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| 118 de 150 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
4 de Julio de 2007 |
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Dicen las malas lenguas que eres pedante, Lars. Tus más enconados enemigos te tachan -por si fuera poco- de artificioso, desmesurado, manipulador, delirante, contradictorio, histriónico, patético, grotesco, fundamentalista, tramposo, austero, lento y tedioso... entre otras lindezas.
Con semejante ramillete de halagos cualquiera se atrevería a meterse entre pecho y espalda los más de 150 minutos de una peli cuyo título parece augurar un descomunal tostón tipo National Geographic acerca de olas batiendo indefinidamente contra los abruptos acantilados de las Scottish Highlands. Sin embargo, arriesgándome a ser tildado de “gafapasta” para siempre jamás de los jamases procedí a visionar “Rompiendo las olas”. Fue mi primera vez contigo, Lars... Sí, ya lo sé, parezco una nenaza pero es que... ¡fue tan emocionante!
Edificaste un melodrama mayúsculo, desorbitado, abrumador... como sólo tu sabes hacerlo, cabrón. Como mandan los cánones. Como a Sirk le hubiera gustado hacerlo. Sin recato, sin pudor, sin inhibiciones... Manejaste los dogmas a tu antojo... te pasaste esos diez mandamientos por el forro de los cojones. Pisoteaste los sagrados principios del pathos según tu propia conveniencia. Eres un mezquino ególatra, Lars. No has jugado limpio. Nos engañaste vilmente a todos..., hiciste trampas. Centrifugaste nuestro corazón, nuestra conciencia sin pedirnos permiso. Apelaste nuestro espíritu religioso embistiendo cualquier atisbo litúrgico sin consultarnos siquiera. Eres detestable, Lars... eres un puto genio sin escrúpulos.
Taylor 
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| 49 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
20 de Julio de 2005 |
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La mejor película de Von Trier. Una cinta desgarradora, de una sinceridad apabullante que se convierte en una experiencia memorable, de esas películas que te hacen recordar (ahora que el riesgo de olvidarlo es frecuente) la razón de tu pasión por el cine.
Una obra excesiva y desmesurada, la provocación y el gusto por lo morboso del cineasta aparece sin medida (como suele ser habitual en él) y a muchos les parecerá demasiado retorcida. Pero la razón de esto es el inconformismo del director, incómodo, parece ser, para algunos sectores. La prepotencia o se ensalza o se castiga, y Von Trier es un cineasta abrumadoramente petulante, cree en lo que hace y por ello no tiene miedo de caer en la desproporción. Ésta y la franqueza son las dos características principales de la película.
Anticipa, como se ha dicho, algunos "ticks" estéticos del Dogma, pero aquí usados sabiamente, como recurso, no como fin en sí mismo (Ej: la agitación de la cámara al hombro en la tensión dramática...).
Fabulosa la elección de la banda sonora que presenta cada uno de los capítulos en que se divide la película. Von Trier recurre con frecuencia al David Bowie de los ´70 y con eso ya me tiene ganado, por si fueran pocas las excelencias de la cinta.
No voy a repetir que es una historia sobre un amor excesivo, sobre la redención y el sacrificio (tema frecuente en él). De esta película se ha hablado mucho y no puedo aportar nada más. Sólo decir que me parece imprescindible y conmovedora hasta la extenuación.
El final roza el delirio pero para entonces estás tan metido en la historia, te ha calado tan hondo, que hasta te sientes aliviado. Es de esos argumentos que pueden provocar hilaridad pero que al verlos en la pantalla te los tragas enteritos, con una pasión, ingenuidad y entrega sólo comparable a la de Bess en la película.
Bloomsday 
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| 58 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
13 de Abril de 2006 |
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¿Amor o enfermedad? ¿Deseo o estupidez? Veo que lo teneis muy claro. Yo no. Cuernos que hacen milagros... dios en todas las cosas... beatos hipócritas... y moribundos que andan, más un final... ejem... un final...
Rompiendo las olas no me disgusta en absoluto, me parece una buena película con las pretensiones de siempre que tanto obcecan a Trier. Pero que no se nos vaya demasiado la olla escribiendo garabatos que luego pasa lo que pasa, es decir, que parecen una estupidez.
Destaco, cómo no, la exquisita interpretación de la amante esposa Emily Watson. Tambien a Katrin Cartlidge como amiga, mentora, enfermera y sicoanalista de su amiga. Las dos mujeres llenan de brio y garra el dramón del loco danés. La película es tramposa como pocas y ese hecho me ha decepcionado un poco. Observar al tullido con muletas después de tanta zarandana... pues me jode bastante. ¿Los motivos? Desde luego ni dios ni ella. Entonces? Pues que me jode bastante.
Excesivo como siempre, Lars Von Trier nos regala una buena historia que leo con asombro e indignación, que dicen que es de amor. Bueno, éso dicen...
Txarly 
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| 26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
10 de Mayo de 2009 |
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La credibilidad en el cine para mí no tiene por qué suponer un acercamiento a la realidad, sino, simplemente, que me olvide de que estoy viendo una película, de que hay artífices.
Sin embargo, en "Rompiendo las olas" von Trier sí quiere lograr la credibilidad acercándose al realismo. Para ello emplea el documentalismo, la planificación aparentemente improvisada, la cámara al hombro..., elementos que, en efecto, dan la sensación de realismo constante, pero no siempre de credibilidad. Von Trier no quiere o no puede conseguir que nos olvidemos de que él es el que mueve los hilos. Por ejemplo, que haga que el personaje mire a cámara de vez en cuando para mí no es documentalismo ni realismo, ni mucho menos creíble. Es artificial.
Con ecos de Dreyer (sólo con ecos, que a éste sí te lo creías), se nos plantea una encrucijada religiosa: si el amor es ante todo lo que pide Dios a los hombres, ¿está justificado pecar (en este caso hablamos de adulterio) por amor, por bondad? El dilema está muy bien desarrollado en la película, pero no resulta interesante porque te lo resuelve al final. Von Trier no deja que saquemos nuestras propias conclusiones, y nos impone su solución. Esto también es artificial.
Y, sin embargo, la película funciona en su parte dramática como un puñetazo en el estómago.
Si el guión y parte de la dirección son falsos y maniqueos, a la hora de emocionar me cuelan gran parte de estas trampas una por una. Todas las exageraciones del papel son sobrias en la práctica, los momentos que pedían a gritos la lagrimita fácil la rechazan y se tornan crudos y libres de subrayados, sacando la lágrima, sí, pero a golpe de talento. Y, además, con un acierto tremendo que me ayuda a tragar la resolución mascada del dilema: una atmósfera fría y rancia, casi demoniaca, para retratar la sociedad religiosa, presidida por los representantes de un dios anquilosado.
Una vez más, Lars von Trier demuestra ser un experto jugador de cartas. Se tira muchos órdagos y siempre logra que no me atreva a levantarle las cartas. El día que me dé por hacerlo, saldré de dudas de si va cargado o de farol. Mientras tanto, sólo queda rendirse a su talento.
GVD 
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| 33 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tomine
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
18 de Noviembre de 2008 |
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Pensemos en una imagen convencional de celuloide. Su apariencia es sólida y compacta, los colores son firmes, la dosificación de la luz uniforme y la impresión de imagen es global, como si todas las partículas en las que se subdivide estuvieran jerarquizadas al servicio de la Imagen madre, que es la existe mirando al centro, a una esquina o tangencialmente por el rabillo del ojo.
A partir de “Riget”, von Trier propone un nuevo tipo de imagen cinematográfica pseudo-digital, que no es sólida sino líquida. El objetivo es eliminar el filtro existente entre la emoción del figurante y la del espectador, que ya no lo percibe como un cuerpo pintado sino como una mitocondria sensible.
En una imagen analógica común, los ojos no sienten si no se iluminan con un foco. En una granulada, son las partículas que subdividen la imagen las que sienten por ellos. Las personas registradas ofrecen espontáneamente una fuerte sensación de foco emocional y dejan de ser elementos de un bodegón.
Mi cinco a “Rompiendo las olas” se debe, entre otros motivos, al abuso en el montaje, su uniformidad asfixiante y a la tiranía del plano corto, aspectos que podrían ser analizados por separado. Todo esto no impide mi reconocimiento al director como creador de una nueva materia cinematográfica, lo suficientemente desarrollada para poder ser llamada estilo.
Tomine 
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