|
| 13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
vircenguetorix
Córdoba (Argentina)
|
Su valoración:  |
20 de Noviembre de 2009 |
|
|
El ya fallecido escritor australiano Morris West, sigue siendo el más leído de toda la historia literaria de Australia, su especialidad fueron los temas relacionados con la Iglesia Católica y la política internacional, y su éxito incontestable.
Otra cosa muy distinta es analizar sus tramas. Me resulta cansino escuchar algunas falacias que se repiten tantas veces que algunos se las llegan a creer. El nombramiento de Juan Pablo II fue una sorpresa para los que no están dentro de los vericuetos vaticanos, para los grupos de poder desde luego que no.
“Las sandalias del pescador” es una novela que no anticipa nada, más bien es su desastre como bola de cristal. China no se muere de hambre, sino que es la potencia del mundo que más crece, y a pesar de los problemas que existieron entre los chinos y los soviéticos en unos años muy determinados a principio de los sesenta, si hubo alguien cerca del conflicto directo en la Guerra Fría fueron los norteamericanos.
Pero vayamos con la película, que más que de historia-ficción podemos englobarla dentro del género fantástico. Antes de ocuparme en el spoiler de algunas de las secuencias más hilarantes que recuerdo de la historia del cine, creo que es más aconsejable ocuparme de lo positivo, que también lo tenemos.
En primer lugar da igual que la película sea buena, mala o regular, Anthony Quinn está siempre bien, y aquí es lo mejor de toda la película. Teniendo en cuenta los papeles tan difíciles que siempre tuvo que interpretar, su carrera tiene mayor mérito. Uno de los más grandes de siempre.
Destacaría también toda la parte cercana al documental que se desarrolla antes, durante y después del cónclave, es un acercamiento didáctico inmejorable del Vaticano, además de las localizaciones y excelentes planos de la ciudad de Roma.
Y por último, ese aire a beatismo que respira todo el film, que intenta conmover al espectador, la compasión y la bondad siguen siendo los más altos valores del ser humano y aquí se intentan plasmar.
Nota: 6,2.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Algunas escenas que serían candidatas a las menos verosímiles del siglo XX:
-La elección de Papa. Como después de siete votaciones no sale ninguno, resulta que se vota al cardenal ruso, que lleva cuatro días como tal, por arte de magia. Lo mejor: Ni pertenece a ningún grupo ni corriente interna del Vaticano.
-El Papa se cansa de su encierro monacal y se da un paseo camuflado de sacerdote por los barrios pobres de Roma, entra en casa de un judío y se canta casi la Torá en hebreo. Antes de que aparezca los servicios de seguridad del Vaticano, le da tiempo a ir a una farmacia y a aconsejar a una mujer sobre su matrimonio.
- El Papa decide regalar a los pobres del mundo las joyas del Vaticano para aliviar el hambre, recibe tras una discreta oposición el apoyo de sus cardenales.
-Durante toda la película Kiril Lakota no quiere aceptar lo que se le ofrece, pero en contra de su voluntad le liberan del Gulag, le designan interlocutor de conflictos mundiales, le nombran cardenal y finalmente Papa de Roma. Si hubiese querido algo en la vida me imagino que sería Señor de la Galaxia Centauro y de sus diez mil planetas.
Y varias escenas más que están en la mente de todos, pero que ya no tengo intención de mencionar. Es suficiente cruz ya.
vircenguetorix 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
|
|
Sin ser un religioso confeso ni creer firmemente en la existencia de Dios, siempre me he sentido atraído, o mejor dicho fascinado, por el mundo paralelo que significa la religión, muy especialmente la católica, a la que respeto enormemente a pesar de no practicarla. La jerarquía eclesiástica, con sus cardenales, obispos y arzobispos. La política que desarrolla la Iglesia desde el interior del Vaticano. La diplomacia que practica su pequeño a la par que gran Estado, con el resto de los países del mundo. El nivel de influencia que puede tener la palabra del Papa sobre los demás o, al menos, sobre sus cientos de millones de fieles. La forma en que la Santa Sede pretende acercarse al mundo para hacerles llegar la religión que defienden. Las catedrales, las vestiduras y los ornamentos sagrados. La espiritualidad gobernando una mente. Pero también los pecados que pueden significar las envidias, rivalidades e imposición de opiniones entre los propios párrocos, manifestadas en, por ejemplo, en una votación sobre la elección de un nuevo Pontífice. Son elementos sumamente importantes que siempre he buscado contemplar en el cine y que, afortunadamente, he podido encontrar en esta notable, absorbente e interesantísima película en la que su narrativa de un excelente guión y la magnífica interpretación de su principal protagonista, hacen todo el trabajo, combinado todo esto, eso sí, con una maravilloso vestuario, fotografía y música, que se encargan de representar con gran acierto la parte artística de la película.
Película, he dicho. Y es que algunos hombres de poca fe (aprovechando el recurso religioso) ponen trabas a esta historia, tan ficticia como perfectamente aceptable, olvidando que lo que se muestra en ella es el resultado de una producción cinematográfica. Se pueden hacer películas sobre policías que saltan de una a otra azotea. O dramas en los que las situaciones se resuelven con una táctica engañosa. Hemos visto de todo en el cine, dentro de productos aparentemente realistas. Pero nos cuesta asumir que se pueda hacer una película generalmente respetuosa con la Iglesia, marcada por un obvio tono religioso que nos deja ver que en alguna parte, y en algún momento, puede haber algún Dios que nos esté observando y sea Él quien marque los designios de nuestra vida. Cierto es el escepticismo respecto a cuestiones de fe, pero desde luego creo que para ser testigo de una buena película de estas características no hace falta ser licenciado en teología, pues de ella podemos sacar cosas muy buenas sin tener la sensación de una mano que intente manipularnos. En “Las sandalias del pescador” se muestra a una Iglesia, la verdadera, con sus devenires, preocupaciones y tópicos asignados. Con sus criticadas opulencias, en forma de piedras preciosas, coronas de oro o tronos milenarios.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Es la Iglesia que el ruso Kiril Lakota (Anthony Quinn) pisa en esta película como arzobispo, una vez liberado del cautiverio al que fue sometido en su país por motivos políticos. Es el presidente de la entonces Unión Soviética, Piort Ilyich Kamenev (Laurence Olivier), quien en plena Guerra Fría da la orden de liberación del párroco, en un claro movimiento de ajedrecista político, con vistas a solucionar un previsible conflicto con China. Kiril Lakota es enviado a Roma, donde junto a su inseparable y polémico sacerdote David Telemond (Oskar Werner), es nombrado cardenal por el entonces Sumo Pontífice, por las buenas sensaciones y firme demostración de fe del ex preso político, quien durante la realización de trabajos forzados, aprovechaba el momento para predicar su mensaje entre sus compañeros. Es el destino, la vida, el mundo o Dios, quien pone a Lakota en el lugar indicado y en el momento idóneo, como si fuese un enviado, encontrándose tan humilde, admirable y sencillo predicador en mitad de un Cónclave que decide la elección de un nuevo Papa ante la inminente defunción del entonces Vicario de Cristo. Después de despedir la chimenea vaticana hasta siete veces humo negro, el blanco humeante aparece para anunciar “Habemus Papam”: Kiril Lakota es nombrado el primer Papa no italiano en siglos. Hecho que sería más curioso de no ser porque irónicamente, diez años más tarde, esta trama se convirtiese en realidad, siendo elegido Pontífice un polaco, el entrañable Karol Wojtyla, que adoptó el nombre de Juan Pablo II.
Anthony Quinn está fantástico en su sagrado rol, sorprendiendo el hecho de cómo un actor que ha dado vida a cientos de personajes toscos o de malos modales (fue el inolvidable Zampanò en “La Strada”, 1954, y revolucionó México en “¡Viva Zapata!, 1952) maneje con tanta naturalidad los hilos de un personaje inmensamente humilde, de voz templada y maneras apacibles, siempre prefiriendo escuchar a hablar. Dentro del reparto también destacan unos correctos Oskar Werner y Laurence Olivier, además de un buen Leo McKern -por encima de la media y creo que inmediatamente después de Quinn en esta cinta- y la anecdótica pero muy correcta aparición del gran Vittorio de Sica, dando vida aquí al Cardenal Rinaldi. Las narraciones que realiza David Janssen como el periodista George Faber para la TV, relatando los acontecimientos de la muerte y la elección de un nuevo Papa, contienen algunos de los momentos más brillantes del guión.
La música, de Alex North deja como herencia toda una serie de preciosas partituras de acentuado tono épico que acompañan, o llevan en volandas, una historia que me mantuvo pegado al asiento y sin parpadear durante sus dos horas y media de duración, que consiguen ver su poderío prolongado desde el primer al último minuto. Completamente atemporal, la reflexión realizada por el personaje de Quinn en el momento más brillante de la película es aleccionadora, memorable, y sigue siendo una demanda de muchos en el día de hoy.
Sandro Fiorito 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
pablo
toledo (España)
|
Su valoración:  |
14 de Enero de 2006 |
|
|
Basada en la novela de Morris L. West, "Las sandalias del pescador" supuso en su dia el descubrimiento para el espectador de uno de los secretos mejor guardados por la Iglesia: el largo proceso de elección de un nuevo Papa. La película propone la posibilidad de la ascensión al máximo poder eclesial de un papa ruso, premisa que actualmente con el nuevo régimen ruso no parece tan imposible, pero que en su época no dejaba de tener cierto morbo. Aparte de la espléndida puesta en escena del film, rodado en el corazón del Vaticano, la película tiene su plato más fuerte en unas excelentes interpretaciones. Y en donde Anthony Quinn se apuntó con su papel del arzobispo Kiril Lacota, una de sus interpretaciones más memorables, recreacción muy bien apuntalada por las no desdeñables intervenciones de Laurence Olivier, Vittorio de Sica y Oskar Werner como el seminarísta confuso por ciertos dogmas de fe. Esta película fue nominada a los óscars a la mejor decoración y banda sonora original.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El arzobispo ucraniano Kiril Lacota es el más joven de los ochenta y cinco cardenales reunidos en la capilla Sixtina para elegir nuevo Papa. Kiril había pasado diecisiete años de cautiverio en Rusia y al ser puesto en libertad por Kemenev, el jefe comunista que siempre fue su enemigo, su nombre empezó a sonar en Roma como el de la persona capaz de dirigir los destinos de la Iglesia en una época de complicaciones y turbulencias sin precedentes. En las espaldas de Kiril están abiertas todavía las heridas del cautiverio.
pablo 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
ANTOINE
PALENCIA (España)
|
Su valoración:  |
10 de Febrero de 2006 |
|
|
Para los que ya habíamos degustado esta interesante película, el nombramiento del papa Juan Pablo II -veinte años después- vino a introducir una curiosa coincidencia: contra todo pronóstico, el nuevo Pontífice venía del Este, rompiendo las quinielas que apuestan siempre 10 a 1 que el puesto está reservado para los "papabiles" italianos, lo mismo que en aquella memorable película en la que Anthony Queen nos sorprendió con su magistral interpretación; y que, de paso, sirvió para que el gran público conociera una parte de los entresijos de la cerrada curia romana, donde hay casi más política que devoción, y donde se urden mil historias de pasión por el poder. En la película, el único fallo destacable -para mi gusto- se produce, afortunadamente, cuando la historia está a punto de concluir**. Creo que es una de las películas que siempre gozará de sabor a actualidad.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: ** EL nuevo Papa, que apuesta por el diálogo universal y por una Iglesia más atenta a las necesidades de los pobres, anuncia que van a venderse los bienes de lujo, para ayudar a los más menestorosos, gesto que nunca jamás hizo Papa alguno del pasado, ni creo que lleguen a realizar los del presente y futuro.
ANTOINE 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Ignacio
Barcelona (España)
|
Su valoración:  |
16 de Diciembre de 2008 |
|
|
"103592, 103592"
Nos encontramos en un campo de trabajo de Siberia y por los altavoces se escucha este número. De entre los prisioneros uno levanta la cabeza, es Anthony Quinn. Lo que el espectador no sabe es que detrás de ese prisionero político hay un nombre y una historia. Se trata de Kiril Pavlovich, arzobispo de alguna ciudad rusa que va a ser puesto en libertad por su anterior torturador, Piotr Kamenev, el actual presidente de la URSS.
El objetivo de la puesta en libertad es conseguir un aliado en el Vaticano ante la crisis mundial que se espera.
No obstante el Papa Pio XIII muere repentinamente y Kiril Pavlovich se convertirá en el nuevo custodio de la Iglesia.
Hasta aquí nos encontramos con una completa historia de ficción que, paradojas del destino, paso a ser algo realidad con el nombramiento de Juan Pablo II.
La historia es compleja y llena de sentido. Ayuda, además, a poder conocer mucho los entresijos de la Iglesia Católica en Sede Vacante, es decir, cuando falta el Papa.
Basada en la novela homónima de Morris West, Las Sandalias del Pescador tiene momentos muy emotivos, como cuando el nuevo Papa sale elegido o cuando es subido por primera vez en la silla gestatoria. Todo bien acompañado de dos cosas fundamentales: la banda sonora, pegadiza y monumental, y unas buenas actuaciones de los actores secundarios, desde Laurence Olivier como lider político de la URSS hastta David Janssen (siempre el Fugitivo) o los cardenales Leo McKern y Vittorio De Sica.
Una escena magistral de la película es cuando los cardenales toman café en el conclave y el entonces cardenal Kiril les explica su cautiverio y como estuvo a punto de matar a un hombre. Vittorio de Sica, sorprendido dice:
"-Camina por una cuerda floja moral
- Todos lo hacemos"
Esa contestación es todo un complejo dilema para todos aquellos que creen, ya que en situaciones como el cautiverio todo se encuentra en una cuerda floja, aunque, como Kiril, no debe perderse el oremus.
Habemus Papam.
Ignacio 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|