Esta película de apariencia amable no deja de esconder ciertas picardías. Recordemos que es del año 29, la primera película sonora en ganar el oscar a mejor película, aunque los carteles que anuncian las escenas y ciertos primeros planos que rompen el ritmo nos remitan al cine mudo que acababa de quedarse atrás.
Hay que verla como pieza arqueológica y merecerá la pena.
Dos hermanas llegan a Nueva York con medio enchufe para trabajar con un sosias de El Gran Ziegfeld. La mayor, que es la más bajita, es muy protectora con la pequeña, que es muy bella; ambas realizan números de baile que hoy en día no pasarían un casting de Factor X.
spoiler:
Que Anita Page fuese considerado el rostro más bello de Hollywood no la convierte en peor actriz que a la más dotada Bessie Love, que además sabe bailar.
La primera escena es magnífica para un debut sonoro ya que se mezclan varios tipos de música en un estudio de grabación o de ensayos, pero la canción leit motiv que da título a la película me parece demasiado pobre para ser repetida en tantas ocasiones.
La primera escena del hotel es excesivamente alargada y teatral, igual que las entradas de los actores al final de la película, en la misma habitación.
Los números musicales del principio son horrorosos, todo lo contrario de los que mostraba El Gran Ziegfeld años después o las coreografías de B.Bekerley. Sonrojante es el número yo creo que basado en algún cuadro de Alma Tadema en la que un romano tiene un solo mientras las chicas figurantes se ríen cuando tenían que estar como estatuas.
Mejor es el claqueteado con zapatillas de ballet posterior o la wedding dolls, pero el númerito de las hermanas Mahoney, se desmorona cuando se ve que no siguen el compás con los pies una con la otra, y que realmente la que sabe bailar es Bessie.
El resto está aderezado con la historia de amor entre Bessie y Charles King, que nunca nos creemos porque Bessie parece tener un amor lésbico hacia su hermana más que hacia su novio y entre Charles King y Anita Page, a la que el director no se corta en semidesnudar cada vez que puede, lo que lleva a Anita a hacerse la fresca con un playboy millonario y empedernido solterón para alejarse del novio de su hermana - que gran frase esa de para que quiero un anillo, en una pulsera caben más diamantes-.
Finalmente Bessie se da cuenta de todo y tiene una escena desmaquillándose en su camerino digna de que la nominasen a los oscar, cosa que hicieron, en la que llora y ríe y vuelve a llorar mientras contempla las fotos de su dos seres más amados.
Y poco más. Hay que verla para saber que de aquellos barros vinieron musicales maravillosos.