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Críticas de "Yo, Claudio (TV)"
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| 23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
22 de Febrero de 2006 |
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Si uno visita la página de la Academia de TV de España, esta serie sigue figurando como la mejor que se ha televisado desde que la caja tonta ha tomado el centro de la casa.
“Yo, Claudio” son 650 minutos de una calidad inigualable. La serie adapta dos magníficas y documentadas novelas de R. Graves (“Yo, Claudio” y “Claudio, el dios”). Un material como este, carente casi de diálogos y lleno de hechos, tiene una difícil traslación al reino de la tv donde el diálogo es omnipresente. Es curioso, como esta dificultad se ve recompensada en la presentación de los capítulos. Lo habitual es dar la paternidad de todo este trabajo al director; sin embargo, “Yo Claudio” es “by Jack Pulman” (guionista de otra serie mítica: Poldark), no de su director: H.Wise. Lo cierto es que hace un trabajo prodigioso y ajustado al medio. Realizando una adaptación fidelísima a los hechos, imagina cómo pudieron desarrollarse, desarrollando casi “otra novela”, y ofrece unas secuencias llenas de tensión que inevitablemente te llevan a desear que llegue el próximo capítulo. Sin embargo, si vemos todos los elementos que la componen, podemos llegar a pensar que estamos ante un “subproducto”. Los decorados son teatrales, sin profundidad; el maquillaje y el vestuario pasable; la fotografía es plana, sombría, pero no expresiva; la falta de medios “canta” (no estamos ante una producción como “Roma”) a lo largo de toda la serie. Pero estos defectos, se tornan bondades ante el virtuosismo y fortaleza de los dos pilares sobre los que se sostiene: el guión y el excelente reparto. Por ejemplo, en “Claudio, el dios”, que recoge todo su mandato, hay un exhaustivo relato de la campaña que Claudio llevo en Britania, que de ser llevada a pantalla requeriría el presupuesto de una gran superproducción; en la serie, toda esta narración está resumida en la llegada del rebelde principal al Senado y una voz en off que acompaña; también son numerosos los planos en los que la imagen es sustituida por efectos sonoros (casi no hay figuración en la serie). Sin embargo, esto no aparece como un defecto. “Yo, Claudio” no dirige su mirada hacia fuera, sino hacia dentro, hacia los corredores del palacio, hacia las entrañas del poder, hacia ese nido de víboras que no nos abandonará en 13 capítulos. Ahí, en esa visión, radica la actualidad y el poder de fascinación que sigue ejerciendo esta serie 30 años después de su realización. El horror y la corrupción nos es narrada desde la finísima ironía (la serie está llena de “respiros” sutilmente cómicos) y por uno de los personajes más fascinantes de toda esta ralea: Cla-Cla-Clau-Claudio, el tonto; y a la vez, también desde la ética, pues el propósito que tiene de contar la verdad es su modo de sacar a la luz el mal (advertirnos) con el que ha estado conviviendo siempre y al que ha sobrevivido. (continúa la crítica en el “spoiler”).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El viejo emperador Claudio se dispone a las puertas de la muerte a contar “toda la verdad” de su sorprendente vida, desde su infancia en la época de su abuelo César Augusto, hasta el final de sus días. Con esta premisa asistimos a la carnicería que existe en las entrañas del poder, con paradas obligadas en personajes como Livia, Tiberio, Calígula y toda la grey, de igual naturaleza, que acompaña a estos personajes. Como decía, gran parte del mérito corresponde al magistral reparto. De todos ellos es necesario destacar al quinteto protagonista. Empecemos por la más fascinante: Livia. Siân Philips da vida a esta mujer envenenada (y envenenadora) de poder. Su actuación es magistral. La frialdad de su mirada, la serenidad de sus diálogos y movimientos (piensa en la maldad como un ejercicio de paciencia, por lo que nunca se precipita), componen una “mala” fascinante. Ella es el "Estado"; o mejor dicho: la razón de Estado. Por continuar con el matrimonio, B. Blessed, como Augusto, caracteriza a un emperador benévolo, preso de cambios de humor, que es capaz de llevar el peso de un imperio pero no el de una familia (la serie no deja de ser un "retrato de familia"); G. Baker es el herido Tiberio, no hay un momento en su actuación que abandone su brutalidad y resentimiento. J. Hurt, ¿qué decir?, ¿cuándo estuvo mal este magnífico actor? Pues aquí estamos ante otro de sus finos recitales, asombrándonos de todo lo que da al cruel Calígula. Por último, Derek Jacobi. Realiza el papel “bombón” y lo ejecuta con tanta maestría que para todos nosotros, pese a su dilatada carrera, quedará siempre como el bueno de Claudio con esa cojera arrastrada y la tartamudez, que componen ante los demás la naturaleza de la estupidez, pero ante nosotros la inteligencia del superviviente.
“Yo, Claudio” es uno de los mejores productos de la era en que la televisión creía aún en la inteligencia del espectador/a. ¡A saborear como los buenos clásicos!
Strhoeimniano 
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| 13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
9 de Abril de 2008 |
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La primera emisión de “Yo, Claudio” en Televisión Española discurrió a lo largo de 1978. La España de Suárez estrenaba Constitución y Taylor padecía una engorrosa afección denominada preadolescencia. Resucitar a día de hoy esas difusas imágenes y entroncarlas, al mismo tiempo, con aquellos remotos días supone para las castigadas neuronas del que esto suscribe un ejercicio de arqueología mental despiadado pero, vaya, creo que puedo conseguirlo. Vamos allá.
Las inquietantes imágenes del áspid reptando sinuosamente por el mosaico y esa perturbadora musiquilla pregonando el inicio de cada capítulo ejercían sobre mi el efecto de una irrefrenable invocación que no podía desatender de ninguna manera. Sin embargo, los puñeteros rombos constituían un irritante obstáculo que debía vencer a toda costa. La verdad es que ese implacable baremo mediante el cual las calenturientas mentes de honda raigambre franquista mesuraban los niveles de impudicia televisiva me puso en más de un aprieto, pero ello no impidió que pudiera disfrutar de la serie con regularidad. Sospecho, eso sí, que mi empecinamiento resultó determinante a la hora de sortear rombos, retórica paternofilial y demás. Lamentablemente, ello no fue suficiente para que mis pueriles retinas pudieran presenciar una de las secuencias míticas de la historia de la televisión, aquella en la que el depravado Calígula -emulando a Zeus- extraía a su hijo del útero materno para devorarlo atrozmente.
Al margen de tan traumática laguna, recuerdo con nostalgia el magnetismo de una serie que, a través de intrigas, contubernios y maquiavélicas maniobras, despertó en mi un descomunal interés por la civilización romana. Para la posteridad quedará el eco de una producción televisiva que supo maquillar su ostensible escasez de medios a través de un guión, unos diálogos y unas interpretaciones extraordinarias. Memorable.
Taylor 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jano
fuenlabrada (España)
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Su valoración:  |
25 de Septiembre de 2006 |
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Sin duda, una de las mejores series de la historia de la televisión. Nadie sabe adaptar los relatos históricos a la pequeña y gran pantalla como los británicos. Magistral dirección de actores y fidelidad histórica, aunque Yo, Claudio esté basada en una novela del mismo título, del excelente autor Peter Graves. Capítulo aparte merecen los intérpretes: Derek Jacobi, Sian Phillips, John Hurt, Brian Blessed y todos los demás. Los actores británicos son, en mi opinión, los mejores del planeta. Nunca sobreactúan y mantienen una sobriedad que le da un realismo impagable a todo lo que interpretan.
Una lección de historia y de la vida que debería ser repuesta para su visionado por las nuevas generaciones, a pesar de que esté lejos de las efectistas series americanas que inundan nuestras pantallas en la actualidad.
jano 
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
23 de Julio de 2007 |
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Monumental serie que recrea los tiempos del penúltimo emperador de la dinastía Julia, la primera dinastía de emperadores romanos: Julio César, Octavio Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.
El escritor e historiador Robert Graves escribió las dos extraordinarias novelas que serían adaptadas magistralmente para la televisión: "Yo, Claudio" y "Claudio el dios y su esposa Mesalina".
Claudio (10 a. C. - 54 d. C.) relata sus memorias desde su nacimiento. La historia de su familia está repleta de intrigas, crímenes, conspiraciones, amores, pasiones y odios, en unos tiempos turbulentos en los que la política del terror y la decadencia se mezclaban con la abundancia, el esplendor y la expansión del Imperio. Unos tiempos oscuros y peligrosos en los que pertenecer a la dinastía imperial era garantía de amenaza permanente y en los que ninguna persona que estuviera involucrada en asuntos políticos podía respirar tranquila. Cuando los propios parientes no dudaban en envenenarse mutuamente o en ordenar clandestinamente la muerte de cualquier pariente que resultara un estorbo o una amenaza para las ambiciones de alguien, por muy allegados que fueran, resultaba un milagro sobrevivir para contarlo.
Crudo relato que no escatima en mostrar con gran veracidad los crueles hilos del poder, en una atmósfera con frecuencia asfixiante y funesta casi totalmente al margen de la moralidad, en la que la traición y la muerte son el pan nuestro de cada día y no permiten apenas prosperar los buenos sentimientos ni la buena voluntad de algunas personas, arrancándolos de raíz.
Vivoleyendo 
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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KesheR
Murcia (España)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2008 |
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K.- Pues sí, Siân, como te cuento, finalmente me vi "Yo, Claudio" entera. Me compré el DVD y todo.
S.- Ah, pues está muy bien eso. ¿La verías en VOS, no? Verme doblada es un crimen. Pásame el tinto de verano, hazme el favor.
K.- Toma. Sí, la vi en VOS, como siempre.
S.- Qué rico, está muy bien España. Bueno, ¿qué te pareció?
K.- ¿La serie? Pues la hostia, qué quieres que te diga. Yo, antes de verla, pensaba que iba a ser un dramón tipo Sisí Emperatriz, pero ambientado en la República Romana.
S.- ¿Estás tonto, chiquillo?
K.- Ay, perdón, Siân, se me ha subido el tinto. Ambientado en el Imperio Romano, quería decir. Un dramonazo interminable con tintes de culebrón, donde los personajes se pasarían todo el rato llorando y besuqueándose. Pero no. Lo que me he encontrado es una de las tramas de conspiraciones palaciegas más apasionantes que he visto. Y en gran parte te lo debemos a ti, Livia.
S.- Me sonrojas, corazón.
K.- Estuviste absolutamente impresionante en la serie. Me arrodillo ante ti. Conseguiste componer una de las mejores y más creíbles "malas" de la Historia del Arte, un personaje absolutamente carismático. Tus facciones duras, permíteme decirte, contribuyeron mucho a ello. Tú misma pareces una escultura romana.
S.- (Se ríe) Eso fue hace mucho. Ahora tengo la piel como a mitad de la serie. Y tomar tanto Sol aquí en la playa no ayuda.
K.- Tú ya has hecho mucho en el mundo de la interpretación, relájate. Bueno, como te iba diciendo, Livia es para mí el mejor personaje de la serie y el que la convierte en realmente memorable. La manera en que conspira, manipula, retuerce, falsea... es apasionante. La forma en que hablabas, en que te movías... realmente te comías la pantalla.
S.- Gracias, gracias. ¿Cuál es tu momento favorito?
K.- Vale, esto lo pondré en la parte de "spoiler" cuando lo cuente en Film Affinity.
S.- Ah, muy buena web, yo estoy registrada allí como "Maldito Bastardo".
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: K.- ¿Tú eres Maldito Bastardo? Muy buena la crítica de Gerry. Bueno, a lo que íbamos. Me encanta el momento en el que nos enteramos por primera vez de lo mala que es Livia: cuando envenena a Marcelo. También me encanta cuando se desembaraza de Julia, lo que provoca también otro de los mejores momentos de la serie: cuando Augusto pasa lista al pelotón de amantes de su hija. El monólogo que soltaste frente al cadáver de Augusto fue espectacular, así como cuando confiesas a Cla-Cla-Claudio todos tus pecados.
S.- Te falta una cosa.
K.- No me he olvidado. Los últimos momentos de Livia. ¡Dios, pero qué fenomenal! Y qué estupendo trabajo de maquillaje, como casi siempre en la serie. Ese instante en que Calígula traiciona a Livia y le dice que no va a convertirla en diosa... se me pusieron los pelos como escarpias.
S.- Exacto. Uf, qué calor hace. Ahora nos damos un baño. Pero dime, querido, ¿es que sólo te gustó lo que hice yo en la serie?
K.- No, Siân, no me malinterpretes. Pensaba que cuando Livia muriese ya la serie no tenía sentido, pero me equivocaba. Ahí estaba Calígula para remontar el vuelo, con un estupendo John Hurt. ¡Ah, qué loco tan real! Hay momentos escalofriantes, como cuando sale con la boca ensangrentada del dormitorio y le dice a Claudio "no entres ahí".
S.- Sí, John Hurt es un gran actor. Le he invitado a la playa, a ver si se viene.
K.- Ah, qué bien, a ver si nos vamos a un sitio que conozco por aquí que hacen una paella de verduras buenísima.
S.- Sí. ¿Y qué me dices de los "buenos" de la serie? ¿No te gustaron?
K.- Claro, mujer. Brian Blessed, tu maridito Augusto, es el típico gran actor clásico, con una sobreactuación genial que no molesta. Muy grandilocuente. Derek Jacobi lo hizo muy bien, aunque claro, su personaje cojo y tartamudo es poco agradecido. Pero es muy interesante observar cómo llega a Emperador contra todo pronóstico (escena que resulta totalmente creíble, por cierto y afortunadamente).
S.- ¿Pero es que no tienes ninguna queja?
K.- Hombre, pues alguna. Algunos secundarios no están del todo bien, especialmente algún personaje femenino. Pero tampoco molesta. Y, bueno, la verdad es que estéticamente es un poco cutre.
S.- Es lo que había en la época, chiquillo.
K.- Ya, ya, si ya. Pero las series también tienen que saber envejecer.
S.- Ya veremos dónde está Lost dentro de treinta años.
K.- Ya te lo digo yo, Siân: en el cubo de la basura. ¿Te bañas?
S.- Vamos para el agua que estoy "abrasaíca".
KesheR 
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