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| 27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Strhoeimniano
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
26 de Mayo de 2005 |
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Generalmente se dice que “West Side Story” son dos películas. Una, la dirigida por el coreógrafo J. Robbins (toda la parte musical); y otra, la dirigida por R. Wisse (todo el nudo argumental que adapta la historia de Romeo y Julieta). Por esta razón, una sería soberbia; mientras que la otra, resultaría a estas alturas tan empalagosa y ñoña como un merengue con sobredosis de azúcar. Lo cierto es que esas dos partes, de existir, se abrazan a la perfección en este musical clásico, pero atípico. Digo esto porque un género tan almibarado como el musical nunca fue el territorio propicio para digresiones sociales, y aunque la conocida historia de amor entre Tony y María es el hilo conductor de la película, el protagonismo principal es todo ese marco violento en el que se desarrolla la película.
Un silbido, antes de que veamos ninguna imagen, suena en la sala de cine (hay que verla en pantalla grande, la película gana); a partir de ahí, unas imágenes en picado de la ciudad de N.Y avanzando hacia barrios más pobres, hasta que la cámara, que no volverá a alzar el vuelo, se queda a un ras de tierra, y desde esa altura, con un empleo del cinemascope espectacular, desgranará una historia donde la violencia sólo conduce al dolor, a la muerte y al odio.
Las coreografías espectaculares, de esas que se te quedan grabadas por la vitalidad contagiosa que tienen; la música (¿quién no la tarareó en algún momento?) del maestro Bernstein; los actores... espléndidos, aunque yo me quedaría con Chakiris (nunca se volvió a ver una presencia tan “caliente” en la pantalla de un cine) y Rita Moreno encantadora de principio a fin.
Strhoeimniano 
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| 26 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Fej Delvahe
Ladera del Monte Titano (San Marino)
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Su valoración:  |
11 de Enero de 2007 |
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Enamorarse de alguien que pertenece al grupo enemigo es algo eterno, ocurre y vuelve a ocurrir todos los días en distintos lugares del mundo. En esta película, resulta que sucede en New York a mediados del siglo XX y encima con un añadido que hace más maravillosa la narración: la música y las canciones que la acompañan. Son de tal conexión con la sensibilidad y los sentimientos de amor que se graban en lo más hondo de nuestro ser.
Para mí, "West side story" y "Siete novias para siete hermanos", son los dos mejores musicales de toda la historia del cine, y tal honor se debe sobre todo a que tanto su música como sus canciones son inmensamente brillantes, preciosas y sugestivas; es oírlas y emerger en nosotros el romanticismo y la nostalgia de los días de enamoramiento. Hasta que la muerte nos separe de este mundo, María y Tony, cantándose uno al otro, formarán parte de nuestro oído mental.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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| 21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Darth_Fonsu
Oviedo (España)
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Su valoración:  |
15 de Diciembre de 2005 |
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Un film dual, contradictorio: los bailes son peleas, las peleas son bailes, la inmensidad es íntima, las canciones son política, la oscuridad puede ser acogedora y la luz peligrosa, los nativos son inmigrantes, los inmigrantes americanos, el silencio también es música, tragedia y comedia. Las dos caras de la moneda en la misma pantalla. Un film hermoso y duro. Sin duda imprescindible.
Tres Canciones:
"América" El sueño americano: las portorriqueñas ven la cara positiva; los hombres sus limitaciones y engaños. Una canción alegre, un baile divertido: una letra amarga. Al final América es mala, pero Puerto Rico es peor. Ah, y Puerto Rico está en América.
"Gee, Officer Krupke!" O el problema de los chicos de la calle: pobrecillos, con madres prostitutas y padres borrachos y todo eso, ¿como van a ser de otra manera? Y los chicos cantando, burlándose de la policía, la justicia, los psicólogos y la asistencia social. Reafirman su identidad, son lo que son porque quieren. Ya. Hasta que el policía les planta cara: ahora vemos que ríen por no llorar.
"Cool" O la terapia para enfrentarse a un interrogatorio. La ley del silencio. Catarsis en un garaje.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Algunas escenas en la misma calle, otras en unos magníficos decorados coloristas a la par que realistas: las infinitas escaleras de incendios, las oscuras tiendas, los siniestros y sucios callejones pueden desaparecer por mor de la iluminación, las proyecciones los filtros o las dobles exposiciones para crear dentro de la imagen panorámica un espacio íntimo donde la pareja o uno de los dos puede dar rienda suelta a sus sentimientos: un salón de baile atestado se convierte en un lugar para dos de oscuridad acogedora, una tienda de ropa se convierte en una iglesia. Mundos íntimos en medio de la inmensidad de la incertidumbre, al borde siempre del precipicio. A veces la luz y las sombras dividen, como anunciando el final. La luz y la oscuridad son igual de importantes, hay algo de novela gótica en esos decorados. Como he dicho, la oscuridad a veces acoge; otras veces es el peligro. Pero el peligro y la tensión también existen a plena luz de día. Y los colores: el rojo, el color de la vida y de la muerte...
Actuar, cantar, pelearse, escenificar una violación, simplemente estar quieto. Todo se confunde con el baile, todo se une sin costuras aparentes. Las peleas entre lo real, la acrobacia y la danza, peleas que son números de baile: la tragedia; bailes que son peleas: la comedia. Un espectáculo apabullante.
El trabajo de los actores es bastante bueno. Claro que la historia no es verosímil, que esas cosas no pasan en dos días ¿o sí?
Las canciones y la música incidental (¿o es la música de los bailes? No está claro) fusionan lo clasico y con ritmos latinos o jazzísticos. Importa poco que la pareja protagonista esté doblada en las canciones, creo que lo disimulan bastante bien. La partitura es tremenda, las canciones una sucesión de hits. Pero no están por estar: hacen avanzar la historia o nos dan información de fondo importante para entenderla. En casi todos los casos funcionan como una especie de terapia para los personajes: para reafirmarse como grupo o como persona. Es como si hubieran inventado la canción Psico-socio-política... Y también hay canciones de amor, claro. María...
Y con la música el silencio: hace poco leí que uno de los mayores inventos del cine sonoro fue el silencio. El cine mudo iba casi siempre acompañado de música, y en caso de que no fuera ¿con qué sonido se compararía para existir? El silencio es el anuncio de la tragedia, la confirmación de la desgracia. Por eso los instrumentos se callan durante la última escena. A capella duele más.
Moraleja: El odio genera odio, y eso no se soluciona con buenas intenciones. Y menos con más odio todavía. Quizás la tragedia no haya sido en vano, dos tímidos gestos abren la puerta a la esperanza. Los títulos de crédito entre grafittis. Entre Epitafios.
Darth_Fonsu 
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| 15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Harry Lime
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
1 de Mayo de 2006 |
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Versión fílmica del exitoso musical de Broadway de Bernstein/Sondheim, “West Side Story” ha quedado para la historia como un intento de revitalizar el musical de Hollywood que no tuvo continuidad, pero que se ha convertido en un clásico indiscutible no solo del cine musical sino del cine de todos los tiempos.
Actualización del inmortal “Romeo y Julieta” de W. Shakespeare, las calles de un barrio marginal de New York son el escenario del enfrentamiento entre bandas juveniles rivales. El amor que surge entre Maria -una joven portorriqueña- y Tony será la chispa que generará la espiral de odio y violencia que acabará en tragedia. Algo más que un film, “West Side Story” es un profundo estudio sociológico sobre la marginalidad de amplios sectores de la juventud en las grandes ciudades y sus dramáticas consecuencias.
Con un bien estructurado guión de brillante “crescendo” dramático de Ernest Lehman, “West Side Story” destaca sobre todo por la inmortal partitura de Leonard Bernstein, los números musicales, con espectaculares, vibrantes e inolvidables coreografías de Jerome Robbins -codirector del film con Robert Wise-, que ya forman parte de la memoria colectiva, maravillosamente montadas por Thomas Stanford y la excepcional fotografía, de colores muy saturados, de Daniel L. Fapp. La dirección bicéfala de J. Robbins y R. Wise se complementa a la perfección. Si bien siempre ha sido mejor valorada la parte musical y coreográfica del film, no obstante, la caligrafia y el pulso narrativo de R. Wise en el registro más dramático de la historia son impecables, salvo en alguna secuencia almibarada en exceso. Un reparto de jóvenes promesas, en los papeles de sus vidas, con la inolvidable Maria de Natalie Wood y menciones especiales a la sensual Anita de Rita Moreno y al arrebatador Bernardo de George Chakiris completan algunos de los muchos meritos de un film, romantico, hermoso y profundamente triste que sin duda alguna ha pasado, por meritos propios, a la iconografía y la mítica del cine.
Inolvidable clásico del cine musical a revisar y disfrutar sin complejos.
Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona 1 de mayo de 2006
Harry Lime 
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| 11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
26 de Abril de 2009 |
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Cuando todo parece deteriorado, cuando las calles se ven deprimentes día sí y día también, cuando hasta el sol huye, cuando las fachadas carcomidas de desidia miran con esas ventanas que se asemejan a ojos desesperanzados, cuando el suelo se pudre de humedad y basura, cuando el odio campa por las esquinas, transportado por el viento malsano, cuando la olla a presión hierve y no hay un solo agujero por donde salga el vapor y evite la mortal explosión... Entonces, justo entonces, en ese momento, germina una flor bellísima en medio de toda la suciedad, de toda la dejadez, de todo el asco de la raza humana hacia sí misma.
Germina una flor que no es de este mundo, que no ha nacido para perdurar, porque su belleza es tan cegadora que no puede sobrevivir a tanta miseria.
Es una flor que ignora las fachadas ennegrecidas, los desperdicios de las calles abandonadas a su suerte, la fealdad del ambiente, las broncas de esas personas enfrentadas por cosas fútiles. Crece y crece hasta superarlo todo, ascendiendo hacia el sol y hacia las estrellas, buscando su brillo. Y nada tiene color en comparación con esa flor, cuyos matices rutilantes cambian y bailan al son de una música que sólo puede oír ella.
Y sigue creciendo rápidamente, hasta que llega tan alto que los pétalos se queman, el tallo no puede continuar erguido y las raíces se desprenden del suelo al que para bien o para mal están aferradas. O puede pasar que, cuando aún no ha terminado de crecer, algún desaprensivo (o ese conjunto poblado de desaprensivos que se llama sociedad) la corte con el hacha de los prejuicios, de la ceguera y del odio, o arroje veneno sobre sus raíces, o la derribe y la pisotee. Porque sus ojos no pueden soportar algo que duele mirar cuando no es para ellos.
Y entonces, justo entonces, la flor cae con todo su peso sobre el fango y muere.
Pero durante un lapso breve, muy breve, tuvo la ilusión de que podía abrazar el cielo, y lo consiguió tal vez. Y durante ese lapso, no hubo una flor más hermosa en la Tierra. Nacida en mitad del caos. Un milagro contra todo pronóstico, que rompió todas las leyes no escritas.
Pero sucedió.
Y esa flor se llama Amor Verdadero. No hay fenómeno comparable. No crece a menudo. Es como esperar un eclipse total de sol, o la lluvia en el desierto. Está destinada a brotar para muy pocos.
Pero quienes la han visto brotar exclusivamente para ellos, serán benditos hasta el fin de sus días. Probablemente, como para María y para Tony, su visión apenas dure un tiempo que siempre es demasiado corto.
Porque el tiempo del Amor Verdadero nunca parece suficiente. Como esa flor que se seca en cuestión de horas, ese amor pasa en un suspiro, porque el reloj se acelera endemoniadamente.
Y siempre acaba demasiado pronto.
Demasiado pronto. Siempre.
Porque queremos retenerlo para toda la eternidad. Pero no podemos. No podemos.
Porque lo más bello no está hecho para ser eterno en este mundo.
Vivoleyendo 
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