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Críticas de "El bazar de las sorpresas"
El bazar de las sorpresas
Notable
Ernst Lubitsch
(1940)


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47 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Servadac   Madrid (España)
Su valoración: Buena 30 de Junio de 2009
1h05’44”: En ese punto de la cinta se encuentra un plano inolvidable, un plano casi mudo que ilustra lo que, para mí, viene a ser el «otro» toque Lubitsch.

Un funcionario con chaqueta negra clasifica el correo bajo una lámpara redonda que ilumina la parte izquierda del encuadre. Una carta, blanquísima, destella brevemente en una de sus manos.

Al fondo a la derecha, en penumbra, se atisba el casillero con los apartados de correos.

Un segundo funcionario, con bata blanca y un saco de cartas atraviesa la escena. La cámara, en escorzo, parece que lo sigue. El cuadro se cierra con firmeza y el funcionario lo abandona para no volver. Comprendemos que el travelling no pretendía acercarse al empleado sino al apartado de correos número 237, vacío y rodeado de casillas que sí contienen algún sobre.

En ese momento, anticipamos lo que va a ocurrir. Sentimos la punzada, el desencanto.

El enfoque se desplaza hacia el fondo de la casilla y el plano se hace fijo. Una mano enguantada irrumpe temerosa, tantea, busca, nada encuentra. La desilusión queda expresada por el movimiento de sus dedos. La mano se bate en retirada al tiempo que el rostro de Klara asoma por el casillero. Es un semblante de ojos tristes, hermosamente iluminado y enmarcado por el apartado de correos.

Lubitsch encadena al siguiente plano, ya en la tienda de Matuschek. Apenas han pasado veinticuatro segundos y han sido dibujados, por medios exclusivamente cinematográficos, los sentimientos de esperanza, temor y decepción.

Sin barroquismo ni sensiblería, Ernst Lubitsch distribuye las luces y las sombras –en la fotografía y en el retrato de las emociones. Entramos en el plano a rebosar de expectativas y el director nos lleva de la mano hasta el abatimiento.

Se suele decir que el ‘toque Lubitsch’ habita en la ironía fina y elegante. Pero, como se echa de ver en este plano, el alemán también acierta a deslumbrarnos con otro tipo de elegancia: aquella con que muestra el sentimiento puro, tembloroso, sin rastro de ironía.

La sutileza nos rinde pleitesía y el celuloide fija para siempre la emoción. El plano Lubitsch resplandece con la magia de los grandes.
Servadac
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37 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil.
jastarloa   Madrid (España)
Su valoración: Muy buena 13 de Abril de 2006
Amores platónicos, adulterios, desengaños, decepciones, intentos de suicidio, confusiones, enredos, groserías, sorpresas (por supuesto), amistades, reconciliaciones... Cuenta tanto en tan poco tiempo (unos 94 minutos) que parece de esas películas que duran tres horas pero se hacen cortas. Y todo con un reparto casi perfecto, desde Stewart (honrado, elegante, sincero hasta llegar al enfrentamiento verbal, vulnerable, normalmente respetuoso... un caballero con muchos matices) hasta el chico que hace de Pepi; aunque yo habría preferido a otra antes que a Margaret Sullavan –a Audrey Hepburn, por ejemplo: ¡qué pena que su generación fuera tan posterior!–.

Quizás la comedia romántica por antonomasia. Ha envejecido muchísimo mejor que otras y no resulta empalagosa para la los hombres (al menos a mí no me lo pareció, pues el punto de vista es eminentemente masculino), pero ha sido injustamente "olvidada".
jastarloa
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32 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil.
vircenguetorix   Córdoba (Argentina)
Su valoración: Buena 18 de Marzo de 2007
Ernst Lubitsch era el padre de toda una generación de directores judíos que fueron llegando desde diferentes partes de Europa como William Wyler, Otto Preminger, Billy Wilder...a los que fue sistemáticamente dando oportunidades y consiguiendo que el cine norteamericano se desarrollara de forma envidiable gracias a él. Por supuesto en su funeral acudieron casi todos los directores más famosos de Hollywood de los que muchos debían casi todo a Lubitsch. Por eso yo le llamo Ernst “El Padrino” Lubitsch, porque aunque su cine es bueno, no cabe duda, hay que reconocer que la veneración y respeto que sienten hacia él históricamente ha hecho inflar sus películas un tanto según mi criterio.

Y uno de los ejemplos más evidentes es “El bazar de las sorpresas”, una de sus películas más aplaudidas, y donde nos encontramos con una obra adelantada a su tiempo y una buena comedia romántica pero nada más. Ser muy sofisticado no significa ser extraordinario. No me cabe duda que si Lubitsch viviese hoy haría cine Dogma 95.

Hay que agradecer que respetase que la acción transcurriese en Budapest, tal y como ocurría en el texto original de 1937 del húngaro Miklós László, pero en realidad en una película de estudio como esta poco importa y lo que nos enseña del país magiar es nulo. Nunca me ha gustado que se trasladen los hechos a una ciudad lejana simplemente por snobismo (quizá fue por los derechos, lo desconozco), si se hace debe de intentar ofrecerse algo más que simples rótulos en húngaro y nombres magiares, porque el resto es puramente americano.

Es verdad que ese famoso “Toque Lubitsch” está presente en la cinta, aunque como no es un director que me apasione tampoco es que me vuelva loco por ello. Quería destaca eso sí la vigencia de esta película, al fin y al cabo hoy con Internet esta historia pasa todos los días. La gente se enamora de letras que alguien escribe al otro lado del monitor y resulta que no se fijan a quien tenemos a nuestro alrededor.

Pero lo esencial es que no puede considerarse ni de lejos una de las grandes comedias románticas de ese tiempo entre otras cosas porque hace falta dos protagonistas de primera fila, y si James Stewart, cumple a la perfección, no así Margaret Sullavan que no da la réplica en ningún momento y que demuestra por qué no fue una grande del cine y su vigencia fue tan corta.

Película agradable aunque como muchas de la época sobrestimada y que demuestra que Ernst Lubitsch fue un hombre con estrella; no tuvo que contar que se fue de Alemania por los nazis como otros, porque este se fue mucho antes -en 1923- por dinero y de la mano de la actriz y fundadora de la United Artist Mary Pickford, vamos que antes de que pusiera un pie en EE.UU ya tenía firmado un contrato millonario...igual que otros.
vircenguetorix
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Bloomsday   AA-licante (España)
Su valoración: Muy buena 12 de Abril de 2006
Lubistch a lo Capra (aunque algo más cínico) y mostrándonos unos cambios de tono en el metraje que ya los quisiera Ronaldinho en sus regates. Melancolía, comedia, ingenuidad, drama... todo se conjuga en su justa medida (¡el talento que hay que tener para conseguirlo!) dando lugar a una película redonda de irresistible candor para toda la familia que, creo, es de esas obras que además de ser intemporal tiene la virtud de gustar a (casi) todo el mundo.

Fantásticos secundarios, tanto por la interpretación como por lo bien perfilados que están esos pequeños y, en apariencia, vulgares personajes.

El problema de los remakes de este tipo de cine es que el talento de Lubistch no es algo palpable. Podemos tratar de explicitar sus bondades pero siempre quedará algo etéreo que consigue que la película funcione y que sale o no sale, no puede imitarse. Y es que esta película no se conforma simplemente con contarnos un romance y con la comedia que del equívoco pueda extraerse.

Es una tragicomedia que nos introduce de lleno y sin estridencias en el drama íntimo de los personajes y que, además, emplea ese microcosmos para hablarnos de la rigidez de las concepciones sociales imperantes, de la felicidad que deriva de las pequeñas cosas que la masa en su conjunto considera tontas o insignificantes, de la solidaridad a lo Capra (también la película tiene en común con el director nacido en Palermo el tono distendido, un ritmo que hace que la película avance de forma fluida y cálida aunque nos cuenten un intento de suicidio).
Bloomsday
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Muy buena 4 de Febrero de 2009
Gran comedia romántica, realizada por Ernest Lubitsch (1892-1947), que consigue filmar como premio de la MGM por el éxito de “Ninotchka” (1939). El guión, de Samson Raphaelson, colaborador habitual del realizador en estos años, adapta la comedia “Parfumerie” (1937), del dramaturgo húngaro Nikolaus Laszlo. Se rueda en platós de MGM Studios (Culver City, CA). Producido por Lubitsch para la MGM, se estrena el 12-I-1940 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en Budapest en 1937/38, durante las fiestas de Navidad. El encargado de una tienda de objetos de regalo, Alfred Kralik (Stewart), no simpatiza con la nueva dependienta, Klara Novak (Sullavan), contratada contra su opinión por Hugo Matuschek (Morgan). Alfred es el empleado más antiguo de la casa, donde trabaja desde hace 9 años. Es tímido, honrado, sincero, respetuoso, puntilloso en el trabajo y poco diplomático. Sus opiniones suelen chocar con las del Sr. Matuschek, que le aprecia y respeta. Klara es una muchacha joven, moderna, decidida y desenvuelta. Matuschek, el propietario, es autoritario y poco resolutivo. Le gusta intimidar a los empleados. El botones, Pepi Katona (Tracy), es ambicioso y algo vanidoso. El dependiente Ferencz Vadas (Schildkraut) es presumido y adulador. El otro dependiente, Pirovitch (Bressart), es callado, trabajador y amigo de Alfred.

El film suma comedia, romance y drama. Es una de las obras más populares del autor.
La acción gira en torno a dos personajes principales, Alfred y Klara. Las relaciones entre ambos dan lugar a discusiones y desavenencias continuas, que el paso del tiempo no consigue atenuar. Su desarrollo entra dentro de lo que es una lucha de sexos entre un hombre experto, competente, pero vulnerable, y una mujer novata, que exhibe agudeza, modernidad, conocimiento de la psicología de las personas e ideas nuevas. Entre los recursos de humor se cuentan, además, enredos, confusiones, malentendidos, opiniones contradictorias, iniciativas descabelladas, manías, sorpresas, extravagancias, rarezas, etc. El film es menos mordaz y cáustico de lo habitual. Consigue un excelente resultado con el juego que se establece entre la dulzura y el encanto del relato y la tristeza que se desprende de lances e incidencias de la subtrama. Con sutileza y sentido de la oportunidad, mezcla alegrías, expectativas esperanzadas y vivencias gozosas, con adulterios, rupturas de parejas, tentativas de suicidio, soledades, etc.

La acción se sitúa en un universo de personas sencillas y populares, a diferencia de lo que curre en la mayoría de los trabajos del realizador, dominados en general por la presencia de la alta sociedad, sus costumbres y sus prejuicios. La obra suma, equilibradamente, sentimientos, emociones, entretenimiento y humor.

(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Miquel
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