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Hay un instante para todo, muchos han existido sólo para ser acompañados de la música, unos amplios y acordes sonidos que manejen la situación, que formen parte de ese acto involuntario de querer realizar varias tareas a un tiempo, o que marquen los magistrales sentimientos de la nada, cuando intentas cerrar el torrente de información que produce el mundo y el cerebro a partes iguales para ser sólo partícipe del sonido.
Philip Glass, como uno de los representantes de la New Age es un acompañante perfecto para muchas de estas situaciones, al menos sí me ha seguido, en ocasiones incluso sin darme cuenta, nunca percatándome del todo de su presencia, porque su sonido puede ser tu verticalidad u horizontalidad, sin más misterio que la música de algo que has puesto porque te apetecía.
El mismo misterio que este segundo documental, una respuesta a un por qué siempre será porque me apetecía, ninguna opinión, imagenes que me siguen pareciendo que acompañan a la música, esta vez continuando los pasos del humano, que no marca el suelo como unidad, pero que retratan para comprender, yo creo que para observar como voyeuristas profesionales, lo que otros han vivido en algún momento.
Puede que haga unos ocho años, mi hermano me puso este documental, como algo que debería ver y disfrutar, pero duré minutos contados, no tenía interés en ese momento, no comprendía la unión de la música y las imágenes, seguramente encontré un compromiso muy alejado del otro, aunque mis conocimientos sobre Philip Glass muy poco han variado en todos estos años. Pero sí permite esto ver que hay un segundo que le quieres dedicar a algo específico, por ti mismo, sin que nadie te aconseje y disfrutarlo, reconozco que no tanto como Koyaanisqatsi, per sin restar méritos al consejero del pasado, al músico, al director, ni a mi misma.
mnemea 
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