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| 125 de 150 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Amor Perro
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
18 de Mayo de 2005 |
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Una panorámica nos muestra una ciudad que se despierta por la mañana, todo el mundo está muy contento y nos saluda, los barrenderos, los niños que van al colegio, el anciano que pasea a su perro..., de repente la cámara nos lleva al suelo, se mete en el césped de un descampado y repara en un objeto lleno de insectos a su alrededor;... es una oreja humana en estado de descomposición.
Muy pocas películas dicen tanto de sí mismas y desvelan sus cartas ya desde el comienzo como esta arrebatadora y fascinante película, la obra maestra de David Lynch. Este alucinante y sarcástico comienzo es uno de los mejores de la historia del cine, y sirve como metáfora de las apariencias en las sociedades del bienestar, y de lo cerca que está esta apariencia de serenidad de los submundos y la perversión.
A través de los personajes de Kyle MacLachlan y Laura Dern, ansiosos de curiosidad y de morbo (él ha encontrado la oreja y se dispone a descubrir caprichosamente el porqué de la situación), el espectador es bajado directamente a los infiernos, representado por la inquietante cantante de club de carretera del personaje de Isabella Rossellini, y por el peligrosísimo psicópata que encarna magistralmente Dennis Hopper, así como Dean Stockwell y su indescriptible cuadrilla.
Lynch dirige prodigiosamente una de las películas que más se asemeja a una auténtica pesadilla, pues el aspecto que presenta la película en casi todo momento es onírico y surreal. Maravillosos e inolvidables son también los dos temas musicales que ambientan y redondean esta joya del cine: "Blue velvet", cantada por la Rossellini, e "In my dreams", que canta un afeminado Dean Stockwell. Obra maestra.
Amor Perro 
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| 116 de 174 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
15 de Febrero de 2007 |
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10
Génesis (tríptico; técnica mixta, invención sonora sobre lienzo)
- El ataque cardiaco (la presión del agua en la manguera)
- Bichos a ras de humus (el crujir de los insectos)
- La oreja de Van Gogh (hormigas dalinianas)
9
Las expectativas creadas por el tono de la cinta en sus primeros balbuceos. El pasaje de la vida complaciente al otro mundo misterioso (técnica mixta; zumbido sobre zoom a través del oído cercenado).
8
Isabella Rossellini (composición de un personaje memorable, carente de psicología; desnudo sobre desesperación)
7
Dean Stockwell (óleo sobre óleo, no sé si me explico; play back). Una grata sorpresa.
6
Los dos ajusticiados del Bosco (cirugía cromática; inmovilidad macabra). Última entrada de Jeffrey en el apartamento.
5
Kyle MacLachlan, actor discreto (tendencia a la expresividad de cera sobre rostro imperturbable). Si estás en manos de un psicópata, lo mínimo es mostrar alguna dosis de inquietud, ¿o no?
4
Laura Dern (técnica mixta: encanto y gimoteo sobre mueca). ¿No te enseñaron a llorar en la academia?
3
Tensión decreciente (carboncillo oscurecido). La escalera de acceso al domicilio de la chica es al principio espeluznante. Y al fin es sólo un descansillo sombreado. ¿Qué pasó con Laura Palmer?
2
Sin título (técnica depurada sobre hielo). ¿De verdad que hay tanta gente que se siente deslumbrada –y aterrada- por el personaje que interpreta Dennis Hopper? No lo entiendo. Su violencia es de cartón. No es creíble. Ni temible. Histriónico, ridículo, escasamente verosímil. Pues eso, de "Oscar".
1
La cuadrilla de los lunnis (pastiche sobre lienzo). Lynch pretende recrear un mundo demenciado, violento y enigmático, habitado por imágenes insanas y sonidos deformados. Pero la banda de villanos de barraca… Un espectáculo fallido a todas luces. Nos muestra demasiado y mata aquello que debiera sugerir.
0
¿Mundo extraño? No, mundo falso. Tan falso como el petirrojo que sirve de telón a la película.
Servadac 
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| 58 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Las rosas son hermosas, nos atraen con su dulce perfume y su frescura. Son tan rojas, del color del Amor y el deseo. Su belleza nos recuerda a nuestro ser amado y por eso se las regalamos cuando estamos enamorados. Pero si nos acercamos un poco más, veremos que no son tan celestiales después de todo. Tienen espinas, al tocarlas nos duele y si no ponemos cuidado hasta nos pueden hacer sangrar. Y si nos adentramos aún más podemos llegar a ver desgradables insectos que habitan en ellas. Nos da curiosidad sus formas, colores y manera de moverse. Nos provocan repulsión y a la vez nos gustan. Tanto nos inquietan que llegamos a tocarlos. Pero cuando vemos, ya nos han picado e incluso nos han infectado. Nada es lo que parece. Detrás del mundo hermoso y tranquilo que vemos, se esconde su contraparte, el lado oscuro; el fascinante mundo de lo extraño y lo horrible.
Combinar estos dos mundos y mezclar los sueños con la realidad es el sello característico de David Lynch. Sus magistrales filmes requieren ser leídos con todos nuestros sentidos. Podemos estar siendo testigos de un sueño y pensar que es la realidad, o estar contemplando lo real y pensar que se trata de un episodio onírico. Sus imágenes nos seducen e intrigan. Su poesía es la más oscura y profunda. Y nos invade y nos enajena porque es una caricia, es una canción hipnótica, es alguien que inesperadamente sale de entre las sombras, es Belleza. Y todo esto es "Terciopelo Azul", una apabullante Obra Maestra donde Lynch nos invita a ver más alla de la superficie y a sumergirnos en el mundo que habita debajo de esta. Un mundo que él parece conocer perfectamente, tanto como conoce el subconsciente humano.
La vida es tranquila en Lumberton, EUA. Un hombre riega el jardín. Pero repentinamente se tuerce el cuello y cae al suelo. Desde ahí Lynch nos comienza a decir que nada es tan perfecto como aparenta. Bajo el cuidadísimo césped, dos escarabajos luchan ferozmente. Perfecta metáfora de lo que los hechos que ocurren bajo la superficie, del oscuro sub-mundo que pasa desapercibido. Jeffrey Beaumont es un tipo tranquilo, su vida es algo monótona, sin contemplar hechos demasiado trascendentes. Un día como cualquier otro encuentra una oreja humana en el campo. Hay un misterio esperando ser desvelado.
Sandy es la hija del detective de la ciudad. Una dulce e inocente rubia cuya tierna personalidad contrasta con la oscuridad del enigma. Ella representa la superficie que vemos, el mundo bello y apacible que sólo transmite paz y tranquilidad. Hay alguien involucrado en ese misterio. Una cantante llamada Dorothy Vallens. Canta en un club nocturno. El Club Lento. Sandy y Dorothy. Dos mundos totalmente diferentes. Sin embargo, ambos le atraen a Jeffrey fuertemente. Sandy es el mundo tranquilo; los suburbios, los jardines y los petirrojos, lo aceptado y lo convencional. Dorothy en cambio es lo desconocido; lo intenso, lo prohibido, la sensualidad y los labios rojos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Hay alguien más: Frank. ¿Quién es Frank? Un perverso drogadicto. Un hombre enfermo y depravado, la más peligrosa de todas las criaturas malditas que habitan el sub-mundo al que Jeffrey se ha adentrado. Mantiene amenazada a Dorothy. La visita y le pide que haga cosas horribles y la trata de una manera sádica y cruel. Disfruta golpeándola, llamándola desgraciada, metiéndole un trozo de su vestido en la boca y simulando que la viola. Habla incoherencias, actúa como un niño y constantemente inhala algo. Es un demonio lleno de locura. Su hogar es el inframundo, pabellón tenebroso por el que desfilan narcotraficantes, secuestros, carreteras oscuras, crímenes y muertes sin resolver.
"Es un mundo raro..." Claro que sí. "¿Porque existen las personas como Frank?" Se pregunta Jeffrey. Muchas veces la oscuridad nos aterra porque no sabemos todo lo que se pueda ocultar dentro de ella y nos imaginamos lo peor. Asesinos, monstruos, fantasmas... todo puede estar allí. ¿De donde vienen esos espectros? Queremos averiguarlo. Les tememos y a la vez queremos saber todo sobre ellos. Ese mundo raro es el mundo del que siempre escuchamos, muchas veces en el noticiero. Todos esos hechos sangrientos, extraños, macabros y sorprendentes que ocurren todos los días. Están allí, ocultos en la oscuridad; contrastando con la vida que nosotros vivimos, una vida correcta y feliz.
Y nos muestra como nos hechiza la seducción que provoca el misterio, el morbo puro, la fascinación que ejerce sobre nosotros el descubrir otras realidades ajenas a lo que conocemos; y si estas se vislumbran extrañas y horribles, nos parece mucho mejor, mucho más excitante. Estamos ávidos de nuevas emociones y el misterio es sólo un pretexto para comenzar una aventura. Descubrir, el ir más alla de lo que se nos está permitido, es algo intrínseco de nuestra naturaleza, y el adentrarnos en esos mundos inquietantes y sórdidos que habitan debajo de la tranquilidad también, y son los lugares que inevitablemente tenemos que visitar para satisfacer toda nuestra hambre y revelar los secretos.
Representan nuestra parte oscura y oculta, todas esas perturbantes emociones y deseos que llevamos dentro, pero que nunca dejamos salir. Así, inconscientemente damos rienda suelta a nuestra propia enfermedad. El misterio nos enamora, hacemos el amor con él, nos golpea y nos lleva a dar un paseo por el infierno. Y, como Jeffrey, todo comienza con la simple curiosidad, escabulléndonos en su habitación y escondiéndonos en su armario; desde donde lo vemos desvertirse tranquilamente mientras obtenemos valiosa información. Tercipelo Azul... Suave y brillante, como la seducción y el deseo. Atractivo y envolvente, como el misterio. Azul, el color de los sueños. Pero a veces los sueños son aterradoras pesadillas.
"Cuando no sabes sobre algo,y la gente está actuando de un modo inusual, comienzas a preocuparte."
-David Lynch
Candy Perfume Boy 
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| 82 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Noviembre de 2007 |
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Aunque la sensación que se me queda al final de la película sea amarga, la de haber asistido a una broma no muy grata, la apruebo. Por dos razones: primera y fundamental, Lynch parece que sigue un argumento, un argumento lynchiano, con idas de olla, pero al menos parece que lo intenta, y eso es de agradecer; y segundo, el magnífico inicio, simplemente turbador, fascinante, gran introducción, y porque se mantiene a un gran nivel durante buena parte de la primera mitad.
La descripción del mundo paradisíaco es genial, con sus jardines, barbacoas, risas y felicidad, pero que tras esa fachada esconde insectos turbios, el reverso tenebroso. Ese lado oscuro está perfectamente sugerido. Si hay algo que he notado en lo poco que llevo de Lynch es su talento para crear atmósferas inquietantes, para crear acojone, aunque lo suela hacer al servicio de la nada. Aquí ese talento se da cita otra vez, se sirve de la genial música de Angelo Baladamenti, de la atractiva e inquietante Isabella Rossellini, de ese piso que la curiosidad clama por ver... Pero cuando llega Dennis Hopper se acabó el pastel.
La aparición de lo que debe ser el mismo diablo, del representante del mal, es, cuando menos, ridícula. El supuesto diablo no es más que un payaso histérico y gritón, que da lástima. Sí señor, un villano de verdad. Y qué decir del descenso a los infiernos del mal, a ese carnaval bochornoso y patético. Pero encima, utiliza la preciosa canción “In Dreams” de Roy Orbison, para ambientarlo. Orbison no se lo merecía.
Aunque la representación del mal, de la perversidad, arruine gran parte del poder del film, ni que decir tiene de la plasmación de la salvación, del cielo, esos jilgueros, esa música celestial... Puagghh! Quizá sea una sátira, una broma que se pitorrea de la felicidad y esas chorradas, pero me da igual, me distrae y no creo que sea la mejor manera de contar que lo turbio acecha en cada esquina.
En definitiva, una gran idea que se queda en nada. Me quedo con el relato de los peligros a los que puede llevar la curiosidad que hizo Hitchcock en la fascinante “La ventana indiscreta”. Ésa sí que creaba miedo y tensión, no esta gilipollez aunque se pueda ver.
GVD 
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| 52 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tomine
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
10 de Mayo de 2008 |
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Lo que se cuenta en una película, un texto o un cuadro tiene un límite, que son los títulos de crédito, el espacio escrito y el borde del lienzo, respectivamente. En cambio, lo que no se cuenta no tiene límites. La dificultad está en conseguir que eso que no se dice tome cuerpo, esto es, crear una presencia a través de una ausencia, que es principalmente un trabajo de evocación.
Sin embargo, como se ha dicho, esta presencia no tiene entidad física, sólida y (de)mostrable en la obra de arte, sino que toma cuerpo únicamente en la mente del espectador. Nace pues a través de una experiencia. La obra de arte en ningún caso se mide al peso, su dimensión será únicamente la otorgada por el espectador, que debe adoptar una actitud activa, porque él es el creador de la emoción, y el artista únicamente el evocador.
Veamos un momento de "Terciopelo azul".
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Kyle y Laura se encuentran por primera vez, su aspecto es de chicos buenos y aseados, y charlan un rato sobre temas comodín, el instituto, la rutina, etc. La cámara los enfoca de frente y a medio cuerpo, y los sigue a su ritmo con un apacible travelling hacia atrás. En un momento, Kyle le pregunta a la chica qué sabe “de la oreja”. Sus actitudes siguen siendo cordiales y relajadas. Laura comienza a decir cosas relacionadas con “la oreja”: su habitación está encima del despacho de su padre, y allí ha “oído algo”. De pronto, casi sin avisar, el punto de vista cambia: ahora la cámara se sitúa en el punto de los chicos, en lugar de ir hacia atrás, avanza, y nos muestra lo que ellos ven, o lo que deberían ver si prestasen atención: la noche y los árboles. Laura menciona una cantante, su casa está cerca de la de Kyle... La escena termina con el plano original, con Kyle bromeando sobre los extraños andares de las gallinas.
Ahora toca coger la cinta y verla.
Tomine 
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