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¡Estoy vivo! (¡Está vivo!)

5,2
437
votos
Sinopsis
La película cuenta la historia de terror de un bebé deforme que, sin explicación alguna, ha nacido con instintos asesinos. El día de su nacimiento, escapa del hospital y los padres del niño empiezan a ser el centro de la atención pública. Primera película de una trilogía dirigida en su totalidad por Larry Cohen, en 2008 se realizó una nueva versión de esta historia. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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8 de octubre de 2009
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Larry Cohen, un clásico del cine casposo, nos ofrecía en el 74 una historia basada en un recién nacido... asesino!! Partiendo de una original premisa inicial, y con un presupuesto de serie-B, Cohen logró un film de culto, que acaba de estrenar remake.

Y es que no solamente es una película de un niño asesino. En ella también hay signos de surrealismo y de crítica social, algunas muy fuertes (Que detallo en la zona spoiler). Por ejemplo de escenas aparentemente sin sentido: la escena inicial, en la que la madre se da cuenta de que va a dar a luz, es de una tranquilidad y una paz absoluta, totalmente superficial.

El padre espera el parto junto con otros futuros padres, mientras hablan de la contaminación, y de la mierda de mundo en el que nacerán sus hijos. Entonces ocurre la escena mítica del film. El quirófano masacrado. Doctor y enfermeras cubiertas de sangre, y el bebé ha desaparecido. La policía descubre, quizá demasiado pronto y sin despeinarse, que el asesino es el propio bebé, que ha tenido que salir mutante o algo (Éstos sí que son buenos, y no el CSI!!).

A partir de aquí la película se hace un poco cansina, le falta algo de ritmo y sobre todo alguna aparición del bebé, que pasa oculto la mayor parte del metraje. Eso sí, los efectos sonoros están muy logrados.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
PlanetaClaqueta
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4 de octubre de 2008
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se suele hablar de ¡Estoy vivo! como un clásico de la serie B de terror, avalado por el especialista Larry Cohen. Cierto es que su argumento es cuanto menos curioso, pero los resultados son dispares.
Hay que tener en cuenta que es una película que en breve cumplirá 35 años. Se hace necesario verla con perspectiva histórica, si no la desecharemos rápidamente. En su momento impresionaba lo sórdido del planteamiento y, por supuesto, la creación del bebé diabólico. La historia es simple: en un matrimonio feliz nace un bebé anormal, monstruoso, que escapa y se dedica a matar a todo el que se cruza en su camino. En un primer momento, sólo vemos la película esperando la próxima muerte a manos del bebé, y en ese sentido podemos salir algo decepcionados, simplemente porque hace 35 años no había tanta variedad de recursos como ahora. Pero, en cambio, quedamos sorprendidos cuando vamos viendo que la película también maneja y analiza otros temas, dando cierta profundidad a tan simple planteamiento: la irrupción de lo maligno en la cotidianeidad, el acoso de los medios, la maternidad frustrada, etc.
El resto es mediocre. Actores, guión, música (de Bernard Herrmann), todo eso es completamente funcional. Es una película de terror, barata y para amantes del género únicamente. Al resto los dejará fríos, a pesar de que contiene varios puntos calientes en su desarrollo y no causa la risa que cabría esperar pasados tantos años.
juanantlopez
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14 de noviembre de 2010
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una peli con pocos medios pero muy efectiva y que conserva ciertos momentos de angustia muy conseguidos y ha resistido bien el paso del tiempo. Sigue siendo una historia muy original y poco explotada. Pocas pelis de bebés asesinos he visto.

Buen nivel actoral con un excelente John Ryan, actor del que os sonará la cara, pero no pondréis nunca nombre. Un gran secundario.

La que lía el crio que tiene a toda la policía de la ciudad en vilo y va matando y asesinando impunemente por ahí cual psycho-killer. Para ser un film de 1974 el nivel de sangre no esta mal, aunque el fuerte del film son algunas secuencias de tensión muy conseguidas, gracias en parte a su angustiosa y excelente banda sonora.

Mención aparte para el diseño del bebé. Teniendo en cuenta el año del film, es muy bueno. Es más, le da mil vueltas a la mierda que hicieron en el apestoso remake que se hizo hace un par de años.

Una de las mejores películas de Larry Cohen.

Lo mejor: El papel de John Ryan como padre es espléndido y sus reacciones son comprensibles y lógicas para el espectador. Sabe que su bebé es un mosntruo, pero le tiene cariño por ser su hijo. Pero aún así sabe y acepta cual ha de ser su destino.

Lo peor: Que unos desgraciados realizarán una porquería de remake hace poco. Un asesinato de film que no es digno de compararse con este.

La frase: - Ha nacido otro en Seattle.
Heroquest
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2 de febrero de 2011
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una mujer da a luz a un ser mutante que crea un pánico en la ciudad al asesinar a los médicos y enfermeras que la atendían en el parto, y escaparse.
Éxitoso serie B de terror -aún así música del maestro Bernie Herrmann-, muy típico del género pues a su argumento de terror se le aplica un tratamiento de thriller/policiaco. La película cuenta con unos últimos 45´ muy logrados, de una conseguida atmósfera y una buena dosificación de sus elementos. Son notables también las interpretaciones de la propia pareja protagonista y a la película la sobra la teoría con la que se quiere explicar el fenómeno: las mutaciones del bebé se deben a que la mujer ha tomado píldoras anticonceptivas. Ja, ja, ja. Una licencia reaccionaria y prescindible.
Originó multitud de secuelas-fórmula.
kafka
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30 de marzo de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el año 1960 se patentó el Enovid[1], el primer tratamiento anticonceptivo de la historia. Primero apareció en Estados Unidos, pero rápidamente se extendió alrededor del mundo occidental. Este fármaco supuso un auténtico hito en la historia de la humanidad, porque ahora la mujer podía romper con las cadenas que habían obligadoa la mujer durante toda la existencia de la humanidad a mantener un papel mucho más cauto y secundario a la hora de tener relaciones sexuales. A pesar de ello, en el 1968 (el mismo año en que se estrenó la semilla del diablo con quien Estoy vivo comparte ciertas similitudes) un grupo de científicos británicos declaró que estos medicamentos se habían patentado demasiado rápido, y encontraron una serie de implicaciones evidentes entre el Enovid y muchos efectos secundarios peligrosos, como casos de embolia y coágulos de sangre.

Otro medicamento que supuestamente había de mejorar la condición de la mujer se demostró finalmente que era el causante de grandes desastres. En este caso la Talidomida, un medicamento que ayudaba a aliviar las sensaciones de náuseas que vienen acompañadas con el estado de embarazo. Rápidamente se descubrió que la Talidomida tenía unos terribles efectos secundarios, y que había sido el causante de deformaciones en múltiples nacimientos. En Alemania, en Agosto de 1962, el ministerio de Salud declaró que el medicamento había afectado al nacimiento de ni más ni menos de diez mil infantes, de los cuales murieron la mitad, mientras que el resto nació con grandes problemas, convirtiendo en una auténtica pesadilla el hecho del embarazo. Muchos de estos niños nacidos bajo el efecto de la Talidomida producían imágenes tan grotescas que parecían sacados de películas de terror. Los periódicos más sensacionalistas publicaban fotos de malformaciones para conseguir el máximo morbo posible, con tal de sacar provecho comercial. La ficción volvía a superar una vez más a la realidad.

La película de Larry Cohen, It’s Alive, realizada en el 1974 como la primera parte de una trilogía, no se puede entender sino hablamos antes de esta cuestiones. Es algo que el film pone de manera totalmente implícita en muchas secuencias, pero aún así a muchos se les ha pasado por encima.

Ya en las primeras secuencias, la madre del monstruoso niño (que aún no ha salido a la luz) muestra unas caras de preocupación y comenta que tiene unas sensaciones extrañas respecto al primer embarazo que tuvo. Antes de que de a luz, el padre protagonista de la criatura se encuentra en una sala de espera donde conversa con diferentes personajes que también están en espera. Se pone de manifiesto la contaminación tan palpable de la ciudad-Ya no se puede ver nada por culpa de la niebla-Mientras que uno de los personajes, que trabaja en una compañía que produce insecticidas comenta un supuesto caso real. Se refiere a un matacucarachas que patentó su empresa, y que en vez de conseguir eliminarlas, las hizo más fuerte. Pero sin duda, la secuencia más explícita de todas tiene lugar a mitad del metraje, cuando la madre le espeta a su médico que la culpa del haber dado a luz un monstruo es suya, por haberle dado tantos medicamentos y pastillas. Por no hablar del final de la película. Cuando la pesadilla ha acabado, a nuestros protagonistas se les comunica que acaba de aparecer un bebé similar en otro lugar del país. La pandemia se extiende.

Larry Cohen recoge precisamente todos estos miedos derivados de los efectos secundarios de ciertos medicamentos para realizar una film guignolesco, que no tiene reparos en mezclar salvajemente sangre sudor y lágrimas. Sin duda, lo mejor de la película es la potencia visual de ciertas secuencias (como la bestialidad del embarazo), que sin embargo el guión no es capaz de mantener. Cohen nunca fue un gran amante de revisar los guiones, y ciertamente esto se nota en el film. Hay una cosa que aun a pesar de ser lógica, no se encuentra plasmada en la película, y es que todos los personajes del film reaccionan de una manera extraña pero no coherente ante el nacimiento del bebé. Es un fenómeno ciertamente bizarro, porque ninguno de los protagonistas, incluido el padre, se comporta de una manera lógica. Por otra parte, la película va dando serios bandazos. El bebé aparece y desaparece dejando un reguero de cadáveres detrás de sí, pero nunca con un desarrollo bien construido detrás.

Interesante la secuencia del plano subjetivo, que parece anticipar la de algunos films slashers, cuando observamos la misma vista que la del bebé asesino, cuando quiere eliminar a sus víctimas. El plano subjetivo intenta ocultar claramente a nuestro protagonista, que tarda bastante en mostrar su verdadero rostro, en gran parte porque Cohen quiere jugar a no mostrar explícitamente su monstruo, hasta que no ha transcurrido gran parte del film.



[1] Todas estas referencias están perfectamente desarrolladas en el libro de David. J. Skal, Monster Show: Una historia cultural del horror, Ed. Valdemar, Madrid 2008, En el capítulo Vive, me temo.

http://neokunst.wordpress.com/2014/03/30/estoy-vivo-its-alive/
Kyrios
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