El mundo se viene abajo, a varias catástrofes sufridas en Estados Unidos ahora se expanden por Europa provocando el terror. Tommy Dixon (Randy Quaid) a pesar de su grave estado volverá a luchar contra la adversidad, para ello contará con la estimable ayuda de Faith (Shannen Doherty) quién desperdicia su talento tras la barra de un bar. Mientras, otras personas aprovechan el desconcierto para fines no demasiado altruistas, como los evangelistas televisivos Donny (James Brolin) y Penny (Swoosie Kurtz) o varios secuestradores que aprovechan el caos generalizado.
Dick Lowry realiza una dirección rutinaria que se ve afectada de unos movimientos de cámara que pretenden dar dinamismo a las situaciones pero que resultan excesivamente forzados y artificiales. Por otra parte tanto la fotografía como los efectos especiales (atendiendo al presupuesto) y el sonido (aunque resulta excesivo, nada nuevo por otra parte) son más que correctos.
La mayoría de las interpretaciones son más que correctas, Quaid parece sentirse a gusto con el personaje (no en vano es la segunda vez que lo interpreta), mientras que el resto del reparto, a pesar de que sus personajes no estén todo lo desarrollados que debieran (vamos como en cualquier película de catástrofes) en parte debido a la gran cantidad de historias con que cuenta la historia (muchas fácilmente desechables) no desentonan, a excepción del dolorosamente inexpresivo rostro de Gina Gershon. En fin, tan sólo reseñar que el mayor problema viene dado por su exageradísimo metraje, porque con una duración de aproximadamente la mitad hubiese quedado una telepelícula más que resultona.
spoiler:
Uno de los mayores reclamos de este miniserie son sus efectos especiales, así podemos ver la Torre Eiffel siendo sacudida o el derrumbe del monte Rushmore y la Estatua de la Libertad, aunque su efectividad de diluye al constituir pequeños fragmentos en un metraje alargado hasta el infinito.