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Lo primero de todo, es decir que no he leído la obra de L. Frank Baum y que al igual que muchos como yo, el mayor y más claro antecedente que tengo de El mago de Oz, es la gran película protagonizada en 1939 por Judy Garland. Por lo visto son numerosas las aventuras sobre esta obra a la par que sus secuelas, me refiero a nivel literario, ya que a cinematográfico son también variados los ejemplos, el simple hecho de el musical El Mago (The Wiz) de 1978, donde encontramos a Michael Jackson como el espantapájaros, es uno de muchos ejemplos. Pero en fin, en cualquier caso y partiendo del filme de 1939, he de decir que esta versión muda de la mano de Larry Semon no es todo lo grata que debiera; ni mucho menos cala en el espectador. Un filme que si bien es una adaptación de la obra de Baum, por decirlo de alguna forma, también se podría considerar un todo un “book” cinematográfico del propio director ante su continua exhibición escena tras escena. Estamos ante todo un ejemplo de que no todo el cine mudo fue maravilloso. Tras todo este repertorio decir:
- Lo IMP: Oliver Hardy haciendo del Hombre de Hojalata o de Hoja de lata, como nos dijese Judy en la versión del 39. Se echa en falta su característico bigotillo – Que gracias a esta versión admiremos mucho más a la realizada por Victor Fleming.
- A* IMP: El excesivo protagonismo del actor y director Larry Semon, apareciendo en cada secuencia del filme, dejando a Dorothy en un segundo lugar hasta el punto de eclipsarla y convirtiendo su producción en una muestra de egocentrismo artístico – Dwan es demasiado mayor para el papel de Dorothy – Sin chapines de esmeraldas ni Toto nada es lo mismo - ¿Por qué llamarla “Mago de Oz” si en este filme el “mago” no es más que un simple aprendiz?
Angel 
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