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Críticas de "La torre de los siete jorobados"
La torre de los siete jorobados
Buena
Edgar Neville
(1944)


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43 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Bloomsday   AA-licante (España)
Su valoración: Buena 9 de Diciembre de 2007
Una cupletista abre esta insólita historia, rodada con el fino sentido de comercial calidad de Neville, de fantasmas y ciudades subterráneas, de espectros y coches de caballos, de carreteras de polvo y sombreros de copa.

Un genial retrato de una época, de un fino costumbrismo solapado entre detalles y laberínticos expresionismos, camuflado en una historia fantástica de corte humilde pese a todo. El folletín, las localizaciones típicas madrileñas, un tono novelesco de misterio español, de personajes muy nuestros, de caracteres que nos son muy cercanos por su naturalidad, humor y hábitos (nunca los personajes cotillean tanto, se prestan tanto al comentario certero por la espalda, con esas ansias de confidencia justiciera, como en una película española). Todo ese ambiente proporciona una amena y extraña, para lo que nuestra filmografía suele ser, película, y nos invita a abandonarnos al regusto del tiempo, el que quiera hacerlo, al reflejo de los años retratados en celuloide quién sabe si con más o menos encanto que la propia realidad otorgó en su día.

Y es que esta película tiene una comicidad muy nuestra, un enfoque de historia de fantasmas de literatura juvenil de bisoña y sugestiva escasez. El sainete, los diálogos… Todo nos retrotrae a nosotros mismos o, mejor, a nuestros antepasados. A esas calles en las que vivieron, a esas calles en las que caminaron y a esas inocentes historias con las que rieron o se emocionaron. Esta cinta es tiempo, más que otra cosa, es un rato pensando en edificios de piedra, coches de caballos, enaguas, pololos, camisas de sarga, enormes portones de madera astillada y llaves de dos palmos… Y lo que todo aquello suponía. El cine siempre ha de tener algo de esto, como los buenos libros. Ha de obsequiarnos con un pedazo de nuestro propio viaje por los años y los siglos; que nos conecte, de alguna manera, con el camino de lo que fue, lo que es y será. El cine ha de ser desgarro y testimonio del tiempo que pasa, que no vuelve (Tiempo Perdido lo llamaron). Más allá de tramas, más allá de taquillas, es lo que queda.

Eso es cine. Lo demás son películas.
Bloomsday
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29 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Erredosdedos   vigo (España)
Su valoración: Muy buena 20 de Mayo de 2008
Edgar Neville, amén de mucho más que discreto dramaturgo, demuestra en varias películas, como aquí, sus dotes como director rayanas en lo extraordinario.

He visto críticas que achacan a ésta falta de medios. Pero ¿son mejores los de cualquier otra producción extranjera de más o menos los mismos años? No citaré títulos: están en la memoria de todos.

Aquí, al menos, se mantiene constantemente la intriga. No es cubrir metros de cinta como justificación del pago de una entrada, como en tantas de Karloff o Lugosi. Aquí subyace un hilo argumental siempre interesante. Incluso el artificio está tan bien ensamblado que todas las incongruencias del guión nos parecen hechas a propósito, con lo cual en ningún momento se nos ocurre romper el convenio tácito de creernos todo lo que se nos cuenta. El director ha conseguido, pues, lo más difícil, demostrándonos su maestría.

Además, continuamente destila un humor sorprendente, cercano a lo surrealista, que no pasa de moda. Hay detalles que provienen ya de la novela de Carrere, y otros los inventa. Para las antologías queda aquella escena en que, en plena aparición del fantasma de Robinson de Mantua ante la cama de Beltrán, se introduce por equivocación el espíritu de Napoleón, invocado por la medium del piso de arriba. Ambos espectros se presentan mutuamente y, al abandonar el cuarto, pugnan por mostrarse a cual más amable:

-"Pase usted delante, doctor."
-"No, por favor, majestad, usted primero".
-"Insisto, insisto..."

Es memorable la secuencia del casino de juego, o la de las cenas con la Bella Medusa y su madre. Una imaginativa y épica vena humorística encadena casi sin solución de continuidad ocurrentes sucesos todo a lo largo de la película.

La trama se desarrolla en un momento deprimente de la historia de España. Es el cambio de siglos, el momento de los últimos de Filipinas y de la Guerra de África. Acaba de suceder el revés del 98. La gente viste trajes cochambrosos y se mete en los figones a bailar el chotis y oír a las cantantes malas mientras se emborracha. Ya lo dice la zarzuela de Chueca: "Yo soy un baile de criadas y de horteras / a mí me bailan / las cocineras..." Mientras tanto, medio Madrid ofrece un aspecto lamentable.

La interpretación es adorable. La credulidad candorosa de Inés (Isabel de Pomés) no podía contar con más afortunado rostro para encarnarse, la confusión inocente de Beltrán halla su contrapunto en un Antonio Casal que se hace querer, un jorobado Guillermo Marín nos muestra lo más hipócrita y ambiguo de su rostro... pero Félix de Pomes, señores, está que se sale.

Merecedor de mejor suerte, este filme avanza con los años a pasos de gigante desde su discreto puesto a retaguardia, y acabará colocándose en un lugar destacado entre la antología de la cinefilia mundial. Creo que no tardará demasiado en convertirse en un icono, no ya de nuestro cine fantástico, sino quizás de todo el europeo. Tal vez lo sea ya.
Erredosdedos
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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
vircenguetorix   Córdoba (Argentina)
Su valoración: Buena 5 de Febrero de 2010
“La torre de los siete jorobados” es una de esas películas de culto que son defendidas a capa y espada. Y creo que se lo merece, en ese páramo cinematográfico de los años cuarenta, la figura de Edgar Neville parece un gigante.

No es la primera película de “terror” del cine español, pero si la más notoria, que no en su día, que fue un fracaso. Conseguir mezclar el Madrid castizo con el expresionismo alemán es mérito suficiente para ser recordada por siempre. Pero también pienso que cuando ciertos espectadores votan un diez o un nueve a este tipo de películas, no le hacen un favor a la cinta. Se comportan ante el film como padres benefactores, como aquellos que ven los dibujos de su niño cuando tiene seis años. Lo único que hace bien a la realidad es la verdad, no el proteccionismo por muy valiosa que sea la pieza arqueológicamente hablando.

Si seleccionásemos a mil personas con una cultura cinematográfica media, que no han visto esta película y que tampoco les suena, y les presentásemos un remake en color, calcado plano por plano del original tendría poco más nota que “Tuno negro”. Lo que pasa es que con este tipo de productos añadimos nuevos elementos a la categoría crítica, como el carácter pionero, la antigüedad, el valor sentimental, los medios, producto nacional… y el resultado al final demuestra una desviación matemática nada desdeñable.

Yo he disfrutado y disfruto con “La torre de los siete jorobados” porque es especial, pero no puedo aparcar mi vena racionalista para decir que es una película que llega hasta donde llega y no más. Y ya es mucho para la época.

Nota: 6,8
vircenguetorix
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konerak   Torla, Huesca. (España)
Su valoración: Muy buena 24 de Enero de 2009
Maravillosa!! He de decir que al principio me he asustado un poco con la escena que abre la película, esa actuación musical de la "Bella Medusa", pero afortunadamente es la única actuación musical (bueno, hay también un baile pero dura muy poco)
Lo que desde luego hay que reconocer a esta obra es simplemente el valor de haberla hecho, en lo más duro de la posguerra española y cuando España empezaba a quedarse del todo aislada internacionalmente por la derrota de las potencias del eje, únicas aliadas del regimen franquista.
Con una historia sencilla pero interesante y pocos medios, Neville logra una obra realmente conseguida, ayudada por la buena actuación de los protagonistas principales, sobre todo Antonio Casal y Félix de Pomés. Como pega principal, he de decir que para mi gusto el final es demasiado sobrio y apresurado, y que el guión deja algunos cabos sueltos, pero todo se ve compensado por los toques de humor que impregnan el metraje (buenísima la aparición del fantasma de Napoleón xD), los dignos escenarios (la ciudad subterránea esta realmente conseguida para el ínfimo presupuesto con que debían contar) y la gran actuación actoral.
Definitivamente una joya del fantástico español!
konerak
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centaurodeldesierto   Arcos (España)
Su valoración: Buena 14 de Julio de 2009
En mitad de esa España autárquica, negra y miserable de los años cuarenta, la cinematografía española no tenía razones para estar muy contenta. Entre desfiles de la victoria, misas de a diario y el insigne caudillo inaugurando pantanos, el cine de aquella España se hundía en títulos de retórica patriotera y/o de folklóricas adictas a los encantos de sotana y sacristía que imponía el régimen.
Sin embargo de ese páramo cultural bien que se merece recordar la obra de Edgar Neville La torre de los siete jorobados (1944). La propuesta no es sólo un oasis en mitad del desierto por sus méritos cinematográficos –que los tiene- sino también por la originalidad de la temática, insertando uno de los primeros títulos del por desgracia escaso y con frecuencia olvidable cine fantástico en el país. La película se basó en las novelas de folletín de Emilio Carrere, un autor español de los años veinte, y retrata un Madrid castizo y decimonónico en cuyo subsuelo habitan jorobados que tienen perversos planes criminales.
La verdad es que poco se conoce a esta película, aunque bien es cierto que en las listas de los mejores títulos de cine español rara es la vez que no se la menciona. Y es que Neville, que llegó a trabajar en Hollywood, mezcla de manera sabia elementos costumbristas con componentes del cine fantástico inspirados en el expresionismo alemán. Lo más sorprendente es que el resultado no desentona, sino que por el contrario encaja, y en los personajes -interpretados por Antonio Real (Basilio) o Isabel de Pomés (Inés)-, vemos a gente muy real, muy de aquí, sin trampa ni cartón. Además, el director nos muestra que sabe filmar desde el inicio de la película con folclórica incluida hasta el Madrid subterráneo inspirado en El gabinete del Dr. Caligari. Todo ello, con un ritmo muy logrado, merced a un guión correcto y trabajado, en el que la tensión y la trama se mantienen a lo largo de toda la película.
No es una obra maestra, eso ya vendría después con el realismo social de Juan Antonio Bardem y la ironía negra de Berlanga y Ferreri, pero qué duda cabe, en aquellos años de Nodo, Raza y Los últimos de Filipinas, La torre de los siete jorobados, era un descanso, un alivio y un regalo extraño, a aquella España de retórica cuartelera, de bombo y platillo, de mucho ruido y muy, muy, pocas, pocas nueces.
centaurodeldesierto
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