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Críticas de "Ladrón de bicicletas"
Ladrón de bicicletas
Notable
Vittorio de Sica
(1948)


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22 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
anaïS   Granada (España)
Su valoración: Muy buena 16 de Mayo de 2006
El cine neorrealista se caracteriza por tramas ambientadas entre los sectores más desfavorecidos, mostrando una Italia deshecha y miserable, con abundante uso de rodajes en exteriores. Faltos de decorados y de medios debido a la ocupación de los estudios Cinecittà por una multitud de personas desalojadas a causa de las penurias de la guerra, las películas se rodaban con las devastaciones bélicas de fondo. Se utilizan nuevos modos de producción con iluminación natural y una importante presencia de actores no profesionales entre sus secundarios y, a veces incluso, entre sus protagonistas.
El neorrealismo italiano se caracterizó básicamente por mostrar las cosas tal cuales eran hablando de temas profundos.
Europa se encontraba en plena posguerra y como le ocurre a todo arte, el cine también sufrió los cambios que resienten en lo social, recayendo éstos en sus obras.


El LADRÓN DE BICICLETAS fue filmado en 1945, pocas semanas antes de que terminara la II Guerra Mundial. Supuso el lanzamiento al estrellato de su apenas conocido director, Vittorio De Sica y, más importante aún, la definitiva consagración del neorrealismo italiano en el contexto cinematográfico internacional.
La narración, por otra parte, es perfectamente clásica. Su estructura es cíclica: el protagonista sale de la multitud anónima en la primera secuencia y vuelve a ella al final.
Maravillosamente fotografiada en un crudo blanco y negro, casi en tono documental, EL LADRÓN DE BICICLETAS presenta un intencionado escenario de la posguerra lleno de personajes que, perdidos en su anonimato, impregnan sus carencias por las pobladas y vívidas calles romanas. Una joya testimonial.

Más que por su tenue mensaje social, El Ladrón de bicicletas perdura hoy como un documento insustituible de la Italia de posguerra; y, sobre todo, por la metáfora escondida en el argumento, y por la magnífica historia entre el padre y el hijo (lo que uno y otro descubren de sí mismos en su afanosa búsqueda.)
Un hito del cine mundial.
anaïS
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Taylor   Terrassa (España)
Su valoración: Muy buena 18 de Enero de 2008
Películas como la De Sica nos hacen retroceder hasta aquella época en la que el cine de calidad no estaba reñido, en absoluto, con todo aquello natural, simple y meridiano. Sin embargo, parece como si hoy en día la genialidad fuera parcela exclusiva de aquellos cineastas que tan sólo conciben el cine como una obra de arte inevitablemente densa, plúmbea y abstrusa. Parece como si para Lynch y sus acólitos el cine deba entrañar ineludiblemente laberínticos mensajes, metafísicos propósitos y extravagantes propuestas estéticas. Y todo eso está muy bien, por supuesto. Es legítimo y necesario, incluso. Siempre y cuando todo ello sea fruto de un estudio previo, de un bagaje, de una evolución. Y siempre y cuando uno lleve bien ajustadas las gafas de pasta, claro. Pero regresemos a “Ladrón de bicicletas”. Regresemos a esa concepción artística del cine realista, descarnada, cotidiana. La peli de Sica constituye, en ese sentido, un emblemático patrón de un neorrealismo italiano que nos legó un buen puñado de joyas cinematográficas.

De Sica nos sumerge en la Roma de los cuarenta a través de los ojos de Antonio Ricci, un fijador de carteles, y Bruno, su hijo. La casa de empeños, los mercadillos ambulantes, las largas colas para coger el autobús, el atestado piso de la vidente, los locales de beneficiencia, los tumultos callejeros... todos esos escenarios nos ayudan a pulsar progresivamente la miseria, la penuria, la desesperación que embarga a Antonio (“maldito sea el día en que nací”). De Sica y el neorrealismo italiano en general demuestran fehacientemente como cualquier penalidad cotidiana como el robo de una bicicleta puede llegar a condensar efectos tan devastadores como los que originaría la peor tragedia conocida. Por lo demás, la peli funciona como un reloj suizo. La música aporta la correspondiente tensión dramática, la fotografía esculpe la pobreza y el virtuoso ritmo narrativo del film nos arrastra torrencialmente a las despiadadas condiciones de vida de la jungla de asfalto romana. El único fulgor de esperanza, la única concesión balsámica que De Sica se permite brindar al espectador es Bruno, el chiquillo. Un angelote. Para mi quisiera un vástago así.

Sencillamente soberbia.
Taylor
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Adrián Carlos   A Coruña (España)
Su valoración: Muy buena 15 de Mayo de 2007
Una película que representa un momento de la Historia donde nos encontramos con lo dificil de conseguir un trabajo, épocas de recesión económica, cuando mantener a una familia se basaba en vender tus bienes para poder comprar.

Dura en todo su trato social, en el que el protagonista se ve abocado al empeño de sus bienes básicos para poder subsistir e incluso acceder a un puesto de trabajo. Con ella sientes que no debes quejarte de nada en la actaulidad, muy fácil criticar el cine sentado ante tu PC, cuando mucha gente pasa hambre o trabaja para conseguir un poco de sustento.

Me encanto la escena en la que el padre invita al hijo a comer, que cara se te queda cuando ves lo que comen algunos y lo poco que otros, "habría que ganar el sueldo de un mes para poder comer así".

Fotografía de la época genial, barrios obreros sin asfalto, trolebuses y tranvias abarrotados. Robos a la orden del día sin pensar que el robo de una simple cosa puede condicionar la vida de un hombre...

"¿Si todos lo hacen, me fastidian la vida y debo decidir si comportarme correctamente o devolver el golpe? Pero las personas buenas no saben devolver el golpe, y se sienten impotentes por defraudar a su familia."
Adrián Carlos
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16 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Emilio Cappa Segis   Burgos (España)
Su valoración: Muy buena 10 de Febrero de 2007
Lo peor que le ha podido pasar a El ladrón de bicicletas es que se la haya designado como la obra maestra del neorrealismo italiano, porque cualquier catalogación huele a museo, a viejo, a pasado, a ciclo de filmoteca. Nada de eso. El ladrón de bicicletas es una película actual, no ha perdido con el tiempo, y transmite una honestidad sencillamente imposible de encontrar en las películas actuales: la mayoría de los dramas presuntamente sociales de Hollywood resultan frente a El ladrón... fatuas, vacías y artificiales. Jamás volverán a rodarse películas como esta, porque el mundo ha cambiado, y este de ahora es fatuo, ególatra, superficial e insolidario. ¿En qué película actual podemos encontrar unos personajes con tanta dignidad? Esa dignidad, y la presencia del niño (qué desparpajo el del chaval!) hacen sobrellevable el dramatismo de la situación. Yo no creo, siquiera, que sea una película triste, porque alrededor de los personajes la vida bulle, no se para, palpita el optimismo que alienta el afán de supervivencia. Es una película de luchadores anónimos nada impostada por el típico guionista que escribe sobre las miserias de los otros desde el cómodo despacho de su chalet de puta madre. No me cabe duda de que lo que realmente huele a viejo, a museo, a pasado (y sin duda quedarán para ser exhbidas en los ciclos de las filmotecas) son los dramones intelectualoides actuales del tipo Dogville o Babel. Al margen de las numerosas anécdotas del rodaje (la negativa de Vittorio de Sica a que la protagonizara Gary Cooper con la consiguiente pérdida de financiación, o la precariedad del rodaje) que nada quitan o ponen a este excelente film, esta es una de las películas más hermosas de la historia del cine. Vale la pena verla.
Emilio Cappa Segis
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14 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
mrblue   valencia (España)
Su valoración: Excelente 9 de Enero de 2007
Un amiguete me dijo de ella que era "una auténtica pedrada". En cierto sentido es verdad, la peli duele como pocas. Transmite pesimismo y tristeza desde el minuto uno. Pero bueno, también va con los gustos de cada uno. A mí no me motiva especialmente la tristeza, pero la prefiero, por ejemplo, al aburrimiento o a la estupidez, dos características bastante comunes a muchas pelis calificadas como divertidas.

Aunque a decir verdad tampoco estoy del todo de acuerdo con lo de "la pedrada" que dice mi amigo. Es verdad que el director nos pinta una realidad (universal) tristísima y tan desasosegante que te deja la sensación de que la única opción ante la vida es rendirse. Sin embargo, detrás de tanta amargura, el director también nos abre una rendijita por la que poder escapar de la realidad. Y eso es un alivio. Y Ese alivio lo trae de la mano de un niño de seis años que para mí, es uno de los más majetes que he visto nunca en un cine.

Yo, por si acaso aviso. Si "el ladrón de bicicletas" no te deja indiferente, es posible que te haga daño. Y hablo en serio. Yo juré que nunca más comería en un restaurante.
mrblue
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