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| 29 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Iguart
Urretxu (España)
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Su valoración:  |
18 de Marzo de 2006 |
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Esta película podrá parecer pesada y aburrida a mucha gente, pero a otra mucha le encantará. Lo primero, si se quiere entender al completo todos los detalles de la película, hay que tener un mínimo de conocimientos de Física. Solo así podrás darte cuenta de lo realmente extrema que es la situación, y podrás meterte en el papel. No es una película de acción ni fantasia, para nada, es un hecho real perfectamente plasmado en la pantalla. Si ves la película como viste Star Wars o Armaggedon, pues te decepcionará, pero si la ves porque quieres saber cómo fue realmente la tragedia del Apolo 13 y te interesa algo el mundillo de la astronáutica, pues te encantará, como a mí.
Un detalle: "Las escenas en las que aparecen en ingravidez, flotando por la nave, las grabaron en un avión que se tiraba en picado durante unos segundos, en los cuales en su interior notaban como la gravedad se anula con la aceleración del avión. Tuvieron que hacer más de 600 "caídas" con el avión."
Iguart 
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| 12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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DrJuve
La Paz (Bolivia)
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Su valoración:  |
29 de Abril de 2010 |
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Apolo 13: Hora de despegue 13:13, día programado para alunizaje 13 de abril de 1970. ¿Fue un reto al destino? ¿un reto al cabalístico número 13? Habrá que sumar al infortunio la presencia de Richard Nixon en la presidencia de los Estados Unidos.
Ron Howard nos presenta un film bien logrado que trata de captar los detalles de la novela de Jim Lovell, con buenas actuaciones como la de Ed Harris, Tom Hanks funciona pero estará usted de acuerdo conmigo que no está en su mejor papel.
El gran reto de la película era explicar al espectador en términos simples el gran problema tecnológico que se desató a varios miles de kilómetros de la Tierra y a pesar de la larga duración lo consigue.
Dr.Juventus
DrJuve 
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| 8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Feisal
Madrid (España)
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Su valoración:  |
10 de Agosto de 2008 |
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Estamos ante una película con dos lecturas. Por un lado, me parece un filme muy entretenido que cuenta una de esas "historias de coraje y heroísmo más grandes que la vida misma" que tanto les gusta a los americanos, en este caso, la odisea de Jim Lovell, Fred Haise y Jack Swigert, los tres astronautas del programa Apollo, que, a bordo del Apolo 13, iniciaron un viaje hacia la superficie de la Luna para ver como a mitad del viaje, una explosión les hizo pasar mil y un calvarios para poder regresar vivos a la Tierra. En ese aspecto, la película cuenta con un buen ritmo que pasa de mostrarnos la vida en familia de los astronautas, sus entrenamientos y sus quehaceres, para después hacernos vibrar con todo el proceso del lanzamiento del cohete y el inicio del viaje espacial. Como ya digo, una estupenda primera parte, con una gran ambientación tanto del Centro Espacial Kennedy como de la propia nave Odisea, coronada con buenas interpretaciones de todos sus actores (Ed Harris y un Tom Hanks en su mejor momento se llevan la palma), además de un conseguido ritmo del suspense y la tensión cuando las cosas empiezan a torcerse.
Pero como en casi todo el cine de Ron Howard, siempre hay detalles que es por donde sus películas comienzan a hacer aguas. Una vez que comienzan los problemas, la blandenguería empieza a imperar no sólo en las familias de los astronautas, sino en las relaciones de los propios astronautas, donde comienzan a verse los típicos "señores, tenemos que volver a casa", "nadie tiene la culpa de lo ocurrido", etc. Según va avanzando la historia hacia el final, empieza a verse un mal disimulado patriotismo, por aquello de que "el mundo entero reza por la suerte de los tres astronautas, desde el Muro de las Lamentaciones, hasta la Mezquita de la Meca, pasando por el Vaticano y la catedral de San Basilio en Moscú, etc, etc". Sobra totalmente, y le da a la historia un tono que la hace naufragar, al igual que la buena partitura de James Horner que, al igual que la película, va de más a menos, y acaba siendo poco menos que una marcha militar en honor de los astronautas. El final cursi acaba estropeando una interesante película que podía haber sido más, mucho más, pero se queda en meramente correcta con algún que otro momento sonrojante. Destaco la ambientación del espacio (con esas vistas de la superficie lunar, impresionantes), el despegue del cohete, y al fenómeno de Ed Harris (nadie podría decir mejor que él lo de "nunca he perdido a un hombre en el espacio, y juro por Dios que no lo vamos a perder ahora").
Feisal 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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E_d_u
Santander (España)
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Su valoración:  |
30 de Septiembre de 2009 |
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Asombrosa hazaña que cuenta una historia de valentía, fe y talento sobre un caso basado en hechos reales. La misión espacial Apolo XIII, que iba con las intenciones de ser el segundo vuelo propuesto a posarse sobre nuestro satélite y que tras un tremendo contratiempo, tuvo que interrumpir su cometido y volver apresuradamente a la tierra. Ron Howard, quien ha tratado todo tipo de temáticas como director como son el mito de la sirena ('Un, dos, tres...¡Splash!'), la fábula medieval ('Willow'), el heroísmo ('Llamaradas'), el periodismo ('Detrás de la noticia') o el melodrama de superación personal ('Una mente maravillosa'); recrea con asombroso rigor histórico e increíbles efectos especiales -entre ellos el filmar en una auténtica cámara antigravitatorio-, aquellos acontecimientos espaciales. Además, se apoya en un reparto de lujo encabezado por Tom Hanks acompañado de Ed Harris, Kevin Bacon o Bill Paxton.
E_d_u 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
3 de Agosto de 2011 |
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Nunca he soñado con pisar la Luna. Me siento endiabladamente contenta de poder verla a trescientos ochenta mil kilómetros, desde este hábitat terrestre que me atrae con su gravedad y me ha forjado para mantenerme viva en él.
Me encanta contemplar la Luna, mirar todas sus fases. Me quedo embobada viendo cómo su cara visible se va agrandando cada día hasta el glorioso plenilunio, y cómo mengua después hasta ausentarse durante toda la noche, para volver a reaparecer. Me subyuga cuando, tan redonda como un balón de baloncesto, se alza justo por encima del horizonte y, por ese efecto óptico de la refracción causada por la atmósfera, parece un enorme disco dorado suspendido en el azul, con ese rostro triste que nos ofrece a perpetuidad. Y esa alquímica coincidencia de factores por los que se producen los eclipses.
La Luna me fascina, al igual que todo el firmamento nocturno. Me hacen sentirme tan pequeña que no puedo creer que se me haya concedido el privilegio de solazarme con tantas maravillas y misterios ahí insinuados en el espacio profundo.
Pero nunca he soñado con pisar la Luna. No soy tan valiente. O tan temeraria. Sé muy bien cuál es mi sitio: seguir con mis pies plantados en el suelo de la Tierra, y desde ahí levantar la mirada y sonreír a nuestro precioso satélite natural y a todos sus compañeros de la noche.
Será por eso que aprecio tanto este sólido apoyo bajo mis suelas, lo adoro mientras dedico una ovación respetuosa y admirada a aquellos astronautas que fueron a la Luna en mi lugar, en el lugar de todos los que no hemos ido ni iremos. No envidio su suerte, no envidio sus aventuras, ni sus riesgos, ni su arrojo, no envidio sus vuelos por la órbita del satélite ni sus paseos dejando huellas en el polvo. Mi rendido interés no se encamina a desear emularlos, sino a comprenderlos, a imaginar lo que se siente estando en una cápsula espacial a miles de kilómetros de casa con un minúsculo escudo protector que es lo único que se interpone entre el vacío absoluto y tú.
No me canso de leer sobre las misiones Apolo. No me canso de leer sobre la Luna, los planetas, las estrellas, las galaxias, las misiones no tripuladas dirigidas a todo el Sistema Solar, la impresionante carrera espacial del siglo pasado que habría hecho temblar de gozo a Newton, a Tycho Brahe, a Copérnico, a Galileo, a Kepler y un largo etcétera de científicos que, aún en los pañales de la ciencia, contaron sólo con el poder de sus observaciones y sus cerebros para descifrar algunos secretos que todavía hoy sustentan las bases de la Astronomía, y que la moderna tecnología está confirmando y completando a pasos agigantados.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Astronautas de las naves Apolo, siempre me inclinaré ante vosotros, porque hicisteis algo que yo no soñaría siquiera con hacer. Apolo XIII, también os dedico una ovación acalorada, porque tuvisteis el coraje de aceptar estar tan cerca del objetivo sin llegar a rozarlo, y los arrestos de volver a casa cuando todo estaba en contra. Y a los del control en tierra, la virtud de no desfallecer ni entregar a la muerte a tres seres humanos.
La misión real tuvo que ser tropecientas veces más emocionante y angustiosa que esta película. Pero Ron Howard lo hizo bien. Como Lovell, Haise y Swigert, no tocaré la Luna tras estar tan cerca. Pero me alegraré infinitamente por estar de vuelta en casa.
Vivoleyendo 
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