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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
18 de Marzo de 2007 |
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Película realizada por Joseph L. Mankiewicz. Se basa en un guión original del realizador y de Lesser Samuels. Se rodó en los Fox Studios, con gran parte del equipo técnico de "Eva al desnudo" (1950). Fue nominada a un Oscar (guión). Producida por Daryl F. Zanuck, se estrenó el 16-VIII-1950 (EEUU).
La acción principal tiene lugar en el Hospital General de un Condado con capital en una ciudad media de EEUU, en 1949/50, a lo largo de unos pocos días. Los hermanos Ray (Richard Widmark) y John Biddle resultan heridos por la policía durante el atraco a una gasolinera y son trasladados al Hospital del Condado. Mientras el Dr. Luther Brooks (Sidney Potier) toma una muestra analítica de John, ésta fallece. Ray le acusa de asesinato.
La película desarrolla un relato dramático, que explora actitudes racistas y prejuicios étnicos de personas individuales, unidades familiares y grupos no organizados. La historia está explicada con la fluidez propia de Mankiewicz, con un buen ritmo narrativo y sin disgresiones. Los hechos están dotados de credibilidad y realismo. El guión incluye agresiones verbales (insultos ofensivos), gestos despectivos y actitudes de desaire y desprecio de diversos usuarios de los servicios del Hospital. A lo largo del metraje se producen en algunos de ellos cambios que marcan el avance del relato en varias direcciones simultáneas, la de quienes toman conciencia de que la verdad está por encima de cualquier prejuicio y la de quienes se aferran a éstos con obcecación, fanatismo, odio y reacciones que revelan problemas de equilibrio emocional y psicopatías. La individualización del problema, o su limitación a un número reducido de personas, se complementa acertadamente con la escena de una pelea multitudinaria entre afroamericanos y angloamericanos en el interior de una chatarrería, con numerosos heridos por traumatismos de diversa consideración, que son ingresados en el Hospital del Condado. El componente fundamental de la historia viene dado por las relaciones entre Brooks y Ray, que generan numerosos incidentes y culminan en una secuencia singular, que Zanuck mandó retocar por razones comerciales. Es destaclable la escena de la visita de Edie (Linda Darnell) al Dr. Wharton (Stephen McNally) con motivo de la cual entabla conversación y amistad con la cocinera afroamericana y la que explica la treta (ocurrente y divertida) que Edie emplea para desembarazarse del sordomudo George Biddle (Harry Bellaver).
La música, de Alfred Newman, incorpora un tema inicial y otro final de porte solemne y emotivo, entre los que intercala composiciones ligeras motivadas (emitidas por la radio), como la burlona "Adivina qué y adivina quién". Milton Krasner ofrece una narración visual, en B/N, excelente, de acertados contrastes, dibujo cuidado y movimientos de cámara suaves y precisos. Fue una de las primeras obras de Hollywood que abordó el racismo como problema social. En ella hizo su debú en cine Sidney Poitier (22 años).
Miquel 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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alfie
Triana (España)
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Su valoración:  |
14 de Julio de 2009 |
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Andaba enfrascado Mankiewitcz en la plena vorágine del éxito que causó "Eva al Desnudo" (estrenada dos meses antes) cuando la Fox le encargó la dirección de "No Way Out". Película de tránsito que alberga pocos aspectos propios del director pero que aún así la podemos considerar de relevancia en su carrera. Carrera que se lanzaría definitivamente unos meses más tarde con los seis Óscars de "Eva al Desnudo" y que le darían definitivamente carta blanca para desarrollar esa anhelada libertad creativa buscada durante la primera parte de su carrera.
Tiene sin embargo "No Way Out" bastantes carices que la hacen una película notable, de calidad. Notable por el acercamiento a la temática racial y que junto a Pinky (Kazan, 1949) supuso la definitiva entrada de esta problemática en la gran industria de Hoolywood. Temática social para reflejar una realidad presente en la sociedad americana en la primera mitad siglo XX. Pero esta temática social en un entorno melodramático fue mejor tratada por Kazan que veía en este espacio cinematográfico un excelente entorno donde moverse. Mankiewitcz, por contra, se pierde en algunas licencias narrativas que entorpencen un desarrollo que en manos de Kazan, sin duda, hubiera sido perfecto. Así pues la calidad de la cámara de Mankiewitcz, el excelente reparto y el como siempre trabajadísimo guión (junto con el periodista de formación Samuels), suplen magnificamente lo que en un principio puede parecer una continuación de la obra del director griego.
De estos apartados destacados, guión, cámara y reparto, hacer mención especial a este último. La aparición de Sidney Poitier en la escena cinematográfica no pudo ser de la mejor manera. En un papel que repetiría una y otra vez a lo largo de su carrera, Poitier realiza un debut impecable y sentando las bases de quien es y será un icono para la comunidad negra americana. Caso aparte es Widmarck. Debilidad personal absoluta en sus comienzos (Manos Peligrosas, El Beso de la Muerte, Noche en la Ciudad), hace de su papel de sociópata racista una lección de interpretación y de carisma. El acompañamiento de la por entonces más conocida de todos Linda Darnell completa una terna que Mankiewitcz manejó perfectamente.
Relativo fracaso comercial (no fue estranada en los estados sureños) "No Way Out" tiene su principal mérito haber contribuido a encender la mecha de un tema que hasta entonces había pasado de puntillas por la industria. Reconocimiento que le vino con la nominación a los Óscars del script original y que brillantemente es tratado por el director americano. Y es que como dijo una vez ,"la diferecia entre la vida y las películas es que un guión debe tener sentido, la vida no". Inteligente este tipo, inteligente.
alfie 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jairechu
Avila (España)
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Su valoración:  |
19 de Agosto de 2010 |
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Asfixiante thriller sobre el racismo y la intolerancia que una vez más pone de relieve el talento de Mankiewicz en la dirección, su exquisito gusto para elegir/escribir guiones y su enorme capacidad de sacar lo mejor de los actores. Partiendo de una historia polémica, y que por desgracia sigue de actualidad en muchos lugares, Mankiewicz logra perfilar a los protagonistas con una habilidad sorprendente y que en otras manos se habría limitado simplemente a la trama. Pero el director logra un equilibrio ejemplar en lo intimista y en la creación de tensión. En ambos casos hay varias escenas magistrales que lo confirman, como la visita de Edie al Dr Wharton, la mañana siguiente cuando llega la esposa de Brooks, la escena de Edie y el hermano mudo o la impresionante escena del desguace (para estudiar en cualquier escena de cine). Es evidente que una vez más cuenta con un guión magnífico, acertado en los personajes, las situaciones y en sus estupendos diálogos, (aunque sin llegar a sus grandes obras). Pero creo que destaca aun más el enorme talento de Mankiewicz como director, demostrando que tenía mucho talento para generar tensión cinematográfica, aunque su obra no se centrara en eso. Un trabajo que dista mucho de la puesta en escena discreta al servício del texto que muchos le han asignado sin pararse a analizar despacio su obra. No es, evidentemente, un director de movimientos de cámara espectaculares, de los cuales siempre renegó. Pero su trabajo es esencial en cada una de sus películas, y son imposibles de entender a plenitud sin él. Vamos, lo mismo que pasaba con Ford, Kurosawa o Ray. Porque Mankiewicz era uno de ellos, de los grandes. Además vuelve a conseguir que los actores bajo su dirección estén esplendidos, con unos estupendos Poitier (en su debut profesional) y Linda Darnell y un tremendo Richard Widmark. Sin duda un esplendido ejemplo de film noir valiente, comprometido y ejemplarmente realizado que te atrapa desde sus primeras imágenes.
jairechu 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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¡Cuánta violencia absurdamente causada durante siglos, sólo por no comprender el derecho a la diferencia!, ¡Cuánta agresiva arrogancia, creyéndose los mejores, por no adivinar que el odio se carga contra sí mismo!, ¡Cuánto racismo generalizador a costa de una sola experiencia o de un sólo hombre!, ¡Cuánta parcialidad e intolerancia, por no ver la rica pluralidad y las muchas opciones que nos ofrece la vida!
“UN RAYO DE LUZ” es una perfecta obra sobre todo esto. Un filme valiente, visionario y lúcido hasta la médula que rompe, oportuna y certeramente, con los muchos años de subestimación que el arte cinematográfico venía ejerciendo contra una raza humana cuyo único “pecado” era haber nacido con la piel oscura. Tras décadas de reducirlos a sirvientes, esclavos o botones, por necia convención de una cultura segregacionista, por fin aparece uno de los hombres más claros, honestos y brillantes que ha dado el séptimo arte, y decide sacudir las telarañas mentales de una cultura que, penosamente, aún no encuentra el camino.
Luther Brooks (excelente debut de Sidney Poitier quien haría escuela contra el matrato a los afrodescendientes), es un joven médico en su primer año de ejercicio. El título le costó noches en vela, empleos de segunda y tercera categoría por sueldos miserables, para poder sufragar sus gastos, y un gran sacrificio para sacar las mejores notas que lo hicieran digno de la profesión.
Ahora, la vida ha puesto en su camino al doctor Daniel Wharton, un hombre consecuente quien, para el hospital del Estado, no busca colores de piel, ni cierto tipo de lunares, sino hombres capaces… y Brooks le resulta idóneo. Pero, a veces para los negros, cualquier logro es a un precio muy alto, y en el camino hacia el servicio profesional de Luther Brooks, pronto se interpondrá un hombre carente de afecto que busca en quien desahogar su lamentable vacío interior.
El drama es sólido y devela la profunda madurez emocional que reluce en cada decisión del cuerpo médico, al tiempo que va soltando los tensos hilos que tejieron el negro velo que ahora cubre el corazón y la mente del desadaptado Ray Biddle. Una bella mujer, Edie Johnson (Linda Darnell), también entrará en el juego, y el rol de las féminas, capaces de llevar la delantara a los hombres en su capacidad de comprender, quedará también gratamente demostrado.
Inmejorables actuaciones de Sidney Poitier, Richard Widmark y Stephen McNally, redundan en un filme imprescindible en cualquier archivo o escuela de arte cinematográfico.
Título para Latinoamérica: “EL ODIO ES CIEGO”
Luis Guillermo Cardona 
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Talladal
Valencia (España)
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Su valoración:  |
29 de Mayo de 2011 |
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Propaganda contra el racismo, la trama se desliza por un necesario maniqueísmo en los personajes. El buen doctor debe exhibir su inmerecida discriminación en cuadros cada vez más sádicos a manos del malvado paciente: Se le injuriará, se le amenazará, se pondrá en entredicho su profesionalidad, se verá compelido a la inversíón de la presuncíón de inocencia precisamente para demostrarla. Hallaremos que el origen de los prejuicios sociales reside en la diabólica mezcla de marginación, ignorancia y una infancia truncada, por lo que asoma el optimismo de la eventual erradicación del mal mediante el intelectualismo moral. Se adelantan los fututos tumultos raciales en las calles norteamericanas y se gana la apuesta histórica de que la segregación racial perderá finalmente la batalla.
Talladal 
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