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| 24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vfoul
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
1 de Mayo de 2010 |
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Un barrio marginal de Paris, en la calle circulan muy pocos coches y transitan menos personas, un edificio de apartamentos mal conservados, y en uno de ellos totalmente en la penumbra, un hombre tumbado en la cama y fumando un cigarrillo espera una hora determinada, con la sola compañía de un canario en su jaula. Así nos presenta Jean-Pierre Melville, quizás uno de los directores más infravalorados de cine francés, una de las mejores obras de cine negro “El silencio de un hombre”, un film de corta duración pero cargado de detalles y muy meticuloso, con un excelente guión y una dirección estupenda, con secuencias muy bien realizadas, y con un final tan acertado como redondo. Entre otras cualidades, “El silencio de un hombre” no es un poema desgarrador del hombre solo, es también, y ante todo, una película policiaca.
Jean-Pierre Melville, escogió y muy bien a los actores, y de todos ellos destacaría a tres por su mayor influencia en el film, al protagonista principal Alain Delon (magnífico como Jeff Costello) realiza un trabajo a su medida como samurai moderno, solitario, silencioso, frío, hierático y meticuloso. François Périer (buen trabajo como el jefe de policía), capaz de vender lo que sea para conseguir cazar a Costello, y por fin “la femme fatale” la pianista del cabaret excelentemente interpretada por Caty Rosier, aún recuerdo su bellos ojos mirando a Costello.
Con el tiempo, “El silencio de un hombre”, se ha convertido en una de las obras maestras del cine policíaco y en obra de culto.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Son dignas de ver todas las escenas de Delon, en el coche bajo la lluvia, en el puente con el encuentro con el socio que le encargo el asesinato, la entrada en su apartamento después que haya pasado la policía, y sobre todo en la escena final en el night-club cuando le pregunta a la pianista si realmente pertenece a la banda que lo contrató, amenazadándola con la pistola que solo el sabe que no tiene balas.
Vfoul 
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
15 de Enero de 2009 |
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Primera entrega de la “trilogía samurai”, de Jean-Pierre Melville (1917-73) y uno de sus mejores trabajos. El guión, de J. P. Melville y Georges Pellegrin, se inspira en la novela “The Ronin”, de Joan McLeod. Se rueda en escenarios reales de París y en los Studios Jenner (París). Producido por Eugene Lépicier para Filmel (París) y Frida Cinematográfica (Roma), se estrena el 25-X-1967 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en París, a lo largo de un día y medio (desde el sábado 4 de abril a las 18 horas hasta el domingo 5 de abril a las 22/23 horas, de 1967. Jeff Costelo (Alain Delon), asesino a sueldo, recibe el encargo de matar al propietario de un club de noche (“Martey’s”). Retenido por la policía junto con otros muchos sospechosos, y posteriormente puesto en libertad gracias al testimonio de Valérie (Rosier) y de Jeanne Lagrange (Natalie Delon), es perseguido a la vez por el superintendente de la policía (Périer) con todos sus hombres y por los hampones que le encargaron el último trabajo. Costelo, de unos 30 años, frío, imperturbable, implacable, de pocas palabras, serio, hierático y orgulloso, no refleja a través del rostro ninguna emoción. Valérie, mulata, es la teclista de la orquesta del club de noche Martey’s y vive en una lujosa mansión. Jeanne practica la prostitución de lujo, es la amante de Jeff y nunca hará nada que pueda perjudicarlo.
El film suma thriller, crimen y drama. Está considerado como una de las mejores obras de cine negro (polar) francés. La historia se narra con minuciosidad, atención al detalle, meticulosidad y sin elipsis. Este hecho se hace particularmente patente en la larga escena de la persecución de Jeff en el metro de París, tantas veces imitada en películas posteriores.
La estilización del relato, su desnudez y esencialidad, le dan un aire abstracto, intemporal y categórico, que eleva su nivel de consideración e interés. El personaje principal, construido con riqueza de matices y bien definido, vive en una situación de extrema soledad, acepta su destino con serenidad y dignidad casi religiosas, hace su trabajo con pretensiones de perfección y se sitúa ante la eventualidad de su muerte con una serenidad insólita y un enorme autocontrol psíquico y emocional. Encarna el sentido del honor y de la dignidad, a la manera del samurai japonés. Al mismo tiempo encarna al superhombre de Nietzsche. No hay lugar en su espíritu para los sentimientos humanos. Su figura austera, silenciosa, distante, rigurosa y trágica, ha servido de modelo a numerosas réplicas e imitaciones posteriores.
(sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Los diálogos son breves y, en ocasiones, lacónicos, pero expresivos y vibrantes. El soundtrack recoge sonidos singulares, como el trino del pájaro de la jaula, el rugido del motor de una moto, la puesta en marcha del coche sustraído, los golpes de los nudillos de la mano en la puerta, etc. La atmósfera, tensa e inquietante, se hace cautivadora y absorbente.
Trata el tema de la culpabilidad y de la ambigüedad. Se establecen líneas de equivalencia entre las conductas de la policía y del malhechor. La cita del “Book of Bushido” (Libro de Bushido), que encabeza el film, es falsa, pero resulta muy útil para situar desde el comienzo la atención del espectador en uno de los temas centrales del film. Es excelente la interpretación de Alain Delon, que luce una imperturbable e inexpresiva, pero muy oportuna, cara de póquer. En esta película, como hace en otras, el realizador deja constancia visual de sus sentimientos de amor a París. Integran la llamada “trilogía samurai” de Melville este film, “El círculo rojo” (1970) y “Crónica negra” (1972).
La música, de François de Roubaix (“Adiós amigo”, Herman, 1968), ofrece una partitura original jazzística, son solos de teclados, piano, acordeón y trompeta, que acompañan con dramático lirismo la desolada soledad del protagonista. La fotografía, de Henri Decae (“Círculo rojo”, Melville, 1970) en color (eastmancolor), describe con especial atención los ambientes nocturnos, las calles oscuras, los ambientes subterráneos, los locales opresivos (taller del coche) y los espacios degradados (apartamento de Jeff). Hacia el final aumenta la prevalencia del cromatismo de azules densos y grises, contrastados con ardientes granates y rojos, que intensifican la frialdad y la desolación del conjunto.
Es uno de los mejores trabajos de Melville, precursor de la “nouvelle vague” y héroe de la Resistencia.
Miquel 
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| 21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kafka
ciudadano del mundo (palencia) (España)
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Su valoración:  |
5 de Octubre de 2005 |
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Alain Delon en el papel de su vida y Melville en la cima de su carrera. Narrada con una precisión maravillosa y un sentido del ritmo absolutamente irrechazable, es la plasmación perfecta en celuloide de un argumento extraordinario, con el personaje de Delon a la cabeza: un tipo frío, hiératico, solo - ese pájaro -, pero generoso y agradecido, un tipo que se mueve como ese metafórico y solitario tigre de la selva para ejecutar sus "trabajos". "El silencio de un hombre" es puro cine, cine negro esplendoroso, una arrebatadora obra maestra, una película irrepetible, de un magnetismo vibrante, particularísimo, embaucador hasta las vísceras. Realmente antológica.
kafka 
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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La habitación es una cara: dos ventanas verticales que hacen de ojos, los reflejos de estas dibujan en el techo las cejas, una jaula sobre una mesita la nariz y la boca mohína, con una cama sin cabecerón. Hierática, apagada, solitaria. Ustedes mismos... Las paredes se confunden porque todo está bajo una pátina de desgaste físico. No es que se vea enmohecido o descorchado, porque la cosa no va por estos fueros. Es más bien que no existe contorno. Como el camuflaje de los animales en la selva.
Al principio pensaba que escuchaba el mar. Ya saben, cuando se habla de escuchar el mar se habla del sonido que producen las olas tras su llegada a la costa. ¡Qué condena de por vida! Por segunda vez, descubrí que no era más que el tráfico en un día lluvioso. Si seguimos avanzando veremos que así es. Este detalle me parece soberbio. Con el sonido, antecede la acción a la imagen. Observamos en segundas ocasiones como la sobra de los coches baila por el techo, ceniza, de la habitación.
El humo apenas diluido, suspendido entre las cuatro luctuosas paredes. Como el plano general permanece inmóvil, no nos queda más que adivinar el cigarrillo. Quizás hasta ese momento ni te percatabas de la silueta tumbada en la cama. Su trazo queda también difuminado, ocultado por las sombras de una habitación casi obstinada a ser inerte. Casi... porque un pequeño pájaro pía durante dos minutos. Insidioso en su proceder, crea el contrapunto de la escena. Me parecen los dos mejores minutos de la película.
http://www.youtube.com/watch?v=HUAKktq2SpA
Existe un pequeño problema que no permite que este trabajo alcance mayores cotas: falta selva para semejante tigre.
Chagolate con churros 
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| 20 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
22 de Octubre de 2006 |
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Me atraen especialmente las descripciones serias y oscuras de los asesinos, las extrañas miradas que entrecruzan esos sicarios de guantes blancos y gabardina triste con esas mujeres noctámbulas.
En un principio me fue difícil entrar en la película, pero, pasados los primeros minutos, me absorbió por completo. Se lo tengo que agradecer a un guión la mar de intrigante, a una dirección que sabe transmitir a la perfección el frío ambiente de pesadilla por el que se mueven los personajes, a unos actores que cumplen con seriedad, a la fotografía. La música fue lo más flojo, aunque tiene sus buenos momentos.
Es evidente que se encuentra entre los clásicos de cine negro que más influencia han tenido. La muestra más reciente de ello la encontré no hace mucho en "Ghostdog", de Jim Jarmusch, que aborda una historia y unos personajes similares con más desenfado pero con mucha menos tensión.
jastarloa 
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