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Críticas de "Regreso a Normandía"
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| 18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
1 de Abril de 2008 |
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Majadahonda. La vi cruzar por el pasillo que da entrada a los andenes. Algo mayor y notablemente más delgada. Dudé. No parecía estar muy lejos. Me acerqué despacio.
- ¿Tania?
- Sí.
- ¿No me recuerdas?
Sus ojos huyen por encima de mi hombro. No tiene idea de quién soy.
El colegio. La jubilación de nuestro eterno director. Un encuentro casual en la estación de Nuevos Ministerios.
- Sí.
Todos los datos brillan con exactitud. El nombre, aquella coincidencia de hace años, la historia colegial.
Una fisura en el mosaico de la escena destruye la supuesta realidad. Lo sé, no es ella.
- Tania, ¿estás segura de que sigues siendo tú?
- Sí.
Pero no es ella. Muy a pesar de su seguridad, he comprendido que no es ella. Se sube al tren, me dice adiós y vuelve al otro lado.
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Si pudiéramos grabar la propia vida y restaurar las páginas truncadas, no haría falta el cine.
Entre tanto, buscamos la porción de celuloide que nos guarda en su memoria.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Padre, ¿aún estás ahí?
Servadac 
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
31 de Marzo de 2008 |
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Es la primera vez que pago una entrada(*) y entro en un cine para ver los extras de un dvd. Quiero decir, que el Philibert este nos endosa un reportajillo de esos con los que se inflan de contenidos de los dvds, del tipo «Cómo se hizo», «Entrevistas con los actores», «Trailers», etc. En este caso, es un «Treinta años después»: un desganadísimo Philibert viaja a Normandía para buscar a los actores no profesionales que participaron en la película de René Allio «Yo, Pierre Riviére, habiendo matado a mi madre, mi hermana y mi hermano...» (vaya titulito). Los paisanos se dedican a criar cerdos y a hacer sidra y, la verdad, es como para volverse vegetariano y abstemio. En fin, que uno tiene la sensación de estar viendo «Informe Semanal» o algo así de correcto y soso. No diré que el documental carezca de sus momentos interesantes y hasta emotivos, pero lo que a uno le apetece de verdad es ver la película de Allio («Yo, Pierre Riviére y mis gerundios»), que se intuye rodada con mejor pulso que el del hipotenso Philibert.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: (*) Lo de «pagar la entrada» es un decir porque me invitaron Servadac y Hermione Granger, así como a los pinchos que nos zampamos en el bar de al lado de los cines Verdi una lluviosa tarde de domingo (que es cuando hay que ir al cine).
P.D. Servadac, que te veo, que estás revisando a la baja la puntuación...
Macarrones 
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| 9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El título de esta película documental me hizo pensar en un primer momento en un recorrido paisajístico por aquellas tierras verdes, pobladas de bosques que tanto me gustan. Pero no es así.
La mirada que nos ofrece Philibert se presenta en tres estratos distintos cuyas relaciones se nos van desvelando poco a poco. El punto de partida es un crimen ocurrido a comienzos del siglo XIX. René Allio filma en los años sesenta una película que narra este crimen, utilizando para ello a las gentes de la propia región. Philibert vuelve allí treinta años después para mostrarnos desde su perspectiva genial la unión del pasado y el presente, poniendo de manifiesto diversos paralelismos:
Al igual que se establece una relación especial entre aquel muchacho de hace treinta años y el personaje real del siglo anterior que representaba, establecemos nosotros una relación entre ese muchacho, ahora adulto y aquel actor aficionado del film de Allio. Porque ¿Quién puede mirar a su vida, hace treinta o cuarenta años y reconocerse en aquel cuerpo pequeño y joven, en aquellas trenzas o en las botas de fútbol que usaba en la escuela primaria? Todos somos, de alguna forma, un personaje que nos representa más o menos adecuadamente. Quizás no haya tanta distancia entre la visión del espectador observando a los protagonistas del documental de Philibert y la manera en que estos se observan a sí mismos en aquella película que rompió su rutina diaria.
El tiempo que pasa hace desdoblarse a nuestro yo, multiplicarse en infinitos pliegues, los cuales, todos juntos, nos dan la riqueza que podamos tener como personas. Decir esto en cine me parece complicadísimo. Philibert lo hace de manera magistral, tendiendo unos hilos invisibles entre los mundos de ayer y el de hoy, que también será parte de la multiplicidad mañana. Nos muestra cómo al final, únicamente existe lo que puede ser recordado y cómo el olvido y la muerte habitan en una misma región.
Sólo unos pocos saben manejar tan bien los silencios de un entrevistado, una mirada, un comentario que parece azaroso. Sólo él hace que cualquier persona parezca especial. Hay un profundo amor por el ser humano en sus trabajos. Y, también hay que decirlo, una enorme tarea de selección de material. Entre 60 horas de cinta, acierta eligiendo aquellos fragmentos que más expresan.
Además, como los grandes magos, como los grandes jugadores de cartas, sabe guardarse la jugada maestra para el final.
Hermione Granger 
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