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| 29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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“La leyenda del tiempo” tal vez siga los pasos de “En construcción” barnizándolos del docudrama actual en una combinación de realidad y ficción. Puede que este sea el juego que persigue Isaki Lacuesta, aunque cuatro años antes, en la estupenda “Cravan vs. Cravan”, apuntaba hacía esos horizontes pero con diferentes metas: en la extraña historia del poeta y boxeador Arthur Cravan existía un juego intelectual entre el espectador y la obra dejándole carta libre para resolver los misterios o no tomarlos en serio. Ahora el enfoque es el retrato de personas y expresiones.
Puede que esta sea la tónica del cine moderno que parece de vanguardia pero en realidad sigue el legado documentalista de los hermanos Lumière y que tanto está llamando la atención en festivales (“Juventude Em Marcha” de Pedro Costa para una gran mayoría fue la película del festival de Cannes de 2006).
Un cine que intenta retratar la vida con el mero hecho de colocar una cámara delante de la misma, interactuando entre ambos lenguajes sin necesidad de un guión previo. Un cine comprometido, en definitiva, con la realidad sin recurrir a efectismos o trucos narrativos.
“La leyenda del tiempo” son dos películas en una, dos historias con numerosos vínculos y amalgamas que provocan que se respalden la una a la otra en un lugar común: la isla gaditana de San Fernando. El retrato de dos personas a través de sus sentimientos: Isra no canta porque no siente lo que debe expresar y Makiko quiere cantar para expresar lo que siente. Una exploración sobre la alegría de vivir, de la vida y madurez tras la muerte de un padre, de los temores que asolan a las personas tras dicha ausencia y de la amargura de perder parte de uno mismo.
Y aquí se suma la otra pérdida y tercer personaje que vaga oculto en esas historias y leyendas: Camarón de la Isla.
Resulta absurdo para el espectador buscar lo que es real, ficticio o improvisación en un ejercicio tan reflexivo, espontáneo y profundo que demuestra nuevamente que el documental español brilla y resplandece como nunca.
¡Y de qué manera!
Maldito Bastardo 
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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En 1979 Camarón dedico un disco a la memoria de Federico García Lorca bajo el nombre de "La leyenda del tiempo". Camarón usa varios de los poemas y obras de teatro del escritor para componer sus canciones. En 2003 Isaki Lacuesta en memoria de Camarón de la Isla, usa el mismo título para su segundo largometraje. Lacuesta usa varias de las canciones de este disco para componer un puzzle a ratos real, a ratos ficticio, de dos trozos de vida perdidos en la isla de Camarón (San Fernando).
Siguiendo el camino que marcó con “Cravan vs. Cravan,” Lacuesta vuelve a romper el género del documental. Lo modifica, le da un toque personal y nos reta a clasificarlo. Lacuesta dice: “Hicimos algo impensable y pecaminoso para un documentalista: un casting.” Y continua: “Las primeras pruebas con Israel y su hermano fueron desastrosas. Eran unos pésimos actores. Había dudas en el equipo. Pero decidí seguir con ellos. Decidí arriesgarme porque la mirada de Israel me pareció lo más interesante que había visto, y porque su vida me pareció rica y poderosa”.
No hace falta mucho tiempo para darse cuenta que “La leyenda del tiempo” posee unas cualidades innatas en este autor. Un documental, sin guión, con dos cámaras que usa de manera inteligente y con escenas programadas podemos decir que es todo menos un documental. Pero lo cierto es que como Guerín, Lacuesta apuesta por expandir el género, por comerse las normas y demostrar que sólo hace falta confianza en uno mismo.
Las dos historias de “La leyenda del tiempo” son completamente independientes. Sólo un personaje secundario es común. Un marinero japonés, que hace de confidentes de ambas personas. Pero las conexiones entre ambas historias son otras. Son dos personajes perdidos, que buscan desesperadamente un cambio radical. Israel, un niño gitano de trece años con dotes cantoras, deja de cantar porque no encuentra los sentimientos; mientras que Makiko, una enfermera de casi treinta, no tiene cualidades para cantar flamenco y poder expresar todos los sentimientos que guarda. Mientras que Israel desea salir de San Fernando y conocer mundo, Makiko viene de Japón para poder aprender cato.
Abróchense los cinturones porque esto continúa.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Lacuesta decía que grabaron más de noventa horas sin tener las escenas completamente planificadas, dejando que estos personajes/actores se interpretaran a sí mismos y modificando cientos de veces las ideas que tenían. La película documental camina conforme pasa el metraje y Lacuesta reconoce que el máximo acierto fue dejar que ellos mismos crearan la película. El director afirma que con este tipo de películas no se puede pensar en planos extraordinarios como los de los grandes directores. Y cita a Ford y a Huston. Pero Lacuesta me planta una escena, Israel y Saray compartiendo caladas de cigarrillos, que tiene tanta sensibilidad y que consigue tantas emociones que no dejo de pensar que los directores citados le aplaudirían. Sólo dos cámaras. Una a la altura de los ojos, la otra más alejada, creando uno de esos planos para el recuerdo, y los dos niños fumando en un embarcadero.
La calidad cinematográfica en España viene, a día de hoy, gracias al género documental.
Chagolate con churros 
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| 10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kaplan
Málaga (España)
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Su valoración:  |
1 de Julio de 2007 |
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Excelente ¿documental? intimista que, con la sombra de Camarón presente en toda la película, nos cuenta una parte de la vida de dos personajes muy distantes.
Rodada con una extraordinaria sensibilidad, se pierde la línea de separación entre la realidad y la ficción.
Gran banda sonora (no podía ser de otra forma).
Una bella fotografía y un montaje extraordinario redondean una gran obra de muy recomendable visionado.
Kaplan 
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dave_hospi
L'Hospitalet de Llobregat (Polonia)
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Su valoración:  |
3 de Enero de 2010 |
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A partir de la leyenda de Camarón, ser eterno que ha quedado impregnado en cada rincón de la isla de San Fernando y que todavía habita en la esencia y memoria de sus gentes, Isaki Lacuesta desglosa brillantemente jugando con el documental y la ficción las historias paradoxales de dos personajes/personas muy distintos entre si, pero que al mismo tiempo guardan diversos lugares comunes.
Israel es un niño gitano de la isla con talento para el cante pero que ha dejado de practicarlo a raíz de la muerte de su padre. Está perdido y sin rumbo, no sabe expresar mediante el flamenco sus sentimientos porque en realidad desconoce lo que siente, quiere dejar atrás el mundo que le rodea y divisar nuevos horizontes desconocidos en otros lugares del mundo. Makiko, en cambio, es una joven japonesa que viaja hasta San Fernando para aprender a cantar y así poder dar forma y sonido a los emociones que residen dentro de ella, principalmente a los sentimientos referentes a la enfermedad de su padre, pero no tiene aptitudes para el cante ya que el flamenco es una concepción de la vida y una cultura absolutamente desconocidas y ajenas a ella, es algo con lo que se nace, es estar envuelto de arte y duende mientras eres amamantado, y aunque se pueda aprender, nunca será lo mismo.
Ambas vivencias se van desgranando compartiendo un confidente común que hace de puente intangible y desconocido entre Isra y Makiko, todo ello bajo la prolongada sombra del protagonista oculto de esta historia, el otro padre perdido para desdicha del flamenco, José Monge Cruz, Camarón de la Isla.
Durante esta corta estancia en la isla, una mirada a pasado, presente y futuro, Isaki Lacuesta muestra un talento y una sensibilidad tras la cámara apabullantes, sugiriendo al espectador infinidad de emociones mediante a imágenes y situaciones que forman parte de nuestra cotidianidad y que a causa de ello no nos paramos siquiera a reflexionar sobre su poder o la magnitud de su belleza. Desde unos jóvenes que intercambian unas caladas al anochecer hablando sin decir nada, hasta el balanceo de una nube disipada entre sus hermanas fruto del empuje del viento.
Pongamos una cámara delante de la vida y hallaremos la más grande de todas las historias, sin artificios, sin diálogos de laboratorio literario.
Dave_hospi 
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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pandora
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Junio de 2006 |
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Consta de dos historias diferentes que tienen en común el lugar geográfico en que transcurren (Cádiz, la isla de San Fernando...) y el tema que les sirve de referencia: el cante jondo y la sombra presente de Camarón.
La primera historia está tratada de manera insólita en el cine español, entre el documental y la ficción, al modo del"cinema verité" de Jean Rouch. Describe con sutileza y delicadeza ( !gran mérito, ya que en sentido estricto no hay narración!) el paso de la infancia a la adolescencia con el telón de fondo de un acertado retrato social.
La segunda es más narrativa, convencional y peor tratada aunque se agradece la presencia más clara del Camarón de la leyenda, con la aparición y el cante, impagable del hermano. No deja de ser embarullado su final, pues no se entiende bien (al menos yo no lo entendí) ni las pretensiones de la protagonista ni cómo ni por qué renuncia a ellas.
En resumen, una primera parte sobresaliente y una segunda sólo aceptable. En todo caso, una película digna de verse aunque no creo que esté mucho tiempo en cartel.
pandora 
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