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Críticas de "Deseo, peligro (Lust, Caution)"
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| 50 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La Maga
Salamanca (España)
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Su valoración:  |
4 de Diciembre de 2007 |
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Siento discrepar con mi compañero José Carlos. Acabo de ver Lust, caution en el Pöff, Festival de Cine de Tallinn, y, sinceramente, me parece, sin ningún atisbo de duda, de lo mejor que he visto este año. Ang Lee se confirma para mí como uno de los más talentosos autores del momento (ya lo demostró el año pasado con Brokeback Mountain, la obra maestra de la temporada, con la que Lust, caution comparte muchas señas de identidad e inquietudes). Y sí, damas y caballeros, digo autor porque es indudable y envidiable el oficio que este director ha mamado con el tiempo. Si al principio la película nos adentra en los cachivaches artísticos de unos sencillos universitarios con ínfulas patrióticas, poco a poco Ang Lee nos sumerge en una historia de espías y amantes con más aristas que La Casa Blanca. Mención especial merecen las interpretaciones de los dos protagonistas - pareja a recordar -, un Tony Leung capaz de desquitarse de su lado más bonachón y romántico (In the mood for love) y una Joan Chen que enamora, emociona y desgarra a partes iguales. No pretendo hacer una crítica, simplemente son unos apuntes, pero si son de paladares finos, y les gusta saborear las cosas sin prisas, no lo duden y denle una oportunidad a esta clase magistral de dirección. Sólo flojea en algunos instantes, pero son leves dispersiones, pues la obra posee tan buen gusto por los clásicos de siempre (Casablanca), que uno al final no puede sino rendirse ante las evidencias: estamos ante uno de los directores con más buen porvenir y peso en la industria del cine. Con Ang Lee, el clasicismo, en el buen sentido de la palabra, está a salvo (muchos dólares tienen que ofrecerle para que se traicione), dejando a la altura del betún el ejercicio onanista (El buen alemán) del sobrevalorado Soderbergh. Viejos combatientes del celuloide, degusten unos minutos que pasan volando gracias a una exquisita planificación (hay secuencias de escuela, para enmarcar), y si algunas tramas secundarias flojean, todo sea porque, al final, lo único que importa es que el amor es la única patria.
La Maga 
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| 31 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Lupo
Madrid (España)
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Su valoración:  |
20 de Septiembre de 2008 |
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1) En “Encadenados” (Hitchcock, 1946), la espía encarnada por Ingrid Bergman tiene que casarse con el nazi clandestino Sebastian (Claude Rains) por disciplina militante, para impulsar el plan de atraparle.
Se da por supuesto que la vida conyugal consistirá en un trámite mecánico, consumado a oscuras, sin demasiado quebranto, tampoco placer. Al fin y al cabo, es con su madre con quien Sebastian mantiene unión estrecha y edípica.
Resulta inconcebible un Sebastian follador violento e impetuoso, imponiendo una entrega ilimitada a una pareja que no quiera despertar recelos.
Las ficciones de la época no entraban en según qué detalles: sexo y deseo eran áreas veladas, oficialmente inexistentes.
“Encadenados”, aunque estrenada después de los años en que se ambienta “Deseo, peligro” (1941-1945, ocupación japonesa de China), es el paradigma clásico del cine occidental de espías.
En los cuarenta, las principales ciudades chinas, Hong-Kong, Shangai o Singapur, estaban muy occidentalizadas: en las tiendas caras se hablaba en inglés y en los cines se exhibían las mismas películas que en Europa y USA. Tal era la orientación general de la mentalidad.
En 1941 Wong Chia Chi, la protagonista de “Deseo, peligro”, entra en un cine: Cary Grant en programa doble: “Sospecha” y “Serenata nostálgica”, ambas de ese año.
2) Ella, la infiltrada abnegada y valerosa (bastante más que quienes la rodean), a quien la Resistencia patriótica ha encomendado seducir a un líder del gobierno colaboracionista, avisa a sus superiores: una mujer no es penetrada en vano por un hombre fogoso. El enemigo puede terminar entrando hasta el corazón, más allá de lo meramente genital. Y en cada unión ella tendría que entregar algo íntimo, para evitar sospechas. No basta fingir; con un hombre así no sirve.
Los jefes no quieren oír los detalles físicos del operativo. No lo encuentran materia analizable. Están formados con mentalidad clásica, como las películas de espías, y con ese estilo convencional han trazado la misión, sin sopesar un factor para ellos insignificante por desconocido: el deseo y el placer sexuales. Ni una línea al respecto en el tocho de instrucciones, que incluye los minuciosos pormenores de la personalidad postiza diseñada para la espía.
La cámara de Ang Lee sí entra en el dormitorio, considerando decisivo cuanto ocurre con los cuerpos entrelazados sobre la cama.
Con autoridad y audacia, añade a la fórmula clásica la dimensión somática, sexual, con carga argumentalmente trascendente: lo crucial sucede en las apasionadas cópulas.
Los impresionantes actores, Tang Wei y Tony Leung, infunden a los personajes el necesario deseo llameante.
3) Aportando al canon clásico una concepción moderna y una sentimentalidad turbulenta, con esta producción redonda Ang Lee demuestra otra vez que es capaz de lograr con gran estilo cualquier género de película.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: ¿Por qué Wong Chai Chi no usa la cápsula de veneno cuando se ve atrapada y sin salida? Probablemente para ver por última vez a su confuso camarada enamorado, cruzar con él una mirada elocuente, aunque sea ante el pelotón de fusilamiento, al borde de la fosa.
Lupo 
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| 34 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chago77
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
18 de Diciembre de 2007 |
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DESEO:
Ang Lee se muestra siempre como un director sensual y de corte clásico. Su realización, trae a la memoria el Hollywood dorado. Lee mima sus escenas, cuida a sus actores y nos regala una técnica primorosa. No es Eastwood el último director clásico, le acompaña Ang Lee, un taiwanés que saltó a la fama con “El banquete de bodas” y que en esta última propuesta nos deja claro que su cine es de una factura envidiable. Nos regala un puñado de escenas absorventes, nos invita a adentrarnos en una dirección artística brillante, en una perfecta ambientación y en unos polvos orgásmicos a la vista.
Brilla como siempre Tony Leung. Soberbio, impactante y jodidamente bien puesto. Daba un papel para sacarse los demonios interiores y Leung se ha tragado a los demonios y su gesto comedido me deja perturbado.
Rebrilla una casi Miss Universo primeriza en esto de hacer cine. Tang Wei luce sensualidad, locura y DESEO.
Ang Lee nos retrata el dolor (que este director hace francamente bien) y el amor. Nos lleva por los extraños vericuetos que provocan las emociones humanas: para su deleite y para el nuestro.
PELIGRO:
Densidad. PELIGROSA lentitud nos envuelve en esta cinta. Ang Lee siempre se ha mostrado como un director a quien el tempo le va al pairo. Suele sacar inmensas cosas de su proceder lento y sigiloso, pero aquí, su juego lento me ha podido.
Me parece demasiado larga, con escenas innecesarias y con un principio falto de gancho y de sentido. Ni la gran música que acompaña toda la cinta salva los primeros compases de este trabajo. Tarda en centrarse y eso le resta puntos.
Ang Lee comete un error inusual en él: el guión posee mucho despiste y lo más importante, la autenticidad tan palpable en cualquier trabajo de Lee aquí pierde enteros en momentos clave.
Chago77 
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| 29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
15 de Febrero de 2008 |
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Ang Lee nos depara una grandiosa lección de cine negro que yo encumbraría a las máximas alturas. Ésta es otra de las demostraciones de que el versátil director taiwanés posee una audacia y un consumado genio creativo que le llevan a dar origen a algunas de las más extraordinarias obras de arte que se han producido. No sólo es capaz de tocar todos los registros, como la adaptación cinematográfica de alguna obra de Jane Austen, o una ruda, profunda y condenada historia de amor entre vaqueros de Wyoming, entre otras tantas, sino que lo hace con brillantez y una dedicación absoluta. Aunque no me convenzan todos los registros que aborde (como es el caso de "Tigre y dragón", que no me llenó), tengo que reconocer que este cineasta pone todo el corazón en su trabajo y nos lo ofrece en forma de auténticas bellezas en esto de los veinticuatro fotogramas por segundo.
En la maravilla que nos concierne ahora, Lee regresa a los escenarios de su China natal y se sumerge de pleno en Shangai y Hong Kong en los años cuarenta, en tiempos de la ocupación japonesa. En medio de la exaltación patriótica y el odio, muchas organizaciones clandestinas de resistencia comienzan a forjarse para llevar a cabo una guerra de guerrillas contra los invasores procedentes del Imperio del Sol Naciente. La guerra sucia comienza. Muchos jóvenes atolondrados e inexpertos constituyen sus propios grupos, entre ellos unos actores aficionados de teatro que son los que nos ocupan en este drama. Mientras empiezan a trazar sus planes de acción, reclutan a una joven que resulta ser una prometedora actriz. Sus dotes para la interpretación son sobresalientes, y esa habilidad se convertirá en el motor que la convertirá en la pieza clave del plan trazado para eliminar a un alto cargo chino que trabaja para los japoneses. Mientras los demás van ideando las estrategias, ella se introduce en su papel de enigmática y reservada mujer que ha de seducir al ministro chino. Y debe hacerlo a la perfección para que él, hombre astuto y avezado, no sospeche que se trata de una maniobra doble de espionaje y anzuelo para atraerle a la trampa.
Wei Tang traspasa los límites de la pantalla con una actuación más que increíble, perturbadora, desgarradora e hiriente. Caminando al borde del abismo, al filo de la navaja, aparentando ser una mujer sofisticada de la alta sociedad, calculando cada palabra, cada gesto, cada mirada y cada parpadeo. Sin flaquear, sabiendo que tiene que prostituir su cuerpo para atraer a las redes a la presa. Pero, ¿hasta dónde se puede fingir sin dejar escapar algo de uno mismo? ¿Dónde termina la actuación y comienza lo auténtico? ¿Podría ser que, a fuerza de fingir, uno llega a amar lo que odia, a desear la vida ficticia que lleva? Arrastrada a una tórrida relación adúltera, tendrá que llevar al máximo sus dotes... ¿Acaso es todo fingimiento con ese hombre esquivo, duro, sensual, oscuro y atrayente como la danza de la cobra que hipnotiza a sus víctimas?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Una pasión arrolladora e inabarcable se instala entre ellos y cada vez falta menos para consumar la traición...
Tony Leung embruja con su aura de hombre elegante, muy inteligente, distante y misterioso, que reserva para la intimidad un temperamento ardiente e incluso desbocado y violento.
Maravillosos escenarios de Shangai y Hong Kong, espléndida ambientación, fotografía acariciadora y audaz sin tapujos, dirección de actores más que excelente, banda sonora ideal, un guión para mí sin tachas, sin "baches"... Una atmósfera siniestra, tensa y erótica con una intensidad que cala hondo.
Vivoleyendo 
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| 28 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Grandine
Sabadell (España)
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Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2007 |
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Y claro, con unas aficiones tan raritas, el global es una peli extraña, extraña, extraña... yo creía que ya me iba a topar con otra "El libro negro", pero sin tanto thriller y con más drama intimista de ese que tanto gusta en oriente, sin embargo, el resultado general es una cinta que por momentos posee el tono adecuado, pero durante gran parte del metraje puede llegar a resultar aborrecible a más de uno.
Recapitulemos, "Deseo, peligro" comienza con un prólogo, aunque algo desabrido y un poco espeso, eficiente de sobras para presentar los personajes que serán el eje central de esta historia: La joven Wong Chia Chi y Mr. Yee.
Acto seguido, obtenemos un ligero esbozo introductorio a toda la actividad que da como resultado ese encuentro entre ambos protagonistas, y el film empieza a emerger y envolvernos con sumo pulso en una historia de miradas, gestos y entendimiento sin tan siquiera palparse.
Sin embargo, es cuando la cinta toma otro cauce, el momento a partir del cual me parece desangelada, sin fondo y demasiado forzada, pero es en ese preciso instante, donde parece que todo va a irse por la borda sin posibilidad de remisión alguna, que el trabajo será lapidado sin piedad por un cuasi incomprensible nexo, cuando sale a relucir la figura de Wei Tang que, con una interpretación repleta de poderío y capacidad dramática nos vuelve a inmiscuir en este pequeño relato y se nos atraganta cualquier atisbo de haber podido llegar a pensar si realmente podía ser o no creible el conjunto.
La conclusión y esa última secuencia, donde verdaderamente captamos a donde quería llegar Ang Lee con su trabajo, es el indicante de que todo ha ido medianamente bien y no se ha echado a perder una propuesta que, aunque podría haber sido mejor, finalmente reluce por la interpretación de su protagonista y un global que llega al lugar pretendido, haciendo entender al espectador por qué el tramo recorrido ha valido la pena al final.
Grandine 
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