde el regente gobernante inglés tiene las mejores piezas, el hindú es un mal jugador que solo tiene peones y no desea perderlos, entrando en pánico ante la amenaza (la Reina, caballo, alfiles, etc…). Es en esta parte donde Ray despliega encanto estético-sensorial, con un uso fulgente de los cromatismos gracias a la exquisita labor en cinematografía de su colaborador habitual Soumendu Roy (“El adversario” o “Un trueno lejano”), que sirve para expresar el lujo concupiscente en el que vive el reyezuelo, un bohemio que escribe poesía, canta y baila, ello sin poner atención a como su reino colapsa ante el sibilino invasor occidental. Un mundo antiguo epicúreo que decae ante la desidia del jerarca
Es en la parte de los ajedrecistas que el film toma impulso en esta especie de comedia costumbrista ácida. El retrato de estas dos ociosas personalidades patológicamente obsesivos del ajedrez. Ambos se reúnen todos los días para echar largas partidas, ello entre chascarrillos, inhalaciones de cachimba, bromas, trampas, y sobre todo torpedeados en ambas casas por sus respectivas esposas, una que requiere la atención del marido con tretas de mujer, por sentirse abandonada. Esto da pie a una secuencia de humor ingeniosamente filmada…(sigo en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
…Cuando Mirza abandona la partida de ajedrez para atender las quejas de su esposa, espeta a Meer que no haga trampas moviendo piezas a su antojo (esto precedido de modo risible a como había advertido el anfitrión a su invitado de que pieza tocada es obligado moverla, pues esto no lo había respetado en anteriores ocasiones), la cámara observa cómo Meer espera, este observa nadie le ve y termina modificando piezas, esto visto a modo de voyeur desde detrás de una rendija en las cortinas. Tras pasar Mizra de su compungida esposa esta requiere de la criada para que la entretenga con cuentos, y acaba escondiéndole el ajedrez a su marido. Esto lleva a otro tramo de humor fresco cuando intentan la pareja de amigos les presten otro ajedrez y van a casa de su abogado, pues allí en una esquina habían visto tenía uno, los ponen en espera y ellos se sientan junto al ajedrez y disimuladamente comienzan una partida, hasta que un criado les lleva te y para hacer sitio les quita el ajedrez y lo pone en otra mesa, ellos se levantan como si nada y continúan su ‘proscrita’ partida, hasta que les dicen que el leguleyo está en su lecho de muerte, y aun así les espera. Mizra acaba en su casa creando unas piezas suigéneris con frutas. Decide Meer ser el anfitrión de Mizra para otra partida, y allí es la esposa del primero la que tiene otra hoja de ruta, y es que esta aprovechaba que su marido iba a jugar al ajedrez a casa de Mizra para verse con su amante, el sobrino de Meer. Pero esta decide que es tal la obsesión de su marido por el ajedrez que puede recibir al amante aun estando allí Meer, produciéndose una escena de humor negro muy divertido cuando Meer ve al sobrino bajo la cama de su dormitorio. Al final termina jugando la partida en medio del campo, en casa de un joven, Kullu (Samarth Narain), que les ofrece el patio de su residencia para el juego. Mostrando tangencialmente lo macro cuando el chico les dice que su familia ha salido a ver las casacas rojas británicas con su entrada triunfal en Lucknow. Mostrando de soslayo la indiferencia de estos burgueses por lo muy importante que sucede en su reino. Habiendo un intenso clímax cuando uno de los jugadores se ve perdiendo la aprtida y decide sacar a relucir ‘sospechas’ para cabrear al oponente. Todo con un final bueno.
Sanjeev Kumar y Saeed Jaffrey, demuestran una espléndida química, seguro son amigos fuera del rodaje, pues se respira entre ellos mucho compadreo natural, las puyas que se tiran, las miradas, los resquemores entre ambos, destilan chispas de realismo, tenido su zenit en su cortante clímax; Amjad Khan como el monarca indolente da una actuación blandita, le falta vigor para sintamos su dolor ante la perdida de su reino, con unos monólogos bastante rígidos y poco estimulantes; El inglés Richard Attenborough como el general Outram, aportando su flema ‘british’, con la altivez, arrogancia, presunción, ajeno a la idiosincrasia india, todo sin mostrar sentimientos, cual máquina de arrasar (invasora) inglesa, sabe lo que le han ordenado y ejecuta de modo frío.
-"Si no podemos hacer frente a nuestras esposas, cómo podremos hacer frente al ejército británico?"
Spoiler:
Hay una sentida escena de abdicación por temor a la violencia que podría llevar consigo el no rendirse, ello enmarcado en un interior palaciego oriental recargado; En la última escena, tras la que Mir dispara a Mirza y se queja en voz alta “(Si mueres) no tendré un compañero con el que jugar al ajedrez”, Mirza le responde “pero tú tienes uno delante de ti!” (dándole así a entender que lo perdona). Finalmente concluye que “cuando caiga la noche, volveremos a casa. Ambos necesitamos oscuridad para ocultar nuestros rostros”.
Más que interesante film, cargado de profundidad, aunque cojo en la parte del politiqueo macro. Gloria Ucrania!!!
PD. Fue la candidatura de la India para la Mejor Película en Lengua Extranjera en los Oscar, pero no recibió ninguna nominación.
Sanjeev Kumar y Saeed Jaffrey, demuestran una espléndida química, seguro son amigos fuera del rodaje, pues se respira entre ellos mucho compadreo natural, las puyas que se tiran, las miradas, los resquemores entre ambos, destilan chispas de realismo, tenido su zenit en su cortante clímax; Amjad Khan como el monarca indolente da una actuación blandita, le falta vigor para sintamos su dolor ante la perdida de su reino, con unos monólogos bastante rígidos y poco estimulantes; El inglés Richard Attenborough como el general Outram, aportando su flema ‘british’, con la altivez, arrogancia, presunción, ajeno a la idiosincrasia india, todo sin mostrar sentimientos, cual máquina de arrasar (invasora) inglesa, sabe lo que le han ordenado y ejecuta de modo frío.
-"Si no podemos hacer frente a nuestras esposas, cómo podremos hacer frente al ejército británico?"
Spoiler:
Hay una sentida escena de abdicación por temor a la violencia que podría llevar consigo el no rendirse, ello enmarcado en un interior palaciego oriental recargado; En la última escena, tras la que Mir dispara a Mirza y se queja en voz alta “(Si mueres) no tendré un compañero con el que jugar al ajedrez”, Mirza le responde “pero tú tienes uno delante de ti!” (dándole así a entender que lo perdona). Finalmente concluye que “cuando caiga la noche, volveremos a casa. Ambos necesitamos oscuridad para ocultar nuestros rostros”.
Más que interesante film, cargado de profundidad, aunque cojo en la parte del politiqueo macro. Gloria Ucrania!!!
PD. Fue la candidatura de la India para la Mejor Película en Lengua Extranjera en los Oscar, pero no recibió ninguna nominación.
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