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| 28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
23 de Julio de 2006 |
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Escrita por Rafael Azcona y Marco Ferreri, fue dirigida por éste. Se rodó en exteriores de una antigua mansión y en estudio. Obtuvo el FIPRESCI de Cannes y fue nominada a la Palma de oro. Se presentó en Cannes el 12-V-1973.
La acción principal tiene lugar en 1972/73, en una antigua mansión de las afueras de París, donde vivió el poeta Boileau. La acción ocupa unas dos semanas. Narra la historia de 4 varones de mediana edad, representantes del poder y del prestigio social, entregados a la gula, al exceso y al deso de comer hasta morir. Les acompañan durante unos 2 días 3 prostitutas convocadas por Marcello (Marcello Mastroianni), piloto de aviación, obseso sexual. Los otros personajes son Philippe (Philippe Noiret), un magistrado reprimido; Michel (Michel Piccoli), productor de cine homosexual; Ugo (Ugo Tognazzi), restaurador no aficionado al sexo. A ellos se añade la maestra del colegio vecino de enseñanza infantil (Andrea Ferreol), rolliza, ninfómana y tragona.
Para algunos la película es una sátira de la sociedad de consumo, que impulsa a las personas a consumir por encima de sus necesidades hasta provocarles le muerte. Para otros es un drama de 4 personas dominadas por la gula, que les lleva a comer compulsivamente, incluso cuando el placer entra en fase de rendimientos decrecientes. La obra contiene elementos de fábula sobre la fuerza del interés por la comida, cuando trasciende el interés por la preservación de la salud y la vida. También cabe entender que los 4 personajes forman un grupo movido por el hedonismo como medio de lucha contra el tedio que ha invadido sus vidas. La tensión entre hedonismo y tedio podría explicar la no pulsación regular de la ley de rendimientos decrecientes. El film se podría entender como una tragedia, la de unos personajes derrotados por la vida, que buscan una vía de salida en un suicidio friamente planeado. En todo caso, la obra no es un relato de gula y lujuria, aunque ésta se halle presente a petición de Marcello. La falta de interés de los anfitriones por el sexo hace que que las chicas abandonen la residencia. La obra juega con el surrealismo, el fetichismo y el absurdo, de los que extrae elementos hilarantes de humor ácido, negro e irreverente.
La música, de Philippe Sarde, es atrapadora, pegadiza, intrigante y sensual. La fotografía destaca la atmósfera siniestra de la mansión, el clima opresivo de la acción, el humor visual (imitación de Marlon Brando en el "El padrino") y los elementos provocativos (cópula, masturbación, desnudos frontales). El guión incluye unos diálogos con expresiones populares y vulgares, que hacen próximos a los personajes. La interpretación se beneficia de la presencia de 4 de los mejores actores europeos del momento. La dirección busca la provocación como medio para dar paso a la reflexión.
La película levantó protestas, que no impidieron su éxito comercial. Con el tiempo se ha convertido en una película de culto.
Miquel 
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| 23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Los comensales
Marcelo, piloto depravado y hedonista confeso.
Philippe, juez cuya obsesión por las tetas gordas viene de la lactancia.
Michelle, cineasta porno y bailarín en sus ratos libres.
Ugo, el que da de papear con más mano que Arguiñano.
Andrea Ferreol, Institutriz, “Un plato fácil de comer”.
Las invitadas, tres putas.
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La técnica (al horno, cocido o al pilpil)
Cámara alejada cuando la bacanal llega a su máximo exponente, primeros planos cuando los nihilistas se dan cuenta que hasta creer en morir comiendo es creer en algo. El zoom-out de la soledad. El zoom-in de la irracionalidad.
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El menú
Comer compulsivamente, beber compulsivamente, follar compulsivamente, cagar compulsivamente, vivir compulsivamente. De postre crepés, muy francés.
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Sobremesa
Imitaciones de Marlon Brando. Tangas como parches. Música sensual. Polvos. Charanga y pandereta.
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La digestión
Tras comer hasta vomitar, la mierda revienta. Por mucho que se esconda, la mierda siempre sale. Y si la escondes durante mucho tiempo, puede hasta matarte.
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(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Conclusiones de la velada
Mastroianni huye despavorido al darse cuenta de que todo en esta vida es falso
Philippe es la ingenuidad en persona, un digno representante de la justicia. Ve sólo lo que quiere ver.
La institutriz juega con todos, pero se casa con el juez. La única con los pies en la tierra. La única que sale viva. Ella y los perros.
Las putas (las de profesión y afición) son las únicas verdaderamente hedonistas que quedan en la faz de la Tierra. Juegan con ganas con algo o alguien, pero enseguida se cansan. Son unas apasionadas de lo nuevo y brillante.
Al ver los primeros asados te entra el hambre. Al ver los últimos, te entra la vomitona, con lo que el cabrón de Ferreri consigue su objetivo. Revolverte el estomago.
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“Había un camarero que era mi amigo. Su misión era traerme tres o cuatro cruasanes después de haber follado. Me traía los cruasanes a la escalera, yo acompañaba a la misma a la chica de turno y hacíamos el intercambio: él se llevaba a la tipa y yo me devoraba los cruasanes. Sexo y comida, la noche perfecta” (Antonio, el hedonista perfecto)
Favio Rossini 
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| 26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
8 de Febrero de 2008 |
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Advertencia: Lo que viene a continuación, entre comillas, constituye una especie de refrito recalentado a base de extractos. Cociné dicho potaje para completar una reseña que ‘editó’ el cine-club Fritz Lang en otoño de 1990 con motivo de la proyección de “La grande bouffe” en el auditorio de la facultad de letras de la UAB. Insisto en que se trata de un insufrible refrito porque no quisiera atribuirme nada que no proceda de mi puño y letra.
A quien, además, pueda interesarle el origen de mi crítica, pase por el spoiler. A quien no, evítelo a toda costa.
<< “La grande bouffe” constituye uno de esos ‘films escandalosos’ tan en boga en los setenta, que amparado en su gran permisividad fisiológica nos ofrece la particularidad de transferir el hedonismo exclusivo del área genital a la nutritiva y oral, interrelacionándolos continuamente. Ferreri construye la historia de cuatro amigos (Mastroianni, Piccoli, Tognazzi y Noiret) que deciden suicidarse comiendo hasta reventar como un pretexto para trazar una parábola pesimista sobre la sociedad de consumo, sobre las obsesiones del mundo moderno, mezclando provocadoramente elementos sexuales y sarcásticos con otros más serios como la reflexión escatológica. >>
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Octubre de 1990. Por aquellos entonces mi carrera gafapastil se encontraba en pañales y, puesto que me apasionaba el cine, decidí ingresar en el cine-club de la facultad. Cine-club Fritz Lang se llamaba. Recuerdo que su logo era una reproducción del busto del célebre androide de “Metrópolis”. A priori aquel parecía el lugar idóneo para iniciar mi despegue gafapastil. Modestia aparte, no se me daba nada mal datar sin temor a equivocarme cualquier peli medianamente conocida que me mencionaran y era capaz de identificar en décimas de segundo a cualquier secundario que irrumpiera en pantalla como Walter Brennan, Peter Lorre o Eli Wallach. No obstante, superada ya la mayoría de edad, comprendí que para ser un buen gafapasta tal vez fuera necesario algo más.
Cuando crucé el umbral de la sede del cine-club por primera vez me sorprendió su ambiente sepulcral. Esperaba encontrar gente bohemia y rebelde discutiendo entre sí, contrastando bulliciosamente sus opiniones y soltando algún que otro taco entre torbellinos de frases pedantes. En lugar de eso me encontré con una especie de sesión de alcohólicos anónimos en la que siete u ocho individuos parecían debatir, con voz tenue y marchita, acerca de la filmografía de un tal Tarkowski. Inmediatamente deduje que hablar de Hitchcock, Wilder o Huston en ese cine-club de los cojones iba a resultar poco más que imposible. Con cara de circunstancias, me presenté y ocupé mi asiento. Media horita más tarde corroboré dos cosas: La presencia de una mujer entre esos individuos (su pintoresco jersey de lana de cuello vuelto delataba superficialmente algo parecido a un busto femenino) y el inexorable fin de mi trayectoria gafapastil. Antes de darme de baja, sin embargo, tuve la oportunidad de presentar en el auditorio de la facultad ”La grande bouffe”. Mi propuesta no era tan larga (“Fanny y Alexander”), ni tan escatológica (“Salò o los 120 días de Sodoma”), ni tan lasciva (“El imperio de los sentidos”) como todas esas otras pelis que presentaron mis ‘colegas’, pero obtuvo una considerable repercusión y culminó con inusitado éxito mi truncado currículo gafapastil.
Taylor 
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| 18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Saruman hace un orco y luego hace un (Uruguay)
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Su valoración:  |
2 de Febrero de 2011 |
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"La gran comilona" es una película que produce una enorme sensación de tedio y asco desde que se inicia hasta que se ve con alivio el final, que parece que no llega nunca.
Básicamente se reduce a una historia sobre un grupo de amigos que se tiran tres días en una mansión comiendo como cerdos, follando como conejos y peéndose como vacas australianas. Salen coñas excrementicias y se muestran tetas, como en las comedias estúpidas americanas; y una sucesión de platos magníficos pasan y alegran un poco la vista, a la par que revuelven el estómago por su obscena opulencia. Como se supone que el reclamo no debe ser casquería, sino intelecto, la película está rodada a mitad de velocidad, que esto es una peli de pensar, no de satisfacer morbos abyectos a la par que mundanos.
Cumple su cometido de revolverte el estómago, no mediante sofisticadas técnicas cinematográficas, sino enfocando directamente a la fuentes del asco, con una sutileza comparable a la de meterte un dedo por la garganta. Entre arcada y arcada - que hay que dejar un descanso al espectador- hay un aburrimiento de no te menees. El aburrimiento de la alta burquesía, el aburrimiento del ser y del existir y mi aburrimiento, que también era fino.
Puede ser la película ideal para acompañar una dieta: si con esto no te quitan las ganas de comer, felicidades: tienes un estómago de hierro.
Neathara 
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| 17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
9 de Enero de 2008 |
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Vi esta película en Granada, teniendo veinte y pocos años. Me causó una impresión sorprendente, de genialidad barroca desde el punto de vista cinematográfico. Recuerdo que muchas personas se salían asqueadas de la sala, haciendo muecas y comentarios de repugnancia por el contenido. Hasta tal punto que nos quedamos viéndola hasta el final no más de veinte individuos.
Verdaderamente es una película extraña en su ironía o provocación, pero tremendamente original, como casi todas las colaboraciones de los amigos guionistas de tantos trabajos de buen cine realizados a duo, Azcona y Ferreri.
Uno de los detalles relevantes de esta película extraordinaria es mostrarnos que la comida y la mierda son cosas emparentadas y que en cierto grado pueden situarse al mismo nivel; por esto, conforme transcurre el argumento (que entraña a la propia civilización humana) cada vez abundan más la comida y la mierda; los humos y los aromas que acompañan a una y los pedos y los olores que conlleva la otra.
Esto sí que es cine independiente en el pleno sentido artístíco, escandalizador y chocante del término "independiente". Una película tan poco convencional o exótica a la europea, que siempre será una auténtica pieza de valor y estima para los cinéfilos.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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