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Críticas de "Amén"
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| Amén |
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| Constantin Costa-Gavras |
(2002)  |
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| Banda sonora |
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Havelok
Desconocida (España)
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Su valoración:  |
19 de Mayo de 2007 |
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Cierto, tiene sus fallos, pero sólo por su atrevimiento y honestidad esta película debería ser bien valorada. La gente la ataca demasiado en el aspecto técnico (cosa que no entiendo, porque ahí es más que correcta) y no se dan cuenta que lo importante de "Amén" es su mensaje, un mensaje arriesgado, ya que yo por lo menos no he visto muchos films que se atrevan a criticar de modo tan abierto el papel de la iglesia en la II Guerra Mundial, y menos aun con un cartel tan transgresor, mostrando una fusión entre una esvástica y una cruz.
La película escapa del sensacionalismo barato que tan habitual es en el género para hacer una historia seca y sólida, con buenos diálogos y ritmo agradable. Lo fácil hubiera sido centrarse en los Judíos y sus penurias y esperar los aplausos de la crítica, pero no, Costa-Gavras va mucho más allá y a lo largo de la película se dedica a algo mucho más necesario: Denunciar la hipocresía.
Havelok
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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lobosol
Algemesí (España)
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Su valoración:  |
11 de Agosto de 2006 |
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Destaco un par de pequeños detalles que me gustan de la película:
El juego de escenas de los trenes cada pocos minutos indicando que la maquinaria de muerte no cesa ni un momento, mientras la diplomacia siempre es tan lenta.
Es contundente sin necesidad de mostrar imágenes explícitas y sin caer en el recurso fácil de convertirse en una película "lacrimógena".
lobosol
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La Maga
Salamanca (España)
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Su valoración:  |
13 de Abril de 2007 |
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Costa-Gavras vuelve a refrescar la memoria colectiva a pesar de su excesiva implicación personal. La polémica comenzó en la pasada Berlinale. Un cartel (una cruz convertida en esvástica) diseñado por Oliviero Toscani, fotógrafo habitual de las campañas de Benetton,causó conmoción. Rápidamente surgieron las reacciones (conmociones). Los críticos que, desde su catolicismo más apasionado, antepusieron sus convicciones a las cualidades artísticas del film; y los críticos que supieron separar la ficción de la realidad.
Riesgos
En efecto, el cine de Costa-Gavras es arriesgado. Al igual que algunos de sus compañeros de profesión (Bertrand Tavernier, Ken Loach, Fernando León de Aranoa...), siempre provoca una llamada de atención a los historiadores, sociólogos y políticos. En ese intento por desvelar la verdad (rigurosa o refutable en casos aislados), como en Amen, navega por las sombras peligrosas del panfleto (recuerden Pan y rosas de Ken Loach como un ejemplo reciente), rozando la vertiente demagógica y doctrinaria, culpables esenciales de que se palpe una evidente construcción tendenciosa del relato. Además, esto repercute en un cierto maniqueísmo y abuso de estereotipos: el malo muy malo, el bueno muy bueno…
No obstante, este tipo de directores están en vías de extinción, y su sola presencia en una sala de cine al menos no dejará indiferente y asegurará unos buenos minutos de concienciación. Su componente didáctico no se ve muy aderezado, consecuencia tal vez de un estilo visual muy personal, propio de la década de los ochenta y de los telefilms, y por tanto, muy austero y decadente. Esto también ocurre con sus esquemas narrativos, característicos de un cine de denuncia en ocasiones insípido.
El tren de la muerte
Amen se basa en una obra teatral de Rolf Hochhuth, El vicario (1963), y ha sido trasladada a la pantalla a través de una superproducción europea que deja ver en ocasiones un excesivo acartonamiento y precarios efectos especiales. Dos personajes (ambos formidables), el primero real, el segundo ficticio: Kurt Gerstein, oficial de las SS y especialista químico que colabora para acelerar el proceso de cremación con el que los alemanes exterminan a los judíos, y Riccardo Fontana, un jesuita que luchará por que la cristiandad se revele, haciendo caso omiso de sus intereses y respetando la dimensión humana. En definitiva, lo de siempre en Gavras, un hombre enfrentado a la maquinaria y corrupta política a través de un excelente uso de la elipsis (magnífico ese plano recurrente del tren, unas veces vacío, otras veces cargado de futura muerte), un auténtico género de terror si tenemos en cuenta escenas como la del crematorio, la mariscada o el primer encuentro entre el jesuita y el Papa Pío XII.
A través del contraste, el creador de Z, Estado de sitio o Desaparecido acierta con el énfasis en los detalles, engrandece a sus héroes y sugiere una Iglesia indolente, hipócrita, avariciosa, cobarde, que antepone el dogma a las personas.
La Maga
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| 10 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
19 de Febrero de 2006 |
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Sobre la escalofriante denuncia del holocausto judío no comentaré nada; no porque no me haya gustado, sino porque sería repetir la única opinión que puede tener al respecto un ser humano.
Me interesa ahora hablar de la Iglesia. Algunos dicen que su actitud en esos años de guerra puede justificarse por motivos diplomáticos. ¿Qué sentido tiene ocultarle a los católicos lo que está sucediendo con los judíos? En esta película el Papa llega a decir algo así como "es por su bien, para no atormentarles aún más; ya tienen bastante con los bombardeos que sufren". Sí, pero si hubieran sido católicos los exterminados, rápidamente habrían denunciado los hechos para que los religiosos alemanes se sublevaran. ¿No predica la Iglesia que el mundo será de los justos?, pues que empiecen por ser justos ellos, ayudando a los que realmente lo necesiten, sean o no cristianos; y que luego sea Dios quien disponga. Históricamente han matado a todo el que se les ha interpuesto; nunca han ayudado a los que realmente lo han necesitado si sus intereses, generalmente materiales, peligraban; "ahora" dicen que el limbo no existe porque Dios, en su "infinita" misericordia, llevará a los recién nacidos al cielo directamente, estén o no bautizados (un poco tarde para darse cuenta de eso, ¿no?)... ¡¡¡Mentirosos!!! ¡¡¡Farsantes!!! ¡Vended vuestros anillos de 24 quilates y dejad de atiborraros con cordero asado!
Gracias, Constantin (o Kostas, como prefieres que te llamemos), por no dejar que estas injusticias caigan fácilmente en el olvido. Tienes unos cojones que parecen melones.
PD: Mi encono va dirigido contra las altas esferas eclesiásticas y contra algunos curas cínicos (pederastas, racistas, asesinos, terroristas, etc.), no contra esos pocos altruistas que quedan, que me parecen "víctimas" inocentes de una lavado de cerebro efectuado desde su más tierna infancia. Y, naturalmente, son extensibles a todo tipo de instituciones religiosas de cualquier credo que predican la justicia y la compasión y luego se hacen las desentendidas ante los problemas ajenos.
Provengo de familia eclesiástica por parte de padre. Mis tíos me han contado auténticas barbaridades. En mi familia sólo es creyente mi madre (para lo que le conviene), pero a los demás, nos resulta imposible.
jastarloa
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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biruji22
Madrid (España)
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Su valoración:  |
13 de Junio de 2006 |
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Nada de basada en mentiras. Está basada en la gran verdad de que el Papa Pío XII jamás condenó unas atrocidades que sabía que estaban teniendo lugar. Lo que aquí se cuestiona es un silencio que, de haberse roto, podría haber salvado muchísimas más vidas que las que estima ese tal Pinchas Lapide -que sólo son judías, como si ellos hubieran sido las únicas víctimas-. No importa que se inventen algunos personajes -por si alguien no se había dado cuenta, esto es una película, no un documental-, ninguno de ellos desvía la atención del espectador de lo que realmente se está contando.
Los intereses que llevaran a ese silencio -la Iglesia Católica rechazaba el comunismo, con lo que vieron en los nazis a unos "aliados" muy oportunos; pero, claro, eso no lo cuenta en su libro un "judío agradecido" como Pinchas Lapide, al que sólo le importan las vidas judías que salvaron- no importan, estaba en sus manos la posibilidad de hacer algo más, de hacer mucho más. Es como cuando en esos maratones solidarios que se hacen en televisión llama un representante de una empresa multimillonaria, frecuentemente una de las que están explotando a los países tercermundistas, y dona unos míseros (para ellos) cinco millones de pesetas.
biruji22
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