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Críticas de "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera"
Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera
Notable
Kim Ki-duk
(2003)


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Primavera, Verano, Otoño, Invierno... y PrimaveraPrimavera, Verano, Otoño, Invierno... y Primavera
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115 de 135 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Jak   Bogotá (Colombia)
Su valoración: Excelente 26 de Diciembre de 2006
En un escenario simple y bello se presenta de manera simbólica el desarrollo de la conciencia, desde su nacimiento en forma de conciencia social o colectiva que aparece en la primavera, a partir los primeros días de la infancia, hasta el descubrimiento de la conciencia individual en los días de la madurez humana, representados por el invierno, cuando los egos y las vanidades de la vida se congelan. Cuando esto se aprovecha bien, se da el nacimiento a una nueva vida más gozosa en una nueva primavera.
Aunque no sea muy claro para cualquiera, muy en el fondo todos sabemos que el ser humano es un compuesto de CUERPO o mundo exterior, ESPÍRITU o mundo interior, y MENTE, que es el puente que une a los dos anteriores. La experiencia nos muestra que mientras no se alcance un sano equilibrio entre los tres, el ser humano no logrará realizarse plenamente. Felizmente, como lo muestra la película con bellos símbolos, eso sí es posible cuando aprendemos a aquietar la mente, mirando hacia nuestro interior en estados de meditación que nos ayudan a deshacernos de los egos y de las cargas y sufrimientos del pasado.
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Jak
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Coleccionista Visual   México Distrito Federal (México)
Su valoración: Excelente 11 de Julio de 2006
La califico como bella y exacta, por el excelente manejo de la metáfora a través de las estaciones del año, con las etapas de la vida, un filme sin muchos diálogos y dónde las acciones absorben importancia y las explicaciones sobran. La enseñanza y el aprendizaje presentes a diario durante nuestra existencia, la primera a cargo del viejo (lo tangible) y de las situaciones (lo intangible), la segunda del joven o del inexperto, el cuál colocará las piezas del rompecabezas de acuerdo a las experiencias y a lo comprendido en etapas anteriores.

El antagonista será interpretado por la adversidad, y el protagonista es el valor de cada quién para afrontar los problemas y asimilarlos. Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (AKA Las estaciones de la vida) de manera correcta la coloco en cine de arte, pero erróneamente se puede catalogar como una película para intelectuales, al contrario es para un público general, al que en lugar de considerarlo como inferior o masa, esta habido de una mejor apreciación del cine y que mejor ejemplar. La obra de Ki-Duk Kim no se puede ver por primera vez en casa, es una película apta para la sala de cine, en la cual los distractores están en segundo plano. No permitamos que la gente se conforme con lo brindado por la televisión y sus productos basura o todo el bombardeo de publicidad para películas olvidables y sin ningún valor.

El auge del cine surcoreano es notable y no se estanca en género alguno o temática central en sus producciones, recorre el suspenso (Two sisters), la tragedia (Old boy, Sympathy for Lady Vengeance, Bin Jip, la Samaritan Girl) el bélico (Lazos de Guerra), el thriller (Memories of Murder) o el terror (Phone, Red eye) y nos muestra una gran variedad. La curiosidad por parte del espectador en cuanto al cine surcoreano, hace salas de cine aceptablemente llenas, factor importante para las distribuidoras y la importación de cintas diferentes y de alto impacto provenientes de este país.

¿Qué sigue para el resto del 2006 y el 2007? Esperemos que siga llegando la calidad.
Coleccionista Visual
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Vivoleyendo   Huelva (España)
Su valoración: Muy buena 16 de Octubre de 2007
El director coreano nos conduce por un espiritual, hermoso, sensorial y duro viaje simbólico por la vida. Un viaje fascinante que refleja el ciclo perpetuo de la naturaleza: desde el orto al ocaso, desde el despertar de un nuevo ser vivo hasta su decadencia, pasando por las diversas etapas que definen la existencia: la inquieta e irreflexiva juventud, la expiación de los errores, la resignación, la experiencia y la sabiduría, la necesidad de transmitir nuestro legado a la siguiente generación, la preparación para la muerte...

PRIMAVERA
La naturaleza despierta de su letargo invernal. Una explosión de vibrante energía recorre el bosque, cubriéndolo de brotes de intenso verdor. Las especies se reproducen, sienten la llamada de la perpetuación y crean nuevas réplicas de sí mismas. Los nuevos retoños comienzan a crecer y a dar sus primeros pasos por el camino de la existencia, un camino que es al mismo tiempo incierto e inmutable, cambiante y reiterativo.
El nuevo ser empieza su aprendizaje, que le prepara para sus andanzas por el mundo. Juega, ríe despreocupadamente, comete travesuras que le van enseñando el valor de la culpa y del respeto hacia la vida y los sentimientos ajenos. Es un potrillo jugando a descubrir las maravillas que le rodean, aventurándose, equivocándose, empapándose de vivencias y recuerdos que irán construyendo los cimientos de su personalidad.
Y, junto al pequeño cachorro, su tutor y maestro, que ha acumulado la suficiente sabiduría como para saber guiar suave y firmemente a su pupilo, mostrándole las grandes lecciones que el cachorro debe interiorizar para madurar.

VERANO
La naturaleza ha eclosionado en un estallido irreprimible y la savia corre a raudales por las venas en su plenitud.
El aprendiz se ha convertido en un joven impetuoso atormentado por sus pasiones, por las urgencias de su cuerpo joven y fogoso. Se abandona al deleite de los sentidos, a la fuerza irresistible del amor, a la inocencia de los primeros goces de la pasión.
Ciego y sordo, el joven ignora las advertencias y los consejos de la voz de la experiencia. El maestro sabe muy bien que no se puede detener con una mano un estruendoso y caudaloso torrente, y lo deja seguir su curso y cometer sus propios errores. Nadie aprende por cabeza ajena y todos tenemos derecho a meter la pata por nuestra propia iniciativa.
Sigo en el spoiler.
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Vivoleyendo
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Archilupo   Llanes (España)
Su valoración: Notable 13 de Febrero de 2011
Una de las mayores diferencias entre el arte occidental y el oriental se aprecia en la organización de las figuras en el espacio.

El arte occidental establece jerarquía entre unas figuras, por una parte, y por otra un fondo que las realza, para que protagonicen.

En el arte oriental no existe esa jerarquía compositiva: todos los elementos se integran con el mismo valor en un todo. Humanos, árboles, animales, olas, montañas, ríos o lagos aparecen tratados con igual importancia, y todos ellos son definidos en función de amplios vacíos, porque se considera que el vacío, la ausencia de forma, es clave esencial de la composición.

En el todo de esta película también participa el Tiempo, que gira en ciclos y origina cuanto ocurre en ese lago rodeado de montañas donde flota el diminuto monasterio: la maduración del monje, que corrige a su discípulo infantil cuando maltrata a los animales del lugar; después, la agitación hormonal del discípulo adolescente cuando llega una visitante atractiva. En otra estación del ciclo, el discípulo joven se ausenta, y en otra regresa.
No hay especial agitación ni especial psicología. En un momento, el hielo es lo principal; en otro, una estatuilla búdica; en otro, los signos caligráficos a tallar en la madera del suelo.

Las cinco estampas, filmadas con mucha materia visual y apenas diálogo, se presentan sin énfasis porque no buscan seducir al espectador ni explicarle nada. Tan sólo dejarse impregnar por ese motor invisible, y por el girar con que se manifiesta impersonal, inapelable: el Tiempo.

Vuelven las estaciones, se suceden las edades de la vida, los personajes son y no son los mismos. A la vez arquetipos e individuos, el propio Kim Ki-duk se introduce en su serena obra y encarna a uno de ellos. Que no haya gritos, carreras o crispación, que abunden silencios y vacío, no significa que falte la intensidad. El autor no puede estar más dentro de su creación, dándole pulso.
Es otra distancia, simplemente. Y otro ‘tempo’.
Archilupo
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Hermione Granger   Pati (Zambia)
Su valoración: Muy buena 9 de Febrero de 2007
Sí. Es la mejor definición que se me ocurre para esta película. Toda ella, llena de calma, de aire, de verdor o niebla, constituye un cuadro magnífico de cien minutos, lleno de detalles y símbolos; el agua: del lago omnipresente, del pincel, cuya efímera caligrafía apenas dura unos segundos; las puertas (los pasos a otra dimensión); las piedras, como manchas en el alma del chico; las estaciones y el paso del tiempo (en el paisaje y en las personas). Cuando todo se cuenta tan bien con imágenes, apenas es necesaria la palabra.
Hermione Granger
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