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Críticas de "La mamá y la puta"
La mamá y la puta
Notable
Jean Eustache
(1973)


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45 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil.
nhikinhakapu   Galiza (Gambia)
Su valoración: Excelente 27 de Enero de 2007
Al repasar el cine europeo a partir de la década de los 50, siempre me he sentido más interesado por el cine francés, sus ideas y sus formas, que por el cine italiano. Por contra, sin que sepa muy bien por qué, al final disfruto más del segundo que del primero. De alguna manera es como si siempre me decepcionaran los filmes franceses, quizás por lo ambicioso de sus planteamientos, y los italianos me sorprendieran positivamente, con un ideario mucho más factible.

Bueno, pues por fin he visto la película francesa que colmó todas mis (muchas) expectativas. La mama y la puta es un compendio de lo que se supone representa el cine francés: improvisación, cinefilia, naturalidad, realismo, franqueza y, por supuesto, un punto snob, que resultaría repugnante de encontrárselo por la calle, pero que no queda mal en la pantalla.

Comienza con dos horas de gran película arriesgándose a desmoronarse en algunos desajustes de la trama, para pasar a una auténtica obra maestra en el último tramo. A lo largo de estos largos sesenta minutos, el dolor muestra su cara más dura y todos los matices del principio devienen en el desmoronamiento de los personajes. Arriesgada en el planteamiento, consigue salvar los escollos de una trama complicada que fácilmente hubiese caído en el absurdo o la comedia de enredo, sosteniéndose en el guión más logrado que he visto jamás, con una profundidad digna del mismísimo Bergman. El estudio psicológico del ser humano en la sociedad actual demuestra la inteligencia de Eustache, que de forma transversal recorre todos los aspectos de la personalidad de cada individuo para verterlos en la omnipresente obsesión sexual de todos ellos.

Me queda una duda/deseo, ¿cómo sería esta película si la hubiese protagonizado el joven L.M. Panero de El Desencanto?
nhikinhakapu
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37 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Daniel Quinn   Madrid (España)
Su valoración: Excelente 13 de Noviembre de 2005
Si el mayo francés del 68 supuso una revaloración del concepto de utopía, su posterior fracaso arrastró a una generación hacia el nihilismo y la decepción. Eustache nos muestra este sentimiento a través de tres personajes de distinta condición, que sólo tienen en común una cosa: el dolor. Y este dolor se nos muestra con toda su sinceridad, sin trampas, sin enfatizar, dejándonos a solas con él, mirándolo a la cara con todo su desgarro. Los personajes son tremendamente locuaces, pero también saben escuchar, y escuchan en silencio, interiorizando cada frase, cada monólogo, y haciendo suyo el sentimiento que impregna el celuloide.
La película parece comenzar retratando el estado de ánimo de esa generación devastada por la ilusión maltrecha, pero llega mucho más allá, hasta el fondo de la condición humana, revelándonos la complejidad que cada persona esconde detrás de su frivolidad. El protagonista, un burgués cínico, egoísta y caprichoso (y cansado, sobre todo cansado, de vuelta de todo), va desnudándose poco a poco, dejándo caer sus máscaras para que veamos la desesperación que en el fondo le corroe.
La narración es austera, en una acción casi inexistente a lo largo de sus casi cuatro horas plagadas de diálogos maravillosos y escenas antológicas. Cada plano corre el riesgo de un salto al vacío, pero llega a su destino indemne, sin una magulladura, fortalecido por una naturalidad que invade la cinta de principio a fin. La ausencia de música extradiegética contribuye a crear esa atmósfera opresiva, agónica y axfisiante, pero esto no es provocado mediante trucos formales, sino a través de un verismo que llega al alma de los personajes y del espectador.
La mamá y la puta es una película crepuscular, apocalíptica, que retrata el fin del mayo del 68, el fin de la nouvelle vague y, en definitiva, el fin del mundo. Tiene la pasión del mejor Truffaut y la inteligencia de Rohmer y, de esto no cabe duda, resulta bellísima de principio a fin, intachable y veraz en su retrato del sufrimiento y la impotencia.
Daniel Quinn
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Chagolate con churros   Altamont (España)
Su valoración: Interesante 19 de Enero de 2010
Todo quedó atrás: la revolución cultural, el mayo del 68 incluso las buenas películas, se atreve a decir Alexandre (Jean-Pierre Leaud). La propuesta de Jean Eustache es ver una playa después de la tormenta. La desilusión, las ideas jamás convertidas en acciones, las guerras inacabadas o nunca empezadas. Esta propuesta está hecha desde la derrota, desde la impotencia que todo sirvió para nada y sólo queda filosofar.

En “Dreamers” (Bernardo Bertolucci, 2003) hace una especia de homenaje a “La mama y la puta” con el personaje de Theo (Louis Garrel). Y al final de la película, cuando las calles de París estaban llenas de barricadas y jóvenes corrían, Matthew (Michael Pitt) le dice a Theo:

- Siento decirlo,pero para mí existe una clara contradicción.
- ¿Por qué?
- Porque si creyeras lo que dices,estarías ahí fuera.
- ¿Dónde?
- En la calle.
- No te entiendo.
- Sí lo entiendes. Ahí fuera pasa algo. Algo que podría ser muy importante. Algo que podría cambiar las cosas. Hasta yo lo veo.
Pero no estás ahí fuera. Estás aquí conmigo, bebiendo vino caro, hablando de cine, hablando de Maoísmo. ¿Por qué?
- Ya basta.
- Dime por qué.
- Ya basta.
- Pregúntate por qué.

Theo y Alexandre son (no sólo por la apariencia física y una misma indumentaria) un mismo joven; despojos de la revolución. Uno en plena efervescencia y otro en la marea baja.

Jean Eustache da el pasaporte a la Nouvelle Vague con una propuesta descarnada, demasiado sincera y visualmente fea. Rodada en su mayoría con un plano medio, estático y en blanco y negro. La cámara es casi obscena, puesto que destapa la intimidad de manera nunca expuesta con anterioridad. Propuesta incómoda, porque las derrotas siempre lo son y las desilusiones se sienten siempre y cuando el espectador quiera entrar en el juego que propone el director. Aquí termina un ciclo. También en el cine. Después, no quedará más libertad con tanta sinceridad. Cerrojo por tanto a una etapa de transición que rodaba las películas de la gente de la calle. Cuando la propia calle hace la película no queda más por crear en este sentido.

“La mama y la puta” nunca engaña al espectador. Elaborada a través de larguísimos monólogos de sus protagonistas, la acción continúa tanto el personaje tenga algo que decir a la cámara (sea improvisado o no lo sea). Monólogos en su mayoría caducos, pero defendibles en una juventud que no les quedó nada por lo que luchar. Monólogos que en muchas ocasiones perdían credibilidad cuando el colchón del suelo los escuchaba.

-Estás aquí conmigo, bebiendo vino caro, hablando de cine, hablando de Maoísmo.¿Por qué?

- Porque no me parece que te lo creas -terminaba por sentenciar Matthew.

Y si lo percibes, si percibes el autoengaño de este trío de jóvenes, entonces, notarás toda la desolación y tristeza de una época. La época de “La mama y la puta.”

Es lo único que pide Eustache. Aunque por ello haya necesitado (incomprensiblemente) más de tres horas.
Chagolate con churros
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Kriza   Monument Valley (Estados Unidos)
Su valoración: Notable 1 de Octubre de 2008
Jean Eustache nos regala una impecable, sobria y desgarradora obra maestra. Con 'La mamá y la puta' se da por cerrado definitivamente el movimiento avanguardista que se popularizó en 1959 denominado Nouvelle Vague, que fue el máximo exponente del cine moderno. Y se cierra, como no, con pesimismo, crudeza, y nihilismo. La película es un profundo canto al dolor, a la desesperación, a la desilusión, al desamor.

Eustache, consiguió narrar y describir magistralmente el ánimo de las personas después de aquellas grandes movilizaciones del Mayo del 68. Stalin fue el principal encargado de desmitificar el mito del marxismo, pero los jóvenes franceces universitarios no desistieron en su intento de derrocar el capitalismo, ya que tenían como referente un hombre bueno que desafió de nuevo a Occidente: Mao.

Además de los maoístas como el famoso Godard (mientras que su ex-colega Truffaut ya se había vendido por las pelas), había troskistas, feministas, trabajadores, y demás especímenes que querían una revolución política. La verdad es que no consiguieron su objetivo, pero sí que lograron un cambio social importante. Francia a día de hoy, sigue siendo el de antes: un estado férreo que propugna válores como el autoritarismo, la igualdad, y el ultranacionalismo; sin embargo, la sociedad no es la misma de entonces.

Jean Eustache reivindica el concepto de cine de autor, puesto que los franceses carecen de una industria potente como la de Hollywood o Bollywood, y filma esta obra crepuscular con una sóla cámara, un brillante guión y tres grandes actores. El cine sobrio toca techo con este inteligentísimo drama hecho a conciencia y con mucho corazón.

'La mamá y la puta' no defraudará para nada al cinéfilo más exigente, porque es una imprescindible obra maestra del cine francés, y una joya del cine moderno. Abstenerse, evidentemente, los palomiteros que quieran ponerse ebrios. El orgasmo sólo es apto para los más sobrios. Al fin y al cabo, cabe decir que es una cinta para gozar y reflexionar. ¿Alguien pide más?
Kriza
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david   valencia (España)
Su valoración: Muy buena 8 de Diciembre de 2005
La forma es, al menos hasta casi el final del film, casi idéntica a la que más tarde utilizaría Eric Rohmer. Sin embargo, la primera mitad de la película está, a mi manera de entender, no muy bien construida. Los conflictos y el triángulo amoroso que Rohmer construye en sus films con una magistral primera media hora, son, en el film de Eustache, algo más de 90 minutos. Aunque, sí es cierto, "La mamá y la puta" incluye una contextualización histórica y social de la que carecen los films de Rohmer.
Sin embargo, aunque siguiendo con los mismos diálogos pausados y reflexivos, en la última hora de la película, de forma pausada (como todo en esta película), la trama de un giro. El pesimismo, que antes se había mostrado oculto en los desenfrenos amoroso, ahora sale a la luz en las conversaciones del trío de Eustache (mamá, puta y chico). La película forma así una última media hora de drama intenso y equiparable al de muy pocas películas. El dramatismo agónico, angustioso, pesimista y casi apocalíptico en este parte del film recuerda, en ocasiones, al creado por Bergman en algunas de sus obras maestras.
david
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