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Pero no es tan fácil conseguir que los sueños se hagan realidad, porque destacar es complejo, y el pueblo se va a quedar con su encanto de piedra natural esperando una respuesta.
"Relájese en la arena, consígase un flirteo
y sienta el cosquilleo del sol sobre su piel"
Ni playa, ni turistas, nos quedamos sin alcalde ante el motín de la mujer del más rico del pueblo, y como la honradez es algo que perdura sobre todas las cosas, aunque este ex-alcalde haya sido un pobretón toda la vida, está dispuesto a pagar la deuda de la escapada a la playa, aunque sea terminando con sueños bajo el primer árbol que encuentre.
"Y luego por la noche con un whisky delante
descanse en el sedante sillón de un buen hotel"
Pero el alcohol y los negocios casan a veces con extraños resultados, contrataron a aquellas vedettes que parecían burbujitas de champagne en el escenario, y allí que se plantan, sin avisar ni nada, ahora que no hay alcalde ni dinero, ahora que el pueblo es el mismo lugar de siempre.
"Me gusta hacer turismo, olvide sus problemas
y déjele a su socio el debe y el haber"
Ahora razonemos, quién no le cogería cariño a Paco Martínez Soria, ellas por él harán cualquier cosa, incluso actuar en un pueblo sin apenas público y gratis, esperando a que llegue en otro momento esa playa tan esperada. Los del pueblo, recelosos ante la presencia de estas señoritas, en principio no se atreven a acercarse a ellas, no quieren problemas con las parientas, que reparten de lo lindo. Pero una fiesta es una fiesta, y el alcalde es un genio. ¡Que viva el alcalde!
"Parapapa el debe y el haber
Parapapa el debe y el haber
Parapapa el debe y el haber"
Cómo no, para finalizar, allí apareció la carta del Ministerio: ¡que les reciben!! ¡tendrán turistas!!! ¡es momento de poner en marcha la celebración de lo que todavía no se tiene!!!
lo dicho: ¡Que viva el alcalde!
Esta era una deuda pendiente con aquel abuelito que nos fascinaba de muy pequeñas a mi compañera de cartas y a mí, recuerdo cuando comentábamos las películas de Paco con faltas de ortografía y letras de todos los tamaños, tan escuetas y tan comprensibles para nosotras, pero hoy necesito mencionar al secretario, Basilio, José Luis López Vázquez, pues lo que no podré olvidar es que su forma de reír siempre me resultó contagiosa y por supuesto, no hay mejor recuerdo que este.
Apunte Basilio, apunte