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Sinopsis
Harry (Jared Leto) y su madre (Ellen Burstyn) tienen sueños muy distintos: ella está permanentemente a dieta esperando el día en que pueda participar en su concurso televisivo preferido; la ambición de Harry y su novia Marion (Jennifer Connelly) es hacerse ricos vendiendo droga y utilizar las ganancias para abrir un negocio propio, pero nunca tienen el diner... Leer sinopsis completa
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5 de Agosto de 2005
327 de 397 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Impresionante experimento visual que sumerge al espectador en el descenso a los infiernos más aterrador jamás proyectado. Es la "Divina Comedia" contada al revés. El guión es sencillamente demencial y la puesta en escena deja en pañales lo arriesgado que había sido ya su trabajo en "Pi". Los actores dan miedo de lo bien que están (incluyendo el onírico 'showman' Tappy Tibbons) y, en especial, una inconmensurable Ellen Burstyn que se quedó sin Oscar por agraciar a Julia Roberts. A lo largo de este recorrido acompaña al espectador la perturbadora y desasogante banda sonora del Kronos Quartet que, una vez acabada la película, no dejará de perseguirle allá donde vaya y de ponerle los pelos de punta cada vez que escuche el asombroso tema principal, "Lux Aeterna". La película avanza como un tren fuera de control para acabar todo con unos 20 minutos finales que dejan al espectador por completo destrozado mientras es incapaz de apartar la mirada de la pantalla. Una película que deja cicatrices.
Andunemir  |
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11 de Octubre de 2007
204 de 286 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Había una época, una época remota, en la que tenías toda la vida por delante. Te hallabas al comienzo de ese camino deslumbrante por el que se desplegaba una interminable alfombra de terciopelo rojo, invitándote a avanzar hacia el mañana.
Por aquel entonces creías firmemente que podías comerte el mundo, aspirarlo a bocanadas. Los brazos de tu madre eran los puertos a los que arribabas para escapar a las tempestades, para absorber esa sensación de seguridad y de bienestar que te proporcionaban.
Por aquel entonces, el abrazo de tu madre y los confines de tu hogar eran tu horizonte, mientras en tu desbordada imaginación se gestaban sueños de grandeza. Visualizabas todo lo que ibas a conseguir.
Y tú eres esa madre amorosa sin más perspectivas ni anhelos que el cuidado de tu familia, una mujer cuya identidad siempre ha estado supeditada a la de los que te rodean, sin más sueños que los de ver a tu hijo convertido en todo un hombre.
Comienzas tu andadura por la alfombra de terciopelo rojo con paso airoso, desafiante, mirando exultante a tu alrededor y todo te anima a seguir adelante; el sol, benévolo, brilla con fuerza para ti; las frondas de la vegetación que forman un exuberante túnel a tu paso reverberan con todos los tonos de verde.
Continúas avanzando y el túnel comienza a curvarse. La alfombra de terciopelo va adquiriendo un tono de rojo cada vez más desvaído; la vegetación va amarilleando y se vuelve más rala; el sol se oculta intermitentemente y su resplandor disminuye. Y, en algún momento que no aciertas a determinar, el sendero se ha transformado en un retorcido laberinto tan lúgubre como los corredores del infierno. Y, ¿dónde se halla ese sueño que antes percibías con meridiana claridad al final del túnel? ¿Se ha ocultado acaso en las profundidades de este extraño laberinto que se va alejando de todo lo que te resultaba familiar?
Pero continúas avanzando. Te habitúas al intrincado laberinto, a caminar por la oscuridad sin saber hacia dónde te diriges. Tus sueños de grandeza se van diluyendo lentamente tras una cortina brumosa.
El laberinto, cada vez más degradado y corrompido, oculta trampas, puñaladas. No regala nada. En el laberinto del infierno nada se concede gratis. Te ofrece la luna, la evasión, la huida artificial. Te ofrece esa sensación de falso optimismo, de ficticias esperanzas, de patética euforia. El laberinto coloca muy lejos de tu alcance un sucedáneo de sueños adulterados que promete concederte a cambio de que prostituyas tu alma y tu cuerpo. Tú, que todavía crees que habrá un mañana mejor, te prostituyes a cambio de ese sueño imposible, mientras te destruyes en el universo alucinógeno con promesas de una felicidad que te esquiva.
Sigo en el spoiler.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Y tú, la madre, también te vendes. Te vendes a la esclavitud de la televisión, de los programas sectarios que arrollan tu débil voluntad bombardeándote con mensajes de inalcanzable y vacía belleza puramente exterior, con estúpidos anhelos que te reducen a un ser que apenas vive más allá de las dimensiones de la pantalla del televisor. Te vendes a ese mensaje atrayente y dañino que sólo te conduce a la autodestrucción.
El laberinto se cierra sobre ti sumiéndote en las tinieblas más abismales. Tu paso ya no es airoso ni desafiante, tus ojos ya no brillan, tu cuerpo y tu mente son despojos atrapados en la adicción más salvaje. Caminas por pura inercia, un cadáver andante presto a derrumbarse en cualquier momento para no levantarse jamás. La completa oscuridad te envuelve como en una pesadilla de la que sabes que no vas a despertar. Ya no hay alfombra de terciopelo rojo, ya no hay frondosa hojarasca, ya no hay sol que te alumbre. Te has abandonado a ti mismo, todos te han abandonado. El laberinto te ha traicionado y ya hace mucho tiempo que no puedes ver aquellos lejanos sueños que una vez tuviste. Han desaparecido. Has desaparecido en el centro de las tinieblas.
Tú ya no estás. Eres menos que una piltrafa.
Tus sueños se han perdido.
Terrible, brutal drama de Aronofsky sobre el inexorable descenso al infierno de las adicciones, de las cárceles que la sociedad construye a nuestro alrededor con el reclamo de un éxito y de una felicidad suprema inexistentes, ideados para atrapar a los incautos en la red de ese gran mercado en el que lo que se pone a la venta es la dignidad humana.
Vivoleyendo  |
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8 de Febrero de 2007
107 de 137 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Réquiem por el sueño americano
Espeluznante, cruda, durísima, fascinante, original y magistral. Así es "Réquiem por un sueño", una película que por su temática y por su original modo de contar las cosas recuerda a la obra maestra de Danny Boyle "Trainspotting" pero de una forma mucho más intensa y cruda.
La película narra simultáneamente dos (o tres, como se quiera ver) historias a cual más dramática:
La primera nos cuenta la vida de Sara, una mujer mayor (la madre de Harry, el protagonista) comienza a tomar pastillas adelgazantes para estar deslumbrante el día en que aparezca en televisión.
Las otras dos nos cuentan las andanzas de Harry, su novia Marion y su mejor amigo, Tyrone. Los tres se dedican a traficar (y a consumir) con droga dura y llegar algún día hasta los más alto.
Todas las historias tienen algo en común, la búsqueda inútil del sueño americano.
Aronofsky, sin duda, es un crack a la hora de contar historias. Algunas secuencias, por el modo en que están rodadas, son de lo más original que he visto en años. Sobre todo atención a las secuencias en las que se chutan los protagonistas. Geniales, sin llegar a ser ni la mitad de explícitas que en "Trainspotting", aunque se vuelven algo repetitivas.
Por otro lado, las interpretaciones son todas soberbias, en especial la desorbitada interpretación de Ellen Burstyn (perdió en los óscar ante una muy inferior Julia Roberts).
La banda sonora es memorable y en algunos momentos se fusiona con la película de tal forma que llega a sobrecoger.
Poco más hay que decir de esta genialidad con la que se le quitan a uno las ganas de ver una droga en la vida. Imprescindible.
Black Mamba  |
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22 de Octubre de 2005
200 de 325 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pocas películas consiguen dejarte pensativo y afectado al terminar de verla, Requiem por un sueño es una perfecta combinación de: un buen director, una buenísima banda sonora, un buen montaje, unos actores juveniles buenos (jared Leto, Jennifer Connelly y Marlon Wayans) y el poder de la experiencia (Ellen Burstyn).
Requiem por un sueño es una de las mejores películas que se ha hecho en EEUU y debe ser una vista obligatoria por parte de todos los jóvenes y adultos para concienciarnos de que la vida no es un juego.
requiemforadream  |
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GVD
Madrid (España)
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7 de Marzo de 2008
79 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Si no fuera porque la duración es algo mayor que lo habitual y porque viene avalada por la crítica internacional, cualquiera diría que éste es el nuevo anuncio de la campaña del Ministerio de Sanidad y Consumo contra la drogadicción. Porque es igual de simple y evidente que éstos, sólo que con un apartado técnico resultón.
Si hay alguna trama escondida debajo de la montaña de planos a la velocidad de la luz, o de los efectos sonoros de jaqueca, yo no he conseguido desentrañarla o, al menos, interesarme lo más mínimo por ella. No hay personajes, éstos no son más que marionetas esclavas de las pretensiones del autor, el cual las somete a sobredosis de efectismos de pacotilla. Pero atención a la descripción de los personajes: una ensoñación en un puerto, un recuerdo de la infancia y la aspiración de un trabajo como diseñadora de moda, y con esto ya tienes perfilados al terceto joven de la película. Toma pedazo de descripción.
Sólo hay un personaje que logra resultar humano y creíble en este videoclip epiléptico, y es el que corre a cargo de esa inmensa actriz que es Ellen Burstyn. En la escena en la que está hablando con su hijo, la cámara se detiene (¡por fin!) en el rostro de la actriz y, sólo con su interpretación, ésta logra transmitirme la angustia, la soledad y la desesperación que durante hora y media interminable pretende conseguir, pero en vano, el plasta de Aronofsky. Pero, por supuesto, ese oasis de buen cine, es rápido enterrado por la inútil y mareante envoltura técnica.
Noto que en todo momento se busca el estremeciento, la angustia y el miedo ante lo que se nos está contando, pero yo sólo consigo marearme, y si no me duermo es por los rimbombantes efectos de las narices, que se preocupan por evitar que cierre los ojos ante el desarmante despliegue de golpes de efecto. Aquí la única angustia es la de mi cabeza obsequiándome con una resaca notable como reacción al castigo al que la he sometido. En definitiva: humo.
GVD  |
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