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| 16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
4 de Octubre de 2008 |
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Sin saber muy bien por qué, me esperaba más bien una comedia con pequeños toques dramáticos, al estilo de aquellas comedias ligeras de los años 30 que trataban con feliz optimismo sobre la alegría de vivir y de amar. Pero lo que he hallado ha sido un drama sencillamente maravilloso y profundo, de los que llegan a tocarte donde otras muchas películas no alcanzan.
No había visto la sinopsis, y me esperaba una película humorística y simpática sobre personas que se alojan en un hotel de lujo. Nada más lejos de la realidad. Porque lo que tenemos aquí es un bofetón de sentimiento que nos enseña lecciones de vida. Ninguna lección que no sepamos ya, pero que nos llegan igualmente. Lecciones sobre las cosas más esenciales. Sobre las ingratitudes de la vida y las compensaciones que a veces trae, sobre las injusticias sociales, sobre la indignidad, sobre la auténtica caballerosidad, sobre la bondad, sobre la maldad, sobre la valentía, sobre la cobardía, sobre el nacimiento del amor verdadero y de la verdadera amistad. Sobre el poder del dinero y sobre su inutilidad.
En las habitaciones del Gran Hotel de Berlín, en el período de entreguerras, Edmund Goulding nos enseña a querer un poco más la vida que tenemos.
Gente que va y viene. Unos llegan, otros se van. Muchas historias diarias que pasan con la velocidad del rayo, y que han dejado alguna marca imperceptible en esos aposentos que tanto han visto pasar.
Si las paredes de un hotel hablaran… Si hablaran las almohadas, las sábanas, los sofás, las sillas, los espejos…
En este drama coral se desarrollan varias historias entrecruzadas.
Un empleado de fábrica al que le han diagnosticado una enfermedad terminal y que ha tomado la decisión de pasar sus últimos días a lo grande, gastándose los ahorros de toda su vida.
Un empresario textil arrogante y de escasos escrúpulos, y su bella y pobre secretaria.
Una bailarina de ballet en los momentos más críticos de su carrera.
Un barón arruinado y ladrón de guante blanco que alberga un corazón noble.
Un médico excombatiente de la Primera Guerra Mundial, que se toma las cosas con estoica filosofía.
Un recepcionista a punto de ser padre.
Y, tras todo ello, la presencia discreta de una legión de sirvientes, de botones de hotel, de camareros, de telefonistas, de porteros…
Entre todas estas historias paralelas surgen algunos amores regeneradores, salen a relucir perfidias y abusos de poder, arrepentimientos por algún pasado oscuro que se desea dejar atrás, la salida de un bache emocional debido al período crítico de una carrera artística, las repentinas ilusiones de una modesta secretaria que sueña con salir de unas grises perspectivas para conocer algo mejor que una sucesión de jefes abusivos, la integridad de un hombre a un pie de la tumba que hace despertar la voz de la conciencia y que regala amistad y afecto sin reservas. Y los nervios de un padre en ciernes que no puede estar al lado de su esposa por causa del trabajo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Dulce y amargo, tierno, duro y crítico, feliz y triste, que va evolucionando hacia una intensidad tremenda, la intensidad de unos trozos de vidas que lo condensan todo en la fugaz estancia en un hotel que lo observa todo con sus ojos sabios y compasivos, y que ve entrar y salir a todo el mundo con el vaivén de una puerta giratoria.
Vivoleyendo 
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| 10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ZePequeno
Oviedo (España)
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Su valoración:  |
2 de Agosto de 2007 |
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Una vieja gloria de la danza, a la que su tiempo ha pasado, ha sido contratada para interpretar a la gran estrella del cine mudo en una película sonora ...¿o es al revés?
El caso es que Greta Garbo no se encuentra cómoda en ningún momento interpretándose a si misma, mientras que Joan Crawford se desenvuelve con una soltura apabullante entre las grandes estrellas del momento.
La mejor película de 1932 (siempre según la academia) exibe glamour en plena depresión y una moralidad ligera que se tardaría en volver a ver en una superproducción de Hollywood hasta mucho tiempo después.
ZePequeno 
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| 11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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FATHER CAPRIO
Almeria (España)
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Su valoración:  |
16 de Febrero de 2007 |
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Cuando una película que ha conseguido el Oscar a la mejor película nos deja indiferentes, algo así como ni fu ni fa, pues nos preguntamos, ó al menos yo lo hago : ¿Que pasa? ¿Que es lo que no funciona? Y claro, la respuesta, cuando se encuentra, es siempre subjetiva. Porque, no puede ser que señores entendidísimos en cine, allá por el año 1932 dieran su premio a una obra menor. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Pero ¿Qué es...?
Y sigo mi sesudo empeño en resolver este jeroglífico. Hombre, Joan Crawford está bien, y le da al personaje ese aire de que hay que ganarse la vida y vale todo, y si hay que pasar, pues se pasa...
John Barrymore tambien esta creíble como noble arruinado y ladrón, Wallace Beery pues es un actor de línea sobria y que también, segun creo, atraía a las señoritas de la época, y en este film está correcto. Mención aparte, bajo mi criterio, para Lionel Barrymore, actor al que conozco poco, pero que está genial.
¿Que falla? Sigo preguntándome...
Carezco de una respuesta concluyente pero creo, y disculpenme los que vean las cosas de otro modo, que la Garbo está excesivamente supervalorada. Probablemente en otras películas será la Divina pero aquí ha descendido de los cielos y bastante.
También hay otra cosa que me ronda por la cabeza. En el año 1934 le dieron el oscar a "Sucedió una noche" fresquita comedia de Clark Gable y Claudette Colbert pero sin mayores pretensiones... ¿Querían olvidar el crack del 29 y retomar el sueño americano?
Quizás en el 32, con mayor motivo, quisieron regalar a los espectadores la visión de una sociedad anclada en otra época, una fotografía del lujo de los grandes hoteles. Traspasadas las puertas giratorias las cosas serían de otra manera....
FATHER CAPRIO 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Holly
málaga (España)
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Su valoración:  |
20 de Diciembre de 2008 |
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Tengo que comenzar diciendo que adoro incondicionalmente a La Garbo; caí rendida un día a sus pies y allí permanezco encantada. Pero tengo que admitir que en esta película lo que me llamó poderosamente la atención fue la magnifica interpretación de Joan Crawford, que con ese único vestido que le dieron (y que ella misma arregló poniéndole más escote) y con esos ojazos se come literalmente la película. Aparece fresca, emotiva y muy divertida. Yo de Greta prefiero de lejos Ninotchka, Margarita Gautier, La Dama misteriosa o La Reina Cristina, sin quitarle mérito a su actuación en esta magnífica obra. Pero reconozcamos que Joan aquí está increíble y más que a la altura de sus compañeros, superó la prueba que le puso la MGM y con nota.
Holly 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Paco Ortega
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
23 de Febrero de 2009 |
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Vicki Baum se llevó una agradable sorpresa cuando vio su novela “Gran Hotel” publicada. Hasta ese momento yacía como manuscrito olvidada en su casa de Alemania, país en donde pasó la primera guerra mundial. Allí se la encontró un amigo de la escritora austriaca y gracias a sus buenos oficios la empresa se llevó a cabo. Años más tarde la novela fue reconvertida en una obra teatral y posteriormente en esta película que rueda Edmund Goulding en 1932.
La Metro había apostado fuerte por el proyecto porque sacó de su fondo de armario a la artillería pesada: Greta Garbo, Joan Crawford, John Barrymore, y un largo etcétera de magníficos actores. El negocio le fue bien: los beneficios que la productora consiguió fueron el doble de los que había invertido y obtuvo además el Oscar a la mejor película de ese año.
Y no solo el negocio. La película arroja un resultado artístico excelente, y el conjunto funciona a la perfección. El guión de William Drake es eficacísimo. Ahora es frecuente ver películas en donde se nos cuentan historias de vidas entrecruzadas, pero a principios de los años treinta el reto de hacer una especie de puzzle tenía sus riesgos porque los gustos del público eran bastante más lineales.
Goulding maneja muy bien los mimbres, a pesar de las susceptibilidades y rivalidades que había en el casting. No es una casualidad que las actrices protagonistas no tengan ninguna escena en común. La Garbo tal vez está algo pasada, pero completa un personaje excéntrico, que le va a las mil maravillas porque ella era exactamente así. La Crawford está estupenda en ese papel de secretaria que lucha por su propia supervivencia. La escena en la que Barrymore flirtea con ella y le pide una cita para el día siguiente es una de las que todos los cinéfilos deben recordar en su memoria.
Los decorados son extraordinarios. A Goulding se le nota su procedencia teatral, creando ambientes densos y creíbles. Filma el conjunto y se para en los detalles. Nos enseña la epidermis de un gran hotel –una especie de metáfora del mundo y de la vida, en donde, como dice el personaje del doctor, “no para la gente de llegar y marcharse, pero nunca pasa nada”-, pero bucea en el interior de los personajes, en algunos casos con aciertos evidentes.
Por todas estas razones, “Gran Hotel” es una de las mejores películas de la década de los treinta.
Paco Ortega 
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