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Críticas de "El río"
El río
Notable
Jean Renoir
(1951)


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26 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Muy buena 22 de Abril de 2006
Primera película en color de Jean Renoir, se basa en la novela homónima de Rumer Godden (1947), de carácter semiautobiográfico. Se rodó en una localidad próxima a Calcuta, entre enero y mayo de 1950, si bien Renoir empezó a trabajar en el proyecto en 1947. Ganó el Premio de la Crítica Internacional de Venecia y fue nominada al León de oro. En los BAFTA consiguió 2 nominaciones (mejor película británica y mejor película). Fue producida por Kenneth McEldowney, próspero florista y agente de la propiedad de LA.

La acción tiene lugar en Calcuta, capital de Bengala occidental, junto al Ganges, en 1947/48, tras la independencia del país (15-VIII-1947). Narra la historia de Harriet (Patricia Walters), de 14 años, que vive con sus padres, su hermano Bogey (Richard Forster) y sus tres hermanas menores. El padre (Esmond Night) es director de una fábrica de tejidos de yute, propiedad del Sr. John (Arthur Shields), y su madre (Nora Swinburne) se ocupa de la casa, mientras espera el sexto hijo. La vida de Enriqueta se ve alterada cuando un joven americano, el capitán John (Thomas E. Breen), que ha perdido una pierna en la guerra, llega para pasar en la casa del Sr. John una temporada de convalescencia. Melania, Valeria y Harriet rivalizan en la tarea de atraer la atención del nuevo vecino.

La estética de la obra se basa en la construcción de composiciones visualmente similares a cuadros impresionistas, que evocan a August Renoir, padre del realizador. Une a un magnífico dibujo un cromatismo moderado y equilibrado. El autor presta gran atención a los niños, los de la casa y los de los alrededores; incluye numerosos personajes y muestra fervor por el agua, símbolo de la vida y del tiempo que pasa. Sin sacar la cámara de la casa y del jardin que la rodea, construye una atmósfera intensamente hindú, que traspira lirismo y autenticidad. Las disgresiones habituales en el autor muestran la fábrica de yute (homenaje al trabajo sacrificado de los peones), las escaleras que unen el río con templos, mansiones y monumentos; la fiesta de Diwili, dedicada a la luz, con abundantes fuegos artificiales; y el sueño de Harriet sobre el matrimonio de Melania, con danzas tradicionales. La placidez del río contrasta con la tensión que se establece entre las tres adolescentes y con momentos drmáticos.

La música recoge melodías populares indígenas, a las que se añade fragmentos de Schumann y Mozart. La fotografía ofrece una narración visual bellísima, en la que se enmarca un discurso coherente y muy fluído. El guión, escrito por el director en la India, refleja con autenticidad el espíritu del país. La interpretación de profesionales, noveles y personas del lugar, es sólida y convincente. La dirección ensaya nuevos recursos técnicos e innovadoras puestas en escena, con resultados excelentes.

La película trasmite la fascinación que siente Renoir por un país complejo, rico en tradiciones y costumbres ancestrales, festivo, multicolor y joven.
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Miquel
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33 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Sines Crupulos   Voy al cine (Emiratos Árabes)
Su valoración: Regular 18 de Julio de 2008
Tras un interesante pequeño documental de presentación, a la peli le muerde el áspid de la ingravidez y se queda flotando en insípida narración y complacencia visual.

La atracción desenfrenada de tres chiquillas por un cojo cabezón de dislocada dentadura amarillenta es poco verosímil. Y aquel que piense que sí lo es, no es por su subconsciente comprensión del rechazo químico hacia aquello que le resulta diferente, pues bien acepta que a la india también le mole el cojo, sino por su complicidad con la repulsión hacia lo que entiende por inferior.

Y si al igual que yo eres de los que aborrecen el teatro, la poesía y los cuentecillos infantiles (como el que se inserta en esta película de sopetón), estás jodido, pues tu falta de sensibilidad literaria te impide disfrutar de joyas de la fábula tradicional como este poco profundo río de Renoir.
Sines Crupulos
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Villano   King Kong, pedazo de (Mónaco)
Su valoración: Regular 28 de Noviembre de 2008
Puede que Dreyer fuera pionero en eso de la autocomplacencia cinematográfica europea, pero Renoir consiguió superarle con creces. Mientras que el danés se esforzaba en cuadrarlo todo con su estricto código moral, el gabacho fue más allá e intentó por todos los medios satisfacer principalmente a su propia persona, que para algo era el más guapo (según la opinión de su mamá). Si pensáis que miento, recordad entonces quien (incomprensiblemente) al final de todo se lleva el gato al agua en 'La Regla del Juego'. Tan increíble como cierto. Por lo visto, con la edad, Renoir no ganó en sutilidad y en 'El Río' decidió pasarse por el forro las indirectas y colocó a Arthur Shields como su nada disimulado alter ego sosainas para que fuera el epicentro dionisíaco de las cutre-pasiones de las desfavorecidas hijas del fabricante de cáñamo, las cuales echan chispas de entre las piernas cada vez que divisan en el horizonte la cara de acelga del capitán Renoir, personaje mal escrito y mal interpretado dónde los haya que eleva la obra a la dimensión de pantomima egocéntrica.

Mal que pese, a Renoir no se le puede negar su talento para la composición visual de los planos, que resultan muy agradables para la vista, consigue encontrar una serie de imágenes encantadoras y cargadas de un exotismo que a buen seguro en los 60 y los 70 debieron ser la sensación entre los hippies que aspiraban viajar a la India en busca de espiritualidad gratuita. Ahora bien, lo que tampoco se le puede negar es lo machacona que llega a resultar la voz en off, que de tan omnipresente debería alcanzar el estatus de audiocomentario. Ningún favor le hace a la película tener que escuchar casi en cada dichosa escena obviedades rematadas en la voz de pito de Harriet, el personaje más detestable de toda la filmografía de Renoir debido a su carácter repelente y su enfermiza insistencia, tan cargante que dan ganas de romperle una botella en la cara. Ella, la madre que la parió y la niñera sabionda son las principales protagonistas de la sucesión de conversaciones que componen el esqueleto de esta película. Un torrente de diálogo fatuo que va a caballo entre lo ridículo y lo afectado, y que frena injustificadamente el desarrollo de la historia, ya de por sí bastante nulo.

Lo único que, por lo tanto, puede provocar El Río es un profundo aburrimiento supino. Más allá de un puñado de imágenes no le encuentro valor alguno, pues nada me ha aportado ni me ha dicho, me la traen al fresco sus metáforas visuales de los remeros navegando juntos por el río y como intenta mostrar la fragilidad de la vida con lo de la mordedura... me embotó tanto los sentidos que todas esas polleces me la pelan hasta el infinito y no me sale de los webs aprobarla a pesar de sus cualidades. Ahí le peten bien.
Villano
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Servadac   Madrid (España)
Su valoración: Interesante 7 de Noviembre de 2006
El día era propicio. La situación también. Mis expectativas, máximas. Así que me dispuse a disfrutar de una de las grandes joyas de la Historia del Cine. Mas... ¡ay mísero de mí, ay infelice!, vine a darme de bruces con un río sin sal, un río soso, un río que no es el Manzanares ni el Alberche, pero tampoco merece ser el Ganges. El caso es que resulta muy fácil encontrarle virtudes: la contención; la aparente sencillez; la fluidez narrativa; la extrema naturalidad con la que Renoir pasa de un plano a otro, su elegancia en el contar; la sobriedad y el buen uso de las elipsis; la belleza de algunas líneas de diálogo -la reflexión del tío John acerca de los niños es especialmente lúcida y emocionante-; el hermoso, un tanto desvaído y nada estridente color local; la ausencia casi total de sensiblería... También es fácil quedarse con algunas de sus imágenes: el maravilloso catálogo de escaleras al borde del Ganges; la omnipresente vegetación de la India; los fardos de yute; la danza de Melanie... Me encanta la idea de que la fábula inventada por Harriet anticipe, en miniatura, la propia estructura de la película, cíclica como la vida y el fluir del río sagrado -una pequeña exquisitez para los amantes de lo fractal. Pero, a pesar de todo ello, las preocupaciones adolescentes del trío de admiradoras del capitán cojitranco aburren a las ovejas. El retrato de la India carece de verdadera profundidad. La metáfora del río que nos lleva, siempre el mismo pero siempre distinto, está más vista que el tebeo. La voz en off de la narradora me parece un recurso pobretón y molesto, que incomoda a la hora de recrearse en los aspectos puramente visuales de la cinta. En suma, el amigo Jean es bueno, bonito y aburrido. Y es que de tal palo...
Servadac
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Chagolate con churros   Altamont (España)
Su valoración: Regular 20 de Febrero de 2008
La tengo guardada en la biblioteca mucho tiempo, pero es gracias a Wes Anderson y su “The Darjeeling Limited” cuando decido no tardar mucho tiempo en verla. Empieza con una vocecita que nos presenta a los personajes. Entonces me acuerdo de “Hannah y sus hermanas” una de las mejores películas de Woody Allen. En esta cinta, Allen consigue en cinco minutos lo que tarda Renoir en quince minutos. La presentación de personajes de Allen es quizá, de lo mejor que se ha hecho en la historia del cine. Aquí Renoir, no contento con imponernos la voz en off para poder presentarnos los personajes, la deja durante toda la película. Recurso facilón y hecho para guionistas vagos.

Renoir, con un nostálgico Technicolor, retrata un hermoso país. Combina planos, y gran fotografía pero la historia, me empieza a resultar bobalicona y simple. Oigo conversaciones tontas lleno de diálogos absurdos rodeados de la vida india que si consigue transmitirme Renoir. Los paisajezzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Y los títulos de crédito me despiertan de mi ensoñación.

-Te has dormido.
-¡Qué va! Estaba concentrado en sus magníficos planos y en su alucinante fotografía. ¡Qué peliculón! ¡Vamos, una obra de arte!
Chagolate con churros
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