|
|
|
Críticas de "Sombras en el paraíso"
|
| 18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Servadac
Madrid (España)
|
Su valoración:  |
23 de Marzo de 2007 |
|
|
MIKA: ¿Por qué maltratas de ese modo a tus humildes criaturas?
AKI: Porque no se lo merecen.
MIKA: ¿Qué es lo que más anhela un proletario en nuestra próspera Finlandia?
AKI: Tomar un barco y encallar en las arenas del desierto de Sonora.
MIKA: Pero a pesar de todo, yo sé muy bien que crees en la fuerza redentora del amor.
AKI (entrega a Mika las llaves de su coche, apura su cigarro y muere fulminado por el frío)
MIKA: (entra en el coche) ¿Cómo narices se sube la capota?
===
Nada de efectismo. Nada de retórica. Tabaco y humor negro.
===
Y las agujas de ese hielo finlandés.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Ver para llorar:
1) Matti Pellonpää con su ramito de flores chuchurrías.
2) La mesa puesta, la cena que no llega a producirse y el gesto de arrojarlo todo por el suelo.
3) Las playas de Helsinki.
Servadac 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Grandine
Sabadell (España)
|
Su valoración:  |
18 de Enero de 2009 |
|
|
Un tipo trabaja como basurero en su ciudad. Realiza su labor y sigue la rutina día a día, hasta que la conoce a ella, una muchacha empleada en un supermercado con la que, sorprendentemente, parece conectar. Le pide una cita sin dudarlo y, durante esa cita, la muchacha se levanta y se va. Le dice que eso no puede funcionar, que no funcionará. Sin mucho empeño, él prosigue con su rutina diaria hasta que un día, se encuentran de nuevo, en otra situación, bajo otro pretexto, y parece que algo está a punto de cambiar...
¿Y entonces, qué sucede?
Sucede que Kaurismäki es un genio. Sucede que el tío con un par de caracteres sencillos, simples, pero bien enlazados, consigue trenzar una historia romántica como quien no quiere la cosa. En ella puede que no suceda mucho, o puede que realmente suceda todo, pero lo que sí encontramos con claridad es otro elemento que confluye en las obras de este exclusivo cineasta: Búsqueda. Bajo su yugo, ambos protagonistas acuden a ese término pero jamás encuentran... hasta que en un punto de inflexión se encuentran, se entienden y todo parece resquebrajarse de nuevo... porque así es el amor, un torrente de causas y consecuencias que incluso en los lugares más gélidos, entre las gentes más frías, podría arrollar con una candidez tremenda.
Grandine 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Vivoleyendo
Huelva (España)
|
Su valoración:  |
18 de Julio de 2008 |
|
|
La gran mayoría de directores de cine se fijan, para sus papeles principales, en policías, detectives, mafiosos, gángsters, delincuentes, criminales, ejecutivos, empresarios, políticos, abogados, científicos, médicos... En general, sus protagonistas suelen tener profesiones rimbombantes, llamativas; digamos que son de esas profesiones que poseen lo que se denomina "cachet".
A pocos se les podría ocurrir mirar un poco más abajo, al montón simple y corriente de la gran mayoría, y colocar como personaje principal a un empleado de una empresa de recogida de basuras. A un basurero, vaya. Y lograr que éste no sea el clásico bufoncillo pringado y un poco penoso que va mendigando glamour por las esquinas.
A Aki Kaurismäki sí se le ocurría la eventualidad de elegir a un protagonista con una profesión de las consideradas poco gratas y dignas y dejarle rienda suelta para moverse dentro de su ámbito de aparente mediocridad. Poco le importaba al finlandés que a sus actores y actrices no los conociera nadie, que sus guiones no fuesen un despilfarro de grandiosidad, ni que toda la atmósfera estuviese inundada de una sencillez que tiene la virtud de evocar en el espectador ese tacto familiar y conocido de las zapatillas de andar por casa.
Firmando una historia libre de efectismos y de artificiosidades, Kaurismäki se desplaza como pez en el agua por la periferia, no exige unos grandes registros interpretativos pero consigue que los personajes sean auténticos, reales, como ese vecino de la puerta de al lado, como ese cartero que va distribuyendo el correo, como ese repartidor del pan que todos los días se pasa a dejarte los bollos y te pregunta por la familia. O como ese basurero que pasa a las horas más intempestivas en el maloliente camión, recogiendo los desperdicios de los contenedores.
¿Qué puede ofrecer de interesante un trabajador solitario, sin ambiciones, sin aspiraciones elevadas, cuyo horizonte viene marcado por el trazado de calles anónimas, por las paredes de una vivienda extremadamente modesta, y por su transcurrir ordinario como una isla en medio de un mar casi desierto?
Trabajar, comer, fumar, pensar, hablar poco, dormir. Poco más que eso.
Y sin embargo, pese a tan poco... Una no tiene la sensación de estar ante un espectáculo vacío. Hay algo. Hay vida. Tal vez no sea una vida repleta de aventura y fantasía, pero es la vida que a muchos les toca.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y siempre existe una pequeña magia, incluso en las cosas más diminutas, más insignificantes.
Y a veces se encuentra algo que te hace sentir que existen cosas por las que vale la pena dejarlo todo y volver a empezar. Como esa mujer que conociste en un supermercado y que te roba el aliento, sin que tú sepas muy bien por qué. No es muy guapa, no es muy alegre, no es muy habladora, no tiene apenas más que su propia persona y lo que lleva a cuestas. Más o menos como tú mismo. No eres muy guapo, no eres muy alegre, no eres muy hablador, no tienes apenas más que tu propia persona y lo que llevas a cuestas.
No sabes por qué, aunque lo disimules (y eres un experto en esconder tus emociones), ella es el motivo de que salgas pitando del trabajo y vayas a recogerla para llevarla a cualquier sitio que no es del otro mundo, y todo el tiempo estés deseando decirle esas tonterías que piensas pero que no dices nunca, y deseando cogerla de la mano, besarla y llevártela a la cama.
Todo eso es suficiente para que tu corazón palpite con más brío, aunque estás tan acostumbrado a estar solo (y ella también) que te cuesta adaptarte a la nueva situación, lo mismo que le ocurre a ella. Titubeos, desencuentros, idas y venidas... Y todo porque somos un cúmulo de miedos e inseguridades.
No hay mucho más... Pero lo es todo.
Con esa música de la que solemos escuchar en la radio a ratos perdidos, aquellos discos de vinilo acariciados por una aguja parsimoniosa, los silencios del aire cargado de humildes promesas y de humo. Y un impreciso sueño que viaja más allá del mar.
Vivoleyendo 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Lupo
Madrid (España)
|
Su valoración:  |
8 de Agosto de 2008 |
|
|
*Desamparados en el margen de la sociedad finlandesa, los personajes de la ‘Trilogía de los Perdedores’ carecen de ideales, aunque un sentimiento intuitivo de integridad les mantiene a duras penas en una existencia cuesta arriba.
Salvo eso, nada poseen. Tampoco el lenguaje, del que hacen uso mínimo. Lo rigen otros y está lleno de trampas: uno puede enredarse en palabras diciendo lo que no quería decir, perpetuando involuntariamente los valores oficiales.
Despojados del idioma, no formulan su voluntad.
Sentados en la acera, Nikander e Ilona, la cajera del supermercado, fuman y tantean si pueden fiarse el uno del otro, mirar juntos el porvenir. Un pacto de supervivencia, sin romanticismos.
—¿Qué quieres de mí?
—Soy Nikander, ex carnicero, ahora conductor de camiones de basura, con dientes y estómago malos, hígado hecho polvo y cabeza no muy allá. Y no quiero nada de nadie.
*Las palabras y los nombres asignan a los seres una identidad fija. ¿Trabajas conduciendo un camión de basuras? ERES un basurero. Zafarse de un lenguaje así es librarse de etiquetas aplastantes.
—¿Cuál es tu nombre de pila?
—No te lo diré.
—¿Algún problema con eso?
—Podría ser…
En los prolongados silencios la música, procedente de tocadiscos, radio y conciertos en vivo, muestra y amplifica el sentir de los personajes. Baladas finlandesas, rock, John Lee Hooker y un melancólico bolero de Guty Cárdenas.
Dile a tus ojos que no me miren porque al mirarme me hacen sufrir...
*Al renunciar al lenguaje se impugna la totalidad del sistema, incluidos sus criterios de salud y terapia:
—Estás enfermo…
—Sí, mentalmente.
—Que te vea un médico, para la baja.
—La clase de médico que necesito no ha nacido.
*Aprender otra lengua (inglés) es irse enviando al extranjero. Liberador. Un ejercicio que traduce Nikander en la academia dice con tono elegante que estar enamorado es divertido, muy divertido.
La vida es corta y el instinto alimenta una digna esperanza: desde el puerto de Helsinki, entre grúas como saurios, zarpar hacia Tallin, en la orilla soviética.
—Pero, si nos vamos de viaje, ¿cómo nos arreglaremos con el trabajo?
—Small potatoes! [¡Bagatelas!]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En el mundo de la Trilogía se puede tener un amigo. Si muere, cruza la pantalla un perro negro, corriendo.
El final feliz, el crucero de hoz y martillo pintado en la chimenea alejándose hacia la URSS, más que a ironía parece obedecer a un arrebato 'voluntarista'.
Lupo 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
No es una película sobre el común de los mortales, sobre personas del montón, gente corriente o anónimos trabajadores, estos personajes son completamente singulares, únicos, reconocibles, recordables y protagonistas.
Qué es si no la maravillosa Kati Outinen que atraviesa la filmografía de Kaurismaki para servir de elemento común a su bizarra galería de pretendientes-pretendidos imposibles que acostumbran a recibir una paliza por película. Aunque pasa momentos de duda, sabemos que al final irá por el camino que a nosotros nos entusiasme más, el que irremediablemente nos sabe más a auténtico. Todo el mundo averigua durante las películas que se puede contar con Kati. Algo en la expresividad de su rostro, de sus movimientos, de su presencia, llena de magnetismo estos escenarios tan sobrios, tan mínimos, tan fríos que acabamos pensando inexorablemente: no quiero ir a Finlandia si no está Kati allí.
Y luego está Nikander que no necesita presentaciones (“soy Nikander”) y que es un auténtico héroe a lomos de su camión, que se pelea con los ricos, desprecia a los sanos y sueña incluso con la tierra prometida, que además es un paraíso tan apetecible como Estonia.
Además, reconocemos la iconografía del director: el cabaret, los boleros, la televisión, el tocadiscos, los bocadillos en el trabajo, la vivienda espartana que creemos haber visto en un Documentos TV sobre la vida en la RDA. Necesitamos todo este artilugio para sentirnos como en Finlandia.
Este tipo sabe manejar las emociones en una caja de herramientas. Es difícil explicar cómo con tanta frialdad, con tanta apatía, con tanta galvana, con tanta cara de nada, con tanto yo te hablo pero tu no me contestas, nos pueda invadir la paz cuando al final de sus películas entran los clientes en el restaurante, vuelve ya el hombre sin pasado libre de sus olvidadas ataduras o se embarcan los novios juntos en el ferry.
Un poquito pesada 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|