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Sinopsis
Antonine (Jean Rochefort) ha crecido con una secreta pasión: casarse con una peluquera. Ya en la madurez su deseo se hace realidad: se une en matrimonio a una bellísima peluquera (Anna Galiena). La pareja comparte una felicidad perfecta, y su vida es un idilio permanente tan sólo comparable a un sueño. (FILMAFFINITY)
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26 de Julio de 2007
86 de 138 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Mais... qu'est-ce que c'est cela?
Fue esto justamente lo que dije al acabar el film.
Pero vamos a ver porque o yo soy muy tonto, o resulta que lo que transcurre en este film es normal.
La película me pareció aburrida, cansina, anodina, insulsa, irreal, forzada, absurda y por momentos ridícula.
Pero vamos a ver una cosa...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
1. Un niño tiene una experiencia con una peluquera... un dia descubre la sexualidad mientras le cortan el pelo y a partir de ahi obsesión al canto: el niño se quiere casar con una peluquera. D'accord.
2. Ese niño ya de mayor (digamos 45 años) entra en una peluquería, se enamora de la peluquera, y sin conocerla de nada le propone matrimonio. La peluquera al principio no le dice nada, la chica es bastante linda la verdad y su edad quizas sea la mitad de la del hombre. Ese mismo hombre días más tarde vuelve a entrar y... la chica le dice que si!!!!!!! Vale amor a primera vista d'accord...
3. Este personaje no sé muy bien porqué pero en ocasiones le entran venadas y comienza a bailar una extraña melodía árabe de una forma... no se como decirlo, de una forma... ¿idiota? Ah! Es la parte cómica del fim... d'accord
4. Y el colofón, la parte crucial, donde el drama aparece y hace de este film algo cargado de emotividad y pasión... al final resulta que la peluquera se suicida... ¿porque? literalmente
Je m'en vais parce que je veux que tu ne m'oublies jamais...
Vale hija mía... es decir que te tiras al rio para que tu amor no te olvide nunca. Pos vale... d'accord.
5. Y bueno los instantes finales ya no sabes muy bien si reir, llorar o coger el DVD y tirarlo a la basura... de verdad es que cada vez que este señor se pone a bailar... me entra una cosa por el cuerpo
En definitiva que no me trago que este film sea una de las obras cumbre del cine francés, por favor, escuchar esta afirmación me da bastante grima. No he visto nada mas de Leconte mais... creo que con esto ya tengo suficiente.
Serna  |
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11 de Diciembre de 2006
51 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ésta quizá sea la película de los "abandonados", de aquéllos que perdieron a la mujer idolatrada una tarde pestosa, sabiendo perfectamente por qué. La película que permite sosegarse durante ochenta minutos, consuelo de ver en la pantalla el mismo amor/obsesión/dolor pero en otro. No, más bien no; durante ese tiempo, la peluquería se abarrota de "abandonados" cada uno con su peluquera, bailando de patética felicidad, pequeño espacio de alucinación. El cine.
En la periferia del romanticismo, el enfermo busca la cura y, si hay suerte, irrumpe ella y entonces todo rueda sin freno hasta la ostia final. Tiruri ruri rurá, qué canción más rara y apropiada Monsieur Leconte, qué película Monsieur Leconte, que no sé cómo agradecerle.
En nombre de todos los "abandonados", de todos los enfermos, merci bien. Por fin estamos jodidos del todo.
Rick Blaine  |
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9 de Noviembre de 2008
36 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil.
A veces llega alguien a quien no conocías, alguien de quien no habías oído hablar en tu vida, y de golpe y porrazo entra de lleno en tu vida con una fuerza inusitada. Sin el menor esfuerzo, sin buscar, encuentra la llave de tu corazón en ese rincón donde la guardas celosamente, y de inmediato atina a tientas con la cerradura en medio de la oscuridad de tu interior, y abre esa puertecita detrás de la cual late todo lo que eres tú. Le has dejado entrar porque ha sabido hallar el lugar justo por donde colarse, y porque te está legando un regalo que parece hecho a la medida exacta de tus sentimientos. Como si, viéndote aparecer en el horizonte, te reconociera porque eres esa persona a la que estaba aguardando, y ya te tuviera preparado el regalo que sabe que más te va a emocionar.
Patrice Leconte tal vez había adivinado ya que su pequeño drama romántico estaba hecho a mi medida, y, con sonrisa picarona, lo escondió enterrado bajo un árbol, dejando un mapa con instrucciones como en el juego de la búsqueda del tesoro, y ya sólo tenía que esperar pacientemente a que yo lo encontrara.
Me imagino su sonrisa, de esas que se muestran con chispitas en los ojos.
¿Qué es lo que he encontrado oculto bajo el árbol de los tesoros? Pues una historia intimista sobre la pura esencia de las sensaciones y del deseo. Sobre las fijaciones que se forjan durante la infancia y que planean sobre nosotros durante el resto de la vida. Sobre la terrible soledad y el miedo a los finales, a la pérdida. Sobre la alabanza más infinita al amor, a esa extraña y mágica química entre los espíritus y los cuerpos y que tantas veces se resiste a aparecer en las vidas de mucha gente, que trastabillan en busca de un puerto que tiene la forma de unos brazos, de un pecho cálido y de un regazo solícito.
Un hombre que, en la niñez, descubrió, de la forma más diáfana, lo único que realmente deseaba para ser feliz.
No deseaba dinero, ni éxito laboral ni social. Sólo quería casarse con una peluquera.
Él, siendo un tierno infante, adoraba ya esa dulce sensualidad que suavemente derraman esas mujeres de manos delicadas que acarician las cabezas masculinas. Que huelen a lociones, a champú, a crema de afeitar, a femineidad absoluta, mientras se inclinan primorosamente sobre el cliente y lo rozan con su cuerpo al lavarle el cabello, al cortárselo, al afeitarle la barba.
Antoine, desde la primera vez que posó sus ojos de niño asombrado sobre la guapa peluquera alsaciana de su barrio, supo que no necesitaba nada más que pasarse los días contemplando tanta belleza y rabiando por acariciarla un día y otro, y otro. Eternamente. Y que no descansaría hasta poseer la belleza de una peluquera.
Leconte ha creado una comedia dramática o un drama con trazos de comedia hecho para mí.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
La sencilla vida de un hombre que palpita por el amor de su peluquera. Acompañada por su voz en off, por retazos de una infancia recordada con cariño y desenfado, por pinceladas de deseos y de una cotidianeidad volcada en contemplar sin pestañear los gráciles movimientos de su musa, mientras arde de pasión hacia ella.
Engrandecida por las gloriosas partituras de Michael Nyman, que una vez más me sorprende con sus tiernas melodías que tan bien saben marcar el pulso de lo corriente elevado hasta lo sublime.
Amenizada por las canciones árabes que a Antoine tanto le gusta bailar.
Y elogiada por esa fotografía acariciadora.
Y el dolor de la certeza de la fugacidad.
Vivoleyendo  |
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7 de Diciembre de 2008
26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Me perdí en su día la película. Había gozado de un cierto renombre y la adquirí el viernes pasado con el periódico Público: Vaya decepción!
Figura que es una fábula sobre la fascinación de alguien respecto a....respecto a no se sabe qué. Podemos tragarnos el pretexto, esa atracción infantil del protagonista hacia una madura peluquera, podemos tragarnos que a los sesenta años aún perdure el recuerdo de esta atracción, pero que de la misma surja un flechazo hacia una joven peluquera....vamos, que no se lo cree nadie. Será otra cosa, pero no un flechazo. Podemos creernos los rasgos voyeuristas del protagonista, pero donde esperaríamos una reacción a tono con el glamour de la peluquera nos encontramos con que ella también ha quedado prendada a primera vista del pobre Jean Rochefort y su pinta tristona de jubilado sin más... No sigo con el argumento, que no da para mucho más.
Personajes sin matices, con reacciones inverosímiles. La etiqueta de fábula no autoriza a crear seres inconsistentes. Guión del propio realizador totalmente previsible que ha de recurrir a los flashes back de la infancia para salir del tedio en que implacablemente discurre.
Para crear una atmósfera no es suficiente una fotografía con filtros vaporosos Eso será el escenario, pero la verdadera atmósfera requiere mucho más. Para emocionar hace falta encararse honestamente con las personas que hay detrás de los personajes y lograr que el espectador se los crea, los comprenda y se reconozca en ellos. No lo logra el director si es que se ha tomado la molestia de intentarlo.
No hablo de los actores porque con estas premisas poco podían hacer. Y hacen poco (a lo más el ridículo: esos bailes arabizantes! esas actitudes de adolescente!)
No perdais el tiempo con esta cinta.
ciervole  |
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Rober
Getxo (Bizkaia) (España)
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6 de Abril de 2007
24 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es como una fábula, como un cuento para adultos. Estamos allí donde lo imposible es posible. El "país de nunca jamás" en un pueblo francés de los años ochenta.
La película cuenta sensaciones que todos (¿casi todos?) hemos tenido o al menos, nos resultan abrumadoramente familiares. Esa fascinación por la peluquera que nos lava la cabeza y nos afeita el cuello, ese dejarse hacer, solo sentir y quizá ver (el pecho de la primera peluquera). Ese enamoramiento, esa pasión que apenas se entiende, pero se vive.
El padre del protagonista le dice a este que para conseguir algo, solo hay que desearlo con todas sus fuerzas. El "decide" casarse con una peluquera. No sabe cuando pero sabe que lo conseguirá.
Patrice Laconte nos narra la historia de una forma portentosa, nos arrulla, nos sugiere, nos engaña. Amamos el mundo irreal en el que vive la pareja protagonista. No existen los problemas, solo el amor, la seducción, el sexo y la pasión. Esa pasión que nunca podrá ser sustituída por la ternura.
Fascinante y sensual Anna Galiena. Inconmensurable Jean Rochefort.
Es inevitable mencionar la escena en la que, tumbados en el suelo, tras haber pasado una noche fumando y bebiendo cócteles de agua de colonia, ella dice que tiene mucha resaca y él le responde: "La culpa es del after shave. No debíamos haberlo bebido. Las mezclas son malas". Unico toque de humor que pone la guinda a una película preciosa.
Rober  |
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