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| 19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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vircenguetorix
Córdoba (Argentina)
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Su valoración:  |
2 de Octubre de 2006 |
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Cine bélico desde una tierra que sabe muy bien qué es la muerte y la guerra: Yugoslavia, al menos cuando existía con Tito y allí se rodaban coproducciones internacionales de muchos géneros para poder dar una imagen del régimen y atraer unos recursos por entonces escasos. Desgraciadamente de eso hoy no queda casi nada y lo que fuera Yugoslavia no tiene un desarrollo cinematográfico como debería ser al margen de las excepciones como los Kusturica de turno.
Veljko Bulajic es el encargado de escribir y dirigir la película y la verdad es que el resultado es más espectacular que otra cosa y sobre todo hueco. Le falta argumento, no tiene una verdadera historia que vaya enlazando las secuencias sino subtramas al estilo del cine bélico norteamericano pero resuelto sin maestría. En realidad las escenas son batallas tras batallas y apenas hay una trama suficientemente sólida que pueda hacernos recordar la película pasado un tiempo.
Evidentemente la película como casi todo en la vida es poco objetiva, mientras los partisanos aparecen como hombres y mujeres que sufren y luchan con gran valor, los Chetniks son unos nazis de primera y gente de poco fiar. Y aunque es verdad que no eran unos angelitos poco recuerdan quienes fueron los encargados de luchar contra los otomanos en el siglo XIX en favor de los eslavos. Además puestos a repartir culpas deberían aparecer los Ustachas croatas que no se los nombran. Ya se sabe Tito y su propaganda.
Orson Welles aunque sale unos pocos minutos está impresionante como delegado del Gobierno en el exilio monárquico. Vale la pena ver la película aunque sea por su actuación y caracterización de ultranacionalista serbio.
Yul Brynner, bastante correcto pero poco acorde, su actuación parece más de un western que de una película bélica.
Franco Nero empieza un claro declive. Su papel de oficial italiano antifascista que deserta y lucha por los partisanos es intrascendente.
Lo mejor sin duda, además de las grandes batallas y secuencias bélicas, dos secundarios que han hecho miles de veces de militares alemanes como son Hardy Krüger y Curd Jürgens, fantásticos.
Una película interesante que narra algunas de las desventuras del pueblo que más sufrió y más bajas en términos relativos tuvo de toda la Segunda Guerra Mundial que fue el yugoslavo y que tan poco se ha acordado el cine para variar.
Estuvo nominada a mejor película extranjera (más que nada por su reparto internacional que tuvo cierto eco en Hollywood) pero evidentemente no pudo ganar con “Z” de Costas-Gavras de por medio.
vircenguetorix 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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JOSELP
LAS PALMAS (España)
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Su valoración:  |
10 de Mayo de 2008 |
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Superproducción yugoslava, candidata al Óscar a mejor película de hagla no inglesa, protagonizada por un buen puñado de estrellas entre las que están Yul Brynner, Franco Nero, Sylva Koscina y el mismísimo Orson Welles. Está rodada con todo lujo de medios para su época, las escenas de acción son ciertamente espectaculares y bien planificadas, resultando menos aburrida que otras cintas similares. No es ninguna maravilla, tiene unas actuaciones bastante pobres de muchos de los protagonistas (la Koscina no resulta creíble como guerrillera), y algunos momentos que pretenden ser melodramáticos, acaban resultando ridículos, lo que empañan lo que podría haber sido un producto más interesante.
JOSELP 
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dexter
Valencia (España)
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Su valoración:  |
19 de Septiembre de 2010 |
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A finales de los años 60 se realizaron algunas curiosas coproducciones bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial entre la desaparecida Yugoslavia y algunos países del bloque "capitalista". Esta en concreto nos cuenta la lucha en la misma Yugoslavia de los alemanes ocupantes y sus aliados italianos y chetniks (yugoslavos partidarios de los alemanes) contra los partisanos de Tito, que, mas que un grupo de resistencia, eran un ejercito numeroso y bien formado que controlaba muchas zonas del país.
La película es una gran producción (al parecer casi todo el ejercito yugoslavo participo en ella...) con buenas escenas de combate y excelentes efectos especiales. Además, participan en la película actores como Yul Brynner, Franco Nero, Orson Welles o Curd Jurgens.
El principal problema de esta película posiblemente radica en la versión mutilada que nos llegó de ella a los países no comunistas. Seguramente por razones políticas los cortes son tan abundantes que de la versión original que se estrenó en Yugoslavia y algún otro país del bloque del Este de nada menos que casi 3 horas, a nosotros nos a quedó una versión de poco mas de 100 minutos. O sea, mas de una hora de cortes en la versión "occidental". Como es de imaginar, tamaña carnicería en el metraje tenia que reflejarse en el conjunto de la película y el resultado es una historia sin un hilo conductor claro que no logra que el espectador se interese mucho por los personajes y hasta los grandes actores que participan en ella pasan sin pena ni gloria por la historia ya que la brevedad de sus intervenciones no da para mas.
De todas formas, quien sabe si la película resulta mas digerible en esta versión cortada que en la original, ya que muy probablemente la propaganda comunista de la versión completa puede ser mas indigesta que la versión mutilada....Además, hay que decir que muchas de las escenas "dramáticas" de la película han quedado claramente trasnochadas y su tremendismo resulta un tanto ridículo hoy en día.
De todas formas, y como decía al principio, resulta una película entretenida.
Dexter 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Phernando
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
1 de Agosto de 2009 |
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Correcta cinta bélica... y poco más. Si tenemos en cuenta el año de su filmación, las escenas de los combates es quizá con mucho lo mejor de la película. Por lo demás el guión es prácticamente inexistente y los actores aunque cumplen con su cometido de forma discreta, interpretan a unos personajes cuyos papeles son completamente "planos".
En ningún momento la película ahonda en porqué o como se ven metidos los personajes en semejante batalla. Tan sólo se nos muestra a un grupo de hombres y mujeres que pelean y nada más.
También es justo reseñar la fotografía. Junto con la coreografía de los combates lo único salvable.
Phernando 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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davilochi
Teruel (España)
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Su valoración:  |
27 de Marzo de 2011 |
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Estamos ante lo que muchos críticos y estudiosos consideran el más brillante ejemplo de la basta industria cinematográfica yugoslava en torno a la Segunda Guerra Mundial, una de las más importantes en su época – esa misma a la que Kusturica parodia en su inolvidable “Underground”. Todo tiene una explicación: el régimen yugoslavo de Tito asentó su legitimidad para gobernar sobre los destinos de croatas, serbios, eslovenos, albaneses, montenegrinos, bosnios y macedonios en el monopolio de la memoria en torno a este turbulento episodio de la historia, que en Yugoslavia no fue ni más ni menos que una sangrienta guerra civil solapada a una guerra de liberación. Este pretendido monopolio sobre la memoria individual fue efectivo a nivel colectivo, al menos mientras Tito estuvo en el poder y, además, hizo muy difícil el acceso a una visión crítica – y, por lo tanto, desmitificada – de los hechos acontecidos entre 1941-1945. Paralelamente a esta memoria oficial basada en tres reglas básicas que no se podían transgredir – so pena de cárcel – subyacían y sobrevivían las memorias familiares alimentadas por los miedos, pasiones y fobias internas de cada uno de sus portadores y distorsionadas por la misma transmisión generacional. Esas tres reglas básicas sobre las que descansaba (y de las cuales parecía depender) la estabilidad y viabilidad del propio régimen yugoslavo eran la imposibilidad de poner en cuestión la figura de Tito; de proponer una alternativa al Partido único; y, por último, aunque no menos importante, la inviolabilidad del principio de “Unidad y fraternidad”, lo cual suponía la supresión de todo aquello que pudiera ser identificado con el nacionalismo.
“La batalla del río Neretva” formó parte del aparato propagandístico del régimen, un producto cinematográfico concebido para “hacer” nación. Para ello Veljko Bulajic contó con la inestimable colaboración de Orson Welles, en este caso encarnando a un representante del gobierno monárquico yugoslavo exiliado en Londres ante los chetniks, guerrilla serbia monárquica y nacionalista cuyo objetivo era combatir la ocupación alemana pero que, fruto de los acontecimientos, acabó llevando a cabo una guerra abierta contra los partisanos comunistas de Tito. A menudo me pregunto si fue él quien eligió su propio papel en la película… Por aquel entonces podía tener un cierto halo romántico trabajar en la Yugoslavia de Tito y, más aún si cabe, participar en una película que enaltecía la desigual lucha por la supervivencia y la libertad de los partisanos yugoslavos frente a sus múltiples enemigos. ¡Y cuántos enemigos! En la película vemos el modelo abnegado de partisano que se sacrifica por la causa colectiva, por la futura construcción de la revolución. El final es significativo al respecto, toda una familia – dos hermanos y una hermana – entregan sus jóvenes vidas en la lucha desigual que libran contra sus múltiples enemigos: alemanes, italianos, chetniks, ustachas…
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: De primeras hay varias cosas que nos llaman la atención, primero que se utilice estos últimos dos conceptos, pero que sean explicados como “monárquicos yugoslavos” los primeros y “fascistas yugoslavos” los segundos. El régimen titista era muy sutil en este tipo de cuestiones y para no herir sensibilidades, para no poner en cuestión la “unidad” y la “fraternidad” que enarbolaban como bandera evita recordar a sus espectadores, fundamentalmente yugoslavos – aunque la película alcanzó un grado de difusión muy alto a nivel internacional –, que los chetniks eran monárquicos, sí, pero ante todo eran serbios y los ustachas eran fascistas, también, pero croatas sobre todo. Por supuesto nada de esto tenía cabida en una película como ésta, realizada a mayor gloria del régimen.
Otra cuestión que llama poderosamente la atención es el papel destacado de la bella Danica, una aguerrida partisana que combatiría hombro con hombro con sus camaradas masculinos. He aquí un estereotipo para calmar conciencias en una sociedad como la yugoslava fuertemente patriarcal y muy reticente a la puesta en cuestión de este modelo. De hecho si nos fijamos ésta es la única mujer que aparece con un papel destacado en la película, un auténtico estereotipo que trata de mostrar lo avanzado y moderno del modelo social propugnado por el comunismo yugoslavo. Pero hasta en ese intento por mostrar una mujer independiente y progresista se acaba observando el poder y la influencia del hombre sobre la mujer, al ver a Danica constantemente protegida por su hermano – como por ejemplo en lo referente a la muerte de su hermano, la cual le ocultará – y a ésta cumpliendo el papel de una madre sobre aquél.
La crítica literaria croata Jadranka Pintaric reconocía que “El comunismo ocultó muchas cosas. Sobre todo, a la gente no intelectual. Si tenías recursos y acceso a la cultura, siempre podías averiguarlo si querías”, pero este cine estaba dirigido precisamente a la masa del pueblo sin recursos. Habría que esperar a los años 80 para que historiadores como Vladimir Dedjer o Jagos Djuretic desmitificaran la “leyenda” del partisano impoluto, del movimiento revolucionario unido por unos valores comunes frente a las divisiones de sus corruptos enemigos (véase el asesinato del personaje de Orson Welles a manos del oficial chetnik). El problema es que el desmantelamiento de los mitos que sustentaban la Yugoslavia de Tito se dio en mitad de una crisis generalizada del comunismo en Europa, de modo que comenzó la toma de posiciones de las élites político-económicas de las diferentes repúblicas de cara a un futuro en el que querían seguir teniendo la palabra. Las memorias traumáticas cultivadas durante décadas salieron a la luz ayudadas por unos diligentes medios de comunicación y unos hábiles políticos e intelectuales: los ustachas volvieron a ser croatas y los chetniks serbios.
davilochi 
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