Cuando acabas de ver esta película, enseguida te asalta la sensación de que durante un rato se te ha permitido ver sin ser visto. Los personajes que deambulan por el film lo hacen de manera austera, pulcra, dejándose llevar por una realidad que se impone. Partiendo de los esquemas más rígidos de la sociedad nipona hasta llegar a una cota tan alta que no queda más opción que renacer de algún modo.
Retrato en sepia de una familia cualquiera con una historia cualquiera, pero común. Verdadero mapa de los sonidos de Tokyo, pero también de las emociones contenidas, de la comunicación escueta y de la sociedad auto-opresora.
Lo mejor es su dirección, precisa, sosegada, capturando sólo lo imprescindible para hacer la historia comprensible al espectador. Rodada con escasez de medios pero con grandes dosis de buen hacer por parte de Kiyoshi Kurosawa.
Para todos los amantes de un cine directo y sin trampas, que es capaz de mostrarnos la sordidez humana, pero dejando siempre la puerta abierta a la esperanza.
spoiler:
Lo mejor es la secuencia final de la audición. Mientras se desgranan las notas del 'Claro de Luna' de Debussy, toda la historia del film, desmontada hasta el extremo, es reconstruida. Los personajes, como notas musicales, renacen gracias a la música.
Y todo concluye con unos créditos que precisamente ya no tienen música, solo sonidos.