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| 36 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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burton
Santander (España)
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Su valoración:  |
18 de Febrero de 2007 |
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Con este famoso y barbárico adagio latino, medio motivaba el millonario y ocioso personaje de Henri Husson (Michel Piccoli) a la frígida y casi virginal incontenida dama de la alta burguesía parisina, la respetable señora Séverine Serizy (Catherine Deneuve), a darse una vuelta por el barrio de la ópera, a un reputado burdel de cierta sofistificación y crédito regentado por madame Anais, y donde con el paso del tiempo daría escape a sus represiones infantiles con el apelativo de Belle de Jour ("bella de día", en castellano traducido como "Flor de día") como nombre de guerra, viéndose arrastrada inconscientemente a un marasmo de desenfreno sexual revestido de una sutil capa de erotismo sesentero, cuando las normas morales aún no habían levantado el pie del acelerador, antes de traspasar la fina línea de lo erótico-sugestivo a lo erótico-explícito como antesala de lo porno y sus diversas variantes.
Ta vez la bella Séverine se sintiera atraída por los extraños caprichos de sus clientes, cercanos en la mayoría de los casos a fantasías sexuales sadomasoquistas referentes al placer de la humillación clandestina del orgullo personal, y al placer de hacer sufrir al ser humano amado y de débil predisposición (al marido pusilánime o calzonazos, vamos).
El genio de Calanda toma prestada la novela epónima en su titulación original en galo "Belle de jour" de 1928, del novelista argentino de origen askenazi Joseph Kessel.
La película es todo un alarde visual y sonoro sobre las vivencias existenciales de esta complicada mujer con recurrentes sueños sadomasoquistas, motivados, intuímos, por una difícil experiencia sexual a edad temprana, cuando fue forzada en repetidas ocasiones por hombres mayores que ella.
La esplédida fotografía corre a cargo de Sacha Vierny, y la magnífica y virtuosa dirección de la cámara fue por cuenta del turolense, el mejor cineasta de nuestro cine patrio de calle. Los personajes no están muy perfilados psicológicamente pero aún así constituye un justo equilibrio mediático de conjunto.
Buñuel nos introduce en un mundo de perversiones subjetivas que acucian la psique de una remilgada protagonista que de pronto decide dar rienda suelta a sus sueños masoquistas.
Ese sueño inicial, cuando viaja en calesa con su marido y dos conductores... y de repente, el marido manda parar el carruaje para que la vituperen públicamente, azoten y violen los dos conductores, es una pista de lo que el maestro nos tenía preparados.
Poderosa, enigmática, sugerente, sugestiva, imperturbable, virtuosa.
I M P R E S C I N D I B L E.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Un sueño iniciático despierta la película. Un carruaje conducido por dos chóferes y en donde viajan una pareja, el doctor parisino Pierre Serizy (Jean Sorel) y su frígida y casi virginal mujer Séverine (Catherine Deneuve), discurre por un sendero bastante onírico rodeado por hileras de árboles a sendos lados.
De repente, Pierre manda parar el carruaje y obliga a los dos conductores que azoten, vejen y violen a su mujer que suplica clemencia.
El sueño se acaba, y comienza de verdad el entramado.
Séverine es una mujer de la alta burguesía que mantiene una relación de celibato con su marido Pierre, aunque éste se tome las cosas con suma paciencia.
Un día, estando de vacaciones con su amiga Renee (Macha Méril) y la pareja circustancial de ésta, el millonario, ocioso y abiertamente repulsivo para Séverine, Henri Husson (Michel Piccoli), ésta se entera de que una conocida de ambas amigas frecuenta como profesional del sexo un burdel con el que obtiene un suculento sobresueldo.
Los virginales ojos de Séverine comienzan a abrirse de par en par.
Otro día, en una conversación con el propio Husson, éste le comenta cómo funcionan ese tipo de sofistificadas casa de citas ("...Vas un día media hora...y el resto del día te sientes mal...") del que él antaño fuera asiduo cliente, y le da el nombre de una de ellas.
Tras varios momentos de indecisión, Séverine, finalmente se arma de valor y entra en uno de esos burdeles regentados por la madame Anais.
Allí, poco a poco entablará relación con sus compañeras de oficio, y solicitará como única condición a la madame, que sólo está dispuesta a trabajar de día (de las dos a las cinco de la tarde). Anais le propone el nombre de "Belle de jour".
Sus clientes demuestran una amplia gama de sueños clandestinos inconfesables, que Buñuel nos deja a la libre imaginación.
Así, un fabricante de caramelos, un prestigioso ginecólogo con extraños hábitos sadomasoquistas, un oriental con violentas fantasía eróticas, un duque con fantasía sexuales fúnebres...y finalmente Marcel (Perre Clementí), un joven desdentado perteneciente al mundo del hampa (tal vez Kubrick se fijara en él para su Alex de Large) a las órdenes de un ladrón de poca monta como Hipólito "El murciano" (Paco Rabal e un paupérrimo papel).
Poco a poco el violento muchacho se encapricha peligrosamente de ella bajo su aparente condescendencia y las cosas se salen de madre.
Además un viejo cliente del burdel, el sr Husson descubre a Séverine.
Un día, Marcel acude a casa de Séverine y chantajea a Séverine que ya se había ido del burdel.
Cuando parece que Marcel medio acepta resignado la situación, dispara a bocajarro a su marido en el portal, y huye despavorido.Por el camino un policía le hiere de muerte.
Pierre ha quedado paralítico en silla de ruedas, y el sr Husson acude a visitarle para contarle la historia de su mujer y que así no se sienta tan culpable.
burton 
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| 22 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miss_Clonazepan
buenos aires (Argentina)
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Su valoración:  |
3 de Febrero de 2009 |
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Intento imaginar desde que la ví por primera vez (hace muchos años) que otra actríz podría interpretar el rol de Sevérine. Lo pienso y lo pienso pero no hay caso. No hay ninguna con la belleza, el misterio, la sensualidad y el talento de Catherine Denueve. Es una diosa gélida de una hermosura única. Y don Luis que nunca fué un tonto para estas lides, eligió a la mejor actríz para representar este papel soñado. La doble moral, las apariencias hipócritas. Lo sagrado del matrimonio, para el cuál existía la esposa pura con la cuál se hacia sólo lo normal. Y estaba también la amante, con quién podían desatarse todas las mas bajas fantasías y deseos, que no se permitían con las señoras. Pero acá el buscapleios de Buñuel encara toda esa hipocresía de la sociedad, dando vuelta la tortilla y haciendo que la esposa sea la que busca el placer sexual fuera del matrimonio trabajando en un burdel. Toda la película es una cachetada tras otra a la moral burguesa de la época a la cuál Don Luis odiaba y despreciaba. No quiero entrar en detalles del argumento porque hay que verla, pero les aseguro a los que nunca la vieron que van a encontrar masoquismo, sadismo, voyurismo, humillación sexual y otras cositas ricas absolutamente impensadas hace 42 años. Por algo mi mamá odiaba a Buñuel porque decía que hacía films para degenerados. Y bueno, las mamás no siempre tienen razón. Por suerte.
Miss_Clonazepan 
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| 15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
13 de Febrero de 2009 |
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Film de Luis Buñuel que obtuvo un gran éxito de público y crítica. El guión, de L. Buñuel y de su colaborador habitual durante la etapa francesa, Jean-Claude Carrière, adapta la novela “Belle de Jour” (1928), de Joseph Kessel, novelista francés, nacido en Argentina, de origen judeo-lituano, que fue miembro de la Academia Francesa. Se rueda en escenarios exteriores de Paris (Campos Elíseos, Bois de Boulogne, Chalet de la Gran Cascada ...) y en los platós de Studios Franstudio (Saint-Maurice). Obtiene el León de oro, de Venecia. Producido por Raymond y Roger Hakim para Paris Films Productions (Paris) y Five Films (Roma), se estrena el 24-V-1967 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en Paris y alrededores en 1965-66. Séverine Sérizy (Deneuve), de 23 años, casada desde hace casi un año con el cirujano Pierre Sérizy (Sorel), a causa de un trauma infantil (probablemente debido a abusos sexuales continuados por parte de un hombre mayor) es frígida, no comparte el lecho con el marido y alivia la tensión sexual mediante fantasías sadomasoquistas. Con el deseo de superar sus represiones, se pone a trabajar como prostituta a tiempo parcial (de 2 a 5 de la tarde). Séverine es hermosa, elegante y refinada. Encarna la imagen de la virginidad, la perfección y la elegancia. Es fría y distante, pero está enamorada de Pierre, que es comprensivo y tolerante con ella.
El film desarrolla un drama psicológico, que nace de una experiencia traumática infantil, se manifiesta a través de una conducta sexual desordenada, da lugar a fantasías eróticas perversas e impulsa comportamientos de riesgo. El tema permite al realizador explorar la psicología de los personajes, una de sus tareas predilectas. Se plantea cuestiones referentes a los instintos, la racionalidad y la conducta, en los que halla un campo amplio de reflexión e investigación, acorde con sus gustos, conocimientos y experiencia. El análisis que desarrolla se ajusta al estado de la ciencia en su momento.
Las limitaciones de la ciencia, entonces y ahora, mueven al realizador a explicarse con precaución y sin afanes de exhaustividad. Apunta las causas posibles con indicaciones someras que dejan en manos del espectador el completarlas. Responde a las preguntas sobre las causas sugiriendo respuestas esbozadas o simplemente enunciadas. Las referencias a los comportamientos se apoyan en elipsis que reclaman supuestos y sobreentendidos. La indefinición del relato contribuye a elevar el tono de misterio y oscuridad, que potencia el dramatismo de la historia. El interés de la protagonista por afrontar y resolver los problemas que la afectan y las consecuencias imprevisibles de sus actos aportan elementos que, administrados con la pericia de Buñuel, dan fuerza y vigor al relato. La serena belleza y el rostro angelical de Séverine ocultan un mundo interior de angustia, frustraciones y desesperación.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La combinación de realidad y sueños y la suma ambigua que en ocasiones se da de ambos componentes, introduce factores que más que incrementar la complejidad de las situaciones, generan efectos de apelación a la imaginación, iniciativa y fantasía. La visión del film resulta tanto más grata y satisfactoria cuanto más activa es la disposición del espectador. Este hecho podría explicar, al menos en parte, las diferentes acogidas que la cinta ha tenido y tiene en ámbitos diversos del público. El acierto de Buñuel a la hora de plantear un relato inacabado e incompleto, pero sugerente y abierto, ha sido posiblemente una de las causas de su resistencia al envejecimiento.
La cinta suma, y en ocasiones mezcla, sueños, fantasías, imaginación, símbolos y realidad. En esta ocasión el componente surrealista de los sueños tiene mayor peso que en los films inmediatamente anteriores, por lo que algunos críticos hablan de recuperación de técnicas de la primera etapa del realizador. Un análisis sosegado y detallado posiblemente pondría de relieve que el film dosifica la combinación de elementos diversos de acuerdo con las exigencias de la propia historia y de su traslación al celuloide. En todo caso, no se trata tanto de un film surrealista, como de un film que aborda un problema humano profundo y de alcance dramático con una sugestiva combinación de recursos realistas, simbólicos y surrealistas.
No falta la crítica habitual a la burguesía y a sus prácticas perversas. Por la pantalla desfilan voyeurismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, sadomasoquismo, necrofilia, dominación, humillación, bondage, machismo, fetichismo, coprofilia, celos, etc. Las críticas a la aristocracia son más severas: ésta añade a las perversiones burguesas prácticas específicas de desprecio de la persona, soberbia, clasismo, intolerancia y deliberada mala educación. La cámara ofrece imágenes de los fantasmas y fetiches propios del realizador: zapatos, botas, látigos, campanillas, cajas misteriosas, personas con defectos físicos o discapacidad (dentadura de Marcel), etc. Muestra armas de fuego en manos de locos, como en “Él” y “Ensayo de un crimen”. Realza imágenes de espaldas desnudas, nalgas y pies.
La interpretación de Deneuve es convincente y fascinante. La banda sonora se sustituye por efectos acústicos que culminan en un coro singular de sonidos diversos (maullidos de gato, viento, mugidos de buey y otros). La fotografía, de Sacha Vierny (“La guerra ha terminado”, Resnais, 1966), en color (eastmancolor), ofrece una visualidad espléndida, que se apoya en un trabajo de cámara, más suave y cuidado de lo habitual en los trabajos del realizador.
Miquel 
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| 13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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PUCCINI007
(Colombia)
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Su valoración:  |
26 de Noviembre de 2006 |
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Severine es una hermosa joven, casada con un exitoso profesional de la salud, quien al verse encerrada en una “jaula de oro” decide salir a las calles parisinas en busca de algo o alguien que satisfaga sus curiosos deseos sexuales, llegando así a transformarse una codiciada prostituta.
Intrincado drama erótico de tintes surrealistas, en la que Luís Buñuel nos sumerge, como de costumbre, en una acida critica a la burguesía, la hipocresía y los más recónditos, pervertidos, ásperos y reprimidos deseos sexuales, todo ello centrado en el personaje interpretado por la hermosa e irresistible rubia Catherine Deneuve, cuya frialdad, ensimismamiento e “inocencia” consiguen cautivar y provocar chispas de deseo impetuoso en el cinéfilo aquí presente.
Dos memorables personajes son también los encarnados por Michel Piccoli y Pierre Clementi, entregando todo de si en sus respectivos roles, el primero cínico e irreverente, el otro un irascible bribón enamorado de la chica dorada.
La siempre mesmerizante y colorida atmósfera del cine Buñueliano nos otorga una de sus obras más completas y ricas en imaginería, una compleja fábula de la que la siempre bella Severine saldrá airosa, abordando sin temor el carruaje del destino.
Pierluigi Puccini
PUCCINI007 
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| 11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
28 de Junio de 2008 |
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Buñuel, recalcitrantemente fiel a sus inquietudes oníricas, recorrió diversos puntos de la geografía mundial en su afán por dar rienda suelta a una escandalosa y controvertida creatividad.
En esta ocasión, reclutó nada menos que a una de las grandes bellezas galas del siglo XX, Catherine Deneuve, y la hizo bailar al son de su batuta exigente y atrevida. La enorme hermosura elegante, formal y con ese aura de casi intocable de la Deneuve resultaba ideal para el papel que Buñuel le tenía reservado.
Siempre escarbando en los rincones más oscuros, ocultos bajo la superficie decorosa, Buñuel dio forma a una doble vida combinando sutileza y sordidez, delicadeza y audacia, en una mezcla bastante inquietante y freudiana. Toda la película puede ser objeto de un minucioso psicoanálisis en el que saldrían a relucir traumas infantiles no superados que derivan en graves conflictos internos, en instintos masoquistas relacionados con represiones sexuales que buscan modos ilícitos de resolverse.
En la apariencia, Sévérine es una mujer respetable, acomodada, casada con un próspero médico. Parecen el clásico matrimonio feliz. Pero, como era de esperarse, algo crucial falla. Algo aleja a Sévérine de su marido, algo le impide mantener con él una relación apasionada y expansiva. Ella, con su imaginación desbocada, evoca en secreto recurrentes fantasías eróticas en las que el masoquismo y el placer van de la mano... Como si buscara deliberadamente el daño y el sufrimiento autoinducidos para expiar por el pecado de existir...
Sévérine tal vez se odia a sí misma, y para encontrar consuelo a ese odio persigue la máxima humillación a través de una incursión cada vez más arriesgada y osada en una doble vida que pone en peligro la estabilidad de su ordenada e intachable fachada...
Surrealista, cruel, punzante y abierto a diversas interpretaciones, Buñuel continúa en su línea inclemente con el espectador bajo el dulce y amargo caramelo de una Deneuve a la vez angelical y turbia, dosificando sabiamente los detalles escabrosos del guión para que la estética no pierda un ápice de su elegancia.
Un puñal escondido bajo medias de seda.
Vivoleyendo 
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