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Críticas de "Un corazón en invierno"
Un corazón en invierno
Buena
Claude Sautet
(1992)


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Un Corazón en InviernoUn Corazón en Invierno
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44 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Listocomics Puntocom   Barcelona (España)
Su valoración: Interesante 31 de Agosto de 2007
¿Qué puede haber más estirado que una pandilla de franceses?
Una pandilla de franceses aficionados a los violines.

Coñas a parte, Un corazón (de melón) en invierno es una croqueta certificada, que cumple a rajatabla las Cuatro Reglas de Oro del Cine de Autor (CROCA), pero resulta entretenida y tanto los personajes como la trama suman varios puntos extra en el terreno de la comedia involuntaria.

El prota es más soso que la sopa de un hospital, pero a) la nariz se le va graciosamente para un lado y b) es capaz de aguantar durante tanto rato la mirada -mirada de cordero degollado, concretamente- que termina dando morbo a las chiquillas.
La guapa de la peli es muy guapa y muy lista, faltaría más, y toca el violín y es casi perfecta... pero no se le da muy bien aceptar calabazas (supongo que, como todo, esto es cuestión de práctica y que se le daría mejor si no tuviese eso ojazos y ese culito).
Para completar el glamouroso triángulo hay también un tipo que se supone que es un elegante triunfador, pero que cuando se enfurece golpea con la mano abierta, lo que, por decirlo finamente, nos parece una forma de golpear un poco afrancesada.
Y los demás personajes no dejan de ser caricaturas andantes de la intelectualidad europea, y discuten sobre lo deleznable que resulta la banalización del Arte, que parece que uno va al Louvre hoy en día y no se encuentra más que turistas españoles, qué grima, madre mía del amor hermoso.

Y va Claude Sautet y hace que estos bichos se enamoren, más o menos, por decir algo, al menos hay un poco de enamoramiento platónico, o una atracción rara o un cosquilleo estomacal o un queseyó, quizá son las alubias del almuerzo que buscan una salida.

Nota: un notable bajo.
Listocomics Puntocom
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27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil.
jastarloa   Madrid (España)
Su valoración: Notable 19 de Julio de 2006
Tiene todos los ingredientes para no gustarme, pero están cocinados con tanta delicadeza que me resulta imposible no sucumbir a las miradas que entrecruzan Camille, impulsiva pero frágil, y Stephane, un hombre incompresiblemente –o quizás no tanto si nos montamos nuestras suposiciones– empeñado en negarse a sí mismo sus propios sentimientos.

Absolutamente preciosa es la escena en que Camille se equivoca continuamente durante el ensayo.
jastarloa
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21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Fej Delvahe   Ladera del Monte Titano (San Marino)
Su valoración: Notable 25 de Septiembre de 2007
Hay humanos tan delicados y desapasionados que más bien parecen vegetales. Este es el caso de Stephane (Daniel Auteuil), un hombre que ni siente ni padece sentimientos tan humanos como el amor sexual o la amistad. ¿Será por religiosidad-castidad, por complejo psíquico, por homosexualidad de la que se avergüenza, por castración, por asqueamiento filosófico de la vida, porque tiene un cáncer que no quiere comunicar a nadie? ¡Por algo debe ser!, todo tiene detrás alguna razón o razones; pero el director no nos las descubre. La cuestión es que es un personaje completamente raro y delicado, un artesano reparador que ayuda a los músicos a mantener activos sus juguetes, la personificación de la delicadeza, de la sensibilidad, un genial acompañante que escucha y aconseja, una especie de grabadora o anotador en quien depositar confidencias, pero sin esperar sacarle un mínimo de pasión, de compromiso fogoso, aventurero o explosivo. Se puede contar con él para muchas cosas, hasta para la compasión que otros no son capaces, pero no para amar. Este hombre más que tener el corazón en invierno lo que lo tiene es la vitalidad enterrada en el hielo de la Antártida indiferente. ¡Qué patética y antiamorosa es la indiferencia! Sin duda es mucho mejor la pasión carnal, por muy quebrantadora que resulte a posteriori, mil veces mejor que una vida como la de Stephane, un hombre sin sal ni especias vitales, y lo que es peor aún: sin vitamina E, que por no admitir no admite ni siquiera unas gotitas vitalistas de aceite de oliva!

Si el director lo que ha pretendido es rodar la historia de un indiferente desapasionado, cuya vida es una especie de asepsia precisamente sin vitalidad, lo ha logrado de pleno y con rigor notable.

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Dick_Laurent   Almería (España)
Su valoración: Muy buena 12 de Febrero de 2007
El pilar fundamental sobre el que descansa la cinta es su sólido guión, que consigue interesarnos hasta el extremo por una historia mil veces vista.

En segundo lugar, el triángulo de actores realiza un trabajo perfecto. Sigo dándome cuenta de lo buen actor que es Daniel Auteuil, me da vergüenza decir que lo descubrí en Caché (2005), de Michael Haneke. A André Dussollier lo había visto en La buena boda, de Eric Rohmer, y está más que correcto. Pero, por supuesto, mención aparte para la Béart, qué mujer. Diría “sensualidad”, si tuviera que definirla en una palabra. Su personaje se muestra variable, de una insensible e inalterable gelidez, pasa a transformarse en una ardiente criatura dominada por los celos. Encantadora.

La historia, lo dicho, resulta de lo más convencional. Supongo que así es más difícil que surjan obras maestras, si se tocan temas habituales como el amor, acerca del cual parece estar todo contado. O no tiene por qué, pero en cualquier caso me parece un logro construir una obra tan brillante dado el punto de partida.

Gran trabajo en la dirección de Sautet, que hila todas las secuencias de forma magistral, para que entendamos y aprendamos el complejo proceso de la seducción, el cortejo, ese tira y afloja entre hombre y mujer, tan difícil de gestionar cuando se trata de resolver o consumar el acercamiento. Ese juego se desarrolla despacio, nos ofrece un buen puñado de magnéticos minutos.

Fascinados, desembocamos en un final intenso y extraordinario que se aleja de cualquier cosa que estuviéramos esperando. Una profundidad de personajes como ya no se ve en ninguna película del cine actual. La última película que me ha helado el corazón.
Dick_Laurent
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Vivoleyendo   Huelva (España)
Su valoración: Notable 29 de Febrero de 2008
Cuando escuchamos la música de un violín, no solemos reflexionar acerca de la enorme dificultad y habilidad que supone arrancar alguna nota armoniosa de ese estilizado instrumento. El violín requiere más que práctica, no se contenta con una dedicación absoluta. Exige talento, un esfuerzo constante y, por encima de todo, pasión. El violín es exigente por naturaleza, no se conforma con la mediocridad ni con la tibieza. Quien lo toca, debe amarlo hasta el tuétano. Debe sudar sangre y vaciarse de lágrimas de frustración hasta lograr obtener los sonidos más puros.
El violín no se entrega con facilidad, no cede su virtuosismo a quien no sea merecedor.
También fabricarlo es todo un arte. Es una mezcla entre la ebanistería más sofisticada y consagrada, la ciencia de la precisión milimétrica que alcanza cotas casi crueles, la paciencia más desarrollada, una especie de ignota intuición, un cúmulo de experiencia y, por supuesto, la entrega de los cinco sentidos a la tarea.
Quien fabrica un violín, al igual que quien lo toca, es un artista, dicho en palabras mayores; un alquimista que en lugar de transmutar los metales en oro, convierte unos trozos de madera y de cuerda en vehículos para el prodigio.
¿Magia o ciencia?
La música es matemática pura. Ya lo dijo Pitágoras. Desde luego, pocas formas tan sublimes hay de embellecer algo tan árido (para mí al menos) como las matemáticas. La música es la manera en que esa ciencia exacta traspasa los límites de la razón para entrar en los dominios del corazón.
Muchas manifestaciones de la belleza requieren un sacrificio, y la perfección de la música lo reclama para sí.
Una violinista y un fabricante de violines. Dos genios cada uno a su manera, personas volcadas en sus particulares vertientes de la precisión más severa. Ella, hermosa, pasional, vibrante, dura, dulce, elegante y desbocada, como su forma de tocar el violín. Él, comedido, reservado, calculador, frío, silencioso, paciente y solitario, las cualidades necesarias para un gran fabricante. ¿Qué melodía puede surgir de esta combinación de caracteres tan opuestos?
Sutil historia de amores difíciles y frustrantes, del choque entre una voluntad ardiente y otra fría en un duelo amargo en el que la música del violín es la voz de las almas que buscan alimento espiritual y consuelo para las heridas y carencias afectivas.
Vivoleyendo
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