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Sinopsis
Ambientada en un México sórdido, patético, doloroso. En el prostíbulo de un pequeño pueblo sobreviven la Manuela, un trasvesti, y la Japonesita, una joven prostituta hija de un desliz de la Manuela. Don Alejo, el anciano cacique del lugar, quiere comprar el prostíbulo para venderlo a un consorcio junto con el resto del pueblo. El regreso de Pancho, un joven ... Leer sinopsis completa
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3 de Junio de 2009
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La etapa más creativa de Ripstein. El papel más emblemático de Robert Cobo.
La película es pura violencia contenida, de un erotismo equivoco e insatisfecho, que resalta en el personaje de La Manuela (Roberto Cobo), un travesti de burdel señalado por la mala suerte, y que es el padre de La Japonesita, la muchacha codiciada y despreciada por el desaforado machista Pancho.
Los tres forman un triangulo amoroso que rompe todos los esquemas del melodrama en el cine mexicano.
Con ellos, están otros personajes igualmente estremecedores y trágicos, habitantes de ese burdel que es la sucursal del infierno en este mundo.
Este trabajo en colaboración con el desaparecido novelista Argentino Manuel Puig. Esconde un miedo al homosexualismo en el macho mexicano. Sentimiento homofóbico que condena a quienes forman parte de este grupo de maricas hasta las instancias del asesinato.
Una obra, que es un ejemplo en una etapa de crisis en el cine mexicano de los 70´s.
“El lugar sin limites” ocupa el lugar 9 en la lista.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Las mejores películas del cine mexicano
Los olvidados (1950) de Luis Buñuel
Aventurera (1949) de Alberto Gout
Nazarín (1958) de Luis Buñuel
Él (1952) de Luis Buñuel
La mujer del puerto (1933) de Arcady Boytler
El lugar sin límites (1977) de Arturo Ripstein
Ahí está el detalle (1940) de Juan Bustillo Oro
Campeón sin corona (1945) de Alejandro Galindo
Enamorada (1946) de Emilio Fernández
Pueblerina (1948) de Emilio Fernández
Los hermanos Del Hierro (1961) de Ismael Rodríguez
El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel
El rey del barrio (1949) de Gilberto Martínez Solares
El esqueleto de la señora Morales (1959) de Rogelio A. González
Víctimas del pecado (1950) de Emilio Fernández
Tiburoneros (1962) de Luis Alcoriza
Distinto amanecer (1943) de Julio Bracho
Reed, México insurgente (1970) de Paul Leduc
Nosotros los pobres (1947) de Ismael Rodríguez
Salón México (1948) de Emilio Fernández
Doña Perfecta (1950) de Alejandro Galindo
Flor silvestre (1943) de Emilio Fernández
Calabacitas tiernas (¡Ay qué bonitas piernas!) (1948) de Gilberto Martínez Solares
Dos tipos de cuidado (1952) de Ismael Rodríguez
María Candelaria (Xochimilco) (1943) de Emilio Fernández
El suavecito (1950) de Fernando Méndez
La diosa arrodillada (1947) de Roberto Gavaldón
El gallo de oro (1964) de Roberto Gavaldón
Sensualidad (1950) de Alberto Gout
Danzón (1991) de María Novaro
Ensayo de un crimen (1955) de Luis Buñuel
Los tres huastecos (1948) de Ismael Rodríguez
La noche avanza (1951) de Roberto Gavaldón
A. T. M. A toda máquina! (1951) de Ismael Rodríguez
Como agua para chocolate (1992) de Alfonso Arau
La ley de herodes (1999) Alejandro Ganboa
Rosauro Castro (1950) de Roberto Gavaldón
Amores perros (2000) Alejandro Gonzalez Iñarritu
En la palma de tu mano (1950) de Roberto Gavaldón
Doña Diabla (1949) de Tito Davison
Doña Bárbara (1943) de Fernando de Fuentes
La perla (1945) de Emilio Fernández
Sólo con tu pareja (1991) de Alfonso Cuarón
Escuela de vagabundos (1954) de Rogelio A. González
La malquerida (1949) de Emilio Fernández
La Cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez
RAMON ROCEL  |
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18 de Abril de 2008
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El director mexicano Arturo Ripstein dispone en esta obra la trágica historia de la Manuela (Roberto Cobo), un travestido de mediana edad que regenta un burdel junto a su hija, la Japonesita, nacida tras un desliz heterosexual con una prostituta ya difunta conocida como la Japonesa. A partir de un relato de José Donoso que ya había despertado el interés de Luis Buñuel, Ripstein compone una atmósfera de exasperante violencia, apoyada en la misoginia de un entorno podrido y gobernado con mano de hierro por terratenientes de honestidad dudosa. Don Alejo, el cacique, y Pancho, un antiguo protegido suyo, representan la involución de un microcosmos social de provincias; las relaciones personales se establecen aquí en términos de poder y opresión sexual. La visita de Pancho al burdel hace aflorar antiguos sentimientos en la Manuela, quien mantuvo una tirante correspondencia afectiva con el joven, antes de que éste abandonara el municipio meses atrás. Paralelamente, la Japonesita ejerce asimismo su atractivo para seducir a Pancho. El triángulo amoroso resultante se enmarca en un contexto de pasiones encontradas, de desmedida ambición, de melancólica frustración. Pancho es la viva imagen del gusto por guardar las apariencias en un ámbito social marcado por las radicales diferencias de género.
Solal  |
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28 de Marzo de 2008
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La mejor película mexicana en los años setenta por excelencia. Increíble la atmósfera de sexualidad, cinismo, machismo y demás cosas en un pueblo en decadencia.
Los personajes son excepcionales: La Manuela (Roberto cobo); sin duda lo mejor de la película (atención con las escenas finales ¡impresionantes!, incluyendo el beso), El cacique del pueblo Don Alejo (Fernando Soler) que en su malévolo plan de vender ¡todo! el pueblo, corta también la luz de esté. En medio de todo esto llega Pancho un machito autodestructivo, camionero y ahijado-deudor de Don Alejo que desea ver a La Manuela (por motivos muy profundos y personales). Otros personajes son Las putas: La Japonesita (hija de la Manuela, no les recuerda un poco a “todo sobre mi madre”), La Japonesa (Lucha Villa interpreta a la prostituta que se acuesta con La Manuela para ganar una casa en una apuesta hecha con Don Alejo) ya difunta, pero se recuerda el desliz.
Ripstein nos da una semblanza del México provinciano, amoral, no-solidario y prejuicioso en un lugar sin límites, un infierno, pero a fin de cuentas México. No sé si este cerca de ser una obra maestra, pero si es un gran retrato sórdido del México de los setenta.
Lo mejor: Roberto Cobo (actorzazo en todo el sentido de la palabra).
Lo peor: Los pocos recursos (fotografía, diseño de producción etc.) de la película.
Absolutamente recomendable.
ALalex  |
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17 de Agosto de 2009
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
He vuelto a disfrutar de ésta joya con motivo del festival de cine rosa de Bogotá. Una obra de arte que no escatima violencia para demostrarnos el infierno en que se vive cuando se es "diferente". Diferente como la Manuela, desde niña enfrentada a su sexualidad y su identidad sexual, asumidas desde el travestismo, bailando en pequeños burdeles de pueblo para obtener su sustento y por qué no algo de amor. Diferente como Pancho, joven de pueblo con esposa, cuñado, padrino-protector, ganándose el sustento en su camión, conquistando cuanta mujer quiere con su pinta de machote, quien encuentra en Manuela la razón de sus mayores pasiones, en una confusión de atracción, rechazo, violencia, que confluirán para rematar ésta historia de la manera más sórdida posible.
Lo mejor: la actuación del protagonista y un guión que no da respiro.
Lo peor: algunos secundarios que no dan la talla.
chemivar  |
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11 de Marzo de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Las miserables vidas de la gente que vive en un pueblo, sin luz, lejos de la civilización, se hacen todavía más miserables si se trata de los habitantes del prostíbulo de dicho pueblo. Como siempre se enfrentarán los sentimientos machistas con los femeninos, y entonces un travestí que es parte importante del burdel catalizará todos los sentimientos que afloran, de odio y de afecto, así como secretos sexuales. La presencia en la historia de un cacique mayor, diputado, le dará un cierto sentido social a la historia. Pero todos esos elementos, en el guión, están amalgamados más como elementos de una telenovela que como elementos de una película social. Se cree que en el guión intervino Manuel Puig y posiblemente esa sea la causa de la rara mezcla de lo social y lo sentimental. La fotografía es muy buena, consiguiendo reflejar toda la miseria del ambiente, de las habitaciones, de las cocinas, de las fachadas, de las calles, en las que se mueven unos personajes muy dados a los vestidos de colores fuertes y chillones. La música tiene su particular sonido mejicano y relaja un poco la tensión de la historia que engancha por saber que ocurrirá a continuación y por saber si el final es el previsto por unos personajes o por otros. El papel de “La Manuela” como travesti es de los que favorecen, ahí está su baile de “La leyenda del beso”, pero en los pocos momentos que sale “La Japonesa” todos los demás personajes se oscurecen pues Lucha Villa llena la pantalla.
Del Mar  |
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