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| 34 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Quim Casals
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
17 de Mayo de 2006 |
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Angelopoulos es uno de esos directores que, por alguna extraña razón, tienden a provocar reacciones extremas: por un lado los que le consideran un indiscutible maestro del cine europeo y, por otro, quienes piensan que es un aburrido pedante al servicio de la pseudointelectualidad.
Aunque personalmente creo que Paisaje en la niebla es una obra maestra, no extiendo esta consideración al conjunto de su producción. La mirada de Ulises, por ejemplo, me parece una estupenda película con secuencias realmente magistrales; sin embargo justo es reconocer que su excesivo metraje alberga también momentos de morosidad autocomplaciente y algo pretenciosa. Lo mismo podría decirse de La eternidad y un día, aunque para mi gusto es mucho más lograda que la anterior.
Así, pues, no me sitúo ni en el grupo de los defensores acérrimos ni en el de los detractores que hacen una “enmienda a la totalidad”. Para mí, Angelopoulos es un gran director al que de vez en cuando se le va la mano, por lo que teniendo capacidad para hacer obras redondas, le acaban saliendo ovaladas. Ello no quita, reitero, que sigan siendo magníficas, superiores en todo caso a la media.
La excepción es Paisaje en la niebla, la única suya donde percibo que nada sobra, que todo está en su sitio, que la cámara se mueve como el poeta escribe y que la lectura simbólica no es un guiño para iniciados sino una profunda, bella, introspectiva reflexión sobre la condición humana.
Por último, si de Charada suele decirse que es uno de los mejores Hitchcock, yo añadiría que el último plano de Paisaje en la niebla es la más alta escena de Tarkovski.
Quim Casals 
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| 30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
12 de Julio de 2006 |
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Película gris. Con frecuencia, gris perla; a veces, gris navaja; ocasionalmente, grisácea. El rito de la iniciación, en un avance continuo, engañosamente circular. La presencia del bien y del mal, de lo blanco y de lo negro; el aprendizaje del dolor y la esperanza. "El tiempo parece no importaros... pero tenéis prisa por iros. Parecéis viajar sin rumbo... pero vais a algún sitio." Al norte, a una simbólica "Germanía". Lo visual se saborea hasta el escalofrío. Un principio magistral, en el que se nos presenta el quid del argumento en apenas cinco minutos de metraje. El gusto por la composición de poéticos cuadros vivientes. Y algunas de las escenas más evocadoras imaginables: la emersión de la mano de piedra -seguida del primer verso de la célebre y maravillosa primera elegía de Rilke-; el deambular absorto de los personajes -en la ciudad nevada, a la salida de la comisaría; en la playa, los cómicos-; la boda y el caballo; los trajes tendidos al viento a la orilla del mar; la autopista vacía en medio de la noche. Y un final intenso y esperanzador, que, con algo de buena voluntad, invita a enamorarse de la vida y del mundo, a pesar de su miseria. Paladea cada sorbo de la historia. Sumérgete en su niebla. Vive para contarlo.
Servadac 
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| 20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dromedario
Toledo (España)
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Su valoración:  |
8 de Diciembre de 2007 |
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Los encontré andando, sin rumbo. Tiempo después dijeron que iban al norte. Creo que eran hermanos. Buscaban a su padre, en Alemania. Al norte. Al norte.
Los acompañé, callado. Y el silencio nos acompañó a nosotros. Un silencio templado, a veces casi helado. La niebla se amigó con el paisaje. La capa espesa impedía ver más allá, pero imaginamos que al final de esa autopista, allí donde se cruzan su mirada y la mía, estaba nuestro norte.
Una tarde oscura se unió un hombre, dijo ser un tal Theo, Angelopoulos de apellido, aunque eso ahora poco importa. Vestía con uniforme gris, haciendo juego con el tiempo. Sacó una cámara de cine, y grabó nuestro aspecto decaído. El objetivo atrapó el silencio y el aroma del entorno. Theo quiso caminar a nuestro lado.
Al anochecer llegamos a una ciudad de anchas calles y aceras estrechas. Comenzó a nevar. La nieve envolvió el paisaje y nuestro nuevo acompañante quedó paralizado bajo la sombra de una farola. En cambio, su cámara con vida propia, siempre activa, de movimiento seguro, apartado y pausado se adueñó de las imágenes. Al finalizar su parálisis, contempló admirado la grabación portentosa que de manera involuntaria se había guardado, el vídeo era poesía delicada y dedicada a quienes aún no han encontrado su norte.
Dromedario 
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| 28 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La práctica totalidad de las películas de Theo Angelopoulos son viajes exteriores/interiores de sus protagonistas. Entiendo perfectamente a las personas que les parecen pesadísimas, largas hasta la muerte cerebral y también inician su particular viaje exterior/interior hacia la salida del cine en mitad de la proyección, el lento camino hasta el reproductor para apagarlo no sin antes hacer un corte de mangas o los que eliminan sin piedad el archivo en cuestión rogando que su sistema operativo no les pida confirmación para dilatar más la agonía.
Al contrario de lo que me sucede con Tarr, Tarkovsky y demás vertientes del cine contemplativo y planos secuencia infinitos, Angelopoulos me toca la fibra sensible. En especial con dos películas (“La mirada de Ulises” y “La eternidad y un día”), pero “Paisaje en la niebla” no me convence en lo más mínimo. Por el contrario es la que más gusta a los votantes (de momento) de filmaffinity.
No sé qué la verán, porque a mí es que no me parezca soporífera sino es que no me creo nada de lo que cuenta: ni lo de los niños solitarios en busca de su padre, ni la prosa (que ya quisiera el que escribe) de la niña para redactar las cartas, ni sus encuentros variados en la tercera fase, ni que se metan en una discoteca, etc., etc., etc.
Nada de nada.
La secuencia del camión y el poético final evitan el descalabro.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Lo del pasaporte en la recta final es de chiste. Son niños dirán algunos, la prosa de la niña y su manera adulta de comportarse invitaba a lo contrario.
Maldito Bastardo 
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
25 de Octubre de 2007 |
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Se siente la soledad de los seres humanos yendo desde el alba al ocaso.
Preciosa la escena donde los dos niños surgen del fondo de una carretera en medio de una niebla espesa y lloviznando.
Impresionante y terrible la secuencia de la parte trasera del camión donde no se ve nada tras el toldo caído en todo momento, pero imaginando lo que está ocurriendo dentro, que luego se confirma cuando la sangre corre por la mano de la víctima. También impresionante la otra escena donde el par de hermanitos contemplan frente a ellos una enorme y casi monstruosa máquina en medio de un terreno abierto.
En definitiva un película muy melancólica, deprimente y depresiva, un viaje a "ninguna parte", nada recomendable para personas tendentes a deprimirse. La niñez merece quizás un toque de la luminocidad y de esperanza mediterráneas y griegas, al menos un poquito, que noto falta a lo largo de todo el film.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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