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Críticas de "París, Texas"
París, Texas
Notable
Wim Wenders
(1984)


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37 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Rick Blaine   Casablanca (España)
Su valoración: Excelente 25 de Mayo de 2007
Si alguna vez en tu vida necesitas perderlo todo, tirar los nortes por el sumidero, contar cómo van cayendo uno a uno los pequeños sacos de lastre, hazlo rápidamente y sin titubear. Agarra la puerta y vete, dejando que los recuerdos vayan deslizándose nuca abajo mientras inicias una caminata irresponsable hacia el nacimiento.

Necesitas perder todos los nortes para iniciar la búsqueda ilusionante y dolorosa. Y el desconcierto nos hace tan puros e impredecibles. Es la maravillosa consecuencia de semejante despegue, un mareo...Estás en las arenosas callejuelas de un desierto lleno de viento y sol con la gorra calada hasta las napias. Ya estás lo suficientemente perdido, comienza a encontrar, si quieres. Entonces debes hacer una llamada para que te saquen de allí.

Ahora todo puede ser maravilloso, si nos dejas verlo.
Rick Blaine
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20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
GVD   Madrid (España)
Su valoración: Excelente 6 de Septiembre de 2007
Una road movie consiste como su nombre indica en una película sobre un viaje. Y un viaje puede dar lugar a infinitas películas, ya que las películas hablan sobre la vida. ¿Y qué es la vida si no un viaje? Ahora bien, de esas infinitas películas, "París, Texas" es una entre un millón.

Travis es un hombre sumido en la más amarga de las perdiciones, la de haber perdido lo que más te importa en la vida, la de curar las heridas que el puto amor deja, la de sentirte un cabronazo por no saber preservar ese tesoro que cada uno tiene en la vida. Ese hombre afortunadamente recibirá una segunda oportunidad para poder arreglar lo que más le importa, coger el toro de la vida por los cuernos y dejar por sentado que ahora manda él y que nada en el mundo le va a impedir que cumpla su misión vital.

Pero él no podrá estar ahí cuando todo se arregle. La felicidad no es para él, para llegar a su destino tendrá que abandonar lo que ya perdió. Tan sólo le quedará un precioso recuerdo, y la certeza de que lo más grande que jamás podrá tener está a salvo y feliz. Quizás no sea el paraíso, pero estará en paz. Su viaje existencial ha llegado al puerto que tenía que llegar. Y la prueba de ello son unas lágrimas imborrables que han brotado tanto por dolor como por felicidad.

París, Texas: un paraíso lleno de polvo, pero más resplandeciente que ninguno. Una película que no es ni forma ni contenido, sino la emoción misma, una emoción que engulle lágrimas, dolores y tristezas, y que deja un estado de tranquilidad y ese poso que sólo sabe dejar el cine más grande.
GVD
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24 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Bloomsday   Alicante (España)
Su valoración: Notable 7 de Septiembre de 2007
Caminas. Estás solo, crees. Tampoco miras a los lados para comprobarlo. El viento incrusta granos de arena en los pómulos, algunas ráfagas duelen, otras no. Notas un pinchazo. Quizás sea el cansancio, quizás un ligamento agrietado, quizás te estés desangrando por una pierna. Lo que sea... Sigues. Andas. Caminas. Gorra sucia, camisa sucia, pantalones sucios. Intentas organizarte un poco; tres pasos rápidos, cuatro lentos. Mover los brazos con ritmo también. No cansarte demasiado, sería horroroso no llegar en condiciones a ninguna parte. Caminas. Andas. Esquivas una piedra.

Guiñas los ojos mirando hacia arriba. El sol te abrasa, quema mucho en el desierto. Lo miras directamente pero con los ojos cerrados y, a través del filtro de los párpados, ves una enorme bola negra que se derrama en tus cuencas sorteando la visera de tu gorra sucia y ablandando tu cara sucia. Se cruza algo en tu camino. Parece, no puedes asegurarlo, un ser vivo. Avanza a cuatro patas. Es entonces cuando crees recordar a los perros. Te agachas, coges un puñado de arena y te lo metes en la boca. Sigues teniendo sed, parece claro. La arena no es para beber, estás casi seguro de ello. Te lames el brazo, está mojado y tiene sabor. Alivia. Le ofreces el brazo al perro para que lo chupe también. Generosidad, murmuras, así lo llamaban.

Una máquina se detiene, de ella baja alguien y dice algo. Entonces recuerdas poco a poco, chapoteando en un reguero de imágenes lacias, que toman forma al ritmo de las palabras. Era un perro sí, aquello era un perro. No cabe duda ya. Y éste es tu hermano que te lleva de regreso, siguiendo tus propios pasos. Vas en coche, bendito sea dios. Esto es un coche.

Quizás te den otra oportunidad. Esto tiene toda la pinta de ser una segunda oportunidad.
Bloomsday
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19 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Servadac   Madrid (España)
Su valoración: Notable 16 de Octubre de 2007
Travis Henderson desciende “de Orfeo, que marcaba la cadencia de remo de los Argonautas y que bajó al infierno y volvió a subir, menos vivo que antes de la hazaña, pero vivo al fin y al cabo.” (*)

Travis entrevió la figura de Eurídice, fugaz y temblorosa, detrás de la pantalla infranqueable de un peep show. No quiso ni girarse para ver de cerca aquella sepultura.

Su llanto enternecía hasta las fieras.

Comprendió que una forma del amor es la renuncia, el exilio profundo e interior.

Orfeo ya no canta. Sólo escucha la lira de Ry Cooder.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Servadac
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17 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Taylor   Terrassa (España)
Su valoración: Interesante 5 de Enero de 2008
Wenders se empeña en ser más papista que el Papa exhibiendo una vez más el catálogo iconográfico oficial de la América profunda: rectilíneas carreteras sin fin, solitarias estaciones de servicio, moteles sórdidos y, como no, el polvoriento Mohave. Todo ello impecablemente solapado a una banda sonora que acentúa a la perfección la tremenda carga melancólica de sus imágenes, dicho sea de paso, filmadas con meticuloso empaque.

El germano me engatusó, para que vamos a negarlo, merced a su innegable sensibilidad estética, pero al final el metraje acaba por pasarle factura. Me explico. La peli arranca bien. Enérgicamente. La aparición de un enigmático personaje deambulando en pleno desierto bajo un sol abrasador plantea cierta intriga inicial. Cuando descubrimos que ese pintoresco individuo ataviado con gorra de béisbol roja y traje andrajoso anda desaparecido desde hace cuatro años, nuestro interés aumenta. Su estado pseudocatatónico lo intensifica considerablemente. Sin embargo, a medida que el amnésico Travis (Harry Dean Stanton) va recuperando la memoria y empieza a comportarse como una persona normal, nuestro estímulo decrece paralelamente. Sabemos que tiene un hijo de siete años (Hunter), fruto de su relación con Jane (una bellísima Nastassja Kinski), truncada abruptamente por causa desconocida. Carecemos de indicios y la intriga inicial empieza a tambalearse. Travis y Hunter inician un viaje en búsqueda de Jane, el vértice perdido de ese triangulo familiar desestructurado. Tal vez resulte imposible recomponer esa Sagrada Familia, pero Hunter tiene derecho a conocer a mamá Jane. Y ahí es donde Wenders arrancó mis primeros bostezos, estirando el chicle en demasía. La síntesis narrativa no es su fuerte y en ese punto el chicle pierde elasticidad, se torna fláccido y la peli revela disfunción eréctil. Total, que esos 40 minutos de más le pesan como una losa a “Paris, Texas”, restándole agilidad, contundencia y brillantez .

Afortunadamente, la secuencia de la conversación (monólogo casi) entre Travis y Jane en la cabina del Peep-show remontó mi líbido cinéfila satisfaciéndome plenamente en el rush final. Sin lugar a dudas, uno de los diálogos más bellos, francos y profundos del cine de los ochenta.
Taylor
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