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Lumière y compañía

6,3
733
votos
Sinopsis
Cuarenta directores internacionales aceptaron la idea de hacer un cortometraje utilizando el cinematógrafo original inventado por los hermanos Lumière y trabajando en condiciones similares a las de 1895. Además, debían cumplir tres condiciones: la película no debía superar los 52 segundos, no podía tener más de tres tomas, y la sincronización del sonido no estaba permitida (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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26 de noviembre de 2008
26 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Realmente impresionante el corto que nos brinda Haneke, fiel a su estilo. En tan solo un minuto él solo es capaz de expresar mayor crítica y problema social. Expone una serie de noticias de índole internacional en un programa informativo del 19 Marzo 1995. Impactan la venta de armas, guerras, desastres nucleares seguidos de grupos musicales, deportes, tiempo meteorológico, ... para que terminen cerrando los presentadores el telediario entre risas. Denuncia la falta de moralidad, la inmunidad que sufrimos ante la continua y monótona crisis social que acontece y que no es nueva. La sociedad ha llegado a un punto sin retorno en el que preocupa poco lo ajeno y se olvida con extrema facilidad.
Aguardo con ansiada impaciencia su próxima obra.
Lars_Seidl_Haneke
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9 de noviembre de 2008
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Curiosa película, si la podríamos definir así.
No podría decir que es una película ni tampoco un documental, la defino simplemente como una película homenaje al cine y a los hermanos Lumière.
Interesante pero nada trascendental, la verdad que tenía ganas de ver una de estas películas francesas que se han hecho homenaje a otras cosas tales como el Festival de Cannes con la otra película de este tipo, A cada uno su cine.
Tenía ganas de ver y Lumière compañía porque aparecían directores tan queridos como Peter Greenaway, Liv Ullmann o David Lynch, directores tan apreciados.
Unas reglas para poder cooperar con este homenaje, utilizar la cámara original, no más de un minuto de duración y solamente un plano.
Cuarenta directores desde Francia, España, Irán, Egipto, EEUU, China, Corea, Japón, Grecia, Suecia, Inglaterra, Alemania e incluso algunos países africanos son los lugares hasta donde la cámara se trasportó para poder rodar este corto al estilo Lumière.
Algunos cortos son muy interesantes y otros bastantes normales además de otros bastante aburridos, ahora no recuerdo los directores en concreto pero si de que trataban, lo que si que puedo decir es que cada director utiliza este corto para poder mostrar su personalidad, tenemos el claro ejemplo de Lynch y Greenaway pues dirigen este corto según la línea de su cine, uno surrealista y otro como Greenaway, puro arte.
La película resulta interesante pero nada trascendental, es un precioso y cariñoso homenaje.
También hay que apreciar el montaje de todos los cortos y la presentación de cada director para hacer una película en general, cada director es presentado de una manera curiosa y éste habla sobre el cine y visión sobre éste y su sentido.
A continuación hablaré sobre los cortos, quizás los que más me han gustado han sido el de Lynch y Greenaway.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
manuel
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22 de enero de 2012
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
1995. Cien años del nacimiento del cinematógrafo. Un siglo captando imágenes en movimiento para preservar la historia, para interpretar el comportamiento humano a través de los siglos, para proponer alternativas de cambio a la sociedad que nos tocó en turno, para abogar con arte excelso (o con buena voluntad) por la confraternidad humana o para divertir, entretener, poner a prueba nuestros nervios y hasta para desfogar toda suerte de resentimientos sociales que amenazan con atosigar a algunos. Una centuria en la que, los más ambiciosos e inescrupulosos, han visto al cine como ocasión de hacer dinero aunque esto conlleve pisotear la dignidad propia y ajena, fomentando los placeres fáciles, promoviendo la degradación humana, la ruina moral de incontables seres humanos, y haciendo toda suerte de concesiones a los falsos valores que retrasan el avance y la armonía de la especie humana.

Con todo, seguimos amando al cine, a esa técnica que, apenas ocasionalmente, consigue alcanzar las cimas del arte, mientras el resto se encajona entre lo simpático, lo pasable… o lo descartable en el gigantesco promontorio del olvido. Pero esto sucede porque el cine es como la crítica o la psicología: todo el mundo se cree en condiciones de ejercer tales profesiones.

Sarah Moon, una reconocida modelo y fotógrafa francesa, tuvo la idea de convocar a 40 directores del cine internacional para que cada uno realizara un corto utilizando una de las primitivas cámaras que utilizara el inventor del cinematógrafo Louis Lumière. Para preservar la equidad, se debía trabajar con tres reglas básicas: Duración del corto 52 segundos, sin música sincronizada, y haciendo máximo tres tomas.

El resultado, es un gran paquete de disímiles cortos, algunos de escasísimo interés, otros con algún atractivo, y unos pocos con verdadero relieve, que la señora Moon reunió con el título “LUMIÈRE Y COMPAÑÍA”. Sobresalen, para mi gusto, los cortos realizados por Claude Miller, Zhang Yimou, Michael Haneke, Andrei Konchalovsky y David Lynch. Algunos, encontraron ocasión de filmar a sus familiares y amigos (cosa que también hizo Lumière) y otros asumieron esto como un paseo, rodando lo que les salió al paso sin un compromiso que luciera serio.

Queda, un merecido pero insatisfactorio homenaje, a aquellos hermanos que hicieron posible la maravilla que es hoy día el medio cinematográfico. Nosotros hacemos lo propio con Louis y Antoine Lumière: los recordamos con el más alto aprecio y les manifestamos nuestro reconocimiento eterno.
Luis Guillermo Cardona
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1 de junio de 2010
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una lazada de fogonazos blancos, de hoyuelos. Gran faena de trabazón óptica, melódica y discursiva. Y digo "grande", pues no impide, no obstruye ni precipita. Habilita, abre.

El corto inaugural de Gabriel Axel es poético, una pincelada radiante que presenta esculturas de nieve y sombra, como una propuesta del tiempo.

El ensayo de Peter Greenaway es casi un ramo de marcas, una rúbrica que agoniza en un tablero de agua sucia. Es perfecto.

Muy apetecible también es el pasaje de Haneke, la compostura por cortes televisivos, impacta sin aturdir, posee.

Lynch entrega un minuto litúrgico del fuego.

El de Arthur Penn es como un escupitajo azul, un improperio angélico.

La secuencia que propone Konchalovsky ocurre como una tirada de caracoles negros. Es hipnótico, tribal.

De manera que la película acaba intensificando los pulsos, invitando, lubricándonos las cavidades de la memoria.

Rafael Teicher
Rafael Teicher
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13 de marzo de 2014
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La curiosidad, la melancolía, el agradecimiento, el reto y el privilegio se encuentran detrás de un ambicioso proyecto que, llevado a la práctica y después de comprobar los resultados, no cumple las expectativas suscitadas.
En general, esta película compuesta de cortometrajes minúsculos decepciona porque el buen aficionado al cine siempre se encuentra ávido de sensaciones cinematográficas excitantes, novedosas, originales o creativas.
Y aquí casi todo, salvo la luminosa idea inicial, resulta convencional, previsible, correcto, anodino y muy "comme il faut".

Con sinceridad creíamos que los cineastas actuales iban a ser capaces de sacar un partido mucho mayor a la vieja cámara de Lumiére.
Desgraciadamente no ha sido así y, por eso, ahora todavía admiramos más a los pioneros.
ABSENTA
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