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| Shara |
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| Naomi Kawase |
(2003)  |
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| 22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
7 de Marzo de 2010 |
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La película empieza cuando la cámara entra en una casa y se mueve nerviosa por sus habitaciones y patios. Busca, husmea, con algo animal en el afán; indaga de dónde salen unas voces, quiénes emiten esas voces.
Primero el sonido, luego un reflejo en una ventana, luego ellos: los hermanos gemelos, ese día en que a uno de ellos le da por correr, y al otro por seguirle pegado. Y, de pronto, el que va delante desaparece, a la vuelta de una esquina, en una calleja, como si se hubiera desintegrado.
Desaparecido, esfumado.
No se volverá sobre esa desgracia traumatizante, y cuando unos policías se presenten para comentar sus investigaciones no se les verá. Fuera del cuadro, sólo se oirán sus voces, procedentes de otra habitación.
Los años pasan y en la familia no parecen reaccionar. El dolor se adivina pero tiene contorno impreciso. La sensibilidad oriental late de otra forma, con otro pulso. Permanecen quietos, relativamente impasibles. Es la cámara la que se mueve sin cesar, en todo momento nerviosa.
El hermano superviviente dibuja a su prima, la lleva en bici por el laberinto de calles estrechas entre las casas bajas y los patios ajardinados de la barriada donde viven.
La madre se prepara para el nacimiento de un nuevo hijo. El padre se entrega a la organización de un festival de danza y afirmación vital, una oportunidad para el brillo.
El hermano superviviente vuelve una y otra vez a la esquina de la desaparición, la esquina de las caléndulas. No consigue entender lo ocurrido. Pinta en un lienzo al desaparecido.
Con grandes ideogramas, el padre representa las nociones de ‘Oscuridad’ y ‘Luz’. Cultiva flores en silencio y se esfuerza en aceptar las cosas como son; en continuar embarcado en la vida, que sigue su curso.
Con sensibilidad muy apartada del apasionado desgarro occidental, “Shara” insiste en señalar que cuando llega una desgracia terrible el dolor no se puede evitar, pero el sufrimiento sí.
La íntima dificultad de ese proceso de evitación es lo que relata.
Archilupo 
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| 29 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sitges (España)
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Su valoración:  |
12 de Enero de 2008 |
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¿Es "Shara" una propuesta arriesgada? La respuesta es que si, aunque también sea fallida, ineficaz y del todo insustancial, y lo es puesto que tras un ejercicio fílmico de estas dimensiones, repleto de buenos planos secuencia rodados con una técnica depurada, se requeriría algo más que Kawase parece no tener claro en ningún momento, y es que entre secuencias que no aportan demasiado y otras que sólo intentan manipularnos y, en consecuencia, funcionan de manera inefable, uno termina agotado tras tan largo recorrido que, en lugar de emocional, se torna desaborido.
La premisa inicial no es nada mala, pues la perspectiva para contar la pérdida de un ser y las aflicciones y temores que rodearían esta pérdida es suficientemente interesante, en cambio, Kawase nunca llega a introducir los suficientes elementos como para hacernos palpar aquellos sentimientos que verdaderamente deberíamos estar percibiendo si el trabajo fuese sugerente y no se escudase en la técnica y la impresión que otorgan esas secuencias tan bien dirigidas y montadas.
Y poco más podría extenderme, amen de comentar unas interpretaciones adecuadas a lo requerido y algún que otro momento de gran vitalidad como el de las celebraciones pasadas por agua, aun así, cuando tras el proyecto nos encontramos con alguien que se empecina más cautivar mediante sugestivas composiciones que acontecimientos que escarben en nuestro interior por vivaces y cálidos, está clarísimo que algo falla.
Grandine 
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| 16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Talibán
Sevilla (España)
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Su valoración:  |
3 de Enero de 2008 |
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"Shara" es un organismo raro, no necesariamente bello, o al menos proporcionado según el canon de belleza. Pero vive, se mueve, puede advertirse cómo crece delante de nuestros ojos. Esa es mi impresión después de verla por primera vez.
No me encuentro muy seguro con esta película. La escena inicial la interpreté de manera simbólica: un niño corre tras su hermano gemelo por las calles del pueblo, jugando a repetir los movimientos del perseguido. Éste desaparece por un callejón tras un brusco cambio de dirección y el hermano cree que ha podido quedar atrapado en un jardín cerrado del que sólo puede verse un elevado árbol similar a un ciprés. ¿No es una hermosa forma de expresar el fin de la niñez -la mirada exterior a un jardín prohibido en el que ha quedado encerrado el otro "yo", el niño- que interrumpe inesperadamente el tiempo de los juegos? ¿No parece una metáfora cristalina del final de la inocencia utilizando la iconografía asociada a la muerte -el jardín, el árbol- de un ser querido?
Pasan los años y el niño ya es un joven que ha sustituido la presencia del hermano por la compañía de una amiga. Empezamos a conocer detalles de la comunidad en la que vive y de la familia del protagonista. Cámara en mano, Kawase detiene la mirada el tiempo suficiente para que los personajes se muestren, para que las situaciones surjan delante de nosotros, para que seamos el tercer, el cuarto, el quinto personaje de la escena, un invitado mudo pero consciente. No todo me gusta, no todo me parece conseguido, a veces me siento indiferente a lo que veo, a veces lo que empieza interesándome acaba desesperándome; otras, en su acierto por hacer coincidir el ojo de la cámara y del espectador, "Shara" me recuerda a Cassavettes, influencia imposible existente sólo en mi mente cinéfila, que me sirve para que quizás se entienda mejor lo que quiero decir.
Tres escenas, aparte del inicio.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El festival de música, que es reflejo de lo que me gusta y lo que no me gusta de "Shara". Una larga danza filmada con improvisación y desaliño cinematográfico que inesperadamente cobra sentido: una tormenta descarga violentamente sobre los felices participantes, como si fuera una señal, una respuesta a la danza ancestral.
El largo plano secuencia, admirable por todo lo que es posible admirar, en el que la madre revela a la muchacha que es adoptada. La manera que tiene Kawase de iniciarlo, desvelando el secreto en la primera frase, hace que nuestra atención se dirija a la forma que tiene el personaje de narrar la historia, como si fuera un cuento en mitad de un paseo familiar, con la misma intensidad que a la forma en que está rodado, un largo travelling sin fractura que antecede a los dos personajes camino de su casa.
Y, lo mejor de todo, el final, la escena del parto. Asistimos a él. Literalmente. La cámara se borra y queda la vida nueva que se alumbra con dolor. Tras asistir al milagro, la cámara se retira pudorosamente y, ante nuestro asombro, revive el movimiento que dio comienzo a la película, que significó la desaparición del hermano. Círculo cerrado, incesante, como la vida. Un momento extraordinario de cine.
Talibán 
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| 14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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* “Shara” es cine que cobra vida; que nos arrebata del asiento para arrojarnos a una dimensión donde el cine te devuelve la mirada; te habla; y hurga dentro de ti.
* De sombras va “Shara”; un drama, de ritmo pausadísimo y parco en diálogos, que con un estilo sobrio y desnudo, falto de cualquier artificio, nos expone todo un universo sensitivo de una intensidad y honradez brutales.
La primera escena ya resulta imponente: esa cámara persiguiendo a los dos hermanos, Shun y Kie, por la calle; la súbita desaparición de uno de ellos, de Kie; la aplastante sensación de soledad de Shun; la simple vista de la casa que hace esquina; el plano del frondoso árbol del patio, que se alza tras la tapia, agitándose con el viento. No se que tiene esta simple secuencia que pone la piel de gallina; que te advierte que no estás ante algo convencional, ni siquiera entre el cine con más visos de profundidad. No se como en unos minutos, sin haberte dado aún tiempo a introducirte en la película, en trama o historia alguna; habiendo estado solo expuesto a las espaldas de dos niños..., no se como, pueden tener tanta fuerza las imágenes.
Años después la familia protagonista vive una existencia en apariencia normal y tranquila. Pero el desasosiego inicial no os ha abandonado. Y al poco nos vamos percatando de que no es todo tan plácido como parece; que cierto clima de abatimiento pesa sobre la familia. En realidad el fantasma de Kie no les llegó a abandonar nunca, y ha estado presente en cada uno de los pasos que han dado desde entonces. En él se debaten intentando recuperarse; hermanar el recuerdo con el presente, y el porvenir; y esa lucha interior está plasmada magistralmente en cada uno de los personajes.
Al referirme a fantasma no hablo de un espíritu o aparición al uso; esto no es fantasía, sino que el recuerdo y la ausencia son lo que han estado interfiriendo en la vida de la familia durante años; y sigue haciéndolo.
En ese ambiente, que aún no se como logran transmitirlo Kawase y sus actores, se va tejiendo una solapada, pero viva y densa red emocional, sin estallidos ni excesos que pudieran servir como válvula de escape y alivio; una red emocional que se va transformando, y que a veces se vuelve convulsa, y se desgarra en momentos clave del film: la secuencia del festival, de la danza popular, con esa explosión total de vitalidad y alegría, que supone una descarga como pocas te da el cine; o la escena del parto.
* La penetración psicológica que se logra con los personajes es ejemplar. Vuelvo a repetir que el trabajo de los actores es excepcional.
* Increíble es también el manejo de la cámara. Como si fuese una proyección de la mente de Naomi Kawase; un intruso, que de manera furtiva se ha metido en la vida de los personajes.
* Cine que supera hasta la propia denominación; impresión pura; “Shara” es visión y alma.
irian hallstatt 
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| 12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Quim Casals
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
11 de Octubre de 2010 |
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En estos últimos dos años he asistido a cuatro funerales y ninguna boda. No es un chiste. Ojalá lo fuera. Desde unos parámetros poco convencionales, "Shara" nos acerca a la inevitable cuestión de la pérdida, el dolor y la superación.
Un hermano gemelo desaparece en la primera e impactante escena. La directora, situando el hecho alrededor de un árbol, nos sumerge en un misterio, más allá incluso de la muerte, que entronca con la inexplicabilidad de "Picnic en Hanging Rock".
La cámara sigue siempre a los personajes, acompañándoles en su devenir, empatizando con su fisicidad (corriendo, en bicicleta, andando…). El trayecto debe continuar, nunca se detiene.
Al igual que Renoir en "El río", brotará una nueva vida. La escena está magníficamente ejecutada. La idea refleja una hermosa y consoladora filosofía panteísta sobre la aceptación de los ciclos vitales y la eterna renovación. En última instancia, falaz autoengaño.
Nadie podrá sustituir nunca a nadie. Después del llanto del bebé, oiremos aún la voz del hermano ausente. Conozco y conoceré algunos nombres en mi vida. Pero ninguno tendrá la bondad de mi segundo padre Francesc, ni pondrá todas las comas en su sitio como Manelet, ni será una obra de arte surrealista y loca como Guri Guri, ni me sonreirá y hablará de cactus y tortugas como Albert.
Naomi Kawase utiliza el más universal de los símbolos, el agua, como poder transformador. La tormenta irrumpe en la fiesta y al fin el hermano encuentra un motivo para sonreír y bailar.
Todos buscamos una lluvia que nos salve. Cerrar los ojos y dejar que nos acaricie. Antes de la lluvia, la invocación de los nombres produce tristeza. Después de la lluvia, es la invocación de los nombres la que aleja la tristeza.
Y, aunque la voz esté extinguida para siempre, a vosotros os digo, amigos que me amasteis y a quienes os precedieron, que, como el mar que acuna la barca, así vuestro silencio, mis palabras.
Quim Casals 
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