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| 21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Muchas son las cosas que se pueden destacar de este film. En primer lugar el hecho ser el primero en tratar de forma explícita, siendo en todo momento una película comercial, la adicción a la heroína y acercarse sin tapujos al síndrome de abstinencia, lo cual, dicho sea de paso, permitió a Sinatra desarrollar un papel que le llevó a estar nominado para el Oscar de ese año. Pero empezando por el principio sería casi un pecado no mencionar los créditos creados por el gran Saul Bass (habitual en muchos filmes de Preminger o de otros maestros como Hitchcock. Destacar también la banda sonora, la música de jazz que acompaña a Frankie en todo momento (incluso en su subconsciente?), esa música que el mismo interpreta con la batería (su gran pasión) cuando las drogas o su mujer le dejan. El montaje, típico en el Hollywood de la época y de Preminger en particular, es un montaje casi invisible, donde no se producen a penas rupturas visuales en los tránsitos narrativos, todo fluye con aparente normalidad para que nos centremos en la historia, en la propia narrativa, dejando para una segundo o subsiguientes visionados el ir descubriendo la maestría con la que un director de corte clásico va resolviendo cada detalle. Pero si algo cabe destacar de la película es que todo y abordar de forma clara y explícita la adicción a la heroína de su protagonista y siendo este un tema central no es el único elemento dramático en la narrativa del film. La película, que podría entrar en la categoría de lo que se dio en llamar “film noir” da una importancia decisiva al contexto, al entorno hostil (social, económico y familiar), el chantaje (mafioso y amoroso) y las propias pasiones amorosas, que son, en esencia, el tema de fondo de la película, alejándose a su vez, de cualquier postura moralista sobre el uso, abuso, o pesadilla de la adicción a la heroína, postura que desafortunadamente sí hemos visto en otras películas mucho más recientes y "llamativas". Y excepcional Novak, voluptuosa y sensual como siempre y maternal como nunca
manderlay puntoes 
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| 12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
1 de Diciembre de 2010 |
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Para menoscabar la categoría artística de Preminger, Cukor decía de él que era “un hombre de negocios muy hábil y perspicaz”.
Preminger creó en 1953 una productora para, además de dirigir sus películas, sacarlas adelante. Prueba de su independencia es que cuando filmó “El hombre del brazo de oro” se saltó el Código Hays, censura sobre temas como el adulterio, las axilas pilosas o el ombligo. También las drogas, lacra asociada a las escabrosas cloacas de la sociedad.
Al contar la historia del heroinómano Frankie Machine, quien regresa al barrio de Chicago tras una rehabilitación, Preminger aplica un enfoque muy distinto del oficial: presenta la adicción como proceso patológico derivado de la debilidad de carácter y de la presión de factores ambientales.
El ‘junkie’ se hace, viene a decir, y en gran parte lo hace la sociedad.
Frankie vuelve a ese barrio de callejones con bares y viviendas como corralas y quiere ser un hombre nuevo: ya no el jugador con increíble mano para el póker (de ahí su apodo, brazo de oro sobre todo para el organizador de timbas) sino batería de conjunto musical. Durante la rehabilitación ha aprendido y practicado. Su brazo de oro bien puede valer para sacar ritmos de los tambores, piensa. Pero el impune camello del barrio, el de los chalecos de petimetre y la astucia sibilina, también piensa en ese brazo: que tiene venas, acceso directo al torrente sanguíneo, lo que lo convierte para él en filón. Zosh, la esposa posesiva, piensa que ese brazo de oro es sólo para caricias a ella debidas por ese accidente del que le culpa cada cinco minutos.
El campo de fuerzas donde Frankie intentará renacer como batería lo completan el amigo, tan leal como corto de luces, y la camarera (Kim Novak), amiga compasiva pero no sumisa.
En el desarrollo de la historia Preminger pone en juego su experiencia teatral y cuaja una puesta en escena magnífica, aprovechando con travellings aéreos y largos planos-secuencia los decorados, de donde la acción no sale, y logrando compacta unidad dramática.
Contribuyen tanto la convincente interpretación de Sinatra, que da bien todos los registros de su personaje, expuesto a oscilaciones límite, como la presencia enérgica de Kim Novak, mucho más que un rostro atractivo.
La narración, que de dichos elementos hace un manejo ágil e interesante, moviendo a buen ritmo los dilemas de los personajes, acusa en el desenlace algunas simplificaciones, tal vez porque en realidad lo prioritario para Preminger era mostrar lo hasta entonces inédito en pantalla: la crudeza de los síndromes, la inexorable fisicidad de la dependencia, o la figura vil del traficante, para quien el adicto es una mercancía con brazos.
Y si Preminger pudo hacerlo, aunque a Cukor pareciera fastidiarle, fue por su probada independencia y porque tuvo el arrojo de saltarse la censura.
Y de jugarse su dinero en un proyecto en el que creía.
Archilupo 
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| 12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
7 de Noviembre de 2009 |
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Primer largometraje de Hollywood sobre el problema de la droga, realizado por Otto Preminger (“Laura”, 1944). El guión, de Walter Newman, Lewis Meltzer y Ben Hetch (no acreditado), adapta la novela “The Man with the Golden Arm” (1949), de Nelson Algren (1909-81). Se rueda íntegramente en estudio, en un decorado de sólo 8 escenarios (sala de fiestas, escalera y vivienda del protagonista, vivienda de Molly, bar, calle, apartamento del traficante y tugurio de juego), con escaso presupuesto. Es nominado a 3 Oscar (actor, decorados en B/N y música). Producido por Otto Preminger para Carlyle/UA, se proyecta por primera vez en público, en sesión de preestreno, el 14-XII-1955 (EEUU).
La acción dramática tiene lugar en un barrio marginal de Chicago (Illinois), a lo largo de unas 2 semanas de la primavera de 1955. Frankie Machine (Sinatra), apodado “el hombre del brazo de oro”, de 30 y pocos años, casado con Sofía “Zosh” (Parker), de 25 años, llega a su casa después de 6 meses de privación de libertad, que ha pasado en un centro de rehabilitación de toxicómanos. Ha superado la adicción a la heroína, ha aprendido a tocar la batería y es portador de una carta de recomendación del médico para que un amigo le presente al director de una orquesta de jazz. Lleva consigo un regalo de sus compañeros del centro: el tambor de una batería, símbolo de su felicidad futura, de su ilusión presente y del proyecto de ganarse la vida como músico. Frankie era el mejor jugador de cartas del barrio y trabajaba como jugador a comisión en las partidas clandestinas de póquer de Zero Schwiefke (Strauss). Zosh, que lleva 3 años en silla de ruedas, es una persona amargada, frustrada, caprichosa, dominante y desequilibrada. La vecina Molly (Novak), chica de alterne de una sala de fiestas de “strippers”, es comprensiva, afectuosa, sensual y atractiva.
El film suma drama, crítica social y drogas. Analiza de modo minucioso y realista la angustia del toxicómano, la dependencia de la droga, el sufrimiento y las crisis asociadas al síndrome de abstinencia. Crea imágenes poderosas que explican la administración de la heroína y el calvario del drogadicto. Con acierto expone el peso del entorno en los toxicómanos: falta de trabajo estable, desestructuración familiar, frustraciones personales, presión de los traficantes, etc. Añade la consideración de factores ambientales, como los de un barrio en el que abundan el alcoholismo, el paro, la prostitución, la marginación, la criminalidad, el chantaje, la miseria y el juego.
Sin palabras se pone de manifiesto la necesidad de incorporar la familia a los procesos de rehabilitación, el tutelaje profesional de los ex toxicómanos durante su reinserción, la ayuda en la búsqueda de trabajo y en la preparación para su desempeño, las necesidades de comprensión y cariño y su tratamiento como personas enfermas, evitando siempre su criminalización.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Pese a su solidez y precisión, el guión incorpora algunas incongruencias, que no pasan desapercibidas al público actual, mejor informado que el de 1955. La obra tiene el mérito de ser el primer largometraje que se exhibe en las salas comerciales de los EEUU sin la autorización expresa, hasta entonces preceptiva, de la Motion Picture Association of America, encargada de hacer cumplir el Código Hays. Muchas películas posteriores se acogen a la misma excepción. El tema de la drogadicción fue durante muchos años un tema tabú, que no podía ser tratado explícitamente en cine. La película se enfrenta a este hecho, consigue un notable éxito de taquilla y deja abierto un nuevo camino de normalidad. Constituye un precedente del film la obra “Días sin huella” (Wilder, 1945), con la que mantiene puntos de contacto y paralelismos. Preminger, de talante abierto y liberal, con frecuencia trata temas polémicos y conflictivos en sus obras.
Los dos personajes femeninos del film le permiten encarnar los rasgos por los que siente predilección: la mujer tierna y comprensiva y la mujer cruel y autodestructiva. En “Cara de ángel” las dos tipologías se funden en un solo personaje, en otros trabajos se distribuyen entre dos actrices. Es destacada y meritoria la interpretación de Eleanor Parker. Frank Sinatra, que no era un buen actor, entrega el que para algunos es el mejor papel de su carrera. Kim Novak, poco experimentada, cumple gracias al empeño del realizador, que no repara en repetir escenas hasta el agotamiento. El humor se hace presente a través de Sparrow (Stong), de luces muy escasas y mentalidad infantil.
La banda sonora, de Elmer Bernstein (“Matar a un ruiseñor”, Mulligan, 1968), ofrece una partitura de jazz, potente y vibrante, que se combina con las imágenes de modo brillante y eficaz. Los temas personales (“Zosh” y “Molly”) son melódicos y clasicistas. El tema principal, famoso en su momento, es pegadizo y penetrante. La fotografía, de Sam Leavitt (“Anatomía de un asesinato”), compone una narración visual potente, que hace uso de soberbios planos largos y encuadres realistas impactantes.
Bibliografía
- Oliver KÜCH, “El hombre del brazo de oro”, ‘Cine de los 50 (Jürgen Müller)’, pág. 238-243, Taschen ed., Colonia 2005.
- Lluis BONET MOJICA, “El hombre del brazo de oro”, ‘Diccionario de películas de cine norteamericano’, pág. 351-352, E&T ed., Madrid 2002.
Miquel 
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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
1 de Marzo de 2009 |
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Estupendas críticas sobre esta película. Añadiré un par de detalles fuera de serie de este fenómeno de Preminger, especialista en ahondar y rebuscar en el alma de los personajes:
-Sinatra fue un buen cantante e igual como actor.
-Las mejores escenas sobre las consecuencias de la adicción, creo que aún no superadas, sin adornos ni exageraciones.
-Los movimientos circulares de la cámara de Otto sobre los protagonistas, envolviéndolos.
-Los andares superenvolventes de Kim. Ahí la imagen no envuelve, envuelve ella.
-Los extras que aparecen andando por las calles en las escenas de interior. Ciudadanos del mundo más parecidos a los invasores de ladrones de cuerpos.
-Eleanor tocando el silbato del final del partido, antes de tirarse por encima de la barandilla del 4º piso. ¡Qué arbrito!
fantomas 
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| 17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dromedario
Toledo (España)
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Su valoración:  |
20 de Septiembre de 2007 |
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- ¿Qué tal Frankie? ¿Cómo te va?
- Bien, acabo de salir de la cárcel.
- Lo sé. Oye, pásate por mi casa un día de éstos.
- No, gracias. Lo he dejado.
- No seas tonto. Al primero invita la casa.
- No iré. Ahora estoy limpio. Me he rehabilitado.
..............................
La venda atada fuertemente impedía la correcta circulación de la sangre. Una vena sobresalía. El brazo tenso sintió el pinchazo de la aguja. Se introdujo con precisión y delicadeza. Apretó. La presión del dedo índice sobre el émbolo le hizo volar. Cerró los ojos. Ufff ¡qué sensación! Es la última vez que hago esto se dijo con voz entrecortada.
Se había vuelto a engañar.
Dromedario 
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