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| 71 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
15 de Septiembre de 2005 |
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Una de las muestras más sorprendentes de la que quizá sea la etapa más creativa de A. Hitchcock (en toda esa década dirigiría, entre otras, “Extraños en un tren”, “El hombre que sabía demasiado”, la magistral “Vertigo” para terminar con ese tótem que es “Con la muerte en los talones”).
El maestro hace un ejercicio arriesgado y nos ofrece una película más compleja de lo que a primera vista parece por su factura de comedia y suspense. J. Stewart se halla convaleciente (maravilloso plano secuencia que nos presenta al personaje) tras un accidente, para matar el tiempo termina por observar a sus vecinos, deparándole este “vicio” una desagradable sospecha.
El hallazgo de A. Hitchcock es el punto de vista escogido. El maestro nos sitúa en la posición del mirón (sólo salimos en una ocasión del apartamento, “aireando” innecesariamente la película) y logra extraer, de elementos en apariencia mínimos, la dosis de suspense a la que nos tiene acostumbrados. La infeliz “corazón solitario”, la fogosa pareja de “recién casados”, el músico sin éxito, el viajante... Todas serán historias a las que entraremos de un modo impúdico a base del uso de planos generales que, según F. Truffaut, acercaban esta película a la vida y al cine (nosotros en la vida siempre miramos en “p.general” y el cine siempre nos hace fisgones). Pero a la vez, y es ahí donde se ve la grandeza de este director, las mismas historias son ese “McGuffin” pues toda esta película está recorrida por la tensión que hay entre J. Stewart y su novia G. Kelly, entre esa mirada del fotógrafo que quiere una relación libre de ataduras (de hecho, su mirada hacia fuera es causa de que no desea contemplar el temor que supone un compromiso por lo que evade ese problema buscando los problemas en su vecindario) y la mirada de la rubia por excelencia de Hitchcock, aquí una mujer de clase alta (elegantísima, con esos vestidos maravillosos de la omnipresente Edith Heath) que contempla ese noviazgo como meta hacia el matrimonio (maravilloso el plano detalle en el que G.Kelly luce la alianza como signo de que pronto tendrá la suya).
El trabajo del reparto es excepcional. Esos primeros planos tan expresivos de J. Stewart (Hitchcock utiliza el mismo plano para mostrar distintas reacciones del personaje ante lo que ve), la contención de su actuación, limitada en gestualidad y movilidad. A su lado, G. Kelly brilla como nunca en su primer trabajo con el maestro. Por supuesto, citar a la siempre espléndida Thelma Ritter y Raymond Burr, este con una actuación soberbia (siempre es visto en p.g, sin sonido alguno y, en cambio, “entendemos” perfectamente lo que dice y hace).
En Resumen, “La ventana indiscreta” es uno de los mejores trabajos de este inigualable e inalcanzable autor. ¡Para mirar!
Strhoeimniano 
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| 82 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Raúl
Badalona (España)
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Su valoración:  |
29 de Septiembre de 2007 |
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Primero decir a todos los que piensan que es una obra maestra respeten my opinión, como yo la suya. Pienso razonar mi regular nota. No dudo de que Sir Alfred sea un genial director, tengo intención de adentrarme en su obra más, y estoy seguro que me encontraré con grandes cosas.
Para empezar leo las palabras en la ficha de "Brillante trama". Hombre, no es por vacilar ni mucho menos, pero yo ya me imaginaba que la película sería tal y como es en su mayoría antes de verla. Y vaya, creo que la historia del cine ha dado tramas mucho más ricas que esta desde luego...
Para mi ésta película no puede ser una obra maestra porque contiene fallos que saltan bastante a la vista. La película solo tiene de interesante el asunto del asesinato. Todas las secuencias de los demás personajes son altamente innecesarias, lo único que consiguen es aburrir...
La loba solitaria pues no me conmueve ni nada, es un poco ridículo y gente así hay miles. La bailarina, sí, esta buena, ¿y qué? El músico bueno esta correcto todo aunque es raro que a nadie le moleste el ruido. Y la pareja nueva que llega que nada más verlos ya se sabe cómo van a acabar...
No son mis vecinos y no siento el morbo del protagonista, no me puedo meter en él, no me llaman. Quizá este sea el factor por el que quizá la película ha envejecido mal con el tiempo.
En una película obra maestra de suspense todas las cosas han de ser creíbles. Nadie se cree esa facilidad para espiar a la gente, nadie deja las ventanas así día y noche para que les vean.
Lo de la puerta abierta, ¿alguien se lo cree? ¿No os rompe el suspense de los pasos? Lo de los flashes, ¿No creéis que es un poco ridículo y le quita toda la gracia al pobre antagonista?...
Los diálogos no están mal, pero las frases que en principio son las más recordadas por todos tampoco son gran cosa. Ni se acercan a las de Casablanca.
Hay que decir algo bueno también. Stewart esta bien durante toda la película menos cuando tiene que hace una secuencia de dormirse o despertarse, eso es innegable. Grace Kelly bien también, aunque su belleza le hace subir puntos gratis. Y Thelma quizá la mejor.
Buen manejo de cámara, fotografía y tal, pero la película en sí para mi no tiene demasiada chicha, o quizá sí la tenga pero empañada por los fallos comentados.
Raúl 
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| 54 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
21 de Enero de 2006 |
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La ventana indiscreta es para mí, una de las dos únicas obras maestras que consiguió filmar el director más sobrevalorado de la Historia del Cine, Alfred Hitchcock. Curiosamente, el otro film sobresaliente para mí del director británico es Naúfragos, dirigida -salvando las diferencias- igual que La ventana indiscreta.
La iluminación y los ángulos de la cámara otorgan a la cinta una atmósfera especial. Pero lo que siempre me ha llamado la atención es la utilización que Hitchcock hace del sonido en este film, más si cabe cuando se supone que es una película sobre un mirón y por tanto el sonido no debería ser un apartado para prestar demasiada importancia. Intentas adivinar los susurros de los vecinos mientras la música de metal y piano se mezcla entre las conversaciones. Pocas veces he visto utilizar este recurso de una manera tan efectiva.
La primera aparición de Grace Kelly es fabulosa, llena de romanticismo y belleza. Stewart hace un buen papel así como Thelma Ritter -la enfermera-, quien combina su desbordante energía con diálogos metafísicos descargados sobre los oídos de Stewart como un torrente. Gracias a dios Hitchcock no cometió aquí el error de La soga y adaptó con brillantez esta obra de teatro. De todos modos, hay un detalle que no me gusta a pesar de otorgarle la nota máxima -que la merece-.
Veréis... me encanta el tipo que se ha especializado en escribir críticas sobre Hitchcock en esta web. Él le llama chapuzas, y lo cierto es que yo también estoy de acuerdo con él, aunque le hayan salido un par de obras maestras. En la escena final en la que Stewart se enfrenta con su antagonista del film, hay cuatro flashes que están fuera de lugar, ya que consigue que el hombre que los recibe parezca un patán y no un asesino. No entiendo el porqué de ese desaguisado. Pero en fin... a veces es un chapuzas...
Buen film, buena ambientación, mejor sonido. Para todos y todas. 9.1
"Nos hemos convertido en una raza de mirones."
Txarly 
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| 33 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
4 de Noviembre de 2007 |
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Film realizado por Hitchcock, que abre su etapa más creativa, la de los años 50. Escrito por John Michael Hayes, se basa en el relato "It Had To Be Murder" (1942), de Cornell Woolrich. Se rueda en los Paramount Studios (Hollywood, CA), con un presupuesto de 1 M dólares. Es nominado a 4 Oscar (dirección, guión, fotografía y sonido). Producido por Hitchcock (no acreditado), se estrena en "première" el 1-VIII-1954 (NYC).
La acción tiene lugar en un apartamento de Greenwich Village (NYC) a lo largo de varios días del verano de 1953. L.B. "Jeff" Jefferies (James Stewart) es un reportero gráfico, inmovilizado temporalmente a causa de un accidente laboral. Atrapado en su apartamento, observa a los vecinos con ayuda de unos prismáticos y un teleobjetivo. Le visitan su novia Lisa Carol Fremont (Grace Kelly) y la fisioterapeuta del seguro, Stella McCaffery (Thelma Ritter). Lisa es hermosa, elegante, rubia y apasionada, le gusta vestir bien, es de familia acomodada y trabaja como modelo de pasarela. Stella es irónica y cáustica.
El relato es un drama, de suspense y misterio, con componentes de thriller, romance y humor. Está contado desde el punto de vista de Jeff, salvo en momentos culminantes. El espectador tiene toda la información de Jeff y alguna más (lo que ocurre cuando duerme). Mirar con interés de "voyeur" brinda la oportunidad de conocer hechos sorprendentes, en torno a los que el realizador plantea una reflexión sobre el derecho a la intimidad y sus límites, la solidaridad de las personas, los problemas de pareja, la soledad, el amor de pago, la influencia de la música sobre la conducta humana, la tensión entre intereses femeninos y masculinos, etc. La afición "voyeurista" de Jeff traspira palabras de homenaje al cine y a los cinéfilos. Se incluyen referencias a la sexualidad, como el amor arrebatado de los recién casados, la carnalidad de Lisa, su ardiente concupiscencia y su rapaz interés por Jeff. La obra se presenta aderezada con dosis bien distribuidas de humor, en especial de humor negro con toques macabros. Administra la intriga en un crescendo de extraordinario climax final.
La música comienza con un tema de jazz de carácter descriptivo (ambiente calles de Greenwich Village) y concluye con la canción original "Lisa", compuesta a lo largo del film por el vecino músico. Añade 4 composiciones adicionales: "Excerpt From Fancy Free" (Bernstein), "To See You Is To Love You" (Bing Crosby), "That's Amore" (piano) y "Mona Lisa". La fotografía, de Robert Burks ("Vértigo, 1958), acompañada de 4 tipos de iluminación, desgrana una narración poderosamente visual, con fotogramas tan seductores como el primer plano del rostro de Lisa. El vestuario de Grace Kelly, a cargo de Edith Head, colaboradora habitual de Hichtcock, es variado, elegante y acusadamente romántico. Las interpretaciones de Stewart y Grace Kelly son magníficas.
Miquel 
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
16 de Junio de 2009 |
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Abordar una peli como “La ventana indiscreta” desde una perspectiva eminentemente analítica es una labor compleja. Extremadamente compleja. No sólo por la riqueza de sus componentes (códigos, personajes, acción, representación espaciotemporal...) sino -fundamentalmente- por ese maldito límite de 3.000 caracteres impuesto por los gerifaltes de esta página. Y aunque siempre he considerado que este tipo de sincretismo literario es una verdadera putada para el desbordante talento de las plumas más insignes de esta página, me consuela pensar que dicha restricción no es más que un legítimo instrumento para impedir que pelmazos como yo puedan dar la brasa explicando la Biblia en verso. Aún así, yo sigo en mis trece y, si bien es cierto que esos 3.000 caracteres son más que suficientes para comentar cualquier peli de ocho estrellitas para abajo, también es cierto que para poder explayarse a fondo sobre obras maestras como ésta dicho límite representa un acto de crueldad intolerable. Sobre todo para comentaristas como el menda, absolutamente incapaces de edificar un castillo en una plaza de parking. Algo que, por cierto, solo está al alcance de ‘monstruos’ como Miquel y pocos más.
Pero bueno, ya que he despilfarrado un buen puñado de caracteres en absurdas lamentaciones y ya que me siento incapaz de construir ese castillo al que antes aludía, deberé conformarme -al menos- en procurar erigir un modesto contrafuerte que permita centrar mi exposición en uno de los aspectos más interesantes que plantea Hitchcock a través de “La ventana indiscreta”: los límites de la imagen.
De todos es sabido que la imagen cinematográfica (como la pictórica o la fotográfica) comporta la inclusión de una porción limitada de espacio y, por consiguiente, la exclusión de todo cuanto permanece más allá de los bordes del encuadre (fueracampo). Seis segmentos tridimensionales (derecha, izquierda, arriba, abajo, delante y detrás) intrínsecamente relacionados con aquello que vemos en el encuadre (campo) y que, en un momento dado, podemos desconocer, imaginar o reconstruir. Pues bien, “La ventana indiscreta” es uno de los mejores paradigmas que la historia del cine nos ha dado al respecto. Extrapolemos los bordes del encuadre a los bordes de la ventana y observemos que ocurre cuando los vecinos de Jeff (James Stewart) se mantienen fuera del alcance de su mirada. ¿Sentís curiosidad? ¿Ansiedad? ¿Impotencia? ¿Congoja? No os asustéis. Ocurre que, sin comerlo ni beberlo, os habéis metido en la piel de Jeff. A partir de este momento vais a vivir en vuestras propias carnes ese efecto opresivo al que aludía Godard en una célebre frase: “Todas las imágenes de los encuadres nacen iguales y libres: el film no es más que la historia de esa opresión”. Una opresión -o presión, quizás- parecida a la que ejercen las aguas de un pantano contra sus diques (Cassetti y Di Chio, “Como analizar un film”).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Pero más allá de toda esa tensión, de toda esa angustia que Hitchcock traslada al propio espectador desde la mirada subjetiva de Jeff, los límites de la imagen adquieren en “La ventana indiscreta” un valor metafórico, si cabe, aún mayor que el de la propia ‘restauración intuitiva’. Y no me refiero tan sólo al cacareado voyeurismo de Jeff como leit-motive genuinamente hitchcockiano (la función de la mirada es un elemento clave en “La ventana indiscreta”, pero también en “Vertigo”, por ejemplo) sino también a algunos de los arquetipos del cine americano que podemos distinguir en la peli a través de una lectura algo más imaginativa. La ventana del apartamento de Jeff, por ejemplo, simbolizaría la frontera entre la culpa y la respetabilidad, entre el deseo de querer ver a toda costa lo que está demasiado lejos y no percibir -o no querer percibir- lo que tenemos al lado (Lisa y su propuesta matrimonial). Un bagaje simbólico tan fecundo, en definitiva, como el de la célebre puerta de “Centauros del desierto”, fuente de múltiples y variopintas interpretaciones por parte de analistas, críticos y cinéfilos de todo el mundo.
Por cierto, disculpadme un segundo... ¿cuántos caracteres me quedan? ¿tan pocos? ¿que ya estamos en zona spoiler? Malditos límites. Pi, pi, piiiiiiiiiii... Se acabó.
Taylor 
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