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Críticas de "El prisionero de Zenda"
El prisionero de Zenda
Buena
Richard Thorpe
(1952)


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El Prisionero de ZendaEl Prisionero de Zenda
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Buena 24 de Enero de 2009
Film de aventuras realizado por Richard Thorpe (“Ivanhoe”, 1952). El guión, de John L. Balderstone y Noel Langley, cuenta con la colaboración de Donald Orden Stewart (diálogos adicionales), Edward E. Ros (dramatización) y Wells Root, que adapta la novela “The Prisoner of Zenda” (1984), de Anthony Hope. Se rueda en MGM Studios con algunas tomas exteriores. Producido por Pandro S. Berman (“Ivanhoe”) para la MGM, se estrena el 4-XI-1952 (NYC).

La acción dramática tiene lugar en un país centroeuropeo imaginario, Ruritania, a lo largo de unos pocos días de un año situado en 1890-93. Rudolf Rassendyll (Granger), turista británico aficionado a la pesca fluvial furtiva, llega al país en el Orient Express. Tiene un gran parecido con el rey Rudolf V (Granger), que se explica por antepasados comunes. El secuestro de éste la noche anterior a su coronación hace que Rudolf Rassendyll se vea empujado por el coronel Zapt (Calhern) a suplantar al rey en la ceremonia de la coronación. El rey es aficionado a la bebida, indolente y caprichoso. Rassendyll es comprensivo, ayuda a quienes lo necesitan y es generoso. Según la princesa Flavia (Kerr), novia del rey, es igual que el rey, pero sin ninguno de sus defectos.

El film suma aventuras, acción y romance. Es el remake de la cinta del mismo título realizada por John Cronwell en 1937, tras varias versiones en cine mudo. Sigue sus planos uno a uno, sin conseguir ni la vibración ni el encanto del original, considerado un hito en la historia del cine de aventuras. Se sirve de la misma partitura de Alfred Newman para la confección de la banda sonora. Añade el atractivo del technicolor de los 50, que sobresale por su intensidad y esplendor. La pareja protagonista, que repite colaboración tras el rodaje de “Las minas del rey Salomón” (Marton y Bennett, 1950), no consigue trasmitir a los personajes la fuerza propia de su calidad interpretativa por diversas causas, entre las que posiblemente descuellan el esquematismo de los caracteres y una desangelada dirección de actores. El director Richard Thorpe es un artesano convencional y rutinario, poco creativo. Abundan los diálogos, se hacen elipsis en aras de ahorros presupuestarios y se abusa un tanto de la comicidad asociada a la suplantación de personalidad. La dirección artística, a cargo de Cedric Gibbons y Hans Peters, resulta adecuada y satisfactoria. Es destacable la escena del enfrentamiento a espadada entre el malvado Rupert de Hentzau (esbirro del pérfido hermanastro del rey) (Mason) y Rudolf Rassendyll, que genera momentos de suspense y de deleite visual.

El film hace la apología de valores como el sentido del deber, el sacrificio del amor verdadero por conveniencias de Estado, la defensa del honor y la exaltación del coraje y el dominio de la fuerza. Añade el elogio de la generosidad, al altruismo y la colaboración desinteresada en la solución de problemas de interés general.

(Sigue en el "spoiler" sin desvelar partes del argumento)
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Miquel
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7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
vircenguetorix   Valladolid (España)
Su valoración: Interesante 2 de Agosto de 2007
A Richard Thorpe después de estar toda la vida haciendo películas de serie B para el estudio de turno le llegó en la década de los años 50 su gran oportunidad con películas de alto presupuesto y grandes estrellas de la época.

Mi impresión es que lo aprovechó bien, a pesar de que su cine no sea ninguna maravilla, sí que al menos consiguió reencontrar al público con el cine de evasión y aventuras al más puro estilo clásico de los cuarenta con las películas de piratas por ejemplo.

El año 1952 es su año clave con los estrenos de “Ivanhoe” y “El prisionero de Zenda”, ambas son un éxito fulgurante, que demuestra que ciertas maneras apuntadas en sus anteriores películas “El valle de la venganza” y El Gran Caruso” eran ciertas.

Hoy comentaré “El prisionero de Zenda” que es para mucha gente la mejor película de Richard Thorpe. Yo no soy tan entusiasta con este “remake” –porque es eso, bastante calcado por cierto del de 1937- por muchos motivos.

Para empezar la historia del británico que llega a Centroeuropa de turismo y termina solucionando los problemas que se crean no es santo de mi devoción. Lo de la suplantación tiene mucha endeblez narrativa –sin ir más lejos el idioma –todos sabemos la facilidad que tienen los ingleses para los idiomas ¿verdad? O el acento para ser más generoso... de todas formas como decía Hitchcock si nos ponemos a analizar todas las tramas estas caerían por su propio peso por inverosímiles, por lo tanto dejémoslo.

Pero lo que no dejo es que como suele suceder se hagan versiones de obras literarias tan libres. En la primera parte de la película se sigue más o menos la novela –repito más o menos- pero es que la segunda parte cuando se inicia el asalto al castillo el grado de coincidencia ya empieza a ser irrisorio, no mayor de un 20% siendo generosos. Al menos respetan el final que es algo.

Una trama compleja y de aventuras como la de Hope la convierten desde el principio en una historia romántica cortesana con tintes aventurescos que no es el sentir del libro.

Entiendo perfectamente que la gente quisiera ver a Stewert Granger -por cierto que actor más sólido y que poco reconocimiento tuvo y tiene- y Deborah Kerr –todo lo contrario que Granger, siempre estuvo y está hipervalorada- juntos ya que venían de rodar la estupenda “Las minas del rey Salomón” pero eso no justifica que monopolicen la historia hasta ese extremo.

Y como digo todo ese aire precipitado del final no creo que la favorezca en absoluto porque la rompe el ritmo anterior, no se si será algo de montaje o de presupuesto pero en los últimos quince minutos se nota cierta premura y desaparecen decenas y decenas de páginas de la novela.
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vircenguetorix
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hector   arges (España)
Su valoración: Notable 16 de Febrero de 2006
Un clásico del cine de aventuras y una de las películas del género más conocidas de todas las que la cinematografía norteamericana realizó en los años cincuenta. Basada en la conocida novela de Anthony Hope, esta película fué la quinta adaptación de dicha obra literaria, ya que, en la época del cine mudo se realizaron tres versiones: la primera en 1912, la segunda en 1915 y la tercera en 1922, siendo dirigida esta última por Rex Ingram y protagonizada por Lewis Stone. En 1937 se realizó la cuarta versión, dirigida por John Cronwell, de la que el presente largometraje es un claro <remake>. El realizador Richard Thorpe (seudónimo de Rollo Smolt Thorpe) dirigió para la Metro varios filmes de aventuras de gran éxito comercial entre las que se encuentran "Ivanhoe", "Los caballeros del Rey Arturo" y el presente título.
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hector
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Luis Miguel   Huesca (España)
Su valoración: Interesante 26 de Mayo de 2007
He aquí una película considerada de culto dentro del cine de aventuras y que, bajo mi punto de vista, sólo sube enteros por el duelo de espadas final (muy bueno, hay que reconocerlo). No sé si es culpa de la novela en la que se basa, o en la dirección de Thorpe; pero, con un argumento tan farragoso en determinados momentos, da la impresión de que se han metido en un jardín del cual no saben salir. De los actores únicamente salvo a Stewart Granger, por su doble papel, y a Robert Douglas como el envidioso Miguel, del cual respiramos su odio hacia el hermanastro. Sin embargo, Deborah Kerr y James Mason están, en mi opinión, muy desaprovechados teniendo en cuenta sus posibilidades interpretativas.
"El prisionero de Zenda" comienza bien. Incluso te planteas si critica la polémica relación de las monarquías europeas con los plebeyos (normal ahora, pero no tanto en 1952). Hasta que el guión empieza a ser demasiado cómico, forzado (que los dos protagonistas se llamen Rodolfo), edulcorado e increíble (una suplantación perfecta sin que el turista inglés apenas haya sido instruido en el protocolo y las normas de la realeza).
Luis Miguel
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Pakosky   Madrid (España)
Su valoración: Interesante 2 de Noviembre de 2009
Al bueno de Pandro, allá por los 50, le dio por producirle a Richard Thorpe pelis de aventuras a mogollón. Con mucho espadachín, y mucho carruaje, y mucho technicolor. Esta pasa los estándares de calidad exigibles, pero ni es la mejor que produjo el Pandro, ni lo mejor que dirigió Thorpe (un director de género competente, y ya), ni la mejor que hizo Stewart Granger.

Cierto que estas pelis daban pasta y cumplían con la misión de entretener, que no es poco, pero esta adolece de ser un remake muy remake -y por lo mismo escasamente imaginativo- de la primera versión sonora de los años 30, engordado con algo más de carga dramática para el papel de James Mason (hecho en la precedente por Douglas Fairbanks Jr.) porque, supongo, había que justificarle la aparición en los carteles y el sueldo.

No obstante, la acción es escasa. Hay mucho rollito palaciego bastante pestoso, melifluo e inaguantable y demasiado diálogo facilón de ese que tanto le iba a la pescadilla cocida -flaccida, flaccida- de la Deborah Kerr. Lo mejor, la colosal pelea de sable que mantienen al final Granger y Mason (muy bien rodada, por cierto, y se nota que la acción era la especialidad de Thorpe), pero es que sabe a tan poco...

Cine familiar sin grandes pretensiones.
Pakosky
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